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En la actual crisis de los refugiados, los niños son los que más sufren. Son menores que pierden a su familia y se ven obligados a vivir solos a edades muy tempranas. Por ello, la ONG Save The Children acaba de lanzar una línea de teléfono gratuita para orientar a los menores no acompañados que llegan a las costas italianas huyendo del conflicto sirio. Entre ochenta mil refugiados, once mil son niños que llegan sin un adulto a su lado. Sobre la ayuda que prestan a través de ese número de teléfono ha hablado en Radio Nacional de España David del Campo, Director de Cooperación Internacional de Save The Children.

Hace 3 décadas, el violinista libanés Ara Malikian se vio solo en Europa. Con su violín y su talento. Pero en ningún momento quiere comparar lo que él vivió con la situación de los 60 millones de personas que hoy sobreviven fuera de sus países, tras huir de la violencia. Un millón de estos refugiados subsisten en los campos del Líbano, hasta los que se ha desplazado Malikian, junto a la ONG Acción contra el Hambre, para conocer y denunciar su situación. Así, se ha convertido en el rostro de una campaña en la que contribuye, además, con parte de los beneficios del cierre de su gira sinfónica.

Me encuentro con un Mohammed, Ahmed, su padre y Mosab, el técnico de CEAR, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, que les está acompañando en este proceso de acogida. Es una familia siria que hace unos pocos meses llegó a Sevilla. La mujer está cocinando en casa y las otras dos hijas están en el colegio mientras nosotros hablamos.

El padre tiene diabetes y va en silla de ruedas. En Egipto le amputaron una pierna y si no sigue camino hasta nuestro país, probablemente, le hubieran cortado la otra también, me comenta. Hasta ahora no ha podido tener una atención médica adecuada. En Egipto, se lamenta Mohammed, "no les importa la enfermedad, les importa el dinero. Mi hermano y yo trabajábamos 10 horas al día para poder pagar a los médicos y mis hermanas no iban al colegio".

Los dos hermanos llevan trabajando desde jóvenes porque son los que han estado pagando los tratamientos médicos para sus padres durante los últimos años. Esta familia es un ejemplo de las personas sirias refugiadas que hay en nuestro país o que pueden estar en camino. Lo han perdido todo, absolutamente todo, y han decidido dejar atrás a familiares y seres queridos para salvar la vida y no correr más riesgos. De hecho, en Siria se ha quedado parte de la familia. Comentan con tristeza que un familiar falleció hace poco por la guerra y no se han podido despedir.

Una de sus hijas tuvo suerte y volvió a nacer, porque no le pasó nada el día que cayó la primera bomba en el colegio, pero cualquier día les podía tocar a ellos. Por eso se fueron y llevan años en tránsito. Son personas que tienen muchas ganas de empezar de cero, de integrarse, de aprender español y de tener un futuro entre nosotros en paz.

Cada vez son más los que escapan de la guerra: en 2015 huyeron 24 personas por minuto, la mitad niños. Un triste récord: hay más de 65 millones de refugiados y desplazados en el mundo: más que la población de todo el Reino Unido. La mitad huyen de Siria, Afganistán y Somalia y 9 de cada 10 se quedan en países vecinos como Turquía o Pakistán. Los que llegan a Europa encuentran cada vez más obstáculos.

Este lunes queremos contar la historia de Sam, un joven sirio-palestino que nació hace 29 años en Siria, en el campo de refugiados de Yarmuk. Hace 4 meses llegó a Melilla huyendo de la guerra, exhausto física y psicológicamente. En la frontera le denegaron la protección internacional. Ahora continúa en la península a la espera de que admitan o no a trámite su segunda solicitud de asilo. En los próximos días sabrá si por fin ha encontrado en España un lugar seguro para vivir.

Los campos de refugiados de Calais, en el norte de Francia, donde miles de migrantes esperan para poder pasar al Reino Unido, se han convertido en una trampa para los menores. Unicef advierte de que niñas y niños son forzados diariamente a la delincuencia y a la prostitución para pagar a las mafias y asegurarse un lugar donde comer y dormir.

Continúa el drama de los refugiados que huyen de sus países de origen por la guerra y se embarcan en largas travesías por el Mediterráneo, que a veces acaban en tragedia. Hacia allí van a zarpar los socorristas de Proactiva Open Arms a bordo de Astral, un barco medicalizado que va a realizar tareas de vigilancia y salvamento frente a las costas de Libia. Hablamos con Laura Lanuza, portavoz de la ONG.