Crónicas de una Georgia desplazada
- En este capítulo de ‘Esto merece una explicación’ viajamos al Cáucaso para conocer las vidas de los expulsados por las guerras de Abjasia y Osetia del Sur
- Georgia es uno de los países de Europa con más desplazados internos, el 8% de su población
Georgia es la tierra de los desplazados invisibles. El pequeño país del Cáucaso todavía arrastra heridas internas, sociales y políticas, tras lograr la independencia de la Unión Soviética en 1991. Las guerras en Abjasia en los 90 y en Osetia del Sur en 2008 fueron devastadoras para los georgianos, especialmente para los que residían en estas dos regiones ocupadas. Los conflictos obligaron a abandonar sus hogares a unas 300.000 personas, el 8% del total de la población georgiana. Muchos llevan más de 30 años viviendo en antiguos balnearios soviéticos en ruinas de Tskaltubo y otros han formado su propia comunidad en ciudades levantadas desde cero para acogerlos, como Tserovani.
En este nuevo capítulo de ‘Esto merece una explicación’, viajamos a Georgia para conocer e intentar comprender la realidad más allá de los paisajes y las pistas de esquí, para saber cómo es la convivencia en un país donde el 20% del territorio no está controlado por el gobierno y donde uno de cada doce ciudadanos viven fuera de sus lugares de origen.
La guerra de Abjasia en los años 90
El colapso y disolución de la Unión Soviética a principios de los 90 desembocó en la independencia de todas las repúblicas que formaban el país, pero también de algunos territorios autónomos o, incluso, provincias. El caso de Abjasia y Osetia del Sur, en Georgia, se aceleró tras la llegada al poder de Zviad Gamsajurdia con un duro discurso ultranacionalista: “Georgia para los georgianos”. Esto provocó que las minorías étnicas nacionales se sintieran marginadas, se movilizaran y estallara la guerra.
El conflicto interno en Abjasia derivó en masacres en Gagra y Sujumi en 1992 y 1993, con una posterior limpieza étnica de georgianos por parte de las milicias abjasias. "Hubo un sublevamiento popular que derivó en algo parecido a una limpieza étnica de georgianos, que los llevó a huir para escapar de posibles represalias de los abjasios", explica Carmen Claudín, investigadora no residente del CIDOB de Barcelona y especialista en conflictos postsoviéticos.
Uno de los georgianos que logró escapar de Abjasia fue Irakli Khajomia. Tenía solo once años cuando vio cómo fusilaban a casi toda su familia en la ciudad abjasia de Gagra. Ahora tiene 43 años, el pelo completamente blanco desde los trece y ha sufrido dos infartos. Vive en el hotel abandonado Metalurgi, en Tskaltubo, uno de los balnearios soviéticos donde fueron reubicados centenares de miles de desplazados por la guerra en Abjasia. “A los míos los fusilaron en el estadio de Gagra. Yo estaba allí y no pude verlos, solo vi a mi padre”, rememora.
Irakli Khajomia, en su habitación del hotel Metalurgi CARLOS MANZANO
El actual gobierno georgiano ha vendido el Metalurgi y otros 21 balnearios en Tskaltubo a inversores extranjeros, la mayoría de Oriente Próximo, y está reubicando a los desplazados en pequeños pisos a las afueras de la localidad o de la cercana ciudad de Kutaisi. Pero muchos de ellos, como Irakli, no quieren irse de la que ha sido su casa compartida con cascotes y escombros durante más de 30 años. Temen que la reforma de los hoteles en ruinas empiece antes de que esté listo ese piso, que además solo tendrá cuatro paredes y un retrete. El resto deberán montarlo ellos mismos con su dinero.
Interior del hotel Metalurgi en el que siguen viviendo algunos desplazados de Abjasia CARLOS MANZANO
Tatiana, de 62 años, nos ha abierto las puertas del hotel Metalurgi de Tskaltubo y ha sido el gran pilar en el que se ha apoyado Irakli durante los últimos treinta años. Ella le ha ayudado a sobrevivir entre escombros, ventanas destruidas y cascotes de lo que en algún momento fue el lujoso alojamiento por el que se paseaba la élite comunista de la URSS. Ahora, ambos, siguen esperando ese piso del gobierno georgiano.
Tatiana, desplazada interna de Georgia, en el hotel abandonado Metalurgi CARLOS MANZANO
La guerra de Osetia del Sur en 2008
El conflicto de 2008 con Osetia del Sur es algo más particular. En este caso no hubo, a priori, un germen de discriminación étnica o añoranza soviética. Tras la Revolución de las Rosas en noviembre de 2003, Eduard Shevardnadze dimitió como presidente después de más de una década y le sucedió Mikheil Saakashvili, quien era visto como atlantista y europeísta. El alejamiento de Moscú y acercamiento a Washington y Bruselas se intensificó, junto con reformas estructurales tanto en infraestructuras como militares. Esto hizo que Saakashvili no midiera bien sus fuerzas y “provocara a los rusos”, tal como argumenta Carmen Claudín.
Rusia aplastó a Georgia en apenas cinco días. Esto provocó un nuevo movimiento de personas que fueron expulsadas o directamente huyeron del territorio ocupado de Osetia del Sur. El gobierno georgiano de entonces construyó un campamento para desplazados internos desde cero, en Tserovani, muy cerca de Tiflis, la capital.
El campamento de Tserovani, construido en 2008 por el gobierno de Georgia para los desplazados de Osetia del Sur CARLOS MANZANO
A diferencia de lo que sucedió en Abjasia, en 2008 ya había un Estado bien formado y se logró reasentar a casi todos los afectados. Han pasado casi dos décadas desde entonces y muchos, como la familia Morbetadze, saben que es difícil que vuelvan a su tierra aunque se irían “de inmediato” si fuera posible. Pero reconocen que es complicado que los más jóvenes retornen porque "ya tienen sus trabajos aquí y han crecido en el asentamiento". La mayoría de ellos solo recuerdan las historias de sus padres y abuelos.
Allí, en Tserovani, conocemos la historia de Nana Chkareuli, un ejemplo de la resiliencia del pueblo georgiano. En 2009, tan solo un año después de la guerra, fundó el proyecto Ikorta a la entrada del campamento de desplazados. Nació como un taller de joyería tradicional georgiana para mujeres. Allí encontraron un lugar donde volver a crear su comunidad y trabajar tras ser expulsadas de ciudades como Akhalgori o Tskhinvali, en Osetia del Sur.
Nana Chkareuli, desplazada interna en Tserovani y fundadora del proyecto Ikorta CARLOS MANZANO
Un país de desplazados invisibles
El pasado soviético y la Georgia independiente se solapan. Especialmente en barrios periféricos de Tiflis, como en el de Gldani. Los georgianos transitan por una carretera mirando siempre por el retrovisor a Moscú y a las guerras de Abjasia y Osetia del Sur. Ahí está el contraste. Aunque, como remarca Nino Kajaia, representante de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados en Georgia, el gobierno de Georgia sigue aprobando medidas para buscar una solución duradera a los desplazados internos. "En 2025, proporcionó soluciones de vivienda a 4.636 familias de desplazados internos. No obstante, siguen existiendo necesidades significativas, particularmente entre los desplazados internos altamente vulnerables que residen en centros colectivos y en alojamientos privados inadecuados".
La sociedad georgiana no ha olvidado a sus desplazados. De hecho, se han tomado medidas políticas y sociales tras décadas en prácticamente en la marginalidad. Pero a medida que corren los años y por la compleja situación del país, han pasado a un segundo plano en las principales ciudades. Los desplazados internos se han reintegrado en la mayoría de casos, pero se han vuelto invisibles. "El tema de los desplazados internos es interesante humanamente, pero no políticamente", resume Carmen Claudín.
‘Crónicas de una Georgia desplazada’ es una nueva entrega de ‘Esto merece una explicación’ tras 'La penúltima frontera', 'El viaje al pasado de Viktor Orbán', 'Tras el rastro de un ave', ‘Historia de dos ciudades: un retrato de las fracturas que desgarran a Francia’, 'Ferreteras’, ‘Luces y sombras de Navidad', 'Un suceso corriente', 'La escombrera de la Comuna 13', 'Silicosis, muerte en suspensión'.
Esto merece una explicación