102 segundos de noche en pleno atardecer: el eclipse que Soria difícilmente olvidará
- Miles de sorianos han acudido al monte Valonsadero para presenciar un espectáculo irrepetible
- Allí se han encontrado con visitantes venidos de otras provincias españolas y del extranjero
Cuando regresó el Sol, llegó también el aplauso. Primero fue un rumor multitudinario de asombro, después palmas aisladas y, en cuestión de segundos, todo el monte Valonsadero estalló en una ovación. Eran las 20:31 y acababan de terminar los 102 segundos que miles de personas habían esperado durante meses. Algunos lloraban. Otros se abrazaban. Muchos seguían mirando al cielo, como si necesitaran todavía un poco más para convencerse de que la noche más breve de su vida había finalizado.
Un instante antes, el paisaje se había detenido, como si el mundo se hubiese puesto en pausa. La oscuridad lo había cubierto todo y el frío se había dejado notar de golpe. Los animales habían enmudecido. Un Sol negro, distinto a cualquiera que hubieran visto antes, coronaba el cielo rodeado por un halo de plata que temblaba en los bordes.
"Por mucho que te lo explican, hasta que no lo ves, no te das cuenta de lo que es. Es una experiencia íntima, una cosa tremenda", resume Albert, llegado desde la localidad catalana de Berga junto con Cristina. "Ha sido impresionante. Ha valido la pena venir a verlo", añade ella.
A lo largo del día, el monte ha ido llenándose, como cada jueves de La Saca en las fiestas de San Juan, cuando caballistas y corredores bajan las reses hasta la ciudad. Solo que esta vez nadie conducía nada monte abajo: la muchedumbre subía, y lo que se esperaba no era la llegada de los toros a la plaza, sino la sombra de la Luna.
Ambiente festivo en Valonsadero
La mayor parte de la gente ha llegado horas antes de que comenzase el eclipse, para pasar el día en Valonsadero. La escena era festiva, a pesar del calor asfixiante: familias, grupos de amigos, niños correteando, niños perdidos que se anunciaban por megafonía, partidas de cartas sobre el césped, neveras portátiles y, sobre todo, las características gafas de cartón preparadas en el bolsillo para mirar al Sol sin dañarse las retinas.
Había muchos sorianos, pero también gente llegada del extranjero y de otros puntos de España. Entre los grupos llegados de fuera, destacaban dos numerosas expediciones de aficionados a la astronomía, 140 daneses y 80 finlandeses, que habían cruzado medio continente para plantar sus telescopios en tierras sorianas.
Un grupo de jóvenes observa el eclipse desde el monte Valonsadero de Soria. S.A.P.
Aunque la mayoría eran grupos de amigos, familias o parejas, como Maitane y Alejandro, que habían viajado a Soria desde Barcelona con un doble objetivo, "comer torreznos y ver el eclipse". La primera parte de la misión quedó cumplida; la segunda superó sus expectativas. "Ha sido una maravilla. No me esperaba todo tan oscuro, el cielo tan brillante. Ese Sol oscurecido…", cuenta Maitane. Cuando se quitó las gafas, durante la totalidad, se le puso "la piel de gallina" de la emoción.
Alejandro se queda con otra sensación inesperada: el descenso brusco de la temperatura. "No esperábamos una sensación de frío tan repentina. Además, era como si estuviese el ocaso en dos partes, reflejaba luz anaranjada en un lado y luego la que salía del eclipse. Nunca habíamos visto algo así y ha merecido la pena totalmente".
El estallido de la totalidad
Los sorianos siguieron llegando cuando se acercaba la hora decisiva, en coches particulares o en los autobuses gratuitos puestos por el Ayuntamiento, que iban y venían sin descanso al centro de la capital. Para entonces, Valonsadero era ya una gran concentración humana pendiente del cielo. Se hablaba, se comía, se hacían fotografías y se consultaban los relojes. La fase de parcialidad comenzó a las 19:34 y, lentamente, la sombra de la Luna fue devorando al Sol. Conforme se acercaban las 20:29, la expectación fue creciendo.
A esa hora comenzó la totalidad. O más bien estalló. La luz desapareció de manera súbita, con un último fogonazo, y el monte entero también explotó en un clamor. La hierba seca que lo cubría todo, las caras, los árboles y el horizonte se volvieron irreales. Durante 102 segundos, miles de personas miraron hacia arriba como hipnotizadas.
Allí estaban Pilar y Darío, madre e hijo de Alcalá de Henares, aunque unidos a Soria por lazos familiares. Como para casi todos, era su primer eclipse. "No pensaba que iba a ser tan espectacular. Y luego también lo oscuro que estaba el cielo", cuenta Darío. Pero hubo un momento que le impresionó especialmente: "Cuando todo el mundo ha gritado porque ha vuelto la luz".
Pilar se queda con una imagen similar: "Ha sido muy impresionante ver que se ha quedado todo tan oscuro, y también el anillo. Muy bonito. Hasta que no lo ves en vivo, no sabes lo que es".
Y entonces, a las 20:31, regresó el Sol. El aplauso fue inmediato, enorme, espontáneo. Hubo lágrimas, abrazos y risas, como si todos celebrasen que el mundo había reanudado su marcha.
Giovanni, un ingeniero de Guatemala, contempla el eclipse. S.A.P.
Giovanni, un ingeniero de Guatemala, contemplaba el fenómeno astronómico en actitud reverencial. Acababa de llegar en taxi directamente desde el aeropuerto de Barajas. Esta noche dormirá en Soria, pero solo tres horas, porque tendrá que coger un tren de vuelta a Madrid, para regresar inmediatamente a su país. "Casi tuve que mentir en mi trabajo para poder venir aquí", confiesa, y cuenta que eligió Soria para ver el eclipse sin conocerla. "Manejo mucha intuición".
Esa intuición, explica, tiene raíces muy concretas, las que le dejó la cosmovisión maya de su país. "Los mayas enseñaban que el padre Sol es la energía específica y dinámica que tiene el cuerpo, y la Luna es la abuelita, porque se cree que tiene muchos más años que el Sol y la madre Tierra, que es de donde mana la energía de abajo hacia arriba".
"He llorado de emoción"
La familia venezolana formada por Jaiver, Flor, Miriam y la pequeña Aria también ha vivido el momento como algo excepcional. "Ha sido totalmente maravilloso, irrepetible. Es una experiencia que me hubiera gustado vivir antes y que ya quiero repetir", describe Jaiver.
Flor, que ya había presenciado otros eclipses, asegura que ninguno se ha parecido a este. "Ha sido espectacular, emocionante. ¡Guau! He llorado de emoción". Había un motivo añadido: "Más haberlo vivido con mi familia, porque he venido desde Venezuela para visitar a mi hijo".
Miriam se muestra sorprendida por la transformación del paisaje. "Nunca hubiera imaginado que era tan bonito. Hacerse de noche y luego de día… Ha sido espectacular". Aria, de cinco años, lo resume con la sencillez de quien acaba de descubrir algo extraordinario: "Lo que más me ha gustado es que se haya hecho de noche".
Belén y Sergio, madre e hijo llegados desde Málaga, se llevan un recuerdo que ya forma parte de ellos para siempre. "Me ha gustado mucho compartirlo con mi hijo y con todo el mundo", asegura Belén, que se muestra "feliz de poder disfrutar de la creación de Dios en compañía de tantas personas". Sergio, por su parte, se queda con ganas de más: "Esperaba que oscureciese más y ver estrellas, pero aun así me ha encantado".
El eclipse todavía continuaría hasta las 21:22, pero Soria ya lo había festejado. La luz recuperaría su color de siempre, el cielo se fundiría en un atardecer de fuego y el Sol volvería poco a poco a su forma original.
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