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Cazadores de eclipses: los "amantes de la sombra" que recorren el mundo por unos minutos de oscuridad

Cazadores de eclipses: los "amantes de la sombra" que recorren el mundo por unos minutos de oscuridad

Muchas personas organizan sus viajes siguiendo el calendario escolar de sus hijos. Otras eligen sus vacaciones en función de las playas, las ciudades, la gastronomía o los festivales. Pero existe una pequeña comunidad que planifica su vida con años de antelación mirando un mapa muy distinto: el de la trayectoria de la sombra de la Luna sobre la Tierra.

Son los llamados cazadores de eclipses, personas dispuestas a cruzar el planeta de punta a punta por apenas unos minutos de oscuridad. Persiguen un instante preciso, difícil de describir incluso para quienes ya lo han vivido varias veces. Hablan de un silencio repentino, de una realidad cubierta por una tonalidad distinta, de una caída de temperatura que se nota en la piel antes de que la mente comience a procesar lo que ocurre. Hablan también de algo más difícil de nombrar: ese sentimiento de insignificancia frente a un universo que se rige por una precisión que escapa a toda medida humana.

Este 12 de agosto, España se convertirá en su nuevo objetivo. El eclipse total de Sol atraerá a miles de aficionados llegados de todos los continentes. Para el resto será un acontecimiento excepcional. Para ellos, una parada más dentro en un viaje que no tiene final.

No existe una federación internacional, ni un carné oficial. Sin embargo, muchos se reconocen entre sí. Coinciden en aeropuertos remotos, desiertos, glaciares o pequeñas islas. Comparten aplicaciones astronómicas, mapas meteorológicos y cámaras con enormes teleobjetivos, y los mueve una misma obsesión: situarse exactamente bajo la línea de totalidad, ese estrecho corredor desde el que la Luna oculta por completo al Sol.

El mayor cazador de eclipses de España

Entre ellos está Josep Masalles, ingeniero y astrofísico catalán que ha presenciado 43 eclipses, 22 de ellos totales. Se le considera el mayor cazador de eclipses de España, aunque a él no le gusta esa definición. "Yo no me considero cazador de eclipses. Me considero observador, estudioso, diletante, persona que disfruta con el universo, con la astronomía, con una naturaleza que no es solo la de nuestro planeta, sino del cosmos", manifiesta a RTVE Noticias.

El mayor cazador de eclipses de España.

El ingeniero y astrofísico catalán Josep Masalles ha hecho de los eclipses su gran pasión. JOSEP MASALLES ROMÁN

Su relación con los eclipses comenzó en la adolescencia. Tenía 17 años cuando contempló uno parcial, en 1973. Aquel día compró un telescopio, se incorporó a la Agrupación Astronómica Aster de Barcelona —de la que hoy es presidente— y comenzó una afición que terminaría llevándole por medio mundo persiguiendo una misma obsesión. "Estudié astrofísica aparte de ingeniería y, cuando pude, a partir de 1990, empecé a ver eclipses totales".

Desde entonces ha buscado la sombra de la Luna en lugares tan distintos como Irán, el desierto de Libia, las praderas de Mongolia o los campos de hielo de la Antártida. "Todos tienen algo distinto. Depende mucho del sitio y de los lugares. También es diferente la reacción de los animales, de las personas, de culturas que tienen aún miedo del eclipse… Te encuentras un poco de todo".

Como siempre, el eclipse de este 12 de agosto lo encontrará pendiente de la meteorología. Ahora está entre Zaragoza y Teruel y todavía no sabe dónde terminará situándose. "Si la previsión sigue bien me quedaré aquí y si no, quizá me vaya hacia Soria o hacia Zaragoza o Lérida. Dependerá de las nubes".

Porque para un cazador de eclipses la sombra no lo es todo. Hay que encontrarla, por supuesto, pero también conseguir que nada se interponga y eche por tierra años de planificación en cuestión de segundos.

Amantes de la sombra

En el mundo de la astronomía existe incluso un término para nombrarlos: 'umbraphiles' —en español, umbráfilos—, o "amantes de la sombra". La palabra fue acuñada por el astrónomo Glenn Schneider, que llegó a describir la umbrafilia como una adicción y una forma de vida. No tiene cura, dicen quienes la padecen. Quien ha experimentado una totalidad empieza a consultar el calendario de los próximos eclipses, estudiar mapas, calcular vuelos, revisar estadísticas meteorológicas y ahorrar para el siguiente viaje.

Cazadores de eclipses: recorren el mundo por unos minutos de oscuridad.

El eclipse total de Sol de este 12 de agosto atraerá a miles de aficionados llegados de todos los continentes. GETTY IMAGES

Josep Masalles lo explica desde la fascinación por lo excepcional: "Un cometa, una supernova, una aurora boreal… Hay muchos acontecimientos en el cosmos que son muy interesantes, pero un eclipse de Sol lo es aún más por su singularidad, por su fugacidad, por lo breve y lo intenso que llega a ser".

La pasión de Carme y Jaume

Estos "amantes de la sombra" coleccionan eclipses como otros coleccionan obras de arte o maratones. Presumen de haber visto diez, veinte o incluso más, y algunos llevan décadas sin faltar a las citas importantes. Cuando termina uno, ya tienen el siguiente en su punto de mira.

Carme Lluís forma parte de esta familia itinerante. Ella también ha hecho de los eclipses una parte esencial de su vida, junto con Jaume Sacasas, su marido. Ambos forman parte de la Agrupación Astronómica de Sabadell, la mayor de España. Para contemplar el nuevo eclipse han llegado a Burgos acompañados de un centenar de compañeros. "Vamos a verlo en la localidad de Haza. Hemos venido en dos autocares y en coches particulares", comenta a RTVE Noticias.

Els caçadors d'eclipsis: Una vida perseguint l'instant en què el dia es fa nit

La historia de Carme y Jaume comenzó mucho antes de que los eclipses se convirtieran en parte de su rutina. Se conocieron en 1967, cuando él era director del Observatorio Astronómico de Badalona. Décadas después, empezaron a viajar juntos persiguiendo la sombra de la Luna. "Mi marido y yo empezamos en el año 1994 en Bolivia, y hemos seguido hasta el día de hoy. Con el de este 12 de agosto, habré visto 17 eclipses totales de Sol en todo el mundo. Imagina qué lugares he visitado gracias a todos ellos", cuenta Carme sin poder ocultar la emoción, a sus 77 años. Aunque su marido no la ha acompañado en todos ellos por cuestiones de salud: "Solo ha podido ver seis eclipses totales, pero yo estoy muy contenta de haber continuado con su ilusión".

En su memoria están lugares como Panamá, la Antártida o Libia, donde el régimen de Muamar el Gadafi llegó a habilitar infraestructuras en pleno desierto para acoger a aficionados y científicos llegados de todo el mundo. Pero hay un recuerdo que resume mejor que ningún otro qué significa para ella estar bajo la totalidad: "En 2023 vimos uno en el noroeste de Australia, en Exmouth, que solo duró 59 segundos, pero aquello fue una maravilla. Se oscureció todo y luego se encendió como cuando apagas y enciendes una bombilla en una habitación a oscuras".

Piel de gallina

"Un eclipse total es la manifestación de la naturaleza que más me ha puesto la piel de gallina de todas cuantas he visto", responde cuando le preguntan por qué recorre el mundo persiguiendo este fenómeno.

La afición por los eclipses también ha construido alrededor de estos aficionados un vínculo inquebrantable, forjado a lo largo de decenas de viajes por el mundo en condiciones que pocos estarían dispuestos a soportar. "Mis compañeros y amigos son mi familia, porque yendo por el mundo hemos dormido en el suelo, hemos soportado bichos de todo tipo... Donde dormían ellos, dormía yo, y al revés, porque el eclipse pasaba por allí".

A sus 84 años, Jaume sí que ha podido viajar esta vez a Burgos. "Era una de las grandes ilusiones que tenía. Para él es lo máximo", cuenta Carme. Y ya saben que no será el último. Al menos quieren sumar dos más: el total del 2 de agosto del próximo año, que verán en Tarifa; y el eclipse anular del 26 de enero de 2028, en Sevilla.

Mientras millones de españoles esperan el eclipse total de este 12 de agosto como un acontecimiento único, para quienes llevan décadas detrás de ellos será una parada más dentro de un viaje que no tiene final. Los eclipses duran apenas unos minutos. Su persecución puede durar toda una vida.