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¿Es tu mejor oportunidad para ver un eclipse solar? Estos son todos los de tu vida

Introduce tu fecha de nacimiento y municipio para descubrir cuántos eclipses has visto y cuántos podrías ver.

Calculadora de eclipses: cuántos has visto en tu vida
Calculadora de eclipses: cuántos has visto en tu vida

En los últimos días no para de repetirse que el eclipse de 2026 es una oportunidad única para ver este fenómeno astronómico desde España. Es más, con los que ocurrirán entre 2027 y 2028, nuestro país será uno de los pocos destinos en el mundo donde hacerlo en los próximos años. Pero, ¿cuántos eclipses ha visto una persona a lo largo de su vida? ¿Es realmente 2026 la mejor oportunidad o habrá mejores en el futuro? Como un eclipse solar no se ve igual en todas partes, DatosRTVE ha elaborado una calculadora personalizada para responder a estas preguntas. 

Mientras en un pueblo de Huelva el Sol desaparece por completo detrás de la Luna, el mismo eclipse puede que apenas se note como un mordisco en su borde a 300 kilómetros de allí. Esa es la idea que sostiene esta herramienta: a partir de la fecha de nacimiento y la provincia de residencia, reconstruye cuántos eclipses solares y lunares ha podido presenciar cada persona desde que nació. Además, indica si alguno de ellos incluyó el momento más singular de todos: una totalidad o una anularidad vista desde la propia provincia.

Para que ese cálculo sea algo más que una aproximación de andar por casa, DatosRTVE ha construido un catálogo propio que cruza casi 130 años de historia astronómica —y otros 130 hacia el futuro— con la geografía exacta de España, municipio a municipio.

El análisis no parte de una tabla ya hecha por otra institución, sino de un modelo astronómico propio apoyado en herramientas de inteligencia artificial. Se calibra cada eclipse contra la referencia internacional de la NASA, cruzado con la geografía real de España hasta el nivel de municipio y con el relieve real del terreno. 

El resultado es un número —cuántos eclipses has visto— que aspira a ser tan fiel como sea razonable a lo que de verdad se pudo o se podrá presenciar desde el lugar exacto donde vives.

Este texto explica de dónde salen esos datos, qué decisiones se han tomado por el camino y por qué, con ejemplos reales del propio catálogo.

Las fuentes: de la NASA al terreno bajo tus pies

El punto de partida de la calculadora de eclipses de RTVE Noticias es el catálogo de la NASA elaborado por el astrónomo Fred Espenak (Five Millennium Canon of Solar Eclipses), una referencia internacional en la materia. De ahí salen la fecha, el tipo y las coordenadas de cada eclipse solar entre 1900 y 2150. Es un rango deliberadamente amplio, que cubre con margen tanto a las personas mayores de 100 años como los eclipses que verán quienes nazcan hoy mismo.

Pero un catálogo astronómico global no dice nada por sí solo sobre qué se ve desde Cuenca o desde El Hierro. Para responder a eso se han añadido dos capas más: los límites oficiales de las 52 provincias y los 8.213 municipios españoles —del Instituto Geográfico Nacional y el INE— y un modelo digital de elevación del terreno de todo el país: el GMTED2010 del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), con una resolución de unos 230 metros. Esta última capa es la que permite saber si una montaña tapó o tapará la visibilidad del eclipse.

Qué significa “haber visto” un eclipse

La magnitud de un eclipse solar no es el área tapada. La convención astronómica la define como la fracción del diámetro del Sol que llega a cubrir la Luna.

Un eclipse total ocurre cuando la Luna, vista desde un punto, es más grande que el Sol y lo cubre entero; uno anular, cuando la Luna es algo más pequeña y deja un anillo de luz visible alrededor. El resto son parciales, en distintos grados.

A partir de esta definición, el modelo de DatosRTVE hace un ajuste que evita un error: “ver” eclipses de noche. Si en el momento del eclipse el Sol está por debajo del horizonte, la magnitud se fuerza a cero, aunque la geometría celeste diga otra cosa. Sin esa comprobación, se podría asignar una magnitud a eclipses que ocurren mientras en España es de noche. 

Este ajuste se hace con un margen de -0,83 grados, que es el estándar que tiene en cuenta el efecto por el que el aire desvía la luz y hace que veamos el Sol un poco más arriba de donde realmente está: la refracción atmosférica.

Qué se ve realmente desde cada rincón de España

Todo el cálculo geométrico de este proyecto sirve para responder a una pregunta: qué se vio o se verá realmente eclipse a eclipse desde cada rincón de España. 

La solución más rápida habría sido tomar los llamados elementos Besselianos —los parámetros matemáticos con los que la propia NASA describe la geometría de cada eclipse— y aplicarlos tal cual a cada provincia española. Tanto esta alternativa como la de recurrir a los archivos de referencia visual del divulgador Xavier Jubier se descartaron por un motivo de fondo: mezclar dos formas distintas de calcular lo mismo habría introducido un riesgo de implementación que no se podría verificar de forma independiente.

De este modo, la magnitud de cada eclipse sale de efemérides planetarias directas, las JPL DE421 del Jet Propulsion Laboratory de la NASA. Es la misma familia de datos que usan observatorios y misiones espaciales para saber dónde estarán exactamente el Sol y la Luna en un instante dado. 

A partir de ahí, para cada punto de España y cada eclipse, se ha calculado la posición aparente de ambos astros, corrigiendo efectos como el tiempo que tarda la luz en llegar, la precesión, la oscilación periódica del eje terrestre (nutación) y el desplazamiento que introduce observar desde la superficie de la Tierra y no desde su centro, llamado paralaje. 

El modelo de DatosRTVE ajusta el tamaño aparente de la Luna hasta que la magnitud calculada coincide con la oficial. Se hace evaluando exactamente el instante y el punto de “eclipse máximo” que publica la NASA. Es un ajuste eclipse a eclipse, nunca una constante fija, que evita depender de un valor del radio lunar que no está documentado con la precisión necesaria.

Un país no es un punto: el problema del muestreo

España tiene forma irregular. Hay municipios minúsculos como Ceuta o Melilla, que a veces ocupan apenas unos kilómetros cuadrados. Si el modelo calculase la visibilidad únicamente sobre una rejilla regular de puntos con una separación de una décima de grado (unos 11 kilómetros), algo habitual en este tipo de proyectos, existía el riesgo de que territorios pequeños cayeran literalmente entre las líneas de esa rejilla y quedaran sin ningún punto de muestreo. Por eso, a la malla regular se le añade siempre el centroide y los cuatro puntos de las esquinas del rectángulo que encierra cada polígono, provincia o municipio.

A escala de provincia, esto es un refuerzo sobre la malla, pero es el método principal a escala de municipio: la mayoría de las 8.213 localidades españolas son más pequeñas que una sola celda de esa rejilla, así que ninguna malla los habría capturado de forma fiable. 

Gracias a este muestreo más fino a nivel municipal, en 4.438 de las 5.655 combinaciones de fecha y provincia del catálogo se ha podido refinar al alza la magnitud calculada inicialmente a partir del dato provincial. Sitios que en un primer cálculo aparecían con una magnitud algo menor, en realidad, tenían un punto con más visibilidad.

Cuando la montaña se interpone: la sombra del terreno

Las montañas son otro elemento que se ha decidido incluir en el desarrollo del modelo. Los cálculos iniciales se distanciaban mucho del visor oficial del Instituto Geográfico Nacional (IGN) para el eclipse del 12 de agosto de 2026 en algunos municipios de relieve accidentado. 

Tras descartar que la causa fuera la altitud del observador, la conclusión fue mucho más simple: el relieve real puede tapar el Sol aunque, matemáticamente, esté por encima del horizonte. 

El propio IGN usa para su mapa una capa de sombra de terreno. Pero sus cálculos solo cubren los eclipses de 2026, 2027 y 2028. Para aplicarlo a todos los eclipses del periodo 1900-2150, DatosRTVE ha construido un algoritmo propio, usando la misma fuente de elevación del terreno. 

Para cada municipio, en cada instante del eclipse, el modelo lanza un rayo virtual desde el punto de observación en la dirección exacta del Sol y comprueba si algún relieve del entorno se interpone. Esto tiene en cuenta también la curvatura de la Tierra y la ya mencionada refracción atmosférica. 

El resultado no es “todo o nada”: un pueblo que vio un 85% del Sol tapado justo antes de que este se ocultara detrás de una sierra conserva ese 85%.

El efecto es real, pero está acotado. En el 84% de los casos, el relieve no cambia nada. La magnitud baja en un 15,6% de los casos, y llega a anular por completo la visión del eclipse —el relieve tapa el Sol durante todo el fenómeno— en 13.537 de las más de 871.000 combinaciones de fecha y municipio del catálogo. 

El ejemplo más llamativo es Itsasondo, en un valle encajonado de Guipúzcoa: la geometría pura calculaba una totalidad perfecta para 2026 (100%), pero el relieve real la reduce al 63%.

El algoritmo de DatosRTVE se ha contrastado con los valores oficiales del IGN para el eclipse de este año. Coincide en el 86,8% de los municipios de forma exacta y en el 94,6% si solo se distingue entre “se ve” y “no se ve”. En las provincias más llanas, como Zamora o Salamanca, el acuerdo supera el 97-99%. En las de relieve más abrupto, como Guipúzcoa o Almería, baja al 70-76%. Este margen, probablemente, refleja una limitación ligada a la resolución del mapa de elevaciones (unos 230 metros).

Dibujar la banda de totalidad en el mapa

Además del porcentaje de cada provincia, la calculadora dibuja sobre un mapa la banda por la que pasó la totalidad o la anularidad de cada eclipse relevante, y un degradado de anillos de magnitud decreciente alrededor de ella en escalones de cinco puntos porcentuales (100-95%, 95-90%, y así hasta el 0%). 

Esa geometría se calcula con el mismo motor que todo lo demás —nunca con los archivos de Jubier, que solo se han usado como referencia visual para comprobar que el resultado tiene sentido— sobre una caja de cálculo que se extiende mucho más allá de España: desde el Atlántico hasta el norte de África y buena parte de Europa. Esto permite que la banda no se corte de forma artificial justo al llegar al borde de la zona de interés.

El proceso deja algunos casos límite que ilustran bien los matices de trabajar con datos reales. 

El eclipse híbrido del 17 de abril de 1912 tiene, según el propio catálogo de la NASA, una banda de totalidad de apenas 1,3 kilómetros de ancho y una duración de solo dos segundos en el punto de “eclipse máximo” catalogado, en el Atlántico frente a Portugal. Es tan estrecha que ni la rejilla habitual (11 kilómetros) ni el paso de tiempo estándar del cálculo la detectaban, pese a que sí cruzó España. La totalidad de aquel eclipse pasó por Oímbra, en Ourense, justo en la raya con Portugal. 

Como el hito histórico era conocido, ese eclipse en concreto se ha calculado con una rejilla 100 veces más fina y un paso de tiempo de un segundo para poder representarlo. 

En el extremo opuesto están los eclipses híbridos de 2013 y 2067: sus bandas de totalidad reales caen a miles de kilómetros de España —en el golfo de Guinea y en el Atlántico Sur, frente a Brasil, respectivamente—. En esos dos casos no hay ningún error de cálculo que corregir: la banda, sencillamente, no pasa cerca, aunque Canarias, por su cercanía al ecuador, sí llegó a ver un eclipse parcial de hasta el 47% hace 13 años.

Un modelo apoyado por IA y con limitaciones

El análisis estadístico de esta noticia se ha realizado con el lenguaje de programación Python, las librerías de421 y jplephem —para leer las efemérides JLP y calcular posiciones geocéntricas—, PyMeeus —algoritmos de Jean Meeus para precesión, nutación, oblicuidad y conversión de coordenadas eclípticas a ecuatoriales— y el apoyo de distintos modelos de la herramienta de inteligencia artificial Claude. Se trata de una aproximación periodística que se ha elaborado siguiendo los parámetros científicos ya explicados. No obstante, asume algunas imperfecciones que se enumeran a continuación.

La resolución del mapa de elevaciones, de unos 230 metros, pierde precisión cuanto más escarpado es el terreno. Además, el algoritmo no tiene en cuenta obstáculos artificiales como edificios o vegetación: solo el relieve natural del terreno. 

La línea central de la banda de totalidad que se dibuja en el mapa es una aproximación por el punto medio de la banda en cada longitud. No es el eje exacto de la sombra en cada instante y no incorpora el perfil real e irregular del borde lunar que sí usan los cálculos más finos de la NASA. Esto significa que puede haber pequeñas discrepancias, de segundos, en los dibujos de las bandas. 

Son diferencias que no afectan al relato que cuenta la calculadora: cuántos eclipses ha vivido cada persona y si alguno incluyó una totalidad o una anularidad desde su provincia.

Créditos

Información, diseño y desarrollo: Jaime Gutiérrez | Integración, estilos y despliegue: Nicolas Schmidt y Sonia San José (Hiberus)