Borobia, el diminuto pueblo de Soria que seguirá mirando al cielo después del eclipse
- En esta localidad se inauguró el primer observatorio de España abierto al público hace casi un cuarto de siglo
- Su programa de actividades para el fenómeno astronómico del 12 de agosto es uno de los más ambiciosos
En Borobia no hace falta salir del pueblo para contemplar la Vía Láctea a simple vista. En este rincón de la provincia de Soria, justo en el límite con Zaragoza, nunca hubo industria, ni tráfico, ni apenas luz artificial. Por eso, un grupo de aficionados a la astronomía llevaba años recibiendo cada verano a agrupaciones que llegaban desde otros lugares de España para observar su firmamento inmaculado. De aquellas visitas nació en 2002 la idea de construir un observatorio abierto a cualquiera que quisiera alzar la mirada hacia las estrellas.
"Siempre hemos tenido algo que no nos pueden quitar, que son unos cielos espectaculares. No hay absolutamente nada de contaminación lumínica", resume Blas Jiménez Orte, codirector del Observatorio Astronómico 'El Castillo' de Borobia y uno de los organizadores del programa de actividades que la localidad ha preparado para el eclipse del 12 de agosto, uno de los más ambiciosos de la provincia soriana.
El cielo que entonces atraía a los aficionados ha transformado con el tiempo a esta diminuta localidad en algo más que un lugar idóneo para disfrutar de la astronomía. Azahara Rojas Roncero, codirectora del observatorio, habla de esa pureza como de un recurso que, precisamente por ser cada vez más difícil de encontrar, se ha convertido en un bien muy preciado. Toda la provincia de Soria, recuerda, está reconocida como la mayor zona de oscuridad de Europa. "No hay un sitio más grande y con mejores cielos en todo el continente", asegura.
Azahara Rojas Roncero y Blas Jiménez Orte, codirectores del observatorio astronómico 'El Castillo' de Borobia. S.A.P.
Un motor económico
La oscuridad, en una provincia acostumbrada a medir sus desventajas en términos de población, empleo o comunicaciones, se transforma así en ventaja. Rojas Roncero lo ve también desde esa perspectiva. "El astroturismo supone una nueva forma de vida para los habitantes de aquí, y puede ayudar a que se establezca más gente. Es un motor económico grandísimo".
La historia de Borobia, con sus poco más de 200 habitantes, tiene algo de paradoja. Lo que durante décadas fue simplemente la consecuencia de vivir en un territorio despoblado —poca actividad industrial, pocos coches, pocos núcleos urbanos y poca luz por la noche— es ahora el mayor atractivo con el que cuenta. El observatorio nació antes incluso de que el fenómeno tuviera nombre. "Fue el primer observatorio de España abierto a todo el público, en el que hacíamos divulgación de la astronomía, lo que ahora se llama astroturismo, una palabra que todavía no se empleaba cuando nosotros comenzamos", recuerda Jiménez Orte.
Han pasado 24 años desde entonces y aquello que empezó como una iniciativa de aficionados encaja ahora en una estrategia turística mucho más amplia. Soria ha encontrado en sus noches despejadas y en la escasez de contaminación lumínica un recurso con el que diferenciarse. La provincia arrastra, como buena parte de la España rural, los efectos de la despoblación y la falta de grandes núcleos urbanos. Pero esa misma baja densidad de población ha dejado una herencia inesperada: grandes extensiones en las que todavía es posible ver un cielo nocturno que en otros lugares ha quedado oculto por la iluminación artificial.
La protección de la oscuridad como atractivo turístico
En 2023, Soria obtuvo la certificación Starlight para toda la provincia. El reconocimiento puso el sello de calidad a una condición que Borobia llevaba años aprovechando de manera práctica: proteger la oscuridad y convertirla en un atractivo turístico.
Borja, estudiante de Física, ante la estrella del observatorio de Borobia: el telescopio "El Coyote", un Smith-Cassegrain de 420 mm. de diámetro automatizado. S.A.P.
La transformación de esta localidad tiene ahora un escaparate extraordinario. El eclipse del 12 de agosto llevará hasta la provincia a visitantes interesados en contemplar unos minutos de oscuridad total, pero para quienes trabajan en el observatorio el trabajo no terminará cuando el eclipse desaparezca. "Soria es la provincia menos contaminada lumínicamente de toda España. Tener este eclipse y estar en el centro de la totalidad es una oportunidad increíble para promocionar nuestro cielo", explica Jiménez Orte.
El visitante que buscan, además, encaja con el tipo de turismo que un territorio rural puede absorber sin perder su esencia. "El astroturismo es un turismo con bastante poder adquisitivo, respetuoso con la naturaleza, tranquilo, alejado de la masificación... Es un turista que interesa siempre, y para Soria este eclipse debería ser su reto más importante", opina Jiménez Orte.
Pero llegar hasta aquí tampoco ha sido sencillo. Construir un observatorio en un pueblo pequeño, en medio de la España vaciada, significa tener que sacar adelante casi todo con menos medios y más esfuerzo. La respuesta, en este caso, ha sido apoyarse en algo que no aparece en ninguna estadística económica: la afición de quienes pusieron en marcha el proyecto. "Eso lo suplimos con ilusión, ganas y la afición que tenemos a la astronomía", reconoce.
Interés creciente por la astronomía
Su afición se ha encontrado con un interés creciente. Hoy, para muchos visitantes, ver las estrellas se ha convertido en una experiencia que ya no forma parte de su vida cotidiana, y quizá por este motivo genera una mayor expectación. El problema para el observatorio ya no es tanto encontrar visitantes como atenderlos a todos. La demanda ha crecido hasta superar sus posibilidades. "Si tuviéramos cuatro observatorios como el que tenemos, en verano los tendríamos llenos todos los días, independientemente del eclipse. No damos abasto", comenta Jiménez Orte.
La solución no pasa, sin embargo, por convertir la observación en una actividad masiva. Parte del atractivo está precisamente en lo contrario: en poder mirar, escuchar las explicaciones y disfrutar del cielo sin tener alrededor a cientos de personas. Por eso las sesiones se mantienen en grupos reducidos, de no más de 15 o 18 visitantes.
El observatorio de Borobia trabaja en la construcción de un planetario. WILFREDO GARCÍA / EFE
Construcción de un planetario
Aunque este hecho no les ha impedido seguir creciendo. El siguiente paso ya está en marcha. El observatorio trabaja en la construcción de un planetario, una instalación que permitirá ampliar la actividad más allá de las noches despejadas y acercar el proyecto a quienes todavía no conocen Borobia. "El eclipse puede servir para poner en el mapa nuestro trabajo, porque hay mucha gente que no nos conoce, y esto puede ayudar a que se entere, sobre todo con el impulso que nos va a dar el planetario que estamos construyendo", considera la astrofísica Azahara Rojas Roncero.
Ese es quizá el verdadero horizonte del 12 de agosto. Quienes lleguen hasta este pueblo habrán recorrido cientos de kilómetros para presenciar el eclipse, pero el reto será conseguir que recuerden también el lugar desde el que lo vieron y que encuentren una razón para regresar. La sombra de la Luna pasará por Borobia durante menos de dos minutos. Pero su cielo cristalino, ese que llevó a construir el observatorio, seguirá esperando el resto del año.