Un viaje gastronómico por el centro de la península es mucho más que una sucesión de paradas culinarias: es una forma de leer el territorio, de interpretar paisajes a través de sus sabores y de descubrir cómo una nueva generación de cocineros está reescribiendo el relato gastronómico desde el respeto a la tradición ycon una mirada innovadora.
Este itinerario arranca en el sur de Navarra y atraviesa Castilla y León, Madrid y Castilla-La Mancha, conectando enclaves como Tudela, Salamanca, Ávila, Madrid y Sigüenza. Lugares distintos entre sí, pero unidos por la misma pulsión: una gastronomía viva, joven y en constante evolución.
El punto de partida es la Ribera de Navarra, donde la primavera convierte el paisaje en un mosaico de verdes intensos. En Tudela, ese color no es solo paisaje, sino identidad. Hasta principios de mayo, la ciudad celebra las Fiestas de la Verdura, un evento que trasciende lo gastronómico para convertirse en una expresión cultural, social y económica. Con cientos de actividades y la participación de decenas de entidades, la ciudad entera se transforma en un escenario donde la huerta es la protagonista.
La menestra sigue siendo el símbolo por excelencia de esta tierra. Más que una receta, es una técnica transmitida entre generaciones: cada verdura se cocina por separado para respetar su textura y sabor, y luego se integra en un conjunto equilibrado. Esta filosofía define también la cocina contemporánea que está emergiendo en la zona, donde productos como el espárrago se presentan casi desnudos, apenas intervenidos, en una apuesta clara por la sencillez.
Desde Navarra, el viaje nos lleva a Salamanca, donde la tradición universitaria convive con una escena gastronómica en plena efervescencia. Allí destaca Paula Gutiérrez, representante de una nueva generación que entiende la cocina como un espacio de diálogo entre culturas. Su propuesta, reconocida con importantes premios culinarios, combina raíces peruanas y técnica contemporánea en un ejercicio de equilibrio que evita el artificio y busca la armonía.
En Madrid, esa misma idea se traduce en propuestas más libres y globales. Cocineros como Lucho Cornejo desarrollan una cocina peruana contemporánea con un enfoque “indie”, alejado de los cánones tradicionales. Platos como el ceviche reinterpretado o los anticuchos reinventados muestran una voluntad clara: respetar el origen sin renunciar a la creatividad. En este local, la tradición se replica y se transforma.
El siguiente destino es Ávila, donde la aparente austeridad castellana esconde una cocina profundamente elaborada. En Caleña, Diego Sanz, con apenas 24 años, lidera un proyecto que ha sorprendido por su rápida consolidación. Su propuesta parte de recetas tradicionales, como la sopa de ajo, pero las reinterpreta con técnicas actuales. Su cocina es reflexiva, técnica y a la vez cercana, pensada para compartir y para emocionar.
Este proyecto se integra además en un entorno cargado de historia, junto a la muralla abulense, en el hotel “La casa del presidente” que conecta la experiencia gastronómica con la memoria reciente del país. La combinación de patrimonio, hospitalidad y cocina refuerza la idea de que el viaje gastronómico también es un viaje cultural.
La última parada es Sigüenza, donde el Molino de Alcuneza representa un modelo de gastronomía sostenible y profundamente ligada al territorio. Los hermanos Samuel y Blanca Moreno han sabido continuar un proyecto familiar apostando por el producto local —caza, setas, miel— y una cocina que combina tradición y creatividad. Su propuesta demuestra que la alta cocina puede ser también responsable y comprometida con su entorno.
A lo largo de este recorrido vemos como la irrupción de una generación de chefs jóvenes, muchos de ellos en la veintena, está redefiniendo la gastronomía desde ciudades medianas y pequeñas. Lejos de los grandes focos, construyen propuestas sólidas, personales y conectadas con su entorno.
Este mapa culinario invita, en definitiva, a viajar con calma por el centro de la península para descubrir una efervescencia gastronómica que se saborea y mira de manera concreta su territorio y su entorno.
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