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Una jornada más, los jóvenes georgianos llenan de banderas y proclamas democráticas las calles de Tiflis. Las universidades son hoy edificios fantasma, porque sus estudiantes priorizan, dicen, el futuro de su país.

Comparan la norma que se ha aprobado con la ley rusa que sacó adelante el Kremlin para silenciar a los disidentes. El principal partido opositor, en señal de protesta, se ha retirado temporalmente del parlamento y asambleas locales.

El gobierno asegura que la ley terminará con la falta de transparencia en el país porque con ella, las ONGs, organizaciones de derechos humanos, cooperativas agrícolas o medios de comunicación que reciban más del 20% de sus fondos del exterior deberán registrarse como entidades bajo influencia extranjera. Algo que daría vía libre al ejecutivo para inspeccionar sus oficinas cada 6 meses.

La presidenta georgiana ha amenazado con tumbar la norma, pero el parlamento, después, podría restaurarla con una nueva votación. Esto comprometería sus apoyos internacionales. Para Estados Unidos, su relación con Tiflis está en riesgo y también su adhesión a la Unión Europea. Bruselas concedió a Georgia el estatus de candidato el año pasado, precisamente por no aprobar esta ley, y ahora esas negociaciones podrían caer en saco roto.

FOTO: REUTERS/Irakli Gedenidze

¿Quién protesta en Georgia y por qué? ¿Está el país cada vez más lejos de la UE? Nos lo explica Antonio Herrera, militar en la reserva, que ha sido asesor para el desarrollo de Sistemas de Información de la Misión Civil de Monitorización de la Unión Europea en Georgia, fue jefe del Centro de Gestión de la Información en la misión especial de monitorización de la OSCE en Ucrania y anteriormente trabajó en la OTAN en asuntos de inteligencia. Además es miembro del Minerva Institute.

'Diario de Ucrania' es un podcast que publicamos todos los miércoles en el que encontrarás el contexto necesario para entender lo que está pasando en la guerra tras la invasión rusa. Escuchamos a analistas, militares, periodistas, trabajadores humanitarios y a los ciudadanos ucranianos y rusos que sufren en primera persona este conflicto.

El Parlamento de Georgia ha aprobado la llamada ley de agentes extranjeros. ese al rechazo expresado por miles de manifestantes, diputados de la oposición y las denuncias de la UE. Sus críticos la comparan con una norma rusa que se aplica para silenciar la disidencia política y temen que pueda alejar a Georgia de su adhesión a la Unión Europea y abra el camino a un régimen autoritario.

Según esta nueva ley, todas las organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación que reciban más del 20% de su presupuesto desde el extranjero tienen la obligación de registrarse anualmente como agentes de influencia extranjera.

El partido gobernante, Sueño Georgiano, ha defendido que solo se prevén multas que pueden superar los 9.000 euros para las organizaciones que se nieguen a revelar el origen de su financiación. Justifican su aprobación apuntando a la necesidad de combatir contra los "valores pseudoliberales" y a la supuesta falta de transparencia de organizaciones que, según dicen, podrían intentar desestabilizar las elecciones parlamentarias del próximo 26 de octubre.

Ahora la ley deberá ser ratificada por la presidenta del país, Salome Zourabichvili, que se opone frontalmente a ella y podría vetarla. Si eso ocurre, la norma volvería de nuevo a la Cámara Baja, donde tendría que ser votada de nuevo.

En Georgia la tensión se ha disparado en las calles de la capital, Tbilisi, después de que el comité de asuntos jurídicos del Parlamento georgiano aprobara en menos de dos minutos el polémico proyecto de ley sobre influencia extranjera, una norma que perseguiría a aquellas organizaciones civiles o medios de comunicación independientes que reciban financiación extranjera. Antonio Alonso es profesor en la Universidad San Pablo CEU y especialista en Asia Central y el espacio postsoviético.

Con la ausencia de la oposición, que ha decidido no participar en señal de protesta, el parlamento de Georgia ha aprobado la polémica Ley de Agentes Extranjeros, que obligará a medios de comunicación y ONG estacionados en el país registrarse como entidades de influencia extranjera si reciben más del 20% de sus fondos del exterior. En la calle, ciudadanos han protestado por la medida, que consideran equivalente a la aprobada hace 10 años en Rusia.

Viajamos a un país situado en el límite entre Asia y Europa y localizado en la costa del mar Negro, al sur del Cáucaso. Allí conocemos a Silvia, una española que ha aterrizado hace solo unos meses en Georgia y a Javier, él lleva años viviendo allí como un local. 

Al menos 190 personas han muerto en Malawi tras el paso de " Freddy", uno de los ciclones más potentes registrados en el hemisferio sur. Conectamos con Fran Sevilla, nuestro enviado especial a Ucrania, que ha podido charlar con Rostislav Filipenko, un matemático que dejó Alcorcón para volver a su ciudad natal, Járkov. Intentaremos aclarar mejor lo que ocurre en Georgia con Martín Artola, doctor en Historia y especialista en el espacio post-soviético, que nos atiende desde Tiflis. Conocemos la reacción de China al acuerdo anunciado ayer por el AUKUS en torno a la producción y despliegue de submarinos de propulsión nuclear.

El anuncio del Gobierno de Georgia de retirar el proyecto de ley sobre 'agentes extranjeros' tras dos noches de violentas protestas, no ha servido para acallar las manifestaciones, que se han reanudado sobre las 19.00 horas en Tiflis, la capital. Salen a la calle por tercera noche consecutiva en Georgia porque no se fían de lo que ha dicho el Ejecutivo.

No basta con que anuncie que retira el polémico proyecto, tiene que explicar cómo va a hacerlo porque ya se ha aprobado en primera lectura y lo suyo sería rechazarlo en una nueva votación en el Parlamento.

Foto: AP Photo/Zurab Tsertsvadze

Kiev, Jerson o Zaporiya son algunas de las localidades de Ucrania que han sido objetivo de los misiles, algunos hipersónicos, rusos...De nuevo las infraestructuras críticas han sido la diana de los bombardeos, aunque, como suele ser habitual, también ha habido muertos civiles. Además de Ucrania, estaremos en Georgia, para ver si las protestas contra un proyecto de ley que quería sacar adelante el gobierno han cesado de forma definitiva. También en Francia, a cuenta de su polémica reforma de las pensiones. Charlaremos con el prestigioso economista venezolano Asdrúbal Oliveros sobre el estado de la economía de Venezuela, de las negociaciones de paz del ELN o del Líbano, entre otros asuntos

Dos jornadas de manifestaciones masivas han tumbado el intento del primer partido de Georgia, Sueño Georgiano, de aprobar una ley sobre “agentes extranjeros”. “Hemos tomado la decisión de retirar incondicionalmente el proyecto de ley que apoyábamos”, ha anunciado la formación política a través de un comunicado.

Las protestas comenzaron este martes en la capital, Tbilisi, tras la aprobación del proyecto de ley en primera lectura en el Parlamento. Al menos 133 personas fueron detenidas entre el 7 y el 8 de marzo frente a la sede del órgano legislador, según el Ministerio del Interior, y las fuerzas de seguridad emplearon cañones de agua para su dispersión.

El proyecto de ley implicaba que todo activista u organización que recibiese al menos un 20% de sus fondos del exterior entraría en una lista del Ministerio del Interior. La etiqueta de agente extranjero les impondría una serie de restricciones y obligaciones muy restrictivas, y en el caso de no cumplirlas afrontarían multas o, incluso, penas de hasta cinco años de prisión.

A los manifestantes se han unido los partidos de la oposición e incluso la presidenta de Georgia, Salomé Zourabichvili. Además, la Unión Europea también ha criticado la ley y la considera contraria a los valores comunitarios. Por su parte, Moscú se ha desmarcado de la tramitación de la ley georgiana.

Georgia pidió unirse a la UE en marzo de 2022, tras la invasión rusa de Ucrania. Sin embargo, la corrupción y la falta de reformas frenan esta adhesión. A esto se suma que, desde hace tiempo, la oposición de Georgia critica al principal de partido por lo que considera una excesiva cercanía a Moscú.