"España le dio a Abdallah la oportunidad de morir en paz": la historia de una familia palestina que intenta empezar de nuevo
- Wafa Farajallah llegó a España en abril de 2025 para que su hijo Abdallah pudiera recibir tratamiento contra la leucemia
- Hoy, ella y su marido, Hossam, viven en Madrid con sus otros dos hijos bajo protección internacional
Wafa Farajallah recuerda el día en que despertó bajo los escombros de su propia casa.
"Me levanté pensando que estaba soñando hasta que sentí el muro de mi casa encima", relata. A su lado dormía Abdallah, su hijo pequeño. "Era una situación terrorífica. Yo no tenía miedo por mí, sino por mi hijo", afirma con la voz todavía quebrada por el recuerdo.
Aquella explosión destruyó su vivienda en el campo de refugiados de Nuseirat, en el centro de la Franja de Gaza. Meses después, Abdallah empezó a enfermar. Tenía cinco años. Sus padres aún no lo sabían, pero acababa de comenzar una lucha para conseguir tratamiento.
El padre de Abdallah muestra una fotografía en el móvil de su hijo. RTVE
Refugiados desde hace generaciones
La historia de los Farajallah no empezó el 7 de octubre de 2023. Como muchas familias palestinas de Gaza, sus raíces están ligadas a la Nakba, la expulsión y huida forzosa de unos 700.000 palestinos durante la guerra de 1948 que acompañó a la creación del Estado de Israel. La familia sitúa sus orígenes en la zona de Beerseba, en el actual sur de Israel, desde donde sus antepasados fueron forzados a huir por las fuerzas israelíes hacia Gaza.
Por eso, cuando Hossam, marido de Wafa, habla de refugio, lo hace desde una memoria familiar que se remonta mucho más atrás que la guerra actual.
"Estamos bajo ocupación desde hace más de cien años", sostiene. "Nuestra vida estaba llena de sufrimiento y dificultades. Habíamos vivido muchas guerras, pero el 7 de octubre cambió la vida de Gaza completamente", cuenta.
Desde entonces, la Franja se ha convertido en uno de los territorios más devastados del mundo. Según las autoridades sanitarias gazatíes, Israel ha matado a más de 73.000 palestinos desde octubre de 2023. Naciones Unidas estima que la inmensa mayoría de la población ha sido desplazada al menos una vez.
Las consecuencias de la guerra también han llegado a los tribunales internacionales. La Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU concluyó en septiembre de 2025 que Israel había cometido actos constitutivos de genocidio contra la población palestina en Gaza. Paralelamente, la Corte Internacional de Justicia estudia la denuncia presentada por Sudáfrica contra Israel por genocidio, mientras que la Corte Penal Internacional emitió órdenes de arresto contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el exministro de Defensa Yoav Gallant por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
Un diagnóstico en una sanidad devastada
Cuando Abdallah empezó a enfermar en octubre de 2024, Wafa recuerda que entonces ya escaseaba prácticamente todo: "Nos faltaba comida. Comíamos alimentos enlatados. Desaparecieron las frutas, las verduras y la leche para los niños".
Los médicos insistían en que el pequeño debía beber agua embotellada y mantener una alimentación adecuada, pero conseguir cualquiera de las dos cosas era cada vez más complicado.
"Era un sufrimiento encontrar agua y comida para Abdallah. Y cuando la encontrábamos era carísima", cuenta Wafa.
Finalmente llegó el diagnóstico: un tipo de leucemia muy agresiva. Sus padres están convencidos de que el deterioro del sistema sanitario influyó en el retraso con el que se detectó la enfermedad. "Descubrimos la enfermedad tarde porque habían bombardeado hospitales y habían matado a médicos con experiencia", sostiene Hossam.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) lleva más de dos años alertando sobre el colapso de la sanidad gazatí. Según sus registros, desde el inicio de la ofensiva israelí cientos de ataques han afectado a hospitales, ambulancias y centros sanitarios de toda la Franja. La mayoría de los hospitales han resultado dañados o han funcionado solo parcialmente durante largos periodos. Además, la OMS ha documentado centenares de muertos y heridos vinculados a ataques contra instalaciones sanitarias.
En ese contexto, recibir un diagnóstico de cáncer era solo el principio. El verdadero desafío era conseguir tratamiento.
"Mi corazón estaba dividido entre Gaza y España"
La oportunidad llegó a través del Proyecto Aman, un programa impulsado por la OMS, Accem y coordinado con las autoridades españolas para evacuar a menores palestinos con enfermedades graves y que reciban tratamiento especializado en hospitales españoles.
Abdallah y su madre Wafa llegaron a España en abril de 2025. En Gaza tuvieron que quedarse Hossam y los otros dos hijos de la familia, de 11 y 13 años. Aquellos meses marcaron profundamente a todos.
"Mi corazón estaba dividido", recuerda Wafa. "Una mitad estaba con Abdallah y la otra con mi marido y mis hijos en Gaza".
Las comunicaciones eran irregulares. Había días enteros sin internet y sin noticias. "Pensaba todo el tiempo en ellos, pero no había otra forma", explica.
Cuando se le pregunta por aquel periodo, Hossam utiliza prácticamente las mismas palabras. "Mi corazón estaba partido en dos: una parte con Abdallah y otra parte con mi familia", recuerda.
Gaza sigue esperando una salida
Durante toda la conversación, los Farajallah vuelven a la misma idea: ellos consiguieron salir, pero la mayoría sigue atrapada.
No existe una cifra oficial única sobre cuántos palestinos han logrado abandonar Gaza desde octubre de 2023, aunque hay estimaciones que sitúan el número entre 80.000 y algo más de 100.000 personas.
A pesar del alto el fuego anunciado el 10 de octubre de 2025, el paso fronterizo de Rafah permanece cerrado salvo para casos excepcionales y operaciones coordinadas. Las evacuaciones médicas continúan, pero a un ritmo muy inferior al necesario.
Según la OMS, más de 18.500 personas siguen necesitando una evacuación médica urgente. Entre ellas hay alrededor de 4.000 niños.
Es una realidad a la que Wafa y Hossam vuelven una y otra vez. "No solo hablamos de nuestro hijo", insiste Hossam. "Hay miles de niños con cáncer que no pueden salir, que viven en condiciones inhumanas y que esperan una evacuación".
"Nosotros pudimos salir, pero hay miles de personas esperando una oportunidad", añade Wafa. "Están sufriendo una muerte lenta".
"España le dio a Abdallah la oportunidad de marcharse en paz"
En octubre de 2025, siete meses después de la llegada de Wafa y Abdallah, el resto de la familia consiguió reunirse con ellos en España. Fue un alivio momentáneo. Abdallah falleció en enero de 2026, después de meses de tratamiento.
Sus padres hacen pausas largas cuando hablan de él. Buscan las palabras. A veces no las encuentran. Pero hay una idea que su madre repite. "España le dio a Abdallah la oportunidad de morir en paz", sostiene Wafa.
Recuerda los últimos días de su hijo, el dolor que sufría y la medicación que necesitaba para aliviarlo. "Si Abdallah hubiera muerto en Gaza, habría sido de una manera horrible".
Entre los recuerdos de aquellos meses también conserva algunos momentos felices. Uno de ellos fue cuando agentes de la Policía Municipal de Madrid hicieron realidad una de las ilusiones del niño: montar en un coche policial. Es uno de los pocos recuerdos que todavía logra arrancar una sonrisa a Hossam.
La red que sostiene a la familia
La familia vive actualmente en un piso gestionado por la organización Accem dentro del sistema español de acogida para personas refugiadas y solicitantes de asilo.
"Les estamos dando una atención integral: jurídica, psicosocial, acompañamientos administrativos y apoyo para cualquier gestión", explica Alina Osipov, responsable del Servicio de Acogida de Accem en la Comunidad de Madrid.
La entidad les ayuda con el aprendizaje del idioma, la escolarización de los menores, los trámites administrativos y la preparación para una vida autónoma.
"Cuando la familia llegó por fin completa, la situación mejoró mucho", explica Osipov. "Wafa estaba sola aquí y necesitaba ese apoyo familiar directo. Aun así, siguen atravesando un duelo muy importante".
El sistema de acogida español contempla programas de hasta 18 meses, ampliables en determinados casos de vulnerabilidad hasta los 24. Durante ese periodo, el Estado cubre alojamiento, alimentación, atención sanitaria, apoyo psicológico, asesoramiento jurídico y formación para facilitar la integración.
Para desarrollar ese trabajo, el Ministerio de Inclusión colabora con organizaciones especializadas como Accem, CEAR o Cruz Roja.
España recibió más de 144.000 solicitudes de asilo en un año
La situación de los Farajallah coincide con un momento de importantes cambios en las políticas migratorias y de asilo.
Según el Informe Anual 2026 de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), España recibió 144.396 solicitudes de protección internacional durante 2025. Fue el tercer país de la Unión Europea con más peticiones, solo por detrás de Alemania y Francia.
Sin embargo, el mismo informe destaca una realidad llamativa: España continúa entre los países europeos que menos protección reconoce.
CEAR cifra en 17.941 las resoluciones favorables durante 2025, lo que equivale a una tasa de reconocimiento del 11,2%, muy por debajo de la media europea, situada en torno al 34%.
Todo ello coincide con la entrada en vigor, el pasado 12 de junio, del nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo. Mientras Bruselas defiende que permitirá gestionar mejor las fronteras y armonizar los procedimientos entre países, organizaciones como CEAR o Human Rights Watch temen que algunas de sus medidas aceleren las devoluciones y reduzcan las garantías para las personas que buscan protección.
Aprender español, encontrar trabajo y empezar de cero
Cuando se les pregunta por el futuro, las preocupaciones ya son otras. Wafa y Hossam ya no hablan de bombardeos ni de evacuaciones, sino de trabajo, de alquileres y de cómo sacar adelante a sus hijos.
Wafa acaba de completar el nivel A1 de español y realiza un curso de cocina. Hossam quiere volver a trabajar como mecánico y entrenador deportivo, las profesiones que ejercía en Gaza. "Estamos intentando vivir, pero empezar desde cero también es complicado", reconoce ella.
Los dos saben que la ayuda que reciben es temporal y que en los próximos meses tendrán que avanzar hacia una vida más autónoma.
Para Wafa existe además una dificultad añadida. Durante casi un año entero su vida estuvo centrada en los hospitales y en el cuidado de Abdallah. Ahora tiene que reconstruir un proyecto propio mientras aprende un idioma nuevo y afronta la pérdida de un hijo.
Aun así, se consideran afortunados. "Aquí tenemos una vida digna. Nosotros al menos tuvimos una oportunidad", resume Wafa.