EE.UU. e Israel mataron a finales de febrero al líder supremo iraní, Alí Jamenei; y ahora al jefe de seguridad, Ali Larijani y al jefe de la fuerza paramilitar de los basiyíes, responsable de la represión en el país, Gholamreza Soleimani. Antes habían eliminado al jefe del consejo de seguridad, al de la guardia revolucionaria, al ministro de Defensa y al jefe de las fuerzas armadas. Todo en 18 días, y sin embargo, el régimen no se derrumba.
El sistema iraní tiene una estructura compleja con varios núcleos de poder interconectados. El líder supremo controla al poder judicial, al Ejército y a la mitad del Consejo de Guardianes. Y este organismo, a su vez, se asegura de que el Parlamento y el Presidente no se alejen de la ley islámica. Si desaparece el líder, otro organismo, la Asamblea de Expertos, elige a uno nuevo. Un sistema engrasado durante décadas que ahora se adapta, con centros de poder militar autónomos que puedan tomar decisiones pese a la desaparición del líder.
Foto: AP/Bilal Hussein
Con las gafas de Anna Bosch
La noche en 24h