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Israel vislumbra su sueño de forjar un nuevo Oriente Medio bajo su órbita de influencia

Israel vislumbra su sueño de forjar un nuevo Oriente Medio
Bombardeos israelíes de este viernes en Beirut AFP

"Esta combinación de fuerzas nos permite lograr lo que he anhelado durante 40 años: golpear al régimen terrorista en la cara", afirmaba el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, al día siguiente de la operación militar conjunta con EE.UU. que comenzó hace una semana, dirigida no solo a objetivos militares y nucleares del régimen de Irán, sino que logró el "asesinato selectivo" del líder supremo de la República Islámica, el ayatolá Alí Jameneí.

Netanyahu hace tiempo que no ocultaba su deseo de acabar con Jameneí, como cabeza visible de un régimen que identifica con "el mal" y que ha tejido una red de grupos armados afines en la región, que tienen a Israel como su mayor enemigo y que algunos, como Hizbulá o Hamás, operan dentro o frente a sus fronteras. El líder israelí llevaba años tratando de convencer a Estados Unidos de la necesidad de atacar Irán: Obama se negó e incluso llegó a un acuerdo nuclear; Trump, a instancias de Netanyahu, se retiró de ese pacto en 2018, en su primer mandato, pero un año después canceló en el último momento un ataque contra Irán.

Pero el momento llegó el pasado 27 de febrero, cuando información de inteligencia recopilada por el Mosad, con la ayuda de un informante de la CIA, geolocalizaba la ubicación de Jameneí y de otros altos cargos militares del régimen. Una rápida llamada de Netanyahu a Trump sirvió para que EE.UU. se uniera a los ansiados planes del líder israelí y fue el detonante de una guerra regional que arrancó el día siguiente; que ha implicado a todos los países de la región y amenaza con reconfigurar un nuevo Oriente Medio, alterando los equilibios y la red de alianzas preexistentes.

Netanyahu al fin lograba su objetivo para el que llevaba meses trabajando con ahínco —no en vano ha viajado hasta seis veces a EE.UU. desde que Trump regresó a la Casa Blanca—, y según el propio ministro de Defensa israelí, Israel Katz, un "ataque preventivo" contra Irán, ejecutado conjuntamente con EE.UU., estaba planificado para este verano. La breve implicación de EE.UU. al final de la Guerra de los Doce Días del año pasado entre Israel e Irán marcó el preludio de esta acción ofensiva militar, diseñada de forma conjunta desde el principio.

Órbita de influencia israelí

Para Israel, se trata de la operación Rugido del León, que refleja su intención de erigirse con ferocidad como el rey de una selva de complejas alianzas y equilibrios que es Oriente Medio. No solo se trata de acabar con Irán y sus satélites; sino arrastrar al resto de países de la región a la órbita de influencia israelí, con la cooperación militar como primer paso. Para Netanyahu, el momento es ahora: una percepción optimista que comparten desde el estamento militar israelí y expertos en seguridad.

"Esta guerra está forzando a más países de la región, especialmente los del Golfo, a cooperar cada vez más con Israel a nivel de seguridad. Y más ahora que EE.UU., que es su principal apoyo, está implicado en la guerra en el mismo bando de Israel"; señala Sima Shine, antigua analista del Mosad y una de las mayores expertas israelíes en Irán, adscrita al Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS).

La respuesta de Irán a la operación Rugido del León —Furia Épica para EE.UU.— ha sido atacar Israel y bases e intereses estadounidenses en la región, especialmente en los países del Golfo, lo que se ha traducido en impactos en Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Baréin o Catar. "Antes, y más aún ahora, saben perfectamente que Irán no es un buen vecino para ellos, lo que los puede arrastrar a acercarse a Israel", señala Shine.

Y es que en Oriente Medio no es necesario ser amigos o tener la misma agenda para ser aliados; la noción de la amistad es frágil y se reduce al "enemigo de mi enemigo". Bajo esa premisa, Israel quiere aprovechar la oportunidad y que la guerra sirva para arrastrar a más países árabes al paraguas de los Acuerdos de Abraham, auspiciados por Trump, por los que en 2020 Israel entabló relaciones diplomáticas con Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Marruecos.

Firma de los Acuerdos de Abraham en 2020

El ministro de Asuntos Exteriores de Baréin, el primer ministro de Israel, el presidente de Estados Unidos, y el ministro de Asuntos Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos, firman los Acuerdos de Abraham en la Casa Blanca, el 15 de septiembre de 2020 Alex Wong/Getty Images

"No creo que el resultado inmediato de esta guerra sea la normalización de relaciones con todos los países del Golfo. Pero ahora mismo hay intensos contactos bilaterales de Israel con ellos, especialmente con Arabia Saudí, aunque los mantengan detrás del telón", explica la exanalista del Mosad.

De hecho, la otra prioridad declarada de Netanyahu en política exterior —además de destruir o al menos debilitar al régimen de los ayatolás en Irán— es entablar lazos diplomáticos con Arabia Saudí, el principal país suní de la región y el más influyente, que además mantiene una tensa e incluso conflictiva relación con el régimen chií de Irán. La cuestión palestina ha sido históricamente el principal escollo para ello, aunque a finales de 2023 las negociaciones llegaron a estar cerca de un anuncio, que saltó por los aires con los ataques de Hamás del 7 de octubre.

"Esta guerra supone una extraordinaria ventana de oportunidad. En Israel veremos avances en la extensión de los Acuerdos de Abraham, un proceso de normalización que, aunque pueda llevar más tiempo, acabará sucediendo", confía Kobi Michael, investigador del Instituto Misgav, de estudios de seguridad, y profesor de la Universidad Ben Gurion del Neguev.

Un nuevo Irán y un nuevo Oriente Medio

Para Michael, de esta contienda regional saldrá "un nuevo Irán", bien por un cambio de régimen producido gradualmente desde dentro o de forma radical con su caída. "Irán es hoy un país mucho más débil, y también sus proxies, que en la Guerra de los Doce Días", explica. "De aquí saldrá un nuevo Oriente Medio: los países del Golfo están entendiendo perfectamente que no pueden fiarse de Irán", abunda.

Sin embargo, Shine no cree que la caída del régimen sea algo que Israel pueda dar por sentado. "Es prácticamente imposible provocar un cambio de régimen solo desde afuera, con ataques aéreos y sin presencia sobre el terreno", señala. La experta en Irán cree que lo que sí puede ocurrir es que la guerra debilite lo suficiente al régimen, como para que ese cambio ocurra como consecuencia, pero no de forma directa. "Hay mucha gente en Irán que quiere un cambio, en enero salieron a la calle para pedirlo, pero no debemos subestimar su capacidad de represión", explica.

Para Shine, no es descartable la posibilidad de que el régimen sobreviva, aunque la opción que ve más plausible es el cambio desde dentro: "Permite preservar parcialmente el sistema, las estructuras que funcionan para evitar un colapso, pero cambiar políticas y afiliaciones políticas". La analista considera que, si bien Irán pudo verse sorprendido por el ataque el pasado sábado —en medio de un proceso de negociaciones con EE.UU.—, llevaba años preparado para un escenario de guerra como el actual.

"Jamení se encargó de que el sistema continuara funcionando incluso después de que él fuera asesinado u otros altos cargos. Por eso, rápidamente se anunciaron sustitutos de los jefes militares de la Guardia Revolucionaria y se nombró el comité interino de transición", señala.

La posibilidad de que el cambio venga "desde dentro" con reformas promovidas desde el actual régimen islámico es "una potencial amenaza" para Israel, según Sarit Zehavi, teniente coronel retirada del Ejército israelí y actual presidenta del Centro de Investigación Alma, que analiza la situación de seguridad en la frontera norte de Israel.

"El cambio sería algo cosmético. No hay perfiles reformistas dentro del régimen. Si la República Islámica de Irán sobrevive de una manera u otra, enseguida trabajará para reconstruir sus capacidades militares que ahora han sido destruidas: el programa nuclear, el de misiles balísticos y su red de proxies", argumenta. "El escenario del cambio desde dentro tendrá un efecto negativo en la frontera norte, porque empoderará a Hizbulá de nuevo".

Debilitar a los proxies de Irán

Aunque subraya que el peor escenario para Israel es el que "se hubiera dado si esta guerra no hubiera empezado": "Irán habría ganado capacidad militar y retomado su programa nuclear, que es una amenaza global, no solo para Israel", afirma Zehavi, que ve en esta guerra la oportunidad de que Israel neutralice el poder de los proxies de Irán, especialmente de la milicia chií libanesa Hizbulá, que aunque debilitada tras la guerra de otoño de 2024, sigue siendo el ejército no estatal más poderoso de la región.

Este grupo aliado de Irán se unió a la contienda el pasado lunes, lanzando ataques con cohetes, drones y misiles hacia Israel. Aunque la represalia ha sido dura: el Ejército hebreo ha lanzado intensos ataques y ordenado la evacuación, no solo a las comunidades del sur de Líbano, sino también en amplios barrios del distrito de Dahiye, suburbio del sur de Beirut donde Hizbulá mantiene sus centros de poder. El saldo de muertos se eleva a más de 200; mientras que Israel ni siquiera ha evacuado sus comunidades del norte, como sí hizo antes de su anterior guerra con el Líbano, en otoño de 2024.

Los tanques israelíes han penetrado seis kilómetros dentro del Líbano, lo que anticipa una posible ofensiva terrestre. "Lo que aprendimos en anteriores conflictos con Gaza y Líbano es que no podemos eliminar solo con bombardeos aéreos todo el armamento que grupos como Hamás o Hizbulá esconden en infraestructura civil. Por eso, ahora se pretende una ofensiva terrestre que limpie en el sur de Líbano esos puntos donde todavía quedan armas", analiza Zehavi. También es una oportunidad para dar un "golpe definitivo" a la milicia chií, debilitada y descabezada.

El optimismo en Israel sobre los logros que pueden obtener de esta guerra también traspasan los partes militares y las declaraciones de los portavoces del Ejército. "Tras una semana, ha disminuido considerablemente el ritmo e intensidad de los ataques de Irán, ya que hemos desmantelado más de 300 lanzaderas de misiles", comentaba triunfal el portavoz del Ejército, Nadav Shoshani. En Líbano, dicen haber conseguido empujar a Hizbulá hacia el norte, alejándolos de las comunidades israelíes cercanas a la frontera, y neutralizar los puestos de avanzada desde los que podían lanzarles misiles antitanque.

"Eso significa que el tiempo está de nuestro lado. Tenemos la superioridad militar aérea y la amenaza sobre nuestros civiles es manejable. Cuanto más nos adentramos en esta operación, más rápido Irán pierde capacidades militares", asevera en su balance de la primera semana de esta escalada bélica regional, que tiene a los archienemigos Israel e Irán, potencias nucleares, como principales contendientes.