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Los ecos de la guerra resuenan otra vez en el norte de Israel: "Esto sí es el fin de Hizbulá"

Los ecos de una nueva guerra resuenan en el norte de Israel
Tanques militares israelíes circulan por la frontera con Líbano. REUTERS/Shir Torem

"Esta vez es definitivo, si Israel ha reiniciado los ataques, es porque sabe que ahora puede acabar con ellos. Esto sí es el fin de Hizbulá", afirma con rotundidad Liev, un israelí que vive en Kiryat Shmona, la ciudad más al norte de Israel, a escasos diez kilómetros de la frontera con Líbano.

El recuerdo de la guerra está reciente, sus alrededor de 20.000 habitantes estuvieron evacuados casi un año y medio, en el que Kiryat Shmona se convirtió en una ciudad fantasma, sometida al fuego de proyectiles y misiles de Hizbulá, cuyas heridas aún son palpables en algunas calles. Regresaron hace un año, en marzo de 2025, y ante esta nueva contienda regional, que ha situado en la frontera entre Israel y Líbano uno de sus frentes, se muestran más confiados.

"Suenan las sirenas de vez en cuando, ya sabemos qué tenemos que hacer: ir a un refugio y esperar", explica con tranquilidad Liev al salir de uno de los pocos supermercados que quedan abiertos en la ciudad, desde donde se oye el estruendo de las bombas y la artillería israelí azotando el país vecino. "Yo de aquí no me voy más. Creo que ahora estamos a salvo", asevera, confiado en que Hizbulá agoniza en sus últimas horas y que ya no tiene músculo militar del pasado.

Aunque la población no se ha ido, la ciudad está apagada: la mayoría de sus establecimientos están cerrados. Un par de cafeterías y dos restaurantes de comida rápida están abiertos a la hora del almuerzo. Y en el centro comercial de la ciudad, que sirve de refugio cuando suenan las alarmas con un búnker recién remodelado y reforzado en el sótano, solo el supermercado y el McDonalds atienden al público que acude con cuentagotas, movidos por la apatía en una ciudad donde no hay mucho más que hacer.

"Mis hijos me han convencido para venir a por comida basura", cuenta una mujer desde el mostrador, venida desde uno de los kibutz pegados a la frontera. "Desde que esto empezó el domingo, nos suenan las alarmas temprano por la mañana y luego otra vez por la tarde. Es menos que en la guerra anterior, al menos poder seguir en casa", se contenta Liz, profesora universitaria.

Ciudad apagada, pero aún viva

El trasiego de coches es limitado y los colegios han extendido hasta finales de semana las clases online. El principal movimiento es de tropas, que tienen en esta ciudad su punto de encuentro, desde donde son desplegados a distintos puntos de la frontera.

"Esto no es bueno para el negocio. Ya tuve que cerrar más de un año, depender de las ayudas del Gobierno, y cuando pensábamos que podíamos recuperar nuestra vida, aquí estamos otra vez, escuchando explosiones y alarmas", lamenta David, un judío ortodoxo que regenta un bazar en el centro de Kiryat Shmona.

En octubre de 2023, cuando la milicía chií libanesa Hizbulá comenzó el lanzamiento de cohetes hacia Israel en paralelo a la guerra en la Franja de Gaza, las autoridades israelíes enseguida se apresuraron a ordenar la evacuación de todas las localidades de su frontera norte, incluida Kiryat Shmona, principal núcleo de población del área. El cruce de fuego se fue intensificando hasta que estalló la tercera guerra entre Israel y Líbano, en otoño de 2024.

El panorama se parece mucho al de entonces: los tanques israelíes han penetrado hasta seis kilómetros dentro del territorio libanés, ha pedido la evacuación de todas las poblaciones libanesas al sur del río Litani para intensificar sus ataques en la parte meridional del país; y ha retomado sus bombardeos en varios barrios de Beirut. Los muertos en el Líbano ya superan los 70 en dos días.

El objetivo declarado es aniquilar a Hizbulá, pero la situación es muy diferente a la de 2024: la milicia libanesa llega a este nuevo enfrentamiento bélico muy debilitada política y militarmente. Su potencia de fuego hasta el momento es notablemente inferior. Ahora Israel siente que es su momento.

Por eso, las autoridades israelíes han cambiado de estrategia. Las medidas adoptadas para proteger a su población esta vez no pasan por las evacuaciones, que tuvieron un elevadísimo coste económico para el país, sino por la presión militar. Y por eso, sus tanques avanzan posiciones en el sur de Líbano, para empujar a Hizbulá hacia el norte y alejar esa amenaza.

Asiente con la cabeza un militar que busca un café para llevar. No puede revelar su nombre ni hablar con la prensa, pero asiente cuando le preguntamos si el objetivo en este frente es dar la estocada final a Hizbulá. Sí puede contar que ha sido uno de los 100.000 reservistas movilizados en esta nueva guerra, que comenzó el pasado sábado cuando la aviación israelí y estadounidense emprendieron fuertes ataques en Irán, país que financia y respalda a la milicia chií de Líbano.

Las amenazas de Israel

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha dicho en repetidas ocasiones que la República Islámica es una "amenaza existencial" para el Estado judío y ahora, apoyado por su amigo el presidente estadounidense, Donald Trump, está decidido a acabar no solo con el régimen de los ayatolás, tras el asesinato selectivo de su líder supremo, Alí Jameneí; sino con todos los grupos militares afines, sus proxies en la región, como Hizbulá, Hamás -al que han conseguido eliminar del gobierno tecnócrata transitorio de Gaza-, o los hutíes de Yemen.

Israel está en una guerra contra todos; mientras extiende su ofensiva en Líbano, mantiene sus intensos bombardeos sobre Irán con el objetivo declarado de "acabar con el régimen", en una estrategia a dos bandas dirigida a la matriz y a su principal satélite en la región: la República Islámica iraní e Hizbulá. De hecho, el portavoz en árabe del Ejército israelí dio el martes un ultimátum de 24 horas para que todos los altos cargos de la Guardia Revolucionaria que están en Líbano salgan.

El tercer eslabón del triángulo era el régimen de Bachar al Asad en Siria, donde tanto la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria como Hizbulá campaban a sus anchas. Con la dinastía Asad fuera de juego, y el nuevo Gobierno sirio de Al Shaara coqueteando tanto con Israel como con EE.UU., el momento es adecuado para desmontar esa red de alianzas militares que Israel quiere destruir y reconfigurar Oriente Medio. Precisamente, el nuevo presidente sirio ha cerrado este miércoles la frontera con Líbano y la ha reforzado con militares para evitar una oleada de refugiados libaneses, que también cortará el paso a milicianos de los grupos que Israel considera "el eje del mal".

Mientras, Israel sigue bombardeando con fuerza en todo Irán, centrado sobre todo en objetivos del régimen, pero dejando un rastro de más de 1.000 muertos. El Ejército ha confirmado haber lanzado desde el sábado más de 5.000 municiones sobre el país persa y hoy ha atacado numerosos edificios de instituciones oficiales del régimen y su fuerza militar. Tras dar con Jameneí, la aviación israelí el martes atacó la reunión de la Asamblea de Expertos, encargada de elegir al próximo líder supremo, sin que hayan trascendido las consecuencias. Aunque no han difundido nombres, su hijo menor, Mojtaba Jameneí, emerge como favorito.

Quien salga elegido ya ha recibido la amenaza de Israel: "Cualquier líder designado por el régimen terrorista iraní para liderar el plan de destruir Israel, amenazar a Estados Unidos, al mundo libre y a los países de la región, y oprimir al pueblo iraní, será blanco inequívoco de asesinato. No importa su nombre ni dónde se esconda", ha advertido el ministro israelí de Defensa, Israel Katz.