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Hace un año, el espíritu revolucionario llenaba las calles de Líbano. Un año después, el cambio sigue sin llegar a un país hundido y sumido en el caos y las consecuencias de la pandemia y la explosión en el puerto de Beirut el pasado 4 de agosto. La represión policial y la quiebra económica han provocado una situación de la que muchos han huído. En estos doce meses han pasado por el poder 2 primeros ministros pero la regeneración política sigue sin llegar y la misma clase dirigente de hace décadas sigue disputándose el poder. Informa Cristina Sánchez, corresponsal.

España colabora con Naciones Unidas en la reconstrucción del puerto de Beirut, devastado tras la explosión de principios de agosto que causó 200 muertos y más de seis mil heridos.  El desastre ha agravado la crisis del país, con el 55 % de la población bajo el umbral de pobreza, mucho paro y una moneda devaluada. Y mientras el país siga sin gobierno no empezarán a llegar las ayudas internacionales. La ministra española de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, ha transmitido la urgencia del momento a los tres máximos dirigentes del país en funciones.

La explosión de casi 3000 toneladas de nitrato de amonio destruyó el puerto de Beirut, mató a 191 personas, dejó a 350.000 vecinos sin casa y ha traumatizado a niños en un radio de 20 kilómetros. Unos niños que están llamados a volver a las aulas a finales de septiembre, mientras se sigue trabajando en reparar las 160 escuelas afectadas. Las labores de rescate de cuerpos continúan también con la ayuda de un grupo de rescatadores chilenos.

Hoy se cumple un mes desde la explosión en Beirut que ha cambiado el rumbo del Líbano, un país en crisis ya antes de que el puerto de la capital saltara por los aires.Durante este tiempo, la ayuda humanitaria ha permitido atender algunas de las necesidades más básicas de la población, pero la vuelta al colegio -además de por la pandemia- se ve amenazada: más de 160 escuelas resultaron dañadas. Un mes después, nos fijamos en la situación en la capital libanesa con este reportaje de Javier Álvarez. 

Con el despegue del primer vuelo directo entre Tel Aviv y Abu Dhabi arrancan las relaciones diplomáticas entre Israel y Emiratos Árabes Unidos que prometen cambiar la geopolítica de Oriente Próximo. También muy pendientes de la formación de gobierno en el Líbano tras la explosión que arrasó su capital.

En Portland (EEUU) sigue la tensión por los enfrentamientos entre partidarios y detractores de Donald Trump y en Bielorrusia, Alexander Lukashenko, ha sacado los tanques para amedrentar a la oposición que sigue en las calles. En Berlín, analizan lo ocurrido tras la protesta de negacionistas anti-mascarillas con participación de la extrema derecha y en Italia, la isla de Lampedusa amenaza con ir a la huelga por la falta de respuestas ante el incremento de la presión migratoria.

Argentina inicia un nuevo periodo de confinamiento y Venezuela puede vivir un nuevo cambio en el seno de la oposición tras el traslado de prisión a su casa del diputado opositor Juan Requesens.

El Líbano se asoma al precipicio. Además de la explosión que devastó hace tres semanas el centro de Beirut, ha entrado en vigor un confinamiento con toque de queda nocturno por el rebrote del coronavirus. Los contagiados abarrotan los hospitales previamente colapsados por los seis mil heridos de la tragedia del 4 de agosto.
Un equipo de ‘Informe Semanal’ analizará desde Beirut la sacudida apocalíptica que ha sufrido el país, mayor, dicen muchos, que los 15 años de guerra civil. Antes de la pandemia, la mitad de sus seis millones de habitantes vivía por debajo del umbral de la pobreza. Un 30 % son refugiados palestinos o sirios. La nueva crisis ha erosionado aún más la confianza de los libaneses en su débil democracia y en un Estado que reparte el poder por cuotas confesionales -un presidente cristiano maronita, un primer ministro suní y un presidente del parlamento chií.

Los jueces del Tribunal internacional para el Líbano consideran a un presunto miembro de Hizbulá como coautor del ataque que mató al primer ministro Rafic Hariri en 2005. Al resto de acusados los han absuelto. En el atentado suicida murieron otras 21 personas. No obstante, la justicia no ve pruebas suficientes que "vinculen directamente" al Gobierno de Siria o a la cúpula de Hizbulá en el atentado. Una sentencia que ha reabierto viejas heridas entra la comunidad suní y chií quince años después de los asesinatos.

Once días después de la explosión en el puerto de Beirut, que destruyó gran parte de la ciudad, siguen buscando cuerpos entre los escombros y llorando a sus muertos. Hay al menos 177 fallecidos y más de 6.500 heridos. Familiares de las víctimas piden que la investigación de lo ocurrido sea internacional y no libanesa y que los responsables rindan cuentas ante la Corte Penal Internacional, acusados de crimen contra la humanidad.

El pan es uno de los principales alimentos de la cesta de la compra en Líbano, un producto básico que está subvencionado. Pero para hacer pan, hace falta harina, y buena parte de las reservas estratégicas del país estaban en el silo del puerto donde ocurrió la explosión. El Gobierno asegura que tiene reservas para cuatro meses. El incidente ha agravado la situación de pobreza en el país y ha disparado los precios.