Israel afronta la contienda regional entre el cansancio y la resignación: "No es nuestra primera ni segunda guerra"
- Israel lleva en guerra desde el 7 de octubre de 2023, tras los atentados de Hamás
- DIRECTO: ataque de EE.UU. e Israel a Irán, en directo
La calle Jaffa de Jerusalén, la arteria principal de la vida callejera en la parte israelí de la ciudad, luce semidesierta, con la mayoría de sus tiendas y cafeterías cerradas a las 14.00 horas, cuando normalmente la gente se amontona y es difícil caminar en línea recta; el tranvía, generalmente atestado a esa hora punta, circula prácticamente vacío y reforzado con personal de seguridad armado con fusil ante el riesgo de atentado.
"No es nuestra primera guerra, ni la segunda, ni la tercera. Saldremos adelante", asegura con una mezcla de optimismo y resignación Ohad, camarero de uno de los pocos establecimientos de comida rápida que quedan abiertos en esa céntrica calle. Son los efectos de una nueva guerra que afecta a suelo israelí: iniciada por el primer ministro Benjamín Netanyahu, junto a su amigo Donald Trump, mandatario estadounidense, cuando el sábado mataron al líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, en una operación de inteligencia y masiva de bombardeos con el objetivo de acabar con el régimen islámico.
"Irán siempre ha sido una amenaza existencial para Israel, no solo son antisionistas, sino que nos tienen odio", afirma este israelí de 52 años. "Bibi (el apodo de Netanyahu) ha hecho lo que tenía que hacer para salvar al Estado de Israel, rodeado de enemigos", abunda Ohad, entre el sector de la población israelí que apoya esta nueva guerra, que ha abocado al país a un paralizante estado de crisis permanente.
A la espera de comprobar si logran hacer caer al régimen o no —Israel ha atacado este martes el lugar donde los clérigos iraníes se reunían para elegir a su próximo líder—, la consecuencia inmediata ha sido una nueva guerra regional después de que la República Islámica jurara venganza contra Israel y las bases estadounidenses en Oriente Medio. Su grupo afín Hizbulá, aunque debilitado, se ha unido a la contienda arrastrando de nuevo a Líbano a esa guerra regional e incendiando de nuevo su frontera con Israel, donde esta mañana entraron los tanques israelíes.
Ohad admite que Israel no es el mismo país que antes del 7 de octubre de 2023, cuando ataques coordinados de Hamás en Israel dejaron casi 1.200 muertos y 250 secuestrados, la mayor matanza en la historia del país y el episodio más letal para judíos desde el Holocausto. Ese capítulo, convertido en el "mayor trauma nacional que tardará generaciones en superarse" según Ohad, cambiaría el curso de Oriente Medio, tal como prometió el propio Netanyahu ese mismo día, cuando anunció su guerra de castigo contra la Franja de Gaza, con un saldo de más de 70.000 muertos, la mayoría civiles, en dos años.
El ambiente en las calles de Jerusalén es muy parecido al que se respiraba en los días sucesivos a los atentados de Hamás. Una calma enrarecida y desconfiada, interrumpida con frecuencia por las alarmas en los móviles, las sirenas y las explosiones causadas por las intercepciones de los proyectiles que lanzaban, entonces desde Gaza, y hoy desde Irán y Líbano. Los israelíes, más en Tel Aviv o en Haifa que en Jerusalén, se han acostumbrado a vivir con esos sonidos de fondo, ya normalizados en su rutina diaria.
Calles vacías en el centro de Jerusalén Sara Gómez Armas
"Las sirenas ya son parte de nuestro día a día, aunque es verdad que en Jerusalén suenan menos. Aquí estamos más seguros", comenta Itay, un joven ortodoxo de 22 años, sobre la creencia de que todos los "enemigos de Israel" —Irán, Hizbulá, Hamás— evitan atacar a la Ciudad Santa, donde se ubica la mezquita de Al Aqsa, el tercer lugar más sagrado del islam, pero también un símbolo de resistencia política para el pueblo palestino y todo el mundo árabe.
"El domingo fue un día duro aquí, muchas sirenas y explosiones, pero llevamos ahora un par de días tranquilos", indica Itay, aunque su amigo Shlomi apunta que, según la prensa hebrea, una de las hipótesis es que Irán quiera lanzar ataques menos continuados pero más intensos. "Quizá estén esperando su momento", lamenta con resignación.
Situación especial en el frente interno
Desde el 7 de octubre de 2023 el país se encuentra en "situación especial en el frente interno", el máximo estado de alarma que se declara cuando existe una alta probabilidad de un ataque contra la población civil en todo o parte del Estado de Israel, según explica un informe de Amichai Cohen, del Instituto para la Democracia Israelí (IDI). La guerra en Gaza, la tensión en Cisjordania, el intercambio de fuego con Hizbulá que desembocó en una guerra de dos meses en otoño de 2024, los ataques con misiles desde Irán y la guerra de los 12 días con ese país, en junio de 2025...y ahora esta nueva contienda regional, que amenaza con ser la más letal de su historia, han mantenido a Israel en un perenne estado de excepción.
"El país no es el mismo. Antes era un lugar lindo donde vivir, estábamos en paz, es verdad que había tensiones de vez en cuando con Hamás y sabíamos que Hizbulá en nuestra frontera norte era un peligro, pero la vida seguía y, a nuestra manera, éramos felices. No creo que ahora podamos afirmarlo así", lamenta Julia, una israelí de 45 años que emigró al país desde EE.UU. de niña y ahora se plantea hacer el camino inverso.
Julia se manifestó en Tel Aviv y en Jerusalén muchos sábados desde que empezó la guerra en Gaza para exigir a Netanyahu un acuerdo que trajera de vuelta a Israel a todos los rehenes de Hamás. "Fueron dos años de angustia y agonía. Y, cuando al fin cerramos ese capítulo y los recuperamos a todos, muchos muertos, ahora nos vemos en otra guerra", dice con enfado.
"No veo que las cosas vayan a cambiar. Netanyahu quiere seguir las guerras para aferrarse al poder", señala Julia, cuyo hijo mayor terminó hace poco el servicio militar y está ahora movilizado como uno de los 100.000 reservistas llamados a filas para esta nueva guerra, que, según Trump y Netanyahu, puede durar más de un mes y ser "definitiva". "Estoy preocupada; no duermo tranquila por las noches. Ahora no quiero que mis dos hijos más pequeños pasen por eso", indica con una tristeza contenida.
Apoyo ciudadano a la guerra
Según una encuesta del IDI publicada a principios de febrero, cuando la amenaza de un ataque de Estados Unidos e Israel ya flotaba con fuerza en el ambiente, el 50% de los entrevistados apoyaba que Israel participara en una acción militar solo si antes era atacado directamente por Teherán; mientras que el 44% sí abogaba por la implicación directa de Israel. Unos datos que muestran una sociedad muy polarizada. Sin embargo, el hartazgo se cuela entre los datos. Un sondeo similar publicado en junio del año pasado, en plena guerra de los 12 días entre Irán e Israel, mostraba que más del 70% de la ciudadanía veía con buenos ojos la apertura de ese frente.
Si la calle Jaffa, centro neurálgico de Jerusalén oeste, está apagada; la Ciudad Vieja, poblada mayormente por palestinos en la mitad este ocupada de la ciudad, es directamente un lugar fantasma. En pleno Ramadán, cuando las peregrinaciones diarias para el rezo en Al Aqsa llenaban sus calles, especialmente los viernes, hoy muestran la cara opuesta: las persianas de las tiendas bajadas, las casas cerradas a cal y canto y sus callejuelas de piedra totalmente vacías. Acceder a ella por la Puerta de Damasco, que da paso al barrio musulmán, es imposible sin mostrar tu carné de residente en él. Como ocurrió durante la Guerra de los 12 días contra Irán el año pasado, la Policía israelí ha vallado la plaza que rodea esa puerta, habitual punto de reunión de palestinos, e impide el acceso.
Calles vacías en la Ciudad Vieja de Jerusalén Reuters/Amad Awad
"Nos tratan como a perros y tenemos que agachar la cabeza. Qué culpa tendremos nosotros de que estén en guerra con Irán", masculla entre dientes Salma, una palestina de 36 años que trataba de entrar a la Ciudad Vieja con su hijo pequeño para visitar a unos familiares. Finalmente, opta por pasear por la calle Al Anbeya, llena de puestos de comida árabe y de venta de fruta, en la linde entre los dos Jerusalén, donde esta nueva guerra se vive de forma muy diferente. En la parte palestina de Jerusalén, la vida transcurre ajena a la amenaza de Irán. "Aquí llevamos en guerra más de 75 años, pero con los sionistas", zanja Ahmed, un octogenario palestino que pasa las horas sentado en un banco a la sombra de una palmera, a quien el conflicto con Irán no le va a cambiar la vida, pero reconoce: "Me entristece ver a tantos hermanos árabes en la región sufrir".