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Netanyahu se alza con el premio gordo en su obsesión por aniquilar a los "enemigos de Israel"

  • El primer ministro israelí no ocultaba sus planes de acabar con la vida de "tirano despiadado"
  • Israel acumula una lista de "asesinatos selectivos" contra la cúpula de Hamás y Hizbulá
Una persona sostiene una foto de Jamenei en una concentración en apoyo al régimen de los ayatolás en Teherán
Una persona sostiene una foto de Jamenei en una concentración en apoyo al régimen de los ayatolás en Teherán. Majid Asgaripour/WANA

No era ningún secreto; entre los objetivos principales de la política exterior de Israel estaba acabar, de una manera u otra, con el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, quien durante casi cuarenta años dirigió una férrea República Islámica vista por el Estado hebreo como una "amenaza existencial", por su programa nuclear.

"Tenemos muchos indicios de que el tirano probablemente ya no está", aseveraba en una comparecencia televisiva el sábado Netanyahu, tras conocerse que un ataque israelí había destruido el complejo residencial en el que vivía el líder supremo en el centro de Teherán, lo que sugería su muerte después de horas de especulaciones sobre su paradero. En prime time y visiblemente orgulloso, Netanyahu adelantaba una noticia que luego el mandatario estadounidense, Donald Trump, confirmaría con un mensaje en su red social: "Alí Jameneí, una de las personas más malvadas de la Historia, está muerto".

En los últimos años han sido innumerables las veces que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha amenazado directamente con matar a su archienemigo Jameneí, especialmente desde el 7 de octubre de 2023, cuando la guerra contra Hamás en Gaza abrió la Caja de Pandora de rivalidades, hostilidades y odio en la región, que ahora ha alcanzado su cénit.

En su guerra retórica, diplomática y militar contra Irán, Israel se ha referido a esta enconada rivalidad como una "lucha entre el bien y el mal"; ha dedicado a Jameneí calificativos como "brutal dictador" o "tirano despiadado"; le ha acusado de tener "las manos manchadas de sangre" o de ser la "cabeza de la serpiente" de un "eje del mal" que buscaba destruir Israel y repetir un Holocausto.

Este "eje del mal" o "eje de la resistencia", según a quién se le pregunte, liderado por Irán, extendió sus tentáculos por toda la región a través de grupos y milicias afines, como Hizbulá en Líbano; Hamás o la Yihad Islámica en Gaza y Cisjordania; los rebeldes hutíes en Yemen, o las milicias proiraníes en Irak; además de campar a sus anchas por el vasto territorio de Siria, donde la Guardia Revolucionaria iraní contaba con bases militares, hasta la caída del régimen de Bachar al Asad en 2024.

Ante la impenetrabilidad del círculo más cercano a Jameneí, las fuerzas militares y de inteligencia de Israel, bajo el mando político de Netanyahu, han acometido en poco más de un año "exitosas" operaciones de "asesinatos selectivos" de los principales líderes de los grupos que integran este "eje de la resistencia", hasta hacerse con el "premio gordo", el líder supremo de la Revolución islámica de Irán, el ayatolá Alí Jameneí.

Golpe mortal a Hamás: Deif, Haniyeh y Sinwar

Cuando Netanyahu atravesaba sus horas más bajas en medio de la ofensiva sobre la Franja de Gaza, con casi 40.000 muertos palestinos y sin logros militares que justificaran esa sangría, el 31 de julio de 2024, el primer ministro se anotaba un tanto de cara a la opinión pública israelí con la eliminación del máximo jefe de Hamás, Ismail Haniyeh.

Su "asesinato selectivo" se produjo precisamente en Teherán, donde el Mosad tiene numerosos agentes infiltrados, mediante una bomba activada por control remoto que había sido introducida y camuflada en la habitación en la que dormía el líder de Hamás. Haniyeh, que se encontraba en Irán por la investidura del presidente Masoud Pezeshkian, se alojaba en una casa de protocolo de la Guardia Revolucionaria, en la misma habitación en la que se hospedaba en sus frecuentes viajes a Teherán.

En el ataque, que reveló una brecha de seguridad enorme de Irán, también falleció su guardaespaldas, Wasim Abu Saaban; pero sobrevivió el líder de la Yihad Islámica, Ziad Nakhaleh, que se alojaba en la habitación de al lado, y quien ha sobrevivido a múltiples intentos de asesinato por parte de Israel, la mayoría en Damasco, donde residía.

Según filtraciones a los medios, Israel había previsto llevar a cabo esta operación meses antes, en mayo de 2024, cuando Haniyeh se encontraba en Teherán para asistir a los funerales del presidente iraní Ebrahim Raisí, quien falleció al estrellarse el helicóptero en el que volaba en una región fronteriza con Azerbayán. Aunque las causas del siniestro siguen siendo confusas, tanto las autoridades iraníes como las israelíes se apresuraron a eliminar las sospechas sobre un atentado orquestado por el Estado hebreo.

Con Haniyeh fuera de escena, quien tenía un perfil más moderado dentro del grupo islamista y proclive a la negociación con Israel, Hamás se apresuró a nombrar sucesor para presidir el buró político del movimiento. El elegido fue el radical Yahya Sinwar, arquitecto de los ataques del 7 de octubre de 2023 en Israel que dejaron unos 1.200 muertos y 250 secuestrados, que hasta entonces había sido el líder de Hamás dentro de la Franja y en verdadero poder en la sombra. La cabeza de Sinwar era el botín más codiciado por Netanyahu desde el atentado, y ese mismo día le juró venganza públicamente.

El líder de Hamás, Ismail Haniyeh, en una imagen de archivo

El líder de Hamás, Ismail Haniyeh, en una imagen de archivo

Frente a la calculada operación de inteligencia para acabar con Haniyeh, la hora de Yahya Sinwar llegó por sorpresa dos meses después. El sanguinario líder de Hamás fue abatido el 16 de octubre de 2024, en un encuentro fortuito entre tropas israelíes de infantería y milicianos de Hamás en las ruinas de un edificio de Rafah, sur de la Franja de Gaza, cuando este trataba de huir de un túnel a otro. "Hoy el mal sufrió un duro golpe", aseveró triunfal Netanyahu esa noche al confirmar al mundo su muerte.

Pero el golpe de gracia contra la cúpula de Hamás comenzó en realidad unos meses antes, en julio de 2024, cuando un ataque militar israelí en el área de Mawasi, en el sur del enclave palestino, acabó con la vida de Mohamed Deif, jefe de las Brigadas al Qasam, el brazo armado de Hamás, y cerebro militar del grupo. Planificó codo con codo, junto a Sinwar, los ataques del 7 de octubre. Israel daba finalmente con Deif, después de décadas de haberse forjado una leyenda como personaje escurridizo, que había esquivado múltiples intentos de asesinato por parte de las tropas hebreas. En ese ataque también acabaron con su lugarteniente y jefe militar del área de Jan Yunis, Rafa Samaleh.

Antes, en marzo de ese año, en otro bombardeo sobre la Franja, esta vez sobre Nuseirat, también "aniquilaron" al 'número dos' del ala militar de Hamás, Marwan Issa; y más recientemente, en mayo de 2025, eliminaron a Mohamed Sinwar, hermano pequeño del fallecido líder del grupo, quien ocupó primero el puesto vacante de Issa, y después el de su propio hermano ante el descabezamiento del liderazgo de Hamás.

Hizbulá, descabezado y desarmado

Uno de los desenlaces más improbables del juego de equilibrios de Oriente Medio era la práctica desaparición de Hizbulá no solo de la vida política del Líbano, sino también del entramado militar regional. El antes todopoderoso partido-milicia chií libanés, que controlaba toda la mitad sur del país y extendía su influencia en prácticamente todos los resortes del poder de Líbano, está inmerso en un proceso de desarme y desmovilización, ordenado por ley, que busca sacar sus armas de la frontera con Israel. Es parte del acuerdo de paz, impulsado por EE.UU., que puso fin a la guerra de dos meses que Israel y Hizbulá libraron en otoño de 2024.

Ese conflicto marcó el inicio del fin de Hizbulá, que llevaba más de un año inmerso en un intercambio de fuego de baja intensidad con Israel en apoyo a las milicias palestinas de Gaza, en guerra desde el 7 de octubre. Israel temía entonces abrir otro frente en el norte ante el poderío militar que había forjado Hizbulá -mucho mayor que el de Hamás-, respaldado no solo por Irán, sino por el dictador Bachar al Asad en Siria.

Pero un año después, y de nuevo gracias a una impecable labor de inteligencia, Israel azotó al grupo con la 'operación beeper', la detonación masiva de buscas y walkie-talkies, los días 17 y 18 de septiembre, de miembros de Hizbulá, que dejó decenas de muertos y miles de heridos en las filas del grupo, pero también de civiles.

Con las bajas de miles de mandos intermedios y altos del grupo, Israel aprovechó esa brecha para asestar un golpe definitivo al grupo al ir a por su líder indiscutible desde 1992, el clérigo chií Hasán Nasralá, con un ataque de gran envergadura, con bombas antibúnker de hasta una tonelada, similares a las utilizadas contra Jameneí, contra la sede subterránea del grupo en el sur de Beirut el 27 de septiembre. Junto con él murieron varios miembros de la cúpula del grupo, como Ibrahim Hussein Jazini y a Samir Tawfiq Dib, lo que dificultó la senda de la sucesión.

Israel no lo puso fácil. En los días siguientes, eliminó a todos los que apuntaban como posibles sucesores. Hashem Safi al Din, presidente del Consejo Ejecutivo de Hizbulá, primo Nasralá y persona de su máxima confianza, fue su reemplazo por poco tiempo. Israel lo mataba en un ataque sobre Beirut el 4 de octubre. "Hemos eliminado a miles de terroristas, incluido el propio Nasrala, el sucesor de Nasrala y el sucesor del sucesor de Nasrala", aseveró Netanyahu cuatro días después, sin dar nombres. Tras dos semanas, tanto Hizbulá como el Ejército israelí confirmaban su muerte.

Un vehículo transporta los ataúdes de los ex líderes de Hizbulá Hasán Nasrala y Hashem Safieddine rodeado de seguidores

Un vehículo transporta los ataúdes de los ex líderes de Hizbulá Hasán Nasrala y Hashem Safieddine rodeado de seguidores REUTERS

En los días previos al "asesinato selectivo" de Nasralá, y aprovechando los estragos que la 'operación beeper' causó dentro del grupo, Israel eliminó a poderosos comandantes de Hizbulá. El 24 de septiembre, la aviación israelí asesinó a Ibrahim Mohamed Kobeisi, jefe de la unidad de misiles de Hizbulá, en contacto directo con el rango más alto del grupo chíi, considerado terrorista por EE.UU. y la UE. Cuatro días antes, corría la misma suerte Ibrahim Aquil, comandante de operaciones de Hizbulá, miembro del máximo órgano militar del grupo y sobre el que pesaba una recompensa de 7 millones de dólares por parte del Gobierno de EE.UU. por un atentado contra la embajada estadounidense en Beirut en 1983, en el que murieron 63 personas.

Pero el que inauguró esta "buena racha" para Israel de asesinatos selectivos fue Fuad Shukr, máximo jefe militar de Hizbulá y 'número dos' de facto del grupo. Un ataque contra su guarida en el Dahiye, el suburbio del sur de Beirut bastión del grupo, el 30 de julio de 2024 lo dejaba fuera de circulación, tan solo unas pocas horas antes de que Israel diera en Teherán con Haniyeh, cuando comenzó este proceso imparable de descabezamiento de los "enemigos de Israel", que ha culminado con su pieza de mas valor en el entramado del "eje de la resistencia", el ayatolá Jameneí.