Tel Aviv vuelve a la vida con las sirenas de fondo y las heridas del ataque de Irán aún visibles
- En la ciudad han integrado en su vida diaria la rutina de acudir a los refugios cuando suenan las sirenas
- Directo: Sigue la última hora y toda la actualidad minuto a minuto sobre el ataque de EE.UU. a Irán
Con dos cajas de cartón, Sharon se dirige a su casa para sacar sus pertenencias. Su apartamento, en una céntrica calle de Tel Aviv, quedó seriamente dañado el pasado sábado, cuando Irán lanzó un misil hacia esa ciudad israelí, en la primera represalia por la campaña de bombardeos de Israel y EE.UU. contra el régimen islámico iraní.
Pero Sharon no llega a la puerta; en ese momento se activan las alertas de los móviles, que se anticipan unos minutos a las sirenas que advierten de la inminente intercepción de proyectiles en el área. Junto a otros transeúntes, Sharon corre al refugio más próximo, en el sótano de un edificio de viviendas cercano. Lo hacen en calma, ordenadamente. Saben que tienen entre cinco y diez minutos hasta que se escuchen las detonaciones.
Más que el impacto directo del proyectil, que generalmente mitiga el sistema de defensa israelí, el riesgo está en la metralla que cae al producirse la intercepción en el aire. Esperan pacientemente y conversan. Sharon les cuenta que está recogiendo sus pertenencias. Tras un cuarto de hora, es seguro salir. La vida se abre paso de nuevo en las calles de Tel Aviv, en un día apacible y soleado.
Apartamento inhabitable
Sharon vuelve a su casa. Tiene que hacer la mudanza porque su apartamento quedó totalmente inhabitable. El sábado, el sistema de defensa no impidió que un misil lanzado por Irán impactara en un edificio oficial, enfrente de su casa. "Afortunadamente, unas horas antes del ataque, fui a casa de mis padres en otra ciudad porque temía que esto pudiera ocurrir. El refugio está tres edificios más allá", explica Sharon a RTVE mientras recoge sus enseres y los trabajadores de mudanzas las bajan al camión. Lo que más le preocupa son sus plantas, el único rastro de vida que queda en el edificio, despojado de ventanas y con serios daños en la fachada.
Sharon recoge sus pertenencias en su casa en Tel Aviv, dañada por el impacto de un misil iraní. Sara Gómez Armas
Tras el ataque, tardó un par de días en regresar. El edificio había sido clausurado por seguridad, pero algunos vecinos le mandaron fotos y vídeos. "Aún así, fue impactante cuando vine. Todo era un desastre; las ventanas saltaron por los aires y había cristales por el suelo", cuenta Sharon, que dice estar "más cansada que triste".
"Estamos en esta situación de conflicto permanente, una guerra que no acaba nunca. Pero lo que más me preocupa, y creo que a mucha gente, es la situación interna del país, más que un ataque de Irán", afirma. "Nuestro gobierno es terrible, Netanyahu es una cucaracha, dispuesto a hacer cualquier cosa para sobrevivir, y sigue arrastrando al país a una guerra detrás de otra", critica esta israelí, que trabaja en la pujante industria de la alta tecnología de Tel Aviv.
Casa dañada tras el impacto de un misil iraní. Sara Gómez Armas
Su vecina del piso de abajo, Sigal, está más triste y se le saltan las lágrimas cuando recuerda el día del ataque. Ella sí estaba en casa con su compañera de piso. Sonó la alerta del móvil, y, a los pocos segundos de que se activaran las sirenas, se escuchó una gran explosión. El misil cayó a escasos metros de su casa. "Todo el piso tembló, teníamos polvo y piedras sobre nosotros", rememora aún conmocionada.
"No es lo más responsable, pero enseguida salimos para ver qué había pasado con el edificio. Había muchas ambulancias, policías por todas partes. No nos dejaron entrar", cuenta Sigal en un español que aprendió de su abuela, judía sefardí originaria de Tánger. En su edificio no se lamentaron víctimas ni heridos, pero en otro de la misma calle murieron una anciana israelí y su cuidadora filipina. No pudieron llegar a tiempo al refugio.
Desigual saldo de víctimas
Fueron las primeras víctimas mortales en Israel en esta contienda regional que comenzó el sábado. Otros nueve israelíes murieron al día siguiente por el impacto de un misil iraní en la cercana localidad de Beit Shemesh. Los ataques israelíes en Líbano han dejado al menos 102 muertos y los bombardeos llevados a cabo con EE.UU. en Irán acumulan un saldo de más de 1.200 víctimas mortales.
"No he perdido todo porque estoy viva, estoy sana y salva, pero siento que he perdido algo precioso", afirma Sigal conmocionada. Se refiere al sentido de seguridad, de sentirse a salvo. Ahora está alojada en un hotel, costeado por el ayuntamiento, con su vida empaquetada en dos maletas. Pero pronto tendrá que buscar casa porque las autoridades le han dicho que no podrá volver hasta dentro de ocho o diez meses. Su vecina Sharon cree que la reconstrucción del edificio tomará más de un año.
Sigal contempla la devastación de su casa en Tel Aviv. Sara Gómez Armas
"Cansa vivir así. No sabes cuándo sonarán las sirenas, si podrás ir a trabajar, o si tu casa seguirá en pie cuando vuelvas. Cansa porque no puedes hacer tu vida, no puedes hacer planes, solo a corto plazo", dice Sigal, que rehúsa hablar de política, pero admite que la vida en Israel cambió el 7 de octubre de 2023, cuando ocurrió el ataque de Hamás que desembocó en dos años de guerra en Gaza. "Desde ese día, no sabemos qué esperar. Hay días que estamos en paz, que la vida es normal, pero nunca sabes cuánto va a durar", dice. "Ya no estamos seguros en nuestro país".
Sentido de comunidad
Más optimistas respecto al futuro son Ron, Mia y Alma, que tienen entre 18 y 19 años, y están haciendo el mechina, un año de servicio social voluntario preparatorio tras terminar bachiller y antes del servicio militar. Estos días en Israel son voluntarios que ayudan a limpiar y proteger las viviendas dañadas por los misiles. Llevan escobas y palas para limpiar los apartamentos de cristales, escombros y polvo; sellan las ventanas rotas con plásticos y sacan los muebles inservibles.
"Los apartamentos están en un estado horrible, es imposible vivir allí y tenemos aún mucho trabajo que hacer. Hemos estado haciendo esto desde el domingo, tras el ataque", cuenta Ron, orgulloso del "sentido de comunidad" que reina en Israel cuando atraviesan crisis como esta. "Nos unimos ante las dificultades, lo hemos hecho siempre, especialmente en guerras y conflictos. La gente siempre quiere ayudar", añade Mia.
Israelíes en un refugio público de Tel Aviv. Sara Gómez Armas
Para ellos, Tel Aviv vuelve a sentirse normal otra vez. Las alarmas, los refugios y las explosiones lejanas en el cielo forman parte de la rutina. "Crecimos en esta situación, es el país en el que vivimos. Estamos acostumbrados", dice Alma.
Las sirenas vuelven a sonar
Dos horas después de la alerta que llevó a Sharon al refugio de su vecindario; las sirenas vuelven a sonar en Tel Aviv. En la plaza Habima, centro neurálgico de la ciudad y lugar de encuentro de los telavivians, la vida fluye en una apacible calma. Algunos toman el sol en su jardín central y otros disfrutan de un café en las terrazas de los alrededores. Pero vuelven las sirenas y, de nuevo en calma, decenas de personas acuden al parking subterráneo de la plaza, que alberga uno de los mayores refugios públicos de la ciudad en la planta menos cuatro.
Una vida paralela transcurre allá abajo. Hay personas prácticamente instaladas, sobre todo familias con niños pequeños. "Aquí están a salvo y les ahorramos la ansiedad de oír las sirenas y el nerviosismo", explica Shoshana, que ha llevado un colchón hinchable de gran tamaño donde duerme y pasa gran parte del día con su familia. Varias plazas de garaje se han convertido en una gran sala de juegos para decenas de niños. También el colchón, durante el día sirve para que los pequeños salten y se diviertan. "Pasará pronto, confío en que en unos días volvamos a casa", dice esta madre de tres hijos de tres, cinco y ocho años.
Israelíes en un refugio habilitado en un parking subterráneo de Tel Aviv. Sara Gómez Armas
Unas cuantas plazas de garaje más allá, unos jóvenes juegan a algo parecido al fútbol con una valla que sirve de portería, ajenos a que en la calle se han oído tres fuertes detonaciones por la intercepción del segundo misil lanzado este jueves por Irán, según ha confirmado el Ejército. También aseguran que, desde el domingo, han llevado a cabo 13 oleadas de ataques contra Irán y han destruido más de 300 lanzaderas de misiles balísticos y sus defensas aéreas.