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Las voces de TODAS

Voces adolescentes: 14 estudiantes de Villaverde, al sur de Madrid, analizan los desafíos del feminismo

  • Alumnas de 4º de la ESO del IES Ciudad de los Ángeles reflexionan sobre machismo digital y roles sociales
  • Jóvenes de diversos orígenes alzan su voz en un barrio obrero y multicultural que se prepara para el 8M
Debate de feminismo en el IES Ciudad de Los Ángeles, Madrid

En el sur de Madrid, donde el asfalto de Villaverde respira una mezcla de orgullo obrero y esperanza multicultural, el aire de inicios de marzo ya huele a reivindicación. Las paredes de las naves industriales y los muros desconchados del barrio han comenzado a llenarse de carteles morados para el 8M.

Carteles en la fachada del instituto convocando actos reivindicativos para el 8 de marzo.

Carteles en la fachada del instituto convocan a distintos actos reivindicativos el 8 de marzo. RIESCO PÉREZ

Son gritos de papel que invitan a huelgas y manifestaciones en un distrito muy vivo a pesar de las dificultades económicas y de tener una renta media que mira de lejos las del centro de la capital.

Entre las estaciones de Metro de Ciudad de los Ángeles y Villaverde Cruce, el IES Ciudad de los Ángeles se erige en la calle Anoeta como un refugio de conocimiento y convivencia. Este centro, reconocido como referente de UNICEF, no solo enseña gramática o álgebra; aquí se cocina el futuro.

Fachada del IES Ciudad de Los Ángeles en Villaverde

Fachada del IES Ciudad de Los Ángeles, en Villaverde, al sur de Madrid, entre Carabanchel y Vallecas. RIESCO PÉREZ

En su biblioteca, después de la jornada lectiva, catorce chicas de 4º de la ESO se han sentado en círculo. Tienen 16 años y sus historias son un mapa del mundo. Todas han nacido en Madrid, pero sus padres vinieron a estudiar y trabajar en busca de un futuro mejor desde Extremadura, el País Vasco, Nigeria, Marruecos, Venezuela, Ecuador o Colombia. Bajo la mirada atenta y cómplice de su tutora y profesora de Lengua y Literatura, Maite García Martín, estas adolescentes se disponen a diseccionar un concepto que les atraviesa el pecho: el feminismo.

El peso de las etiquetas y el "mal nombre"

Maite arranca el debate con la definición de la RAE: "Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre". Pero para estas jóvenes, la teoría se queda corta cuando choca con la realidad del patio y de las pantallas. Las miradas se cruzan, hay nerviosismo inicial, pero las voces no tardan en ganar firmeza.

Génesis Mussa, cuya familia trajo la fuerza de Nigeria al barrio, es de las primeras en romper el hielo con una madurez que asusta. Ella siente que el concepto ha sido manoseado por quienes no lo entienden. “Siento que actualmente el feminismo tiene muy mal nombre o que no le están dando el significado que realmente tiene”, lanza con un gesto serio, aludiendo a cómo los medios a veces distorsionan la lucha por la igualdad.

Voces adolescentes del 8M

De izquierda a derecha: Sara Molina, Génesis Mussa, Carmen González, Danna Torres y Dina Lakhtaibi. RIESCO PÉREZ

Frente a ella, Dina Lakhtaibi, de raíces marroquíes, asiente con energía, ajustándose la ropa mientras aclara que no hay que confundir términos. “El feminismo no busca el odio a los hombres, busca la igualdad entre mujeres y hombres que no ha habido desde hace muchos años”, explica con una entonación pedagógica que busca desactivar prejuicios. Es un sentimiento compartido.

Maryam Ridovan, también con el bagaje cultural de Marruecos, refuerza esta idea con la mirada fija en sus compañeras: “No buscamos estar por encima, sino que buscamos tener los mismos derechos que los hombres”.

Voces adolescentes del 8M

De izquierda a derecha: Alba Criado, Sara Lozano, Alejandra Montero, Maryam Ridovan y Naroa Fernández. RIESCO PÉREZ

El espejismo de las redes sociales y la manosfera

El debate sube de tono cuando entra en juego el gran escaparate de su generación: TikTok e Instagram. Aquí, el ambiente se vuelve más denso. Luciana Castañeda, que aporta la calidez de su origen colombiano, señala con preocupación un retroceso que vive en sus propias carnes. “Muchas niñas de nuestra edad están teniendo mentalidades muy machistas y a mí eso me parece aún más feo que el machismo que viene de los hombres”, confiesa con un tono de decepción, refiriéndose a esa "moda" de volver a roles conservadores que creían superados.

Alba Criado, madrileña con raíces extremeñas, apunta directamente al culpable: la desinformación digital. “Muchas de estas mujeres que no se sienten identificadas con el feminismo... es porque se informan en las redes sociales viendo vídeos que hacen hombres”, reflexiona, subrayando que muchos adolescentes se creen discursos ajenos sin haber vivido la discriminación real.

Alba Criado tiene 16 años y es alumna de último curso de la ESO.

Alba Criado escucha a sus compañeras durante el debate sobre feminismo. RIESCO PÉREZ

La conversación se vuelve un torrente de confesiones sobre la manosfera, ese rincón oscuro de internet donde crece la misoginia. Para los que no estén familiarizados con el tema, se trata de todo un ecosistema digital heterogéneo —que abarca foros, canales de YouTube y redes sociales— donde se promueven discursos de extrema masculinidad y una oposición activa al feminismo. Se caracteriza por difundir teorías de género radicales que, a menudo, presentan al hombre como una víctima de las políticas de igualdad.

En las redes sociales hay muchísima gente mal informada que se dedica a difundir información errónea

Alejandra Montero, con la contundencia de quien ha leído muchos comentarios hirientes, denuncia la toxicidad de las redes. “En las redes sociales hay muchísima gente mal informada que se dedica a difundir información errónea... comentarios que mandan a las mujeres a la cocina o a fregar”, dice con un gesto de hastío que resume el cansancio de toda una generación.

La trampa de la validación masculina

Uno de los momentos más íntimos del encuentro llega cuando Maite pregunta por la necesidad de "gustar" o de ser validada por el sexo opuesto. Se produce un silencio reflexivo, roto por el movimiento de las manos de las chicas, que se buscan unas a otras.

Danna Torres, de ascendencia ecuatoriana, habla desde el nudo que a veces se siente en la garganta al intentar defenderse cuando habla de feminismo con chicos. “Mucha gente se calla simplemente por ahorrarse esa discusión... aunque te intentes defender vas al final a tener el nudo en la garganta de no poder expresar todo lo que sientes”, admite, describiendo la presión social que ejercen los adolescentes sobre ellas y que a veces las empuja al silencio para no ser juzgadas como "exageradas". Además, los chicos suelen responder con chistes y bromas cuando abordan algún tema relacionado con el feminismo. Danna explica que han tirado la toalla y por eso prefiere "ahorrarse esa discusión".

Grupo de adolescentes debatiendo sobre feminismo

La biblioteca del IES Ciudad de Los Ángeles albergó el debate sobre feminismo de las alumnas de 4º de la ESO. RIESCO PÉREZ

En este punto, Sara Molina aporta una visión lúcida sobre por qué los chicos de su edad reaccionan con burlas. “Muchos hombres sienten el feminismo como una ofensa... creen que sus amigos les acusarían de ser maricón”, explica, vinculando el machismo con el miedo a perder la aprobación del grupo.

Sin embargo, Laura Blanco, reclama la autonomía total de la mujer. “Nosotras somos igual de capaces que los hombres... nadie tiene que tomar decisiones por nosotras, afirma con una seguridad que ilumina su rostro.

El hogar: ¿ayuda o equipo?

El debate se traslada de la calle a la cocina, a esos hogares de Villaverde donde se libra la batalla diaria de la conciliación. Sara Lozano, con la calma de quien tiene las ideas claras, desmonta el mito de la "ayuda" doméstica. “El padre no tiene que ayudar en la casa; tiene que hacer las mismas tareas que la madre y tienen que repartirse el trabajo entre los dos”, sentencia, provocando un murmullo de aprobación en el aula.

La tutora y profesora de Lengua y Literatura, Maite Martín, moderando el debate.

La tutora y profesora de Lengua y Literatura, Maite Martín, moderando el debate. RTVE

Carmen González, después de que su profesora Maite recuerde El sí de las niñas ―uno de los libros que han leído en clase― lamenta que aunque hayan pasado siglos, algunos discursos sigan anclados en el pasado. “A la mujer siempre se la ha visto como un objetivo de eso: quédate embarazada, ten a los hijos y cuida de la casa, que es tu deber”, comenta con un deje de amargura, recordando que el trabajo invisible de las mujeres en casa sigue sin valorarse lo suficiente.

Incluso en la libertad de pensamiento hay matices. Lucía Montero, otra de las jóvenes madrileñas del grupo, reivindica algo fundamental: el derecho a la duda y al cambio. “Tenemos el derecho de cambiar tu forma de pensar, no porque otra persona te influya, sino porque tú decidas hacerlo”, puntualiza, defendiendo que el feminismo también es la libertad de evolucionar como individuo.

Maite las escucha, casi sin interrumpir, dejando que la lengua sea la herramienta de liberación que siempre ha defendido en sus clases. Se habla de la conciliación, de por qué siempre es la madre la que lleva al niño al médico, de por qué se admira a un padre que va al supermercado con sus hijos como si fuera un héroe mientras que para la mujer es su "responsabilidad".

Alba relata con crudeza cómo se culpa a la mujer de todo, incluso de las agresiones, por la ropa que lleva. "Es horroroso que se nos siga culpando incluso si una niña es violada en pijama en su casa", dice con una indignación que silencia la sala por un instante.

Un grito social desde el sur

Hacia el final de la tarde, el cansancio físico de llevar tantas horas en el instituto se desvanece ante la adrenalina de haber sido escuchadas. Naroa Fernández, que une en su ADN Madrid y Euskadi, resume perfectamente la dificultad de nadar a contracorriente. “El machismo ha estado toda la vida y es lo fácil... pero ser feminista es más complicado porque tienes que luchar”, confiesa, reconociendo que elegir la igualdad a menudo significa ser señalada.

Naroa Fernández:

Naroa Fernández: "Ser feminista es más complicado porque tienes que luchar". RTVE

Avril Peña, con su doble herencia de Venezuela y Ecuador, pone el punto de realidad sobre los avances conseguidos. “Quizá en el tema legal, jurídico, tenemos más derechos... pero socialmente para nada”, advierte, recordando el miedo que aún sienten al caminar por la calle o al recibir comentarios no deseados de hombres mucho mayores que ellas.

El broche: Una palabra para el futuro

Maite, emocionada por la madurez de sus "mujeronas" —como ella las llama recordando a las Sinsombrero—, les pide un último esfuerzo: definir el feminismo con una sola palabra. La biblioteca del IES Ciudad de los Ángeles se llena entonces de un eco poderoso que parece traspasar las paredes de la calle Anoeta.

"Libertad", dice una. "Lucha", "igualdad", "importante", "un objetivo a conseguir", "fuerza", "valentía". Y los adjetivos se suceden para describir el feminismo con un único término sin repetirse y obligándose a tirar de sinónimos, expresiones o palabras relacionadas con él. Y continúa la enumeración: "Empoderamiento", "amor", "unión", "vital", "histórico", "asombroso", "tomar decisiones". Terminan con un aplauso y caras de satisfacción. Maite recoge sus hojas llenas de apuntes.

Exteriores del instituto Ciudad de Los Ángeles, en Villaverde, al sur de Madrid.

Exteriores del instituto Ciudad de Los Ángeles, en Villaverde, al sur de Madrid. RIESCO PÉREZ

Al ver a estas catorce chicas despedirse entre risas y abrazos, uno comprende que, aunque el camino sea largo y las redes sociales a veces soplen en contra, el futuro de este barrio —y de este país— está en manos de jóvenes que ya no se conforman con el silencio.

Son el legado vivo de aquellas que se quitaron el sombrero hace cien años. Hoy, en el IES Ciudad de los Ángeles, estas adolescentes han demostrado ser más mujeres que niñas al quitarse el miedo y alzar su voz para compartir lo que piensan y sienten.