Trump y la cuestionada legalidad de sus ataques: "La única moral y ley son las de él"
- No cuenta ni con el aval del Congreso estadounidense ni del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas
- DIRECTO: sigue la última hora de los ataques de EE.UU. e Israel a Irán
Donald Trump ha ordenado ataques militares en siete países desde que volvió a la presidencia de Estados Unidos hace poco más de un año. El último, junto a Israel, una operación "masiva y continua" en Irán que se ha saldado con la muerte, entre otros, del líder supremo de la República Islámica, Alí Jameneí. Solo dos meses antes, el objetivo fue Venezuela, con la captura de Nicolás Maduro y el control de su petróleo como principales motivos. Pero también han estado en el ojo militar del republicano Yemen, Siria, Irak, Somalia y Nigeria, contra objetivos terroristas.
La ofensiva lanzada el sábado pasado contra el país persa, denominada Furia Épica y aún con impredecibles consecuencias, no cuenta con la autorización del Congreso estadounidense. Además, la Carta de las Naciones Unidas prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de otro Estado. Las únicas excepciones son tener la autorización expresa del Consejo de Seguridad de la ONU -de la que EE.UU. tampoco dispone- o la legítima defensa ante un ataque armado real o inminente.
"El propio Trump ha reconocido que la única moral y ley es la de él, y el único que lo puede contener a él es él mismo", relata a RTVE Noticias el analista de asuntos internacionales Patricio Giusto, director de la consultora Diagnóstico Político. "Son violaciones flagrantes al derecho internacional", recalca.
La "farsa" de la diplomacia
Esta embestida del estadounidense y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se ha producido sin que antes haya habido una agresión similar por parte del régimen de los ayatolás y echa por tierra las conversaciones que en las últimas semanas venían dándose entre EE.UU e Irán por el programa nuclear del país persa, que, aunque con diferencias y con la amenaza constante de Trump de una posible intervención militar, parecían bien encaminadas y con un cierto consenso de optar primero por la vía diplomática.
El sábado, tras los primeros bombardeos, Washington y Tel Aviv subieron la apuesta al sugerir que no solo buscan eliminar la capacidad nuclear del régimen, sino que quieren, directamente, acabar con él: "Las bombas caerán por todas partes. Cuando hayamos terminado, tomen el control de su Gobierno", expresó Trump al pueblo iraní. Y teniendo la improbabilidad de que el Gobierno de Teherán disparara en su propio pie, es evidente que la diplomacia no era una opción real para el republicano, lo que demuestra que esas reuniones venían siendo, según Giusto, "una farsa".
"En el mundo de antes, estos asuntos se hubiesen llevado al Consejo de Seguridad de la ONU, aunque China y Rusia hubiesen frustrado cualquier autorización. Estos ataques reflejan la erosión del multilateralismo: el orden internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial está desapareciendo, y vuelve a imponerse una lógica de poder y fuerza", apunta por su parte la directora del Grado en Relaciones Internacionales de la Universidad Villanueva, Lena Georgeault. Agrega que, en el plano local estadounidense, se plantea una vez más el debate sobre el control del Congreso estadounidense y la autorización que según la Constitución ha de hacer del uso de la fuerza, que Trump no ha recibido. De hecho, este mismo martes, cuatro días después, comparecen ante la Cámara el secretario de Guerra, Pete Hegseth, y el secretario de Estado, Marco Rubio, para dar cuenta de la situación.
La mayoría de los estadounidenses desaprueban lo ocurrido
Una encuesta de Reuters/Ipsos realizada a 1.282 estadounidenses este mismo fin de semana es clara: la Operación Furia Épica es muy impopular: solo un 27% de los ciudadanos la aprueban, frente al 43% que la condena. El 55% de los republicanos se muestran de acuerdo con los bombardeos, mientras que solo el 7% de los demócratas los ven con buenos ojos. Asimismo, el sondeo evidencia que más de la mitad de los estadounidenses (el 56%) cree que su presidente está demasiado dispuesto a usar la fuerza militar para promover los intereses del país.
En su campaña presidencial, Trump prometió que pondría fin a las guerras. Y ya en los primeros meses de su segundo mandato, se jactaba de haber resuelto ocho conflictos desde que asumió el cargo. Un logro auto adjudicado por lo que aseguraba merecerse el Premio Nobel de la Paz, que en 2025 fue finalmente otorgado a la opositora venezolana María Corina Machado. Un hecho que el impredecible mandatario no se tomó bien, como quedó demostrado en una misiva enviada al primer ministro noruego, Jonas Gahr: "Teniendo en cuenta que tu país decidió no concederme el Premio Nobel de la Paz por haber parado ocho guerras, y más, ya no siento la obligación de pensar únicamente en la paz", escribió el republicano.
Y, aunque en términos geopolíticos cueste creer una 'venganza' de este calibre por parte de un líder mundial, lo cierto es que desde entonces las agresiones se han ido sucediendo en cascada. El director de Defensa, Seguridad y Aeroespacial de la consultora Atrevia, Francisco J. Girao, considera que el mundo se configura ahora en una suerte de pradera con "tres halcones": dos de ellos son EE.UU, China y un tercero en disputa entre la Unión Europea y Rusia. Cada uno controla lo que tiene bajo su vista.
"Las intervenciones no tienen que ver con los acuerdos internacionales y las grandes organizaciones supranacionales, sino con los propios intereses. Es decir, si hay poder militar para soportarlo y hay intereses que defender, la acción se va a llevar a cabo. Y eso lo está haciendo ahora mismo Estados Unidos, lo hizo anteriormente Rusia (con Ucrania) y seguramente lo haga China en el caso de Taiwán", alerta.
Si no hay costes reales, agrega Georgeault, la norma de que la fuerza sólo puede emplearse en "circunstancias muy excepcionales" deja de existir. "Ya no importa la legalidad, sino la legitimidad, las capacidades y los intereses: cuántos Estados respaldan una operación, a cuántos les beneficia y si los perjudicados tienen capacidad real de oponerse", argumenta.
La decisión de Trump de golpear a Irán y Venezuela, donde se estima murieron en torno a un centenar de personas en los ataques aéreos estadounidenses del 3 de enero, se suma a los bombardeos de los últimos meses contra supuestos objetivos terroristas en Yemen, Nigeria, Siria, Irak y Somalia.
Los intereses de Israel
El 28 de febrero, otra vez sábado por la mañana, como pasó en Venezuela para capturar a Maduro y llevarlo a Nueva York para juzgarlo por narcotráfico, el mundo volvió a estar en vilo por una decisión de Trump. Esta vez en una operación coordinada con el primer ministro de Israel en una operación que en ese país se ha denominado Rugido del León.
"Durante 47 años, el régimen de los ayatolás ha gritado '¡muerte a Israel!", "¡muerte a Estados Unidos!'. Ha derramado nuestra sangre, asesinado a muchos estadounidenses y masacrado a su propio pueblo", afirmó Netanyahu, que agradeció a su "gran amigo" Trump su "liderazgo histórico" y prometió que esta "acción conjunta" creará las condiciones para que "el valiente pueblo iraní tome su destino en sus propias manos", y se libere "del yugo de la tiranía y creen un Irán libre y pacífico".
Israel, dice Georgeault, suele enmarcar este tipo de operaciones como acciones preventivas, cuando considera que existe una "amenaza existencial" como puede ser el programa nuclear iraní. "Sin embargo, el derecho internacional no admite la guerra preventiva frente a una amenaza potencial o futura. Si no se puede demostrar una amenaza inminente en sentido estricto, la operación se sitúa fuera de los parámetros legales", agrega.
"Esta acción la llevan a cabo Israel y Estados Unidos por interés de Israel, que ve como una amenaza existencial las agresiones, las invectivas y las intenciones, en contra de su propia existencia. No es en absoluto una justificación legal, pero sí es esa justificación de que, como protegido del halcón (EE.UU.), necesita que el régimen de los ayatolás sea desactivado", advierte Francisco Girao.
El recuerdo de Irak
Las operaciones en Venezuela e Irán han movido el avispero no solo mundial, también la política doméstica estadounidense, con enormes críticas hacia Trump por parte de la oposición demócrata -y de algunos miembros del Partido Republicano- por no contar con el aval del Congreso. Algunos legisladores habían llegado a apostar por votar una resolución de poderes de guerra que impidiera a Trump entrar en un conflicto bélico con Irán.
El magnate fue muy crítico con la guerra de Irak de 2003 bajo el mandato del también republicano George W. Bush (2001-2009), quien, aunque buscó el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU para desarmar a Irak por la supuesta posesión de armas de destrucción masiva, ordenó invadir ese país sin una resolución del organismo que apoyara la operación.
"Lo del 2003 estaba flojo de papeles, tanto por la justificación inventada de las supuestas armas de destrucción masiva como por el hecho de que no tuvo gran acompañamiento multilateral. En este caso (el de Irán) Estados Unidos ha ido en soledad, arrastrado por Netanyahu como en julio pasado, a atacar sin ningún tipo de aval multilateral, de espaldas totalmente al sistema institucional estadounidense y a las Naciones Unidas en su conjunto", resalta Patricio Giusto.
¿Podría EE.UU. ser sancionado como Rusia por su invasión a Ucrania?
Rusia, por la invasión de Ucrania, está siendo sometida a fuertes sanciones económicas por parte de la Unión Europea, Estados Unidos y otros tantos países. Ahora, la pregunta es si EE.UU. podría sufrir algo semejante por la supuesta ilegalidad de su incursión en Irán.
"¿Quién se va a plegar a sancionar a Estados Unidos en este contexto?", se pregunta Giusto. "Más allá de algún país marginal que se anime a hacerlo por una cuestión política, la verdad es que ni siquiera me imagino a Corea del Norte buscando impulsar sanciones que se apliquen efectivamente sobre Estados Unidos. Esto es otra prueba de la profunda crisis que tiene nuestro sistema del orden internacional", destaca.
Y dentro de EE.UU, añade, dependería del Poder Judicial, como hace unos días hizo el Tribunal Supremo al fallar contra los aranceles impuestos por Trump.
"Los costes más tangibles podrían surgir en el ámbito interno estadounidense: presión del Congreso, posibles litigios y desgaste político. Además, la opinión pública se muestra mayoritariamente contraria a una guerra con Irán, y ese rechazo se acentuaría si el conflicto implicara bajas militares o un impacto económico directo sobre la población", indica Lena Georgeault, que ve poco probable que Washington afronte sanciones internacionales de calado y recalca que, aunque se discuta la legalidad de la operación, "muchas potencias ven con buenos ojos la eventual caída del régimen de los ayatolás y la desarticulación del programa nuclear iraní".
Ni Israel, ni Estados Unidos, ni Irán forman parte de la Corte Penal Internacional, por lo que se reducirían las posibilidades de un proceso judicial en ese ámbito.
Respecto a posibles comparaciones con la guerra en Ucrania, que el ruso Vladímir Putin pudiera llegar a denunciar "dobles raseros" por la no imposición de sanciones a EE.UU, no altera la consideración mayoritaria en Europa de que la invasión de Ucrania fue "una agresión". Y, sobre todo, continúa la experta, no diluye la percepción de que Rusia es una amenaza para el continente.
Y culmina Girao: "El intervenir en otros territorios sin provocación o acción previa es lo que hace que se pueda ver como más entendible la acción rusa en Ucrania, obviamente. Entendible desde el punto de vista de que, si lo haces tú, lo hago yo. O si lo estás haciendo tú, lo que yo he hecho está bien. Y eso incide una vez más en esa teoría de los tres halcones, en el que se hace lo que viene bien... al margen de lo que esté bien".