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Irán y EE.UU. cierran una nueva cita negociadora para un acuerdo nuclear: estos son los principales escollos a superar

  • Limitar el programa nuclear iraní o desmantelar sus centrales nucleares son algunos de los escollos
  • EE.UU. asegura que "no hay posibilidad" de que un ataque contra Irán conduzca a una guerra prolongada en la región
Concluye en Ginebra la tercera ronda de negociaciones para lograr un acuerdo nuclear entre Irán y EE.UU.

Estados Unidos e Irán han abierto este jueves en Ginebra la tercera ronda de negociaciones en apenas cuatro semanas con una jornada marcada por largas horas de intercambio y una pausa estratégica a mitad del día.

Las conversaciones indirectas, mediadas por Omán en su representación diplomática en la ciudad suiza, comenzaron a las 10:00 hora local. Durante algo más de tres horas y media, las delegaciones intercambiaron propuestas y observaciones a través del mediador omaní. Distintos medios internacionales han reportado que también se han mantenido conversaciones directas entre las partes.

Hacia las 13:15 se produjo una pausa prolongada para consultas con Teherán y Washington que se extendió cerca de cuatro horas. Los contactos se reanudaron en torno a las 17:45 y terminaron nuevamente pasadas las 20:00 de la tarde.

"Hemos finalizado el día tras un progreso significativo en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán", ha escrito en su cuenta de X Badr Albusaidi, ministro de Exteriores de Omán. "Las reanudaremos pronto tras consultas en las respectivas capitales. Las conversaciones a nivel técnico tendrán lugar la próxima semana en Viena. Agradezco a todos los involucrados por sus esfuerzos: a los negociadores, a la OIEA y a nuestro anfitrión, el gobierno suizo".

Por su parte, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, ha asegurado que "no hay posibilidad" de que un ataque contra Irán conduzca a una guerra prolongada en la región, según una entrevista con el Washington Post. "La idea de que vamos a estar envueltos en una guerra en Oriente Medio durante años sin un final a la vista, es imposible que eso suceda", ha declarado en la entrevista con el periódico estadounidense.

"Creo que todos preferimos la opción diplomátic", ha añadido el vicepresidente, al tiempo que afirmaba que "realmente depende de lo que hagan y digan los iraníes". Además, un oficial estadounidense ha calificado las conversaciones como "positivas", sin que hayan trascendido detalles adicionales, cita Axios.

El ritmo de la jornada refleja el tono de esta fase diplomática: avances técnicos parciales, consultas constantes con Washington o Teherán y ausencia de declaraciones triunfalistas. Las premisas iniciales estaban claras: la administración Trump quiere forzar un acuerdo con nuevas condiciones, mientras Teherán defiende su derecho a mantener un programa nuclear civil bajo el paraguas del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), que firmó en 1970.

En consecuencia, el desacuerdo no es solo retórico. Es técnico, tal y como ha afirmado al término de las conversaciones el principal negociador iraní, Abbas Araghchi. "El lunes se celebrarán conversaciones técnicas para debatir detalles específicos. Logramos avances significativos en el expediente nuclear y el alivio de las sanciones. Hay consenso en algunos puntos y desacuerdos en otros", ha remarcado el titular de Exteriores durante una entrevista en la principal corporación de medios estatal del país.

Entrevista del ministro de Exteriores iraní al término de la tercera ronda negociadora con EE.UU. IRIB News

Las cifras en disputa

Según el último informe del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), correspondiente a noviembre de 2025, Irán disponía hasta el 13 de junio de ese año de 184,1 kilos de uranio enriquecido al 20 % y de 440,9 kilos al 60 %.

El dato es central: el uranio natural contiene apenas un 0,7 % de U-235. A partir del 20 % se considera altamente enriquecido y en el 60 % el material se sitúa en una franja técnicamente cercana al umbral del 90 %, asociado al grado militar.

El país, además, cuenta con centrifugadoras avanzadas operativas. Antes de los bombardeos estadounidenses de junio de 2025, los informes de la OIEA y diversos centros de análisis situaban el número total en torno a 21.000–22.000 unidades, concentradas principalmente en Natanz y Fordow. De ese total, se estimaba que entre 13.000 y 15.000 estaban en funcionamiento, incluyendo un volumen importante de modelos avanzados como las IR-2m, IR-4 e IR-6, más eficientes que las IR-1 originales.

Tras los ataques, evaluaciones independientes apuntaron a que una parte muy relevante de esa capacidad - incluso hasta 20.000 máquinas - podría haber resultado dañada o inutilizada, aunque el número exacto actualmente operativo no ha podido ser confirmado de forma completa por las limitaciones de verificación posteriores.

La OIEA ha subrayado que Irán es el único Estado no poseedor de armas nucleares bajo el TNP que produce y acumula material en esos niveles. Eso, unido a que el Organismo Internacional de Energía Atómica ya ha señalado que no ha podido verificar plenamente el stock iraní, añade un elemento de preocupación adicional para estadounidenses e israelíes, enemigos declarados del régimen teocrático de Teherán.

Sin embargo, el enriquecimiento no es ilegal en sí mismo, pero el volumen y el porcentaje acumulados estrechan el margen diplomático. Aunque Irán supuestamente no posee armas nucleares, sí dispone de tecnología avanzada susceptible de doble uso y ese es precisamente el temor estadounidense: no es solo que Irán pueda fabricar una bomba atómica, sino la reacción regional que podría desencadenar. Si Teherán cruzara el umbral nuclear, actores como Arabia Saudí podrían intentar equilibrar la balanza, lo que ni Washington, ni Tel Aviv, tienen intención de tolerar.

Así las cosas, estos son los principales escollos de las actuales negociaciones entre dos países antagonistas ideológicamente, bajo la sombra de cuatro décadas de confrontación.

El ministro de Asuntos Exteriores de Omán se reúne con los enviados de EE.UU. en Ginebra

Imagen del segundo encuentro entre el mediador omaní y los enviados de EE.UU. REUTERS

Cero enriquecimiento frente a derecho soberano

La Casa Blanca pretende llevar el enriquecimiento iraní a niveles mínimos o incluso a “cero”. Teherán lo rechaza. Argumenta que el TNP no prohíbe el enriquecimiento con fines civiles y que su industria nuclear - que incluye un reactor civil operativo en Bushehr - responde a objetivos energéticos y médicos.

Aquí emerge el primer choque de principios: para Washington, la capacidad potencial es el problema; para Irán, renunciar a ella supone una cesión estratégica irreversible, especialmente cuando su archienemigo regional, Israel, no es signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y mantiene desde hace décadas una política de ambigüedad estratégica: ni confirma ni desmiente oficialmente la posesión de armas atómicas.

Sin embargo, estimaciones de referencia como las del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) sitúan su arsenal en torno a unas 90 cabezas nucleares, con capacidad técnica para ampliar esa cifra si así lo decidiera.

En consecuencia, sus instalaciones nucleares no están sometidas al régimen de inspecciones del OIEA aplicable a los Estados firmantes del TNP, lo que alimenta en Teherán la percepción de un desequilibrio en la arquitectura internacional de no proliferación nuclear.

Imágenes satelitales Maxar del Centro de Investigación Nuclear Shimon Peres Negev en el desierto de Negev, en las afueras de Dimona, Israel.

Imágenes satelitales Maxar del Centro de Investigación Nuclear Shimon Peres Negev en el desierto de Negev, en las afueras de Dimona, Israel. DigitalGlobe/ScapeWare3d Getty Images

Qué hacer con los 440,9 kilos al 60 %

El stock existente es más delicado que el debate sobre porcentajes futuros. 440,9 kilos al 60 % representan una base técnica significativa. Cuanto mayor es el nivel previo de enriquecimiento, menor es el tiempo necesario para alcanzar cotas superiores. Netanyahu lleva no años, sino décadas, alertando de que Irán está a "meses", "semanas", o "días" de fabricar la bomba atómica. Una afirmación que Irán desmiente formalmente, pero que tampoco ha podido confirmar en los últimos años la OIEA.

Así, la discusión gira en torno a si ese material debe diluirse, exportarse, transformarse en combustible o almacenarse bajo supervisión estricta. Cualquier fórmula implica un equilibrio entre garantías técnicas y compensaciones económicas.

Por el momento, y según se ha filtrado en distintos medios norteamericanos, Teherán ha trasladado la posibilidad de volver a limitar el enriquecimiento de uranio a en torno al 3,6 %, el umbral que contemplaba el acuerdo de 2015 para usos civiles, condicionando ese paso a un alivio real y verificable de las sanciones.

Desde Washington, la reacción ha sido prudente: fuentes estadounidenses han indicado que ese nivel podría encajar técnicamente en un marco negociado, pero subrayan que la discusión no puede circunscribirse al porcentaje futuro sin resolver antes qué ocurrirá con el material ya enriquecido al 60 %, cómo se garantizará el acceso pleno de la OIEA y qué mecanismos asegurarán el cumplimiento sostenido de cualquier compromiso.

Infraestructura y centrifugadoras

El programa iraní cubre todo el ciclo nuclear: yacimientos en Saghand y Narigan, conversión en Isfahán, enriquecimiento en Natanz y Fordow, reactor de agua pesada en Arak, reactor civil en Bushehr, centros de investigación en Karaj y Teherán.

Natanz y Fordow albergan centrifugadoras capaces de elevar la concentración del isótopo U-235. En el acuerdo de 2015, Irán eliminó dos tercios de sus centrifugadoras instaladas y se desprendió del 98 % de su uranio enriquecido.

Hoy el debate es si debe volver a reducir capacidad instalada y con qué límites temporales. Por el momento, y según ha filtrado el Wall Street Journal, los enviados de Trump le han pedido a sus homólogos iraníes no solo que diluyan el uranio enriquecido que ya tienen, sino que cierren sus principales plantas nucleares, Natanz, Fordow e Isfahán.

Planta nuclear subterránea de Natanz, en Irán

Planta nuclear subterránea de Natanz, en Irán Maxar Getty Images

Verificación tras los bombardeos de 2025

En junio de 2025, Estados Unidos bombardeó estos tres emplazamientos asegurando que el programa nuclear había quedado “borrado”. Sin embargo, observadores internacionales no confirmaron esa destrucción total y parte del material nuclear perdió trazabilidad completa tras los ataques.

Desde entonces, la OIEA no ha recuperado plena capacidad de verificación sobre todos los movimientos de material enriquecido. Washington exige inspecciones amplias e ininterrumpidas; Teherán acepta supervisión, pero bajo condiciones que no considere intrusivas o humillantes. Sin embargo, los estadounidenses demandan que sin verificación robusta, no habrá alivio de sanciones. Y sin alivio, no habrá concesión nuclear significativa.

Inspección de daños en una estructura metálica, posiblemente un transformador, en una zona nevada.  Un hombre con chaleco antibalas con logo y casco inspecciona la zona con un acompañante.

Rafael Grossi durante labores de verificación de la OIEA

Sanciones y secuencia

Las sanciones - especialmente las que afectan a la exportación de petróleo y al sistema financiero - siguen siendo la principal palanca estadounidense.

Irán exige levantamiento tangible y garantías económicas antes de reducir drásticamente su programa. Washington quiere primero pasos verificables en enriquecimiento y stock. Es un dilema de simultaneidad: nadie quiere ceder sin garantía previa, dado que hay precedentes.

La retirada de EE.UU. del acuerdo en 2018, auspiciada por Trump según llegó por primera vez a la Casa Blanca, sigue pesando en la confianza iraní sobre la durabilidad de cualquier compromiso. ¿Cumplirá el impredecible mandatario estadounidense su palabra? Es una de las principales preguntas que han rondado en todas y cada una de las rondas negociadoras.

Misiles balísticos intercontinentales Getty Images

El programa de misiles de 2.000 km de alcance

La administración Trump quiere incorporar límites al programa de misiles balísticos iraníes, cuyo alcance supera en algunos casos los 2.000 kilómetros, siendo capaces de llegar en 10 ó 12 minutos a Tel Aviv, según recientes estimaciones militares.

Para Estados Unidos, un posible programa nuclear militar requiere dos componentes: el material fisible y el vector que lo transporte. Para Irán, el programa de misiles es una línea roja de seguridad nacional, especialmente tras sus intercambios de ataques con Israel en 2025 y dado que no tiene aviación, ni Ejército regular al uso. Aquí el desacuerdo es frontal y político, no técnico. De momento no se tiene constancia de que esta cuestión esté sobre la mesa de las actuales negociaciones.

En definitiva, la tercera ronda entre las partes demuestra voluntad de evitar una escalada militar. Pero los escollos - enriquecimiento, volumen acumulado, infraestructura, verificación, sanciones y misiles - no son accesorios.

El desafío no es solo impedir que Irán construya una bomba. Es decidir qué nivel de capacidad nuclear puede tolerar EE.UU. sin que se resquebraje el frágil equilibrio estratégico en Oriente Medio, donde solo un país, Israel, parece tener el beneplácito estadounidense para albergar armas nucleares.