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Irán y Venezuela: la espada de Trump sobre las potencias petroleras díscolas

  • Tras intervenir Venezuela y lograr acceso a su mercado petrolero, Trump mira ahora a Irán
  • Pero una intervención en Irán es más difícil: es un régimen religioso e impenetrable, además de la lejanía
¿Qué dificultades enfrentaría EE.UU. si decide atacar Irán? ¿Qué diferencias habría con Venezuela?

Después de la intervención de Estados Unidos en Venezuela, ahora Trump tiene en su punto de mira a Irán, otro país que ha desafiado el orden de Washington durante décadas. Pero hay diferencias entre ellos: el régimen iraní es religioso y aparentemente impenetrable. Analizamos la situación con Nazanin Armanian, politóloga iraní residente en España, y Àngel Marrades, investigador de 'Descifrando la Guerra'.

Irán y Venezuela son potencias del petróleo, ambas llevan décadas desafiando al poder de Estados Unidos, y Trump quiere controlarlas a las dos. Pero hay diferencias, empezando por la geografía. Caracas está en la costa, a tiro de portaaviones y de las operaciones cibernéticas del Pentágono, como quedó demostrado en la operación de secuestro del presidente Nicolás Maduro.

Teherán, sin embargo, "es una ciudad muy en el interior, muy recogida dentro de las montañas", subraya Àngel Marrades, investigador y coeditor de 'Descifrando la Guerra', que recuerda que "Estados Unidos ya falló estrepitosamente en una operación de extracción de rehenes en la embajada en Teherán en 1979 con Carter. Es una línea logística demasiado larga y demasiado complicada como para llevar a cabo una operación de ese tipo".

La geográfica es la razón inmediata que descartaría una operación de secuestro similar a la de Maduro en Venezuela, coincide la politóloga iraní Nazanin Armanian, residente en España desde hace décadas. Para ella, además, "el objetivo de Estados Unidos no es eliminar solo a una persona. Lo que quiere Estados Unidos es debilitar Irán como país, como potencia regional, para potenciar a Israel".

El origen de esta decisión, asegura Armanian, se remonta a "cuando se derrocó al shá, que fue uno de los pilares del dominio de Estados Unidos en Oriente Medio durante la Guerra Fría". "Irán, además, era vecino de la Unión Soviética. Por eso, cuando cayó el shá, Jimmy Carter elabora una doctrina que dice que, ante situaciones parecidas, Estados Unidos tiene que usar la fuerza militar, si es necesario, mantener el control del Golfo Pérsico. Porque de ahí salen 17 millones de barriles de petróleo cada día. El control sobre Oriente Medio hace que Estados Unidos controle prácticamente el mundo", matiza la iraní.

El factor israelí, subraya Armanian, no existe en el Caribe. Por eso cree que, en este momento, Estados Unidos se plantea una operación que va más allá de "apostar por un títere: no, Irán tiene que quedar tan debilitado que, gobierne quien gobierne, no pueda hacer sombra a los planes de Estados Unidos y a su potencia aliada principal que es Israel".

Ese objetivo de máximos explicaría el punto muerto de las negociaciones, centradas por Estados Unidos en tres focos: cortar el programa nuclear, desarmar a las milicias aliadas y reducir el alcance de los misiles balísticos para que no lleguen a Israel. "Lo que pide Estados Unidos en los tres frentes", resume Marrades, "básicamente supone renunciar a cualquier capacidad de disuasión que tenga Irán. Estados Unidos pide una capitulación, es decir, que Irán se desarme completamente y no tenga capacidad de responder ni a Estados Unidos ni Israel".

Teherán se niega a capitular, lo que fuerza al conflicto militar, entiende Nazanian, que no ve más salida que las armas porque la guerra ya está decidida. "Todo esto es un paripé. La guerra contra Irán y de hacer desaparecer el régimen islámico han entrado en la agenda de Trump", asegura la politóloga.

La revuelta ciudadana en Irán también explicaría la situación: "lo que quiere [Trump] es adelantarse a los acontecimientos de Irán y controlar la revolución en una zona estratégica del mundo". Nazanian considera que "Estados Unidos sí o sí va a atacar Irán para hacer una exhibición militar ante China y porque sigue la línea de Israel". La analista iraní entiende también que hay un factor personal: "el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quiere colgarse la medalla de haber destruido Irán para siempre y haber matado también a Ayatolá Jomeini, porque quizás con ello, pueda suspender el juicio que tiene por la corrupción y el pueblo le perdone la vida".

Marrades reconoce que se está yendo hacia una situación "de todo o nada", pero al mismo tiempo piensa que siempre pueden "darle otra patada al balón" y evitar el conflicto. Las cuestiones de fondo, sin embargo, seguirían sin resolverse y el choque seguiría latente.