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Los israelíes respaldan la guerra contra Irán pero no necesariamente a Netanyahu: ¿qué dicen las encuestas?

Los israelíes respaldan la guerra contra Irán pero no necesariamente a Netanyahu
Netanyahu habla sobre el programa nuclear iraní en Naciones Unidas. Mario Tama Mario Tama

Derrotado en las encuestas, aunque por estrecho margen, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se aferra a esta nueva guerra contra Irán —la más feroz que ha azotado Oriente Medio en décadas— y al vasto respaldo popular que ha cosechado como un salvavidas para salir a flote en una travesía electoral en la que lleva meses hundiéndose.

Un 82% de los israelíes apoya la actual guerra contra Irán; el 93% entre la mayoritaria población judía, dejando a un lado las profundas divisiones que subyacen en la crispada sociedad israelí. Así lo muestra una encuesta publicada por el Instituto para la Democracia Israelí (IDI), cuatro días después de los masivos ataques de EE.UU. e Israel contra Irán el 28 de febrero, que han desembocado en una contienda regional sin precedentes. Además, el 74% de los israelíes judíos confían en que Netanyahu gestione bien la operación (el 85% entre los votantes de la derecha e incluso el 40% entre la izquierda minoritaria).

"Estas cifras tienen sentido al inicio de la operación, con un ambiente de euforia bélica. La gente está impresionada con los logros militares de Israel —particularmente el 'asesinato selectivo' del líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí—, mientras que todavía hay pocas bajas en el lado israelí —12 civiles por el impacto de misiles de Irán y dos soldados en la ofensiva en Líbano—", explica a RTVE Noticias Lior Yohanani, experto en opinión pública del IDI y uno de los analistas de la encuesta.

"Se ha generado un efecto de 'cohesión en torno a la bandera', también en el plano político, sin confrontación al respecto entre el Gobierno y la oposición", subraya Yohanani, aunque no cree que este sentimiento de unión nacional dure mucho tiempo sin que rebroten las enconadas discrepancias políticas.

Con visión retrospectiva, el amplio apoyo ciudadano a la guerra abierta contra Irán sí es obra de Netanyahu. En la última década, en la que solo se apeó del poder un año, alimentó la idea de que Irán es la "gran amenaza existencial" para Israel y convirtió este tema en el eje de su política exterior, y asunto central en su relación con EE.UU., su gran aliado. Y a corto plazo, el círculo más estrecho de Netanyahu llevaba meses abonando el terreno ante la inminencia de un ataque, cuidadosamente planeado.

"El Gobierno ha hecho un excelente trabajo convenciendo a la gente de que, primero, esta guerra es necesaria e inevitable, y segundo, que Israel va ganando. De momento, ni siquiera la oposición la cuestiona", indica el politólogo israelí Guy Ben Porat. "Con el apoyo tan fuerte de EE.UU., fue fácil convencer a la ciudadanía de que el desenlace de guerra era ineludible", apunta.

Sin embargo, este profesor de la Universidad Ben Gurion cree que este fuerte respaldo y la cohesión nacional en torno a la guerra se diluirán poco a poco a medida que avance. "Es un patrón común en todo el mundo", señala. También ocurrió con el 7 de octubre de 2023, cuando la sociedad israelí, traumatizada por los ataques de Hamás ese día, aunó un consenso casi absoluto respecto a la necesidad de una intensa ofensiva militar en Gaza. A medida que esa guerra se alargó, el sentimiento general fue, primero de apatía y luego de hastío, provocando protestas por todo el país para reclamar un alto el fuego: no tanto por el alto coste humano entre los palestinos y la devastación del enclave, sino por la cuestión de los rehenes y las muertes de soldados en un conflicto que no mostraba logros militares.

Porat también apunta que la sociedad israelí "ha aprendido a convivir con la guerra", que lleva casi tres años instalada en su rutina diaria —llamada a filas a reservistas, el constante ulular de las sirenas, las carreras al refugio, etc.—, pero reconoce que "hay cansancio". "La gente está preocupada por los soldados, la situación de los reservistas, la exención militar a los ultraortodoxos; se mantienen las críticas al Gobierno por los fallos del 7 de octubre, hay resentimiento hacia la pendiente reforma judicial. Todo sigue ahí. ¿Qué impacto tendrá todo esto en las elecciones?", se pregunta. La clave reside en si Netanyahu llegará a las urnas en este año electoral con suficientes logros militares en Irán que eclipsen todos estos fracasos. "Ese es el cálculo que está haciendo", matiza Porat.

Protesta multitudinaria en Tel Aviv para pedir a Netanyahu la liberación de los rehenes en manos de Hamás

Manifestantes exigen el fin inmediato de la guerra en Gaza y la liberación de todos los rehenes en Tel Aviv, Israel, el 26 de agosto de 2025 Shir Torem / Reuters

Aunque no ha habido declaraciones oficiales, la prensa hebrea lleva semanas especulando con que Netanyahu pretende adelantar a junio la convocatoria electoral, que debería celebrarse el 27 de octubre. "Quiere capitalizar la guerra con Irán antes de que cambien las circunstancias. Y junio es lo más pronto que permite la ley", señala a RTVE Noticias la profesora de ciencias políticas de la Universidad Hebrea, Gayil Talshir.

Las posturas políticas se mantienen

Sin embargo, este apoyo ciudadano a la confrontación bélica con Irán, vista como una cuestión superior que conecta directamente con la supervivencia de Israel como Estado judío, no tiene por qué traducirse en réditos electorales significativos para Netanyahu. "Las encuestas arrojan, como ya ocurrió con la Guerra de los Doce Días contra Irán del año pasado, que los israelíes apoyan la guerra, pero no han cambiado sus opiniones políticas", matiza Talshir.

Netanyahu no está arañando votos a la oposición, que ahora lidera los sondeos, al llamado bando liberal, aclara. Su ligero repunte se debe a que algunos votantes de los partidos de la extrema derecha radical, que son sus socios de Gobierno, ahora le votarían por su liderazgo en la actual contienda, visto como "el defensor de los judíos frente a su mayor amenaza". Pero en la práctica, eso no cambia el tablero de fuerzas en el arco parlamentario.

En los últimos dos años, los sondeos electorales muestran que la oposición lleva la delantera; en las más recientes tienen entre siete y diez escaños más que la actual coalición de gobierno, una clara ventaja en Israel, donde en las últimas cinco elecciones legislativas, la bancada gubernamental y la de la oposición se han conformado con escasos diputados de diferencia.

Un sondeo publicado la víspera del ataque contra Irán por uno de los diarios de referencia israelí, Maariv, otorgaba 60 escaños al conjunto de los partidos de la oposición, encabezados por el ex primer ministro, Naftali Benet —quien ya lideró el 'Gobierno del cambio' que derrocó en 2021 a Netanyahu, pero solo duró un año—, y 50 al actual Ejecutivo. El Likud de Netanyahu sería el partido más votado con 27 diputados, frente a los 35 que tiene ahora, pero el conjunto de las fuerzas opositoras decantaría la balanza.

El líder de Yamina, Naftali Benet, en una imagen de archivo.

El líder de Yamina, Naftali Benet, en una imagen de archivo. REUTERS/Ammar Awad

"Él cree que se recuperará, pero la principal razón de su declive en las encuestas es que nunca asumió su responsabilidad por los fallos militares y de inteligencia que permitieron los ataques de Hamás el 7 de octubre. En su narrativa, cree que ganar una guerra contra Irán es más importante que asumir esa responsabilidad. Está librando esta guerra como remedio a ese fracaso", argumenta Talshir. "El 7 de octubre sigue en la memoria cotidiana de los israelíes; es un recuerdo imborrable", coincide Porat, que cree que será un factor determinante en los próximos comicios, por más que Netanyahu quiera virar la campaña hacia Irán. "Él confía en que, después de tres años de guerras, los israelíes voten priorizando el tema de la seguridad sobre otras cuestiones".

Ligero giro en las encuestas

La maquinación de Netanyahu no parece del todo errónea a la luz de los datos. Otra encuesta electoral publicada por The Times of Israel el 5 de marzo, con la contienda regional ya en curso, concedía al Likud 31 escaños, cuatro más que la semana anterior. En la medición de fuerzas por bandos —que en Israel también se conocen como pro-Netanyahu y anti-Netanyahu— se vislumbra un empate técnico, con 53 diputados para cada uno en una Knéset (Parlamento israelí) con 120 asientos; mientras que los 14 escaños restantes se los repartirían entre el bloque de partidos árabes, que no se alinean con ningún bando, y la formación de centro-derecha Blanco y Azul del exministro de Defensa, Benny Gantz, quien ya pasó por ambos bandos y salió escaldado por lo perverso e intrincado de las alianzas políticas en Israel.

"Más que los números, que son variables, lo que ahora importa es la narrativa. Si Netanyahu logra imponer la percepción de que Israel debe estar unido, que él nos ha protegido con éxito, que ha reducido amenazas que nos acechaban, pero que aún queda trabajo que hacer bajo su liderazgo; puede dar la vuelta al panorama", apunta Yohanani. Netanyahu ha sabido forjarse una imagen como el único capaz de dirigir Israel y, además, es el líder indiscutible de la derecha, sin rivales; mientras que en el bando de la oposición los liderazgos en torno a una única figura son más volátiles y disputados.

"Es verdad que sus posibilidades de revalidar mandato crecen a la luz de la actual guerra, pero su pequeña escalada en las encuestas puede no ser duradera", analiza Talshir. Esta politóloga no descarta que Netanyahu intente formar un Gobierno de unidad nacional con la oposición, apelando a la situación de excepcionalidad que Israel atraviesa tras tres años de guerras azuzadas por él. Ya lo intentó tras el 7 de octubre, pero solo logró arrastrar a Gantz y el experimento solo duró unos meses.

Benny Gantz (i) y Benjamin Netanyahu (d)

Benny Gantz (i) y Benjamin Netanyahu (d) EFE/EPA/TAL SHAHAR / POOL

Netanyahu también cuenta con otro as en la manga: el apoyo del presidente estadounidense, Donald Trump. Está prevista su visita a finales de abril para recibir el Premio de Israel, durante las celebraciones de la "independencia" que conmemoran el nacimiento del Estado de Israel en 1948 —lo que los palestinos llaman la Nakba, desastre—. "Quiere aprovechar la ocasión para ganarse el aval público de Trump, ya que Israel es uno de los países que más simpatizan con el estadounidense, lo que sería un fuerte espaldarazo a su campaña", vaticina Talshir.

Otra novedad que ilustran las encuestas, de antes y después de la guerra, es el revivir de la izquierda israelí. Después de lograr el peor resultado de su historia en las elecciones de 2022 —el partido Meretz quedó fuera de la Knéset y el laborismo pasó por la mínima el umbral electoral, con solo cuatro diputados-, el exjefe militar Yair Golan está teniendo éxito en su intento de cohesionar a esta izquierda perdida y dispersa bajo una nueva formación, Los Demócratas, que en los sondeos acapara entre 10 y 15 escaños. Los confirmaría como una fuerza dominante en un eventual gobierno alternativo al bando pro-Netanyahu.