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Uno de cada dos mayores cree que su representación en los medios de comunicación y redes sociales no es positiva

  • España es el primer país europeo en validar la Escala del Edadismo de la OMS
  • El estudio también señala que la discriminación institucional es actualmente la principal forma de edadismo
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Una persona mayor pasea por el centro de Valencia EFE/Manuel Bruque
RTVE.es

La Fundación HelpAge International España, a través del Observatorio del Edadismo, ha presentado este martes el informe "El edadismo en España. Análisis de impacto según la Escala del Edadismo de la Organización Mundial de la Salud", elaborado junto a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Universidad de Edimburgo, en donde España se convierte en el primer país de Europa en validar la Escala del Edadismo de la OMS. Se trata de un instrumento que permite medir las experiencias de estereotipos, prejuicios y discriminación por razón de edad y que ya había sido validada previamente en Moldavia, Libia, Líbano y Colombia.

El contexto demográfico de nuestro país hace especialmente relevante este análisis: casi 10 millones de personas mayores de 65 años viven actualmente en España, lo que representa el 20,4% de la población, con una esperanza de vida de 84,1 años, una de las más altas del mundo.

Este estudio representa un hito en la investigación sobre discriminación por edad en Europa y ofrece por primera vez una medición rigurosa y estandarizada del edadismo en España basada en la escala desarrollada por la OMS. En la presentación en la sala 3 del Imserso han intervenido María Teresa Sancho Castiello, directora general del Imserso; Isabel Martínez Lozano, presidenta de la Fundación HelpAge International España o Xuefei Li, investigadora de la Universidad de Edimburgo, entre otros.

Entre los principales hallazgos, el estudio revela que la discriminación institucional es la forma de edadismo más señalada por la población mayor, especialmente en ámbitos como las políticas sanitarias y los servicios sociales. Un 62% de las personas mayores considera que las políticas públicas (como las relativas a vivienda, seguridad social o atención sanitaria) no responden adecuadamente a sus necesidades.

El informe también muestra una visión crítica sobre su representación en los medios y redes sociales: el 50% siente que las personas mayores no se representan de manera positiva. En estos dos sentidos, por ejemplo el edadismo institucional tiende a tratar en normas y políticas relacionadas con la sanidad o la vivienda a las personas mayores como un grupo homogéneo. Y los medios de comunicación, además, suelen representar a las personas mayores como frágiles, dependientes o aisladas, invisibilizando su diversidad y contribuciones sociales.

Asimismo, el estudio confirma que quienes experimentan mayores niveles de discriminación por edad presentan peores indicadores de salud física y psicológica, mayores niveles de soledad y una menor satisfacción con la vida. En cambio, un mayor nivel educativo actúa como factor protector frente al edadismo autoinfligido (aquel que hace que la propia persona se minusvalore por la edad) reduciendo la probabilidad de interiorizar estereotipos negativos.

El informe, realizado por el Observatorio del Edadismo de la fundación a través de 203 encuestas presenciales a personas de entre 60 y 93 años, pone de manifiesto que esta discriminación por edad existe y afecta en España y atraviesa clases sociales y contextos diversos, lo que demuestra que "no se trata de casos aislados".

Recomendaciones para combatir la discriminación por edad:

  1. Promover una imagen positiva del envejecimiento: Los medios de comunicación, la publicidad y la cultura tienen un papel fundamental a la hora de mostrar la diversidad de la vejez: personas activas, con proyectos, capacidades y aportes valiosos a la sociedad.
  2. Revisar las políticas públicas y la normativa: Es necesario que las administraciones garanticen que las leyes y normas no discriminen por razón de edad, sobre todo en el ámbito de la sanidad, vivienda, pensiones o servicios sociales. Todas las políticas públicas se deben ajustar a las necesidades de una población cada día más longeva.
  3. Impulsar políticas de cuidado y apoyo comunitario: Es esencial impulsar y desarrollar políticas de cuidado que promuevan redes comunitarias y servicios de proximidad, orientados a que las personas mayores puedan permanecer en su entorno habitual con apoyo y acompañamiento.
  4. Apoyar la educación a lo largo de la vida: Facilitar el acceso a nuevas formas de aprendizaje promueve autonomía, autoestima y participación social, reduciendo así el riesgo de edadismo autoinfligido.
  5. Tratar el edadismo también como un problema de salud pública: Igual que ocurre con otras formas de discriminación, los efectos del edadismo repercuten directamente en el bienestar físico y mental. Por tanto, su prevención debe integrarse en las políticas de salud, en las estrategias de envejecimiento activo y prevención de enfermedades.
  6. Sensibilizar desde edades tempranas: Introducir la educación en diversidad generacional en los programas escolares puede ayudar a construir una cultura de respeto hacia todas las etapas de la vida.
  7. Favorecer la participación activa de las personas mayores en la toma de decisiones: Incluir su voz en los debates sobre políticas públicas, planificación urbana o programas comunitarios fortalece la democracia y legitima las medidas adoptadas. Los consejos consultivos y foros de participación deben contar con un peso real en la formulación de propuestas. Incluir a las personas mayores en todos los órganos de participación.
  8. Reforzar la investigación y la evaluación de políticas públicas: Es necesario seguir generando datos sobre las múltiples formas de edadismo, sus efectos y las estrategias eficaces para combatirlo. Invertir en investigación social y en la evaluación de políticas permitirá ajustar las medidas en base a evidencia, garantizando intervenciones sostenibles y con impacto real.