El Mundial dejará 30.500 millones de dólares en los países anfitriones, pero no es la gallina de los huevos de oro
- Varios estudios cuestionan el impacto real de los grandes eventos deportivos en el PIB de los países organizadores
- La FIFA, los patrocinadores, los mercados de apuestas y el sector turístico serán los grandes beneficiados
El Mundial de Fútbol que comienza este jueves tendrá un impacto económico de 30.500 millones de dólares (26.400 millones de euros) entre Estados Unidos, Canadá y México, los tres países organizadores de la cita. Si ampliamos su incidencia en el resto del planeta, el PIB mundial se incrementará en más de 40.000 millones de dólares (35.000 millones de euros) y se crearán 824.000 puestos de trabajo, entre directos e indirectos, según las estimaciones de la FIFA. Pero, a pesar de la magnitud de los datos, el evento está lejos de ser la gallina de los huevos de oro para los países anfitriones (otra cosa es el negocio que generará para la propia Federación Internacional de Fútbol, los patrocinadores, el mercado de las apuestas, el sector turístico…).
De hecho, si se cumplen las previsiones más optimistas, que apuntan a que el impacto económico en Estados Unidos será de 17.000 millones de dólares, este tendrá un "efecto marginal" en el PIB del país, con una repercusión máxima del 0,1%, según un informe elaborado por el banco sueco Saxo Bank, bajo el título La copa del mundo de 2026: Un macroevento con microimpactos.
La entidad señala que, de los tres anfitriones, México será el que mayor beneficio podría obtener. Con un impacto económico de 3.000 millones de dólares, su traslación al PIB oscilará entre el 0,2 y el 0,5%. El impacto en Canadá se situará en 2.700 millones de dólares, pero el coste de organizar el evento "podría reducir significativamente el beneficio neto para los contribuyentes", precisa el informe del banco sueco. La FIFA ha cifrado en 14.000 millones de dólares el coste total del Mundial, de los que EE. UU. correrá con la mayor parte, 11.000 millones.
No es el único estudio que pone en cuestión la rentabilidad de este tipo de eventos para los países organizadores. Una investigación de Victor Matheson, profesor de Economía en la Universidad Holy Cross, y Robert Baade, profesor de Economía en el Lake Forest College, determinó que el Mundial de 1994, también celebrado en Estados Unidos, tuvo un impacto económico muy limitado en las ciudades que fueron sede. Estas registraron "un crecimiento económico más lento" que otras que no acogieron ningún partido y el impacto final fue de 4.000 millones de dólares inferior a lo esperado, según explica Matheson a RTVE Noticias.
¿Por qué esa diferencia entre las previsiones y la realidad? Matheson, que aconseja "quitar un cero" a las cifras que ha publicado la FIFA para medir el verdadero alcance que tendrá el Mundial, señala que los estudios que intentan medir el impacto económico de este tipo de eventos suelen presentar tres fallos.
En primer lugar, no tienen en cuenta el efecto de sustitución. "Este se produce cuando un aficionado local al fútbol gasta su dinero en una entrada para el Mundial en lugar de invertirlo en otros sectores de la economía local. Por lo tanto, el Mundial no incrementa la actividad económica total, sino que simplemente cambia el lugar donde se desarrolla dicha actividad", precisa el profesor.
En segundo lugar, cita el efecto de desplazamiento. "Las multitudes y la congestión asociadas a los partidos de fútbol impiden que se produzcan otras actividades económicas. Por ejemplo, en París, en el verano de 2024, los hoteles estaban llenos de aficionados a los Juegos Olímpicos, pero la asistencia al Louvre se redujo un 25%", ilustra.
Y en tercer lugar, están las fugas. "Se produce cuando el dinero se gasta en una economía local, pero no beneficia a los residentes ni se reinvierte en ella. Por ejemplo, el dinero de las entradas va directamente a la FIFA, que envía la gran mayoría de los fondos a Suiza. Aunque los precios de los hoteles sean altos, estos no aumentan los salarios de sus trabajadores, por lo que las altas tarifas se convierten en mayores ganancias corporativas para los accionistas, no en ingresos para los residentes", explica.
Cuando se elaboran los estudios de impacto económico, se toman en consideración tres partidas: las inversiones, los gastos de organización y los gastos que harán los aficionados, precisa Carles Murillo Fort, catedrático de Economía y experto de la UPF Barcelona School of Management, y "hay imponderables que pueden hacer que las previsiones se desajusten".
Murillo, expresidente también de la Sociedad Española de Economía en el Deporte, hace referencia al sobrecoste, por ejemplo, de las infraestructuras que se construyen para la cita o fenómenos no previstos que hacen que se descompense la venta de entradas. "Luego hay otra cosa. A veces los estudios dan unas cifras realistas, otras optimistas y unas pesimistas, y solo nos quedamos con la cifra más espectacular", apunta el profesor.
El agujero negro de los grandes eventos deportivos
Que la repercusión económica para las sedes vaya a ser más bien modesta no es ninguna novedad. Históricamente, los datos demuestran que la organización de grandes eventos deportivos no es sinónimo de crecimiento económico sostenido en el tiempo. El estudio de Saxo Bank recuerda que los sobrecostes en infraestructuras son más que habituales: una investigación de Bent Flyvbjerg, profesor de la Universidad de Oxford, cifró en un 172% la desviación media de los presupuestos previstos por los países organizadores.
De los últimos mundiales, el de Qatar fue el que mayores sobrecostes generó. Si las previsiones iniciales apuntaban a un gasto de 20.000 millones de dólares, finalmente fueron 220.000 millones, la mayor inversión nunca hecha en un evento deportivo. La cita supuso un crecimiento del 1% del PIB del país y, aunque en el corto plazo "el impacto económico fue real", sobre todo en el sector turístico, "la rentabilidad financiera de dicha inversión sigue siendo muy difícil de justificar a largo plazo", sostiene el informe de la entidad sueca.
Saxo Bank pone otro ejemplo, el de Brasil 2014. Con un coste estimado de 10.000 millones de dólares, el montante total ascendió a 15.000 y el impacto en el PIB fue negativo, de un -0,2%. El país construyó varios estadios en ciudades sin una afición al fútbol lo suficientemente potente como para garantizar la viabilidad de las infraestructuras a largo plazo. El ejemplo paradigmático fue el estadio de Manaos, en el estado de Amazonas.
Murillo destaca, sin embargo, el caso de Alemania 2006, donde las previsiones se ajustaron mucho mejor a la realidad y los sobrecostes (5.000 millones de gasto inicial frente a 6.000 finales) no se dispararon tanto.
Y aunque los sobrecostes no parece que vayan a ser un gran problema en EE. UU., México y Canadá, ya que los tres países contaban con infraestructuras suficientes, el informe de Saxo Bank concluye que el impacto económico será limitado. Para la entidad, el Mundial no debe entenderse como una herramienta para producir un "cambio estructural" en la economía, sino más bien como un evento que provoca un "cambio temporal" de la actividad.
Los ganadores
Aunque los países anfitriones no se vean especialmente beneficiados, no quiere decir que el Mundial no vaya a generar importantes ganancias. Varios sectores económicos, como recoge el informe de Saxo Bank, harán su agosto. La entidad bancaria pone el foco en los derechos de retransmisión, las plataformas de apuestas, las ventas de marcas como Adidas, Nike o Puma, patrocinadoras de las principales selecciones, las compañías de bebidas, el sector turístico con los hoteles a la cabeza y los videojuegos.
El Mundial, con una audiencia potencial de 6.000 millones de espectadores repartidos por todo el mundo, hará que uno de los grandes beneficiarios sea la propia FIFA por la venta, fundamentalmente, de los derechos de emisión de los partidos. La Federación Internacional estima que el evento generará casi 8.000 millones de euros por este concepto, además de por los patrocinios corporativos, la venta de entradas y los servicios de hospitalidad. El dato es un 20% superior al que se generó en el Mundial de 2022.
Según las estimaciones oficiales, los patrocinadores pagarán el doble a la FIFA por vincular sus marcas al Mundial, pero, según los expertos, si las firmas juegan bien sus cartas, el desembolso habrá merecido la pena. Mario Sorribas, profesor de OBS Business School, recuerda además que los patrocinadores deberán invertir mucho más si quieren alcanzar el impacto deseado. Es lo que se conoce como "activación de patrocinio" y en un evento de estas características supone que si una empresa paga un millón como patrocinador, deberá destinar hasta tres más para sufragar actividades, anuncios y campañas que lleguen al cliente final.
"Las marcas no se conforman con que sea la FIFA la que ponga el logo en las retransmisiones. Ellas mismas son las que se dirigen a su audiencia con productos específicos y eventos", señala Sorribas. El experto apunta que la pericia de las empresas puede hacer que estas tengan mucho más impacto que los patrocinadores oficiales. Es lo que sucedió en el Mundial de Sudáfrica, cuando Nike ganó por goleada a Adidas, a pesar de que esta era la marca del Mundial. Todo fue gracias a una potente campaña de la marca estadounidense con sus principales jugadores, que hizo que los aficionados la identificasen como la predominante.
Vista del Estadio de Atlanta, donde España disputará un partido contra Cabo Verde EFE/ALBERTO BOAL
Además de estos sectores, ocupa un lugar destacado el de las apuestas. "Históricamente, el Mundial ha sido un importante catalizador para las plataformas de apuestas en línea", sostiene el informe del banco sueco, que apunta que "estas empresas podrían beneficiarse de un mayor número de usuarios activos, una mayor interacción durante el partido y una monetización más sólida mediante las apuestas en tiempo real".
Levi Pérez, catedrático de Economía en la Universidad de Oviedo, recuerda que las nuevas tecnologías han ampliado de forma significativa el abanico de opciones sobre las que pueden apostar los aficionados y eso, irremediablemente, genera más dinero. "El producto más avanzado son las llamadas apuestas in-play, que son las que se pueden realizar al mismo tiempo que transcurre el evento". Es decir, mientras se disputa un partido, el aficionado puede jugar dinero casi por cualquier detalle del encuentro: qué futbolista marcará, cuántas tarjetas rojas se sacarán, quién será expulsado…
"Como puedes acceder a una gama más amplia de opciones, eso incrementa el dinero que gasta cada aficionado y, como también aumenta el número de personas que apuestan, pues los niveles de facturación son muy altos y cada vez lo son más. Piensa además que en este Mundial van a jugar más selecciones, 48, y eso aumenta el número de partidos y las opciones sobre las que apostar", detalla el profesor.
Pérez además saca a colación los mercados de predicciones y la posibilidad de manipularlos. "Cuantas más gamas de apuestas haya, más fáciles son de manipular", advierte. El profesor precisa que en aquellos países donde estos mercados no están sujetos a una regulación como la que puede existir en España, "el riesgo de manipulación es muy grande. Imagínate que estás emitiendo un evento en directo y consigues retrasar unos segundos la señal. El espectador que está apostando va por detrás del resultado que tú ya conoces y puedes manipular las cuotas", ilustra. La posibilidad de amañar los partidos es, de hecho, una de las mayores preocupaciones de la FIFA, que ha habilitado una web para presentar denuncias.
Entre los sectores ganadores, aunque no figure en el informe de la entidad sueca, también está el de los cromos. El negocio moverá este verano 1.400 millones de euros, según Panini. La compañía tiene previsto vender entre 500 y 800 millones de sobres y 35 millones de álbumes. La locura es tal que los cálculos de la firma apuntan a que por todo el planeta circularán 7.000 millones de cromos.