El eclipse que España lleva más de un siglo esperando
- La península ibérica será el escenario de un espectáculo que no se producía desde hace 112 años
- España será el único tramo con población significativa en todo el recorrido del eclipse
Hay fenómenos astronómicos que no se observan, se viven. El eclipse total de Sol del próximo 12 de agosto es uno de ellos, y llega con el trapío de uno de los grandes acontecimientos científicos y turísticos de la década. La península ibérica será su escenario privilegiado, testigo de un espectáculo que no se repetía desde hace 112 años.
La expectación crece a medida que se acerca la fecha. Hoteles completos, ciudades y pueblos desbordados, aficionados llegados de decenas de países y una intensa actividad divulgativa acompañan a un fenómeno que, según los expertos, tiene características muy poco habituales. Álex Mendiolagoitia, secretario de la Federación de Asociaciones Astronómicas de España (FAAE) y vicepresidente de la Agrupación Astronómica de Madrid, resume así la singularidad de la cita: "Este eclipse es especial porque es el primero que tenemos en 112 años en la península ibérica, y por lo tanto es muy, muy esperado".
La trayectoria de la sombra lunar explica la excepcionalidad del evento. España será el único tramo con población significativa en todo su recorrido. "El eclipse del 12 de agosto empieza en el norte de Siberia, pasa por el Polo Norte, roza una parte muy pequeña de Islandia, que probablemente esté nublado y tampoco haya nadie, y luego cruza la península, y eso es todo, por lo que somos unos privilegiados", explica Mendiolagoitia a RTVE Noticias.
Esa peculiar trayectoria tiene además una consecuencia visual importante: el Sol estará muy bajo sobre el horizonte durante la totalidad, porque la sombra llega a España ya al final de su recorrido, a última hora de la tarde, cuando el astro se dirige hacia el ocaso. Eso complica tanto la observación científica como la de cualquier aficionado, porque la luz atraviesa mucha más atmósfera y la corona pierde nitidez, y obliga a buscar emplazamientos con horizonte despejado hacia el oeste, algo que muchos observadores no podrán resolver desde su propia ventana o terraza. Pero también convierte el eclipse en un espectáculo especialmente vistoso, con tonos de atardecer envolviendo al horizonte y un paisaje que se puede fotografiar junto a la corona en el mismo encuadre.
Ser el único tramo poblado y, además, el punto final del recorrido tiene una implicación logística que no siempre se da en los eclipses totales. "Es cierto que aquí lo especial, y el reto para España como tal, es que la totalidad solo pasa por nuestro país. En otros lugares pasa por varios países y ese esfuerzo logístico que hay que hacer se reparte, pero aquí se concentra solo en una serie de comunidades autónomas de la península ibérica", opina Mendiolagoitia.
La fiebre de los cazadores de eclipses
Para quienes nunca han presenciado un eclipse total, puede resultarle chocante el interés que despiertan estos acontecimientos. Sin embargo, los aficionados más veteranos aseguran que se trata de una reacción muy común. "La enorme expectación que está generando el próximo eclipse del 12 de agosto es normal. Yo he tenido la enorme suerte de viajar por el mundo persiguiendo eclipses. Llevo diez y he estado en todos los continentes menos en la Antártida, y en todos los lugares a los que he ido la expectación es muy parecida a la de España", describe el secretario de la FAAE.
Mendiolagoitia conoce bien el fenómeno de la llamada "adicción a los eclipses". Según cuenta, quienes contemplan uno por primera vez suelen terminar buscando inmediatamente el siguiente destino para repetir la experiencia. "Como es un fenómeno tan espectacular, que creo que es el más espectacular que nos puede brindar la naturaleza, cada vez hay más gente que se engancha a ellos", comenta.
Una de las razones por las que los eclipses totales fascinan tanto es porque transforman la realidad cotidiana en algo irreconocible. GETTY IMAGES
Cuando se hace de noche en mitad del día
Una de las razones por las que los eclipses totales fascinan tanto es porque transforman la realidad cotidiana en algo irreconocible, y lo hacen de manera gradual, ante los propios ojos. "A medida que la Luna va tapando el Sol ocurren una serie de fenómenos que son muy extraños, porque va bajando la intensidad de la luz, y el ambiente se enrarece, todo se vuelve como amarillento, como un falso atardecer", describe Mendiolagoitia. Después, añade, "cuando la Luna haya tapado algo más de la mitad del Sol la ausencia de luz ya es más notoria, y todo se vuelve verdoso".
La sensación se intensifica conforme avanza el bloqueo. "Cuando la Luna ya lleva un 80% - 90% del Sol tapado, es tal la escasez de luz, que todo a tu alrededor es como si careciese de vida, como si se hubiese vuelto metálico. Además, va bajando la temperatura". Y entonces llega uno de los instantes más esperados. Justo antes de la totalidad aparecen las llamadas perlas de Baily, pequeños destellos producidos porque la luz solar se filtra a través de los valles del accidentado relieve lunar. Es el resultado de que el borde de la Luna no es perfectamente uniforme: montañas, cráteres y depresiones permiten que algunos rayos solares escapen durante unos segundos más.
Después aparece uno de los momentos más famosos del eclipse: el llamado anillo de diamantes, que es el destello brillante que se ve justo antes y justo después de la fase de totalidad, y ocurre cuando "por el último valle lunar se escapa un último rayo de Sol". Se trata de uno de los momentos más fotografiados y esperados por los observadores, porque marca de forma muy visual el instante exacto de entrada y salida de la totalidad, y suele durar solo unos segundos.
Cuando ese destello desaparece, la corona solar se revela en todo su esplendor. "Entonces se despliega la corona solar, que además se llega distinguir cómo siguen las líneas del campo magnético solar. Se ha hecho de noche, se ve Mercurio, Venus y algunas estrellas". La reacción de la naturaleza y de los observadores tampoco pasa desapercibida: "las flores cierran sus pétalos, la naturaleza calla, el ser humano se pone a gritar y a llorar de emoción".
Ciencia ciudadana y divulgación
La llegada del eclipse está impulsando numerosas iniciativas divulgativas, y la banda de totalidad a su paso por la península se llenará de grupos astronómicos con actividades abiertas al público. Una de ellas tendrá lugar en Osorno la Mayor (Palencia), el lugar escogido por Mendiolagoitia para presenciar este fenómeno astronómico, donde él y otros aficionados desarrollarán actividades culturales y científicas. "Vamos a hacer una exposición en el centro cultural del pueblo de fotografías de eclipses, y vamos a dar conferencias relacionadas con el eclipse en la historia, en la cultura, las leyendas relacionadas, observación segura del eclipse, también eclipse inclusivo, para personas invidentes", explica.
Además, el equipo aprovechará una de las peculiaridades del fenómeno para poner en marcha un proyecto de ciencia ciudadana. "Desde esta localidad palentina también vamos a lanzar un globo sonda a la estratosfera dentro de un proyecto que hemos ideado de ciencia ciudadana, donde pretendemos aprovechar el gran inconveniente que tiene este eclipse, que es que está tan bajito sobre el horizonte, porque si subimos un globo sonda a la estratosfera, podemos hacer una fotografía del Sol eclipsado sobre el horizonte de la Tierra, y la sombra de la Luna sobre España".
Para el divulgador, el eclipse constituye una oportunidad única para acercar la astronomía al gran público. "Un eclipse total de Sol, como llama mucho la atención y se le da mucha publicidad, es un marco excepcional para divulgar astronomía. No hay otro evento astronómico que genere semejante atención y donde tengamos semejante capacidad de poder contar lo maravilloso que es el universo".
Varias personas observan el Sol con unas gafas especiales en A Coruña. PAULA FERNÁNDEZ / EFE
Seguridad, ante todo
Junto a la emoción, los expertos insisten en un mensaje fundamental: la observación debe realizarse siempre con seguridad. "La seguridad es fundamental. A nadie en su sano juicio se le ocurre mirar al Sol un día cualquiera, pues durante un eclipse estás haciendo lo mismo", advierte Mendiolagoitia.
Entre los métodos más sencillos recomienda la observación indirecta mediante proyección. "La mejor manera de observarlo es proyectando la imagen, y para eso solo hace falta un folio, que hace las veces de pantalla, y una espumadera de cocina. En el eclipse verás un eclipse por cada agujero de la espumadera proyectado en el folio. Das la espalda al Sol y proyectas con la espumadera sobre el folio".
También alerta sobre el uso de teléfonos móviles y cámaras. "Puedes cargarte el sensor del móvil enfocándolo al sol". Por eso propone una alternativa mucho más segura y también más simpática: "La mejor manera de usar el móvil es ponerlo sobre un pequeño trípode y apuntarse a uno mismo, para luego ver sus reacciones ante el eclipse".
Una recomendación que encaja con la experiencia de quien ha dedicado buena parte de su vida a perseguir eclipses por el planeta. Quizá por eso sabe explicar tan bien lo que engancha de estos fenómenos. Porque cuando la Luna apaga el Sol durante unos minutos y el día se convierte en noche, la astronomía deja de ser una disciplina científica para convertirse en una experiencia difícil de olvidar. Y el próximo 12 de agosto, España tendrá el privilegio de vivirlo en su propio cielo.