La batalla de Trump con China por la hegemonía en Latinoamérica: claves para (intentar) entender sus pasos
- Estados Unidos es el primer socio comercial de América Latina pero el gigante asiático está al acecho
- Pekín ya ha anunciado que "continuará profundizando" en su relación con Latinoamérica "incluida Venezuela"
Si la relación entre Estados Unidos y China fuera la escena de una película, tendría los ingredientes de un thriller: tensión, giros de guion y mucho suspense. Dos antagonistas fijando sus miradas, con música intrigante de fondo y, en medio, un tercer personaje que los dos quieren controlar: América Latina.
La rivalidad entre Washington y Pekín se ha intensificado tras la decisión del presidente Donald Trump de atacar Venezuela. Sudamérica se ha situado así, sin buscarlo, como pieza decisiva en el tablero global. El avance de China en América Latina ha sido uno de los fenómenos recientes más constantes y menos atendidos de la política internacional.
De momento, China ya ha dejado claro que mantiene intacta su cooperación con América Latina "incluida Venezuela". Lo ha asegurado el portavoz del ministerio de Exteriores de China, Mao Ning, hace solo unos días. "Todos los países de América Latina son Estados independientes y soberanos, y tienen pleno derecho a elegir de manera autónoma a sus socios", enfatizó el portavoz.
Precisamente sobre Venezuela, Donald Trump ha afirmado recientemente, en una reunión con varias petroleras, que China solo podrá comprar crudo venezolano bajo el control de Estados Unidos. Se trata de un mensaje para los empresarios estadounidenses pero, también, para Pekín. En opinión del exdirector del Observatorio de la Política China, Xulio Ríos, los pasos de Trump "tienen mucho que ver con la marginación de la influencia china en Latinoamérica".
El interés de China no es un secreto
Hay tres momentos recientes en los que el gigante asiático ha hecho público su plan para América Latina, como recuerda a RTVE Noticias el experto Xulio Ríos. "En 2008, Pekín estableció por primera vez esa hoja de ruta. Y la han actualizado dos veces: en 2016 y en 2025", señala Ríos. En esos tres textos, China ha dejado por escrito su intención de anticiparse a los cambios que pudieran darse en la política exterior de la Unión Europea y, principalmente, de Estados Unidos.
Pekín ha ido tejiendo una red de intercambios comerciales, inversiones y financiación que sitúan a la República Popular China en una posición privilegiada entre la región latinoamericana donde ha encontrado mercados, recursos y socios para su expansionismo. La economista experta en Asia, Alicia García-Herrero, apunta a RTVE Noticias que es ingenuo "pensar que a China solo interesa el Pacífico porque sus ambiciones son globales". Y añade que su presencia en América Latina "va en línea con lo que ha hecho por todo el planeta para posicionarse".
La importancia de América Latina para China no se explica únicamente por el volumen del comercio, sino por su carácter estratégico. La región es una de las grandes reservas mundiales de recursos naturales y un proveedor esencial para la economía china. Además, los 650 millones de habitantes latinoamericanos representan un mercado con gran potencial, especialmente para sectores como la tecnología, el transporte y las energías renovables.
Más allá de los números, América Latina ofrece a Pekín "una diversificación para reducir riesgos", como subraya el colaborador de la Casa Asia, Xulio Ríos. En un contexto de tensiones comerciales con EE.UU. y Europa, la región ofrece un espacio donde proyectar su economía. Además, tiene un efecto recíproco porque China, asevera Ríos, "constituye para la región latinoamericana una especie de seguro de demanda".
Dos décadas para consolidar su relación
La presencia china en Latinoamérica no se ha construido con bases militares ni discursos ideológicos. Se ha levantado con contratos millonarios, grandes puertos marítimos, préstamos financieros, acuerdos comerciales y toneladas de materias primas que el gigante asiático necesita del llamado "patio trasero" de Estados Unidos.
El crecimiento acelerado en las últimas décadas de la economía china hizo disparar la demanda de materias primas y América Latina respondió con abundante oferta. Brasil y Argentina son grandes proveedores de soja; Chile y Perú les ofrecen un cobre esencial en la electrificación, la industria tecnológica y la transición energética; Venezuela y Brasil se integraron como suministradores energéticos. Y hay que destacar el litio del llamado “triángulo” sudamericano (Argentina, Bolivia y Chile) que se ha convertido en un recurso esencial para la producción de baterías y vehículos eléctricos chinos.
Además de los lazos comerciales, también llegó la inversión directa. Empresas chinas, muchas de ellas estatales, han adquirido activos estratégicos en sectores clave. El energético fue uno de los principales: centrales hidroeléctricas en Ecuador, parques solares en Chile, proyectos petroleros en Venezuela o redes de transmisión eléctrica en Brasil. Las infraestructuras se convirtieron en otro eje central, "con inversiones en puertos, carreteras, ferrocarriles y telecomunicaciones", como apunta el economista Jorge Fonseca.
A cambio de todo esto, China inunda los mercados latinoamericanos con productos manufacturados, desde bienes de consumo hasta maquinaria industrial y tecnología.
Y no se puede olvidar la financiación. A través de bancos públicos, Pekín ha concedido miles de millones en préstamos a gobiernos latinoamericanos. Estos créditos son una alternativa a los organismos financieros tradicionales y, a menudo, están ligados a contratos de suministros de materias primas. Para países con dificultades de acceso a los mercados internacionales, China es un socio clave.
El resultado de esa triple vía —comercio, inversión y financiación— ha asentado una presencia económica muy transversal que hace que sea difícil de revertir sin costes elevados para ambas partes.
¿China o EE.UU? Latinoamérica, en un brete
En estos días se ha conocido que China cerró 2025 con un superávit comercial de 8,51 billones de yuanes (más de un billón de euros). La cifra supone un 20% más que el año anterior, gracias a que sus exportaciones crecieron a un ritmo del 6,1%, mientras que las importaciones avanzaron apenas un 0,5%. Los acuerdos del país asiático con América Latina han impulsado también estos datos.
En el año 2000, China apenas representaba el 1,7% del comercio exterior latinoamericano. En 2024, el intercambio superó los 518.000 millones de dólares (unos 445.000 millones de euros). En poco más de dos décadas, el país asiático se ha convertido en el segundo socio comercial de la región latinoamericana e, incluso, en el primero en varias de economías como Brasil, Bolivia, Perú, Chile o Uruguay.
A pesar de todo, América Latina mantiene una relación comercial mucho más intensa con Estados Unidos que con China. La nación de Donald Trump exporta a suelo latinoamericano casi el doble que la de Xi Jinping. El saldo comercial —exportaciones menos importaciones— sigue siendo más beneficioso para EE.UU., pero eso no evita que la Casa Blanca pretenda obstaculizar los planes expansivos de China.
Según Xulio Ríos, la ofensiva de Trump en América Latina obligará a los países de la región a posicionarse. "Van a tener que elegir si colaboran o no con China y eso es muy significativo porque, de alguna manera, Estados Unidos es el palo y China es la zanahoria", explica. Por el momento, las naciones no se mueven como vemos con Argentina. Su gobierno, el de Javier Milei, está totalmente alineado con Trump, pero "eso no se traduce en una merma de su necesaria relación con China", añade Ríos.
La doctrina Monroe, con 'D' de Donald
Para entender el presente es necesario mirar al pasado. Echamos la vista atrás hasta un concepto que, ahora, Donald Trump ha reinterpretado: la llamada Doctrina Monroe. En 1823, el presidente estadounidense Monroe lanzó un mensaje claro a la Europa colonialista: América debía ser para los americanos. Esta idea le ha servido a Estados Unidos para justificar algunas de sus intervenciones más polémicas en América Latina como la separación de Panamá y Colombia.
Según el economista y coautor del libro 'El mundo está desencajado', de Jorge Fonseca, la doctrina Monroe "nunca fue abandonada, como lo demuestran las ocupaciones militares, la promoción de golpes de Estado o las desestabilizaciones" en América Latina, por ejemplo, en Haití o Nicaragua. En opinión de Fonseca, ahora ese principio "está siendo relanzado en una versión descarnada por parte de Trump".
La versión impulsada por el inquilino de la Casa Blanca ha marcado un cambio de tono. Washington ha trasladado la rivalidad global al hemisferio occidental al señalar a China como un actor incómodo cuya presencia en América Latina debe ser frenada o, al menos, contenida.
Para Pekín, el principal riesgo es un entorno político más hostil. Vetos a empresas chinas, revisión de contratos, presión diplomática sobre gobiernos latinoamericanos y campañas de descrédito salen a la palestra. Y para el resto del mundo, se debilitan los marcos multilaterales tradicionales. La presión que puede ejercer EE.UU. sobre naciones latinoamericanas, con aranceles u otras medidas, hace que tenga en buena medida la sartén por el mango.
Con Trump, la doctrina 'Donroe', ahora con 'D' de Donald, ha adquirido un giro geopolítico en un mundo radicalmente distinto al de 1823. China no es un actor marginal y América Latina no es un espacio sin alternativas. Ya no se trata de frenar a potencias coloniales europeas, sino de limitar la influencia de China (y también de Rusia) en una región que Washington considera estratégica en un contexto de rivalidad global. La economista Alicia García-Herrero hace esta lectura: "Con Trump, se acabó para EE.UU. tener países cerca dependientes de China".
El ataque a Venezuela: un aviso a navegantes
La intervención estadounidense en Venezuela para detener al presidente Nicolás Maduro ha sido interpretada por muchos analistas como un aviso estratégico más amplio. El director del Instituto Franklin-UAH y autor del libro 'Trumpismo y reconfiguración global', José Antonio Gurpegui, apunta a RTVE Noticias que "el destinatario principal del mensaje es China". Y añade Gurpegui, catedrático de Estudios Norteamericanos, que con el ataque "ya sabemos lo que Estados Unidos está dispuesto a hacer para blindar la región sudamericana". De hecho, subraya, "las quejas rusas o chinas por la intervención en Venezuela han sido con la boca pequeña".
Coincide con estas reflexiones la economista experta en Asia, Alicia García-Herrero. Asegura que "China no ha reaccionado de manera fuerte porque sabe que no es el momento de crear ruido viendo que Trump se siente fuerte". No obstante, "eso no quiere decir que Pekín esté dispuesta a perder las grandes inversiones que tiene en la región", dice García-Herrero.
Nicolás Maduro y su esposa, de camino al tribunal federal de Nueva York tras su detención, el pasado 5 de enero. EFE
Trump dio un puñetazo en la mesa con la captura de Maduro en Venezuela dejando descolocado a todo el mundo, incluida China, con la que tiene una especie de tregua que ahora se tambalea. García-Herrero está convencida de que "el presidente estadounidense no quiere romper esa tregua, aunque sí ponérselo difícil sin romper la baraja".
Riesgos contenidos para Pekín
La pregunta, tal y como está el patio, es oportuna: ¿Está en riesgo la influencia de China en América Latina? A corto plazo, su posición parece sólida. Los vínculos económicos son profundos y están respaldados por intereses mutuos. Sin embargo, existen dos riesgos evidentes.
El primero es político: cambios de gobierno que puedan traducirse en revisiones de acuerdos o en un mayor alineamiento con Washington. El segundo es económico: la dependencia de materias primas expone tanto a China como a América Latina a la volatilidad de los precios internacionales.
El economista Jorge Fonseca, en conversación con RTVE Noticias, cree que "el papel futuro de China en América Latina podría reducirse, principalmente, en las inversiones de ciertas infraestructuras y quizás en minería", pero añade que "en otras áreas y en el comercio será más difícil desplazarla".
Pekín es consciente de estas vulnerabilidades y ha comenzado a reajustar su estrategia. Su apuesta son proyectos de mayor valor añadido, cooperación tecnológica o programas culturales para ejemplificar un intento por reforzar su imagen como socio a largo plazo, más allá del mero intercambio comercial. Además, a medio plazo se abren varios escenarios factibles:
- Una continuidad pragmática, con una competencia contenida entre Estados Unidos y China.
- Una polarización creciente, que obligue a los países latinoamericanos a tomar partido en ámbitos estratégicos.
- Un as en la manga para América Latina que podría intentar aprovechar la rivalidad entre EE.UU. y China para negociar mejores condiciones.
El catedrático de Estudios Norteamericanos José Antonio Gurpegui apunta que a China "le conviene mucho mantener su influencia en América Latina para su nueva Ruta de la Seda"; en particular dos infraestructuras clave: "el puerto que tienen en Brasil y el macro puerto que están construyendo en Perú", el de Chancay. Además, no se puede tampoco obviar un punto que señala el catedrático y que puede suponer más piedras en el camino: "A raíz de los resultados electorales que estamos viendo últimamente en Chile, Argentina o El Salvador, sin duda una buena parte de Latinoamérica está apostando por seguir la estela de Trump".
No está de más poner también el ojo en Colombia. Fonseca señala que el país al este de Venezuela "está en el punto de mira de Trump por su petróleo no explotado en la Amazonia y su posición geoestratégica". "La excusa del tan denunciado tráfico de drogas puede servir al presidente de Estados Unidos para actuar. Le facilitaría a Estados Unidos el control del Canal de Panamá y le daría acceso al corredor entre el Pacífico y el Atlántico", asevera Fonseca.
Lo que vaya a suceder ahora, solo Trump lo sabe. Groenlandia, Irán, Venezuela, Colombia, Cuba... El presidente de Estados Unidos es imprevisible. Como inquilino de la Casa Blanca tiene fecha de caducidad, pero su forma de gobernar se puede heredar. El director del Instituto Franklin-UAH José Antonio Gurpegui tiene claro que "una cosa es Donald Trump y otra es el 'trumpismo'. En su opinión, aunque el presidente termine su mandato "no significa que sus maneras no puedan perdurar" con quien se suceda.
Está por ver cuál será el futuro más próximo de la geopolítica. Dice un proverbio chino que "cruzaremos el camino tanteando las piedras" (摸着石头过河). Sería el equivalente a este refrán: "Cuando lleguemos a ese río, cruzaremos ese puente".