En política hay algo que sigue sin tener límite de edad: el poder. Donald Trump cumple 80 años este domingo; y en entre las grandes potencias hay muchos líderes superando los 70 y ninguno parece tener prisa por dejarlo.
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, ha sido recibido con todos los honores en Pekín. El líder ruso y su homólogo de China, Xi Jinping, han condenado los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, una semana después de la visita del presidente estadounidense, Donald Trump, al país asiático.
Putin y Xi han firmado este miércoles una declaración conjunta para el fortalecimiento de la cooperación estratégica y una profunda asociación, en un momento en que las relaciones bilaterales, según el mandatario chino, se encuentran "en el nivel más alto de su historia", con la energía y la conectividad como "piedra angular".
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, inicia este martes una visita de dos días a China, donde tiene previsto reunirse con su homólogo Xi Jinping, en un viaje sobre el que Moscú tiene "serias expectativas".
Se trata de la 25ª visita de Putin a China y se produce tras el viaje de la semana pasada del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo que confirma la hegemonía de Pekín en la escena internacional.
Por el Indopacífico pasa más de la mitad del comercio marítimo mundial. Conecta dos océanos y comprende parte de África, Asia y Oceanía. Es una región con industrias clave para el desarrollo tecnológico. EE.UU. y China llevan años disputándose su control.
La coacción económica o las presiones diplomáticas también son armas en este conflicto. Lo vemos en Taiwán. China la reclama pero depende militarmente de EE.UU. La isla es la línea roja de China. Xi Jinping se lo ha recordado a Trump en la última cumbre. Y ahora el estadounidense valora si seguir apoyándoles.
La superioridad militar de Washington y su influencia global aún le permiten marcar las reglas del juego. Pero Pekín recorta distancias y condiciona cada vez más el tablero.
Foto: White House Press Office/Europa Press — Donald Trump y Xi Jinping
Trump evita concretar si aprobará el último paquete milmillonario de venta de armas a Taiwán, anunciado en diciembre. La situación de la isla autogobernada, reivindicada por Pekín y apoyada por Washington, ha sido uno de los puntos espinosos de su reunión con Xi Jinping.
FOTO: White House Press Office / Zuma Press / Europa Press / ContactoPhoto
El presidente norteamericano, Donald Trump, ya está rumbo a EE.UU. después de su visita oficial de dos días a China en la que se han producido menos avances de lo esperado, pero que sí ha servido para calmar los ánimos de una tensa relación bilateral y establecer las bases de una nueva relación estratégica.
En esta segunda jornada, Trump ha visitado junto a Xi Jinping el Zhongnanhai, el recinto infranqueable de un millón de metros cuadrados, que alberga a la cúpula del Partido Comunista y del Gobierno chino. Para romper el hielo, Xi Jinping ha guiado a su homólogo estadounidense por el jardín imperial Jinggu y presumido de uno de los hermosos legados de China: sus árboles centenarios.
Zhongnanhai es un lugar exclusivo, Trump lo sabía y ha hecho esfuerzos por valorar la invitación a un lugar solo visitado por su predecesor, Barack Obama. Como última parada entre ambos líderes, un té ofrecido por el líder chino, el momento en el que ambos ha hecho balance de una visita también marcada por la cuestión de Taiwan. "Hemos establecido una nueva relación entre los dos países, constructiva, estratégica y estable", ha concluido Xi. "Ha sido una visita increíble. Hemos hecho algunos acuerdos comerciales fantásticos", se felicitaba el norteamericano, quien ha asegurado que, de momento, China se ha comprometido a comprar aviones Boeing, petróleo y soja a Estados Unidos.
Los presidentes de China, Xi Jinping, y Estados Unidos, Donald Trump, se han reunido este viernes por segundo y último día en el marco de la visita oficial del estadounidense a Pekín.
Ambos han hablado de relaciones bilaterales, Irán, economía y Taiwán, pero Trump vuelve a su país sin acuerdos claros.
Los presidentes de China, Xi Jinping, y Estados Unidos, Donald Trump, se han reunido este viernes por segundo día consecutivo, en el marco de la visita oficial del estadounidense a Pekín. Si el jueves las conversaciones estuvieron dedicadas a la relación bilateral, la economía y Taiwán, en esta ocasión se han centrado en la guerra de Irán.
"Tenemos una opinión muy similar sobre Irán - ha declarado Trump - Queremos que se acabe y no queremos que tengan un arma nuclear y queremos que el estrecho de Ormuz se abra". En una entrevista el jueves con la cadena Fox, Trump ha asegurado también que Xi se ha comprometido a no enviar equipo militar a Teherán y que "le encantaría ayudar" a resolver el conflicto.
Xi no ha hecho declaraciones, pero su Ministerio de Exteriores ha mostrado en un comunicado el malestar de China por la guerra. "Esta guerra, que no debería haber ocurrido, y no hay ninguna necesidad de que continúe", ha indicado Exteriores.
China ha pedido reabrir Ormuz cuanto antes y que no se cierre la puerta al diálogo. Pekín defiende que las partes deben consolidar la actual "tendencia de distensión" y mantener la vía de una solución política.
El diplomático Rafael Dezcallar fue seis años embajador de España en China. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acababa de pasar por allí. Mucho ha cambiado desde entonces.
"China ha apostado por el desarrollo tecnológico y ha alcanzado niveles en ciertos sectores muy impresionantes. Aunque hay otros como los semiconductores o la inteligencia artificial en que Estados Unidos todavía está por delante en investigación de punta", ha apuntado Dezcallar.
En su segunda visita oficial, el presidente norteamericano, Donald Trump, le ha dicho dice a su homólogo chino, Xi Jinping, que es "un gran honor estar con él" y le ha agradecido el recibimiento que le ha brindado en Pekín. En el banquete celebrado en el Palacio del Pueblo, le ha invitado a visitar la Casa Blanca el 24 de septiembre.
Por su parte, Xi Jinping, ha insistido en que las dos potencias deben ser socios y no rivales a pesar de que es una relación marcada históricamente por la tensión y la desconfianza. No obstante, ambos líderes han coincidido en hablar de una visita histórica y de que es la relación bilateral más importante del mundo. Además, Trump ha dicho que su relación va a ser mejor que nunca algo que, por oro lado, a los chinos les cuesta creer después de que Trump aumentara los aranceles a China inmediatamente después de su última visita al país, siendo presidente en su primer mandato.
Los mandatarios también han hablado de Irán, Ucrania y Taiwán, la gran línea roja de Pekín, que Xi ha dejado muy clara a Trump: es el asunto más importante entre China y Estados Unidos y si se maneja mal podría llevar a un choque entre los dos países e incluso derivar en un conflicto. Un aviso para que Washington deje de vender armas a la isla que China pretende anexionarse en un futuro.
La jornada inaugural del viaje de Donald Trump a China y su reunión de dos horas y cuarto con Xi Jinping dejan una primera impresión de esta cumbre histórica: China halaga al republicano para relajar las relaciones bilaterales y hacer negocios, pero sin olvidar el centro de sus preocupaciones, que es Taiwán.