Rafael Dezcallar, diplomático español: "China quiere acabar con la dependencia de EE.UU."
- Dezcallar fue embajador de España en China entre 2018 y 2024
- Analiza los cambios producidos entre las dos visitas de Donald Trump a Pekín.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pisa China nueve años después de su primera visita al gigante asiático, donde también se reunió con su homólogo Xi Jinping, quien en aquel entonces presumió de los "miles de años ininterrumpidos" de civilización china.
El mandatario republicano ha viajado a Pekín, después de su predecesor en el cargo, el demócrata Joe Biden (2021-2025), no visitara China durante su mandato. Barack Obama (2009-2017) sí que lo hizo hasta en tres ocasiones durante sus ocho años en el poder.
El diplomático Rafael Dezcallar, embajador de España en China entre 2018 y 2024, analiza en una entrevista con RTVE los cambios experimentado en el país asiático desde el último viaje de Trump, con un gran desarrollo tecnológico y la dependencia de los mercados globales para exportar.
PREGUNTA: ¿Cuál es el cambio más importante que ha experimentado China en estos diez años? ¿Es hacia adentro o hacia afuera?
RESPUESTA: En ambos sitios. China ha apostado por el desarrollo tecnológico y ha alcanzado niveles en ciertos sectores muy impresionantes. Aunque hay otros como los semiconductores o la inteligencia artificial en que Estados Unidos todavía está por delante en investigación punta.
Pero también es hacia afuera, porque China depende completamente de los mercados globales para su modelo exportador, que es lo que mejor funciona en este país ahora mismo. Y tiene un problema de deflación serio y el consumo interno sigue siendo muy bajo.
La gente espera el autobús una hora antes del paso de la comitiva del presidente Donald Trump en Pekín GREG BAKER / AFP
P: ¿Son cambios bruscos o progresivos?
R: Son progresivos. Por ejemplo, en el tema de la tecnología son consecuencia de una apuesta a largo plazo, con perspectiva de planificación a muchos años e incidiendo en la educación, en la calidad de los centros de investigación, en la identificación de sectores en los que China quiere reducir y eliminar su dependencia de los Estados Unidos. Tanto la tecnología como la economía comparten una política: lo fundamental es no depender de Estados Unidos.
P: ¿China todavía necesita a Estados Unidos?
R: Sí, todavía. El objetivo de China es dejar de necesitarlo, porque ante todo lo ve como una confrontación de poder. Y la dependencia es falta de poder y lo que quiere es acabar con ella.
“La guerra comercial ha tenido efectos negativos para todos“
P: ¿Qué efectos ha tenido la guerra comercial lanzada por Trump?
R: Yo creo que ha tenido efectos negativos para todos, incluido Estados Unidos. Está generando inflación y falta de competitividad de las empresas estadounidenses, que se va a notar a largo plazo. En el caso de China, ha reducido mucho un mercado que era esencial para ella y le ha obligado a ellos, y a todos los demás que estamos afectados, a buscar alternativas.
Hay que pensar que Estados Unidos es solamente el 13 % del comercio global, de modo que se han generado alternativas distintas, como por ejemplo lo que la Unión Europea está haciendo con los acuerdos con Mercosur y la India; o con Canadá y China, que son dos países que habían tenido grandes problemas y han llegado a un acuerdo comercial. También está haciéndolo con Brasil, México y otros países.
Y, en general, ha producido un efecto más global, más amplio, que es la erosión de la globalización, porque está basada en la confianza. Con la globalización, se reducían los costes y el objetivo de construir cadenas de valor más baratas era reducir los costes e incidir, sobre todo, en la eficiencia. Eso se producía porque había confianza entre los actores. Cuando se reduce este punto intervienen los factores de seguridad y esos suponen costes adicionales que antes no se consideraban. Pero eso no significa que la globalización haya desaparecido, ni mucho menos, porque sigue habiendo una interdependencia muy profunda entre China y Estados Unidos o entre todos los actores principales que hace que la globalización se erosione, pero no desaparezca.
P: ¿Usted diría que China en estos diez años ha ido ganando esa guerra comercial?
R: Yo creo que China, que depende mucho de los mercados exteriores, mucho más que Estados Unidos, se ha ido adaptando, se va adaptando a la situación y ha sido capaz, sobre todo, de reinventarse. Y está cambiando de un modelo de exportación de todo tipo de productos como industria del mundo a centrarse en los de alta tecnología, que son los que tienen más valor añadido y los que, además, le permiten dejar de depender tecnológicamente de Estados Unidos.
P: ¿Cuáles son los mayores problemas de China?
China tiene un problema serio de falta de consumo, de falta de confianza de los consumidores. Estructuralmente, siempre ha tenido un consumo mucho más bajo que Estados Unidos o Europa. Han incidido más en la oferta que en la demanda. Y ahora mismo ese problema se ha acentuado por la desconfianza que ha generado la burbuja inmobiliaria, por el problema de la crisis demográfica en China, que está generando problemas estructurales serios en la economía o incluso por otros factores permanentes, como por ejemplo la debilidad de los servicios sociales, que hace que la gente tenga que ahorrar para poder enfermar o para las pensiones cuando lleguen a ser mayores.
Soldados ensayan la ceremonia de bienvenida del Donald Trump en Pekín AP Photo/Mark Schiefelbein
R: ¿Cómo ha cambiado el Ejército Popular de Liberación?
El Ejército ha avanzado mucho. Tienen un programa de rearme con un ritmo de crecimiento del gasto de defensa anual del 7 % aceptado por China que probablemente es mucho mayor, con el objetivo de crear un complejo militar industrial. Todo está enfocado a Taiwán y al mar del Sur de China. El objetivo de China no es competir militarmente con Estados Unidos. Globalmente, Estados Unidos tiene una red de bases militares y de alianzas impresionante que China no tiene.
El objetivo de China es generar una superioridad de teatro en la zona adyacente a su territorio en torno a Taiwán y al mar del Sur de China. Y ahí está colocando todos sus recursos de misiles de nueva flota ampliada, de aviones, de ciberguerra, de inteligencia artificial... todo lo que puede.
P: ¿Es eso un movimiento imperial?
R: Yo diría que es un movimiento destinado a generar una situación en la que China considera que no tiene otra opción para recuperar Taiwán, que pueda estar en condiciones de utilizar la fuerza con garantías de ganar un conflicto con los Estados Unidos.
P: ¿Cree que eso es posible en los próximos diez años?
R: Bueno, han llevado a cabo maniobras repetidamente que están dirigidas a eso, a crear un cerco en torno a un bloqueo de Taiwán y han lanzado misiles por encima de la isla dirigidas a contrarrestar posibles flotas estadounidenses que vinieran en su ayuda. Pero la guerra no es el objetivo de China. Su objetivo es lograr una reunificación pacífica. Eso es el plan B en caso de que no funcione el primero. Y además, recientemente ha habido una serie de purgas en las Fuerzas Armadas chinas que hace que no estén en su mejor momento.
P: ¿Qué ha cambiado políticamente?
R: Xi ha ido a la concentración de poder en el partido. El partido comunista, como dice una resolución de un Congreso, lo domina todo: el este y el oeste, el norte y el sur. Y dentro del partido, todo queda en las manos del secretario general, de Xi Jinping. Y eso crea sus problemas, porque evidentemente en el partido siempre ha habido facciones y sigue habiéndolas. Y hay gente que no está muy contenta con esto, porque además crea un vacío en torno a Xi. De modo que si hubiera, por ejemplo, una crisis de liderazgo o un problema de salud, o de algún fracaso político importante, pues se generaría una lucha de poder entre facciones que ahora mismo no tienen una posición especialmente favorable ni cercana, con lo cual sería un todos contra todos y podría debilitar seriamente y crear inestabilidad interna en el partido.
P: ¿Tiene límite el crecimiento de China?
R: Por supuesto, hay límite. Tiene problemas serios, el declive demográfico significa que, si todo sigue como hasta ahora, a fin de siglo la población china se habrá reducido a la mitad de la actual y eso tiene efectos económicos enormes. Hay también un problema de deflación que deriva de la política económica del partido, dirigida sobre todo al sector de la oferta y descuidando la demanda. El partido tendría que introducir medidas de estímulo de la economía que no está haciendo, precisamente porque su filosofía no es esa, no es generar más consumo, sino seguir concentrándose en la oferta. China, además, tiene una dependencia enorme de los mercados globales. Decía antes que China quiere reducir la dependencia de Estados Unidos. La tecnología la está reduciendo, pero en cambio está aumentando su dependencia de los mercados globales.
P: ¿Hay alguien que pueda cambiar el rumbo de China?
R: Ese es justamente el objetivo de China, de toda su política desde hace muchos años. Es precisamente eso: evitar depender de las decisiones de un presidente de Estados Unidos. Ahora bien, un líder de Estados Unidos tiene mucha influencia y resortes en la mano que pueden condicionar de forma muy importante las decisiones de China. Pero no tanto como para que el país asiático esté obligada a seguir lo que le impone un presidente estadounidense. Toda la política de China, todo el desarrollo como país, toda la visión política del partido, está dirigida justamente a evitarlo.