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El calor extremo flexibiliza el veto al aire acondicionado en Europa por salud pública y dispara su demanda

  • La demanda de equipos de aire acondicionado ha crecido este verano en Europa un 100%
  • El consumo energético por refrigeración se ha duplicado en cinco años
Europa relaja el veto al aire acondicionado por el calor extremo
El aire acondicionado se percibe en muchos países europeos como un enemigo de la ecología y la lucha contra el cambio climático Jordan Lye / Getty Images

Son las tres de la tarde de un lunes de julio o agosto. Nos situamos en un pueblo cualquiera de Extremadura, Andalucía, Castilla La Mancha o Madrid. Un trabajador regresa a su casa después de un intenso día en la oficina. Pasa delante de una farmacia y el termómetro marca 45 grados. Abre la puerta de su vivienda y lo primero que hace es buscar el mando del aire acondicionado. Pone en marcha el aparato y en unos pocos minutos consigue pasar de un calor sofocante a una temperatura que empieza a ser confortable.

Esa escena, hasta hace poco excepcional y que solo se veía en los días más calurosos del verano en la España interior ya se ha convertido en algo habitual por el cambio climático. Y lo más llamativo es que empieza a extenderse no solo en el litoral español y las islas Canarias y Baleares, sino también fuera de nuestro país.

Verano y calor insoportable son dos términos que cada vez están más unidos en más países de Europa. Las temperaturas extremas en el periodo estival que llevan aparejadas olas de calor mortales ya no solo afecten a los países mediterráneos como España, Portugal, Italia o Grecia. En otros como Francia, Alemania, Bélgica, Austria, Finlandia o Reino Unido, el uso de aire acondicionado ha pasado a convertirse en una necesidad crítica de salud pública.

De hecho, la necesidad de aire acondicionado está llegando a zonas del Viejo Continente con climas alpinos en las que usar aparatos de frío en casa era algo excepcional, poco habitual e, incluso, mal visto por innecesario.

El calor extremo gana la batalla a la ecología en Europa

La resistencia histórica de los países de Europa central al uso de aire acondicionado no se debe a un simple capricho, sino a una profunda combinación de factores culturales, arquitectónicos, climáticos y ecológicos.

En países como Alemania y Francia, donde hasta hace poco el verano era suave y duraba solo unas semanas, existe una fortísima conciencia ambiental. El aire acondicionado siempre se ha visto como un círculo vicioso climático: consume mucha electricidad y utiliza gases de efecto invernadero para enfriar el interior a costa de calentar aún más la calle.

Culturalmente, además, se prefiere la ventilación natural; existe el mito urbano de que el aire acondicionado provoca resfriados y enfermedades de forma inmediata.

En estos países, instalar una unidad exterior en viviendas requiere estrictos permisos municipales o la aprobación de los propietarios y las comunidades de vecinos debido al impacto estético y a las severas leyes contra el ruido residencial. Además, existen topes legales de temperatura en comercios y oficinas, como la prohibición francesa de encenderlo a menos de 26 grados o con las puertas abiertas, junto con la obligatoriedad europea de retirar los gases refrigerantes contaminantes tradicionales.

Aunque el veto al aire acondicionado sigue vigente sobre el papel, las oleadas de calor mortal que se están viviendo los últimos veranos han llevado a una flexibilización forzada en la práctica y un intenso debate político.

En Europa en lo que llevamos de verano han muerto más de 30.000 personas, dos terceras partes son ciudadanos de Francia y Alemania. Miguel Aguado, divulgador ambiental y docente en la Universidad Europea explica a RTVE Noticias, el porqué: "En España estamos adaptados al calor extremo, pero en los países del centro de Europa no. No tienen toldos, ni ventanas pequeñas, ni la costumbre de no salir a la calle a las tres cuando el calor no es calorcito sino calorazo. A esto sumamos la situación especialmente delicada de personas vulnerables o con pobreza energética y se genera la tormenta perfecta". Por eso, habla el experto de que el calor extremo es "hoy es un problema de salud pública muy grave" porque además de los fallecimientos, hay que hablar de que empeora la calidad de vida del conjunto de la población: "Cualquier persona mayor o bebé con alguna afección o problema respiratorio sufre un empeoramiento de su estado de salud por el calor".

En esos países, con gran tradición ecologista y peso de las formaciones verdes, los políticos están admitiendo públicamente que la climatización ya no es un lujo, sino una necesidad de salud pública para proteger a los ciudadanos vulnerables. Hospitales, residencias de ancianos y centros educativos que carecían de climatización fija en estos países están siendo intervenidos de urgencia ante el aumento de muertes por esta causa en un verano en el que el calor ha causado 3.000 muertes en España.

Jesús Sahún, experto en eficiencia energética y director comercial de Switching Consulting, explica a RTVE Noticias que en Europa se ha producido un auténtico cambio de paradigma: "Durante décadas, muchos edificios europeos se diseñaron para conservar el calor durante el invierno. Ahora el problema es justo el contrario, Europa tiene edificios preparados para el frío, pero no para soportar veranos de 40°C, por lo que las olas de calor han cambiado la visión de Europa". Y va más allá: "Ya no hablamos solo de confort, sino de proteger a personas mayores, niños, enfermos crónicos y trabajadores expuestos al calor".

La normativa europea está en contra del aire acondicionado tradicional

La Unión Europea no quiere financiar ni promover el aire acondicionado tradicional porque consume mucha electricidad y daña la atmósfera. Sin embargo, las olas de calor extremo, y las muertes miles de muertes que han provocado, la han obligado a flexibilizar su criterio.

Sahún matiza que "la normativa europea no pretende prohibir el aire acondicionado, pretende eliminar progresivamente los gases refrigerantes con mayor potencial de calentamiento global y fomenta los nuevos equipos que utilizan refrigerantes mucho menos contaminantes y cada vez más eficientes".

Aguado explica que los objetivos de sostenibilidad de la UE tienen sentido "en el medio y largo plazo". Explica que las instituciones comunitarias por lo que han apostado "con buen criterio" es por sistemas de climatización eficientes: "Que las viviendas tengan sistemas de ventilación natural y buenos aislantes, en lugar de utilizar sistemas mecánicos como el aire acondicionado que presentan un doble problema: enfrentan un alto consumo energético y provocan esas islas de calor y que contribuyen a una mayor subida de la temperatura. Eso sí, el primer problema que hay que solucionar es de salud pública".

La solución legal ha sido apostar con miles de millones de euros por bombas de calor, que técnicamente son aparatos de refrigeración más ecológicos. Es lo que se conoce como aires acondicionados bidireccionales.

Un aire acondicionado normal saca el calor de la casa y lo echa a la calle. Una bomba de calor reversible hace exactamente lo mismo, pero tiene una válvula que le permite invertir el circuito. En invierno, absorbe el calor del exterior, aunque haga frío, y lo mete a la casa en forma de calefacción. En verano, invierte el proceso: absorbe el calor de la casa y lo saca a la calle y en la práctica funciona exactamente como un aire acondicionado convencional de alta eficiencia.

Jesús Sahún pone como ejemplo los equipos tipo split inverter, multisplit y la aerotermia porque todos comparten un mismo principio: "Mover el calor de un sitio a otro de la forma más eficiente posible".

De hecho, los gobiernos utilizan los fondos europeos de recuperación para ofrecer ayudas directas y reducciones de IVA (incluso al 0% o 10%) a los ciudadanos que instalen estos sistemas reversibles siempre y cuando tengan los etiquetados energéticos exigidos y usen gases refrigerantes limpios.

La importación de aparatos chinos de aire acondicionado crece un 43% en Europa

El valor del mercado de aparatos de refrigeración en Europa se estima en más de 30.000 millones de dólares, con crecimientos de demanda del 100% y proyecciones de expansión constante impulsadas por el cambio climático y la urgencia de refrigeración instantánea.

Según datos de Eurostat, el consumo energético por aire acondicionado en los hogares de la Unión Europea se ha duplicado entre 2018 y 2024. Chipre, Malta, Grecia, España e Italia lideran el ranking de países que destinan mayor porcentaje de consumo eléctrico al aire acondicionado por su climatología más cálida. Nuestro país es, de hecho, el segundo que más energía total gasta en frío de toda la UE.

Sin embargo, la sorpresa la encontramos en los países donde más ha aumentado la demanda de instalaciones de aire acondicionado. En el número uno de la lista figura Austria, un país de clima alpino donde prácticamente nadie tenía aire acondicionado y que ha experimentado un crecimiento superior al 1000%. Le siguen República Checa, Hungría, Finlandia y Eslovenia.

La importación de aire acondicionado desde China hacia la Unión Europea han crecido un 43% solo durante el primer semestre de este 2026 y se han alcanzado los 3.800 millones de dólares de negocio. Las marcas chinas líderes, como Midea, Gree y Haier, están capitalizando de forma muy agresiva este auge con crecimientos de ventas superiores al 100%.

La baja penetración histórica del aire acondicionado fijo y los altos costes de instalación profesional han generado una demanda sin precedentes de unidades portátiles de uso inmediato, lo que ha provocado que los modelos más populares se agoten por completo en varios canales de distribución.

Listas de espera de seis meses para instalar un aparato de aire acondicionado

La tormenta perfecta entre el aumento extremo de la demanda por el calor y la normativa que promueve equipos de alta eficiencia energética en el marco de una guerra arancelaria ha provocado un cuello de botella sin precedentes en Europa.

La escasez en el mercado de la climatización europeo se concentra en tres frentes críticos: el primero es de la falta de instaladores certificados. Provoca que en países como Alemania o Francia haya listas de espera de entre tres y seis meses para instalar un aparato de refrigeración.

La falta de instaladores dificulta el acceso al aire acondicionado

La falta de instaladores y las roturas de stock están dificultando el acceso al aire acondicionado este verano en toda Europa Elena Popova / Getty

A eso se suma la rotura de stock. Ante la imposibilidad de conseguir instalaciones fijas, los ciudadanos han arrasado con los llamados "pingüinos" portátiles. Los grandes distribuidores europeos se quedan sin inventario en las primeras 48 horas de cada ola de calor.

En RTVE Noticias visitamos una tienda de electrodomésticos perteneciente a una gran cadena. Uno de los empleados nos confirma que "en los últimos cuatro o cinco años el tema del aire acondicionado ha sido una auténtica locura porque cada vez hace más calor. La gente intenta aguantar porque es caro y los aparatos tradicionales gastan mucho, los vendemos sobre todo a empresas de reformas, porque tenemos a nuestros propios instaladores. El resto de gente al final tira más de aparatos portátiles porque son más económicos y se pueden llevar de un sitio a otro de la casa, además cada vez son más eficientes y gastan menos luz".

Y a estos dos factores añadimos la intensa disputa comercial que existe entre la Unión Europea y China por los subsidios a los fabricantes de climatización por parte del gigante asiático. Esto genera retrasos burocráticos en los puertos de entrada europeos, encarece el producto disponible y agrava desabastecimiento justo cuando el continente más lo necesita.

El calor extremo pone en riesgo la transición energética, pero sobre todo pone en peligro la vida de cada vez más ciudadanos europeos. Por eso, un aparato de aire acondicionado que antaño era un producto de lujo se ha convertido en un artículo de primera necesidad.