Una transición tutelada por EE.UU. y un desastre humanitario que lo complica todo: seis meses sin Maduro en Venezuela
- El régimen chavista se ha reconfigurado bajo el liderazgo de los hermanos Rodríguez, que siguen órdenes de Washington
- El doble terremoto que ha asolado parte del país añade incertidumbre a un territorio ya debilitado
Hace seis meses la Casa Blanca anunció el éxito de una "operación extraordinaria" en suelo venezolano. El entonces presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, llevaba tiempo en la diana de Donald Trump y el 3 de enero fue capturado en una acción sin precedentes, acusado de "narcoterrorismo". Ahora el país afronta las consecuencias de un doble terremoto en plena reconfiguración del poder, encabezada por la antes vicepresidenta Delcy Rodríguez; aunque quien mueve los hilos es la Administración Trump, que ya adelantó su intención de "dirigir el país" hasta que se den las condiciones para una transición democrática. La tragedia, sin embargo, puede ralentizar ese proceso.
Nicolás Maduro sigue encarcelado en Brooklyn y ha testificado dos veces ante el juez. "Soy un prisionero de guerra", dijo en su primera comparecencia ante la Justicia, en la que se declaró inocente de todos los cargos que se le imputan. La próxima cita está prevista para el 22 de julio. Mientras tanto, los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, lideran un nuevo gobierno bajo la batuta de Washington, en el que los pesos pesados del madurismo han desaparecido de la primera línea y se han llevado a cabo medidas aperturistas.
Ahora, en mitad del caos desatado por los seísmos —que han causado al menos cerca de 2.000 muertes—, crecen las críticas por una respuesta gubernamental que algunos tachan de lenta e ineficaz y que evidencia la debilidad del Estado venezolano.
El régimen se reconfigura
La captura de Maduro condujo a una reconfiguración del poder chavista. "El régimen en principio no ha cambiado, pero sí se ha observado un desplazamiento de las personas más cercanas y leales a Maduro, que han sido sustituidas por leales a los Rodríguez o a (el ministro de Interior y Justicia) Diosdado Cabello, en una repartición de poder que sigue presente", explica a RTVE Noticias la profesora de ciencia política de la Universidad Federal de Pelotas Dhayana Fernández-Matos.
Entre las más sonadas, está la destitución del exministro de Defensa Padrino López, desplazado tras 11 años en el cargo. A su salida, le siguieron otros cambios en la estructura militar, aunque López no abandonó el gabinete: ahora ejerce como ministro de Agricultura, lo que es sin duda "una pérdida de poder" dentro del Ejecutivo. Rodríguez también reestructuró las carteras de Transporte, Trabajo o Energía Eléctrica; nombró a Paula Henao como ministra de Hidrocarburos y puso a Luis Villegas al frente de Industrias y Comercio.
También cesó al empresario Alex Saab, colaborador cercano de Maduro, y resonó la renuncia del exfiscal general Tarek William Saab, un histórico del chavismo que llevaba en el cargo desde 2017. Ahora bien, Fernández-Matos señala que "la práctica de reacomodar y mover a las personas afectas al régimen no ha cambiado" y subraya que no se ha abierto la puerta a figuras no afines al nuevo ala que dirige el régimen. De hecho, menciona que existieron "convocatorias públicas" para liderar la Fiscalía y la Defensoría del Pueblo y que, pese a que otros candidatos presentaron sus credenciales, los elegidos fueron "afectos al régimen".
"Ha habido un cambio de guardia que se ha ido apuntalando estos meses", señala a RTVE el profesor de La Trobe University Raúl Sánchez Urribarri, que menciona un "reemplazo de las élites maduristas por otras más afiliadas a lo que se conoce como 'Rodrigato', pero también "un reacomodo de fuerzas", como ocurre con Diosdado Cabello. Todo ello con la actuación de un eje externo: "una relación de cuasi tutelaje con la Administración Trump".
Nicolás Maduro y su mujer, Cilia Flores, a su llegada a EE.UU. tras ser capturado XNY/Star Max XNY/Star Max/GC Images
La mano de Trump
"Ahora más que nunca en Venezuela gobierna EE.UU.", dice la historiadora y analista política Margarita López Maya, que asegura que el desastre tras los seísmos pone en evidencia al Ejecutivo. "No tiene capacidad para gestionar una sociedad compleja y en crisis humanitaria. Si algo demuestra este terrible sismo es que no saben qué hacer; están entregados a las órdenes de Washington", sostiene. "Si la captura de Maduro y el fraude en los últimos comicios no sirvieron, creo que esto debe convencer de la necesidad urgente de un Gobierno que tenga legitimidad", añade.
La mano de Trump lleva desde enero moviendo los hilos a su antojo y, aunque tendió la mano a los hermanos Rodríguez, su influencia es evidente. Estados Unidos insistió en que todos los presos políticos debían ser excarcelados, así que el Gobierno venezolano promulgó una Ley de amnistía en virtud de la cual han sido liberados cientos de ellos. Sin embargo, cinco meses después de su puesta en marcha, cerca de 400 siguen en prisión, según la ONG Foro Penal.
Por otro lado, Washington utilizó la lucha contra el narcotráfico como coartada para capturar a Maduro, pero nunca ocultó su intención de controlar el petróleo del país con más reservas del mundo. Atendiendo a sus demandas, el Parlamento venezolano reformó una histórica ley de hidrocarburos con el objetivo de incentivar la inversión privada y extranjera en el sector petrolífero y minero. Esto, sumado a la flexibilización de las sanciones ejercida por EE.UU., ha atraído a empresas de distintas partes del mundo, entre ellas la española Repsol, que ha reanudado sus operaciones allí.
Ambas medidas responden "a la presión estadounidense", señala Fernández-Matos. "Venezuela se ha convertido en lo que algunos llaman un protectorado extractivista y otros una soberanía compartida", continúa la profesora, que subraya que "las decisiones políticas y macroeconómicas más importantes" responden a "orientaciones de EE.UU". Aunque el régimen pretende dar una imagen pública de "supuesta soberanía, lucha y resistencia, en la práctica se somete a las instrucciones de (el secretario de Estado de EE.UU.) Marco Rubio y Trump", ya que "esa es la única manera de sobrevivir en el poder".
Un cambio de modelo en una economía debilitada
Sánchez-Urribarri señala que, aunque "el chavismo sigue en el poder con un proyecto autoritario", se perciben ciertos cambios. "Hay una disminución de la represión a civiles y un cambio en el posicionamiento del Gobierno frente a la disidencia política", señala. Coincide López Maya, que detecta "cierto alivio". "Nos sentimos algo más cómodos al hablar; algunos canales privados de señal abierta de televisión y radio invitan a personas que antes no invitaban, incluso aparece alguna noticia sobre María Corina Machado, y han llegado algunos políticos del exilio", relata.
"Este gobierno empieza a consolidar una visión más desarrollista y ciertamente capitalista, lo que genera grandes contradicciones dentro del chavismo", apunta el profesor de La Trobe, que recuerda que durante décadas, EE.UU. ha sido el gran enemigo de la Revolución chavista y ahora ha pasado a ser su mayor aliado. "Y sucede igual con los cambios económicos. Hay una mezcla de descontento y desconcierto", explica Sánchez-Urribarri, que coincide con el resto de analistas en afirmar que el efecto de las nuevas medidas no ha producido todavía una mejora de las condiciones de vida de los venezolanos.
Venezuela lidia desde hace décadas con la tasa de inflación más alta del mundo y, aunque registró un descenso drástico en el mes de junio, los terremotos asestan un duro golpe a un país que arrastra una profunda crisis desde 2014. Según un sondeo difundido en mayo por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), más del 50% de su población vive en condiciones de "pobreza multidimensional".
Los analistas mencionan la debilidad de las infraestructuras y los servicios del país, así como un sistema de prevención sísmica desmantelado. Recalcan que la zona a la que ha afectado el doble terremoto es una región que históricamente ha registrado actividad sísmica y que se debería haber invertido en prevención. Fernández-Matos asegura que el terremoto ha evidenciado "la desconfianza, prácticamente absoluta, hacia las instituciones públicas de la población", que se reflejó en la "organización espontánea de la sociedad civil" ante la ausencia del Estado.
El abismo electoral y la ausencia de la oposición
Con Maduro fuera del país, la oposición venezolana empezó a vislumbrar su regreso a Venezuela. Pero seis meses más tarde, la líder opositora María Corina Machado no ha vuelto al país del que se exilió a finales de 2025. Su último intento fue tras el doble seísmo. "Ha llegado el momento", aseguró, aludiendo a su "deber" de ayudar a su pueblo, pero después acusó al Gobierno de Delcy Rodríguez de "bloquear" su entrada en un mensaje publicado en redes en el que no mencionó al elefante en la habitación: Estados Unidos. Según medios estadounidenses, ha sido la Administración Trump la que ha disuadido a Machado de volver en este momento en medio de una creciente tensión con la figura de la líder disidente, que llegó a entregar su Nobel de la Paz a Trump.
Washington no tardó en reconocer la victoria de Edmundo González Urrutia —que sustituyó a Machado en la papeleta electoral tras su inhabilitación— en los últimos comicios en Venezuela. Sin embargo, pese a que la opositora haya alabado la intervención estadounidense, Trump no ha contado con ella, al menos por ahora. Aunque más tarde abrió la puerta a "involucrarla" de alguna manera, defendió el mismo día de la captura de Maduro, que "no tiene ni el respeto ni el apoyo dentro del país" y, hasta el momento, la Administración Trump no la quiere de vuelta en Venezuela.
María Corina Machado le entrega la medalla del Nobel a Trump en la Casa Blanca La Casa Blanca
Días antes del terremoto, la opositora y expresidenta de la Asamblea Nacional, Dinorah Figuera, se reunió con Jorge Rodríguez en Caracas con el visto bueno de Washington. Figueras ha dicho que ella no sustituye a Machado, a quien defiende como líder de la oposición, aunque sí reconoce tener "diferencias" con ella. De esta manera, EE.UU. busca "una figura que genere menor resistencia en una eventual negociación con el chavismo", asegura Fernández Matos. "No necesariamente porque represente un liderazgo más fuerte, sino porque se trata de un perfil menos confrontacional".
En EE.UU. "existe una lectura mucho más pragmática de la situación venezolana", argumenta la profesora. Nadie desconoce el respaldo con el que cuenta Machado, pero "otra cosa es asumir que su liderazgo, por sí solo, garantiza la gobernabilidad del país". El chavismo, señala, sigue controlando las instituciones y esas estructuras "no desaparecerán de un día para otro". "Cualquier proceso de transición requiere, además de liderazgo político, capacidad de negociación y condiciones mínimas de gobernabilidad", expone.
"En cuanto a su regreso al país, hoy la prioridad de Venezuela es otra", defiende Fernández-Matos, que alude a la atención a la tragedia humanitaria y la posterior reconstrucción del país. Ocurre lo mismo con el horizonte electoral. "Las conversaciones con Figueras parecían indicar que las elecciones podían ir más rápido de lo que pensábamos, pero entonces ocurrió el terremoto y ahora se ha vuelto una incógnita", sostiene el Sánchez-Urribarri.
Mientras tanto, con la respuesta a la emergencia como excusa, es esperable que el régimen chavista intente retrasar a toda costa la celebración de unos comicios. "No quieren que eso ocurra jamás; están en su propia estrategia de sobrevivir y convertirse en una suerte de imprescindibles para EE.UU.", señala López Maya, quien ve imposible que los Rodríguez "levanten su popularidad". "Con el descontento hacia su gestión, sus posibilidades de imponerse en una contienda electoral son extremadamente reducidas", concluye Fernández-Matos.