De depender del gas ruso a necesitar a EE.UU: el conflicto en Oriente Medio muestra las costuras de la UE por la energía
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¿Recuerdan las llamadas de Bruselas a no bajar el aire acondicionado de 25 grados o la subir la calefacción de 19? ¿El apagado por decreto de los escaparates durante la noche en España? La invasión rusa de Ucrania llevó en 2022 al frenazo de los flujos de gas desde Rusia y evidenció que los Veintisiete dependían por completo del exterior para garantizar su suministro de energía. Ahora, otro conflicto —en Oriente Medio, tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán— puede volver a mostrar las costuras de la Unión Europea. ¿Qué aprendimos de todo aquello?
"Dependemos muchísimo del gas natural licuado de Estados Unidos. Cambiamos la dependencia de Rusia en el 2022 por la dependencia de Estados Unidos", apunta a RTVE Noticias la analista de energía del Institute for Energy Economics and Financial Analysis (IEEFA), Ana Maria Jaller-Makarewicz.
En cuatro años, las importaciones de gas natural estadounidense se han cuadriplicado y han pasado de representar el 5,7% del suministro total europeo a situarse en el 25,4%, en detrimento de Rusia, que ha pasado del 45% al 13%. En la actualidad, la Comisión Europea informa que Noruega es el principal proveedor, con casi un tercio de todas las importaciones, necesarias para la producción de energía.
El cierre del estrecho de Ormuz, controlado por Irán, así como el parón de la actividad de la planta de gas catarí Ras Laffan afecta a una quinta parte del consumo mundial de gas natural, una circunstancia que podrían aprovechar las gasistas estadounidenses con un beneficio de más de 1.000 millones de dólares, según los cálculos de la consultora especializada EnergyFlux.
La situación es propicia para el sector de Estados Unidos. No puede olvidarse tampoco que el acuerdo sobre aranceles alcanzado el verano pasado por Bruselas con el gobierno de Donald Trump, además de fijar un arancel global del 15%, comprometía a los Veintisiete a "realizar compras energéticas por aproximadamente 750.000 millones de dólares, además de invertir otros 600.000 millones" en el país norteamericano, como recoge esta nota del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa.
El cierre de Catar no golpea tanto a la UE, pero puede subir sus precios
Que Catar cierre el grifo del gas por los ataques iraníes, además, puede tener efectos para la Unión Europea, aunque este represente menos del 4% de sus compras. "El suministro de gas natural licuado desde Qatar junto al de Emiratos Árabes es mucho más de lo que suspendimos en 2022 desde Rusia. Y aunque nosotros importamos poco de ellos, vamos a estar peleando por los mismos cargamentos a nivel mundial que Asia, que va a querer pagar un mayor precio. Para mí es la mayor preocupación", desarrolla Jaller-Makarewicz.
La patronal gasista de España, Sedigas, también reconoce a RTVE Noticias que un bloqueo "prolongado" de Ormuz y de las instalaciones de Catar "tendría implicaciones relevantes para los mercados energéticos globales" en términos de "disrupciones del suministro y una espiral alcista de los precios de la energía".
Pero para ponderar las posibles consecuencias de esta crisis, de mantenerse en el tiempo, hay que tener en cuenta otros factores. Por un lado, juega a nuestro favor el punto de partida: los precios del gas natural eran tres veces más altos al comienzo de la ofensiva rusa en Ucrania que antes del conflicto actual, de acuerdo con el mercado de referencia para Europa (TTF, situado en los Países Bajos).
Por otro, las reservas comunitarias están al 30%, un nivel bajo, que puede resultar previsible por haberse superado ya los meses más fríos del invierno, pero que es inferior al del año pasado. Sí está, aunque solo ligeramente, por encima del nivel de 2022.
La especial atención al almacenamiento fue una de las lecciones de la crisis de suministro por el choque con Rusia. A raíz de ello, la Comisión Europea aprobó que todos los países con almacenes subterráneos deben tenerlos llenos al 90% de su capacidad el 1 de noviembre de cada año, para hacer frente al invierno. Por su parte, los que no disponen de infraestructuras propias para guardar gas (Irlanda, Grecia, Malta, Chipre, Luxemburgo, Eslovenia, Finlandia, Estonia y Lituania) deben almacenar un 15 % de su consumo nacional anual en almacenes de otros países miembro.
España: sus reservas y apuesta por la energía renovable
No obstante, el nivel de reservas —que baja al 11% en Croacia y sube al 56% en España— debe tomarse con cautela, puesto que el abastecimiento de los países no depende solo de su almacenamiento. Es el caso de nuestro país o Suecia, que cuentan con más capacidad para regasificar gas licuado y pueden recurrir a las importaciones.
"España parte de una posición claramente más sólida que otros países. Gracias a una infraestructura gasista robusta y diversificada —con amplia capacidad de regasificación, almacenamiento y acceso a múltiples orígenes—, el sistema español está mejor preparado para absorber episodios de estrés en el suministro internacional", aseguran desde Sedigas, y cifran en apenas el 1,5% el total importado desde los países del Golfo en los últimos doce meses.
Para Jaller-Makarewicz, el problema español es que, igual que el resto de la UE, ha aumentado su dependencia de Estados Unidos. "Hay que buscar maneras de que sea necesario importar menos gas natural licuado, porque al importar más estamos importando también todos los problemas geopolíticos a nivel mundial. ¡Y los precios!", señala la analista. Porque si se depende de las importaciones, también se está más expuesto a la volatilidad del mercado en momentos convulsos como este.
Por eso, para muchos, la senda a seguir está en la energía renovable, que en 2025 ya supuso el 56% de la generación eléctrica española, según Red Eléctrica. "Instalar más renovables, electrificar la demanda y reforzar el almacenamiento es la forma más rápida y eficaz de reducir nuestra vulnerabilidad", defiende el director general de la patronal de energías renovables de la Comunidad Valenciana, AVAESE, Pedro Fresco.
En marzo de 2022, los Veintisiete acordaron eliminar gradualmente la dependencia de las importaciones de gas, petróleo y carbón rusos con medidas como reducir la "dependencia general de los combustibles fósiles". El objetivo estaba claro, pero las importaciones totales de gas apenas se han reducido en 21,3 miles de millones de metros cúbicos en cuatro años, hasta un total de 312,9 miles millones de metros cúbicos en 2025. Y es que la Comisión Europea considera algunos proyectos de gas y las nucleares vías de "transición" hacia una economía descarbonizada.