El fantasma de un conflicto prolongado en Irán se asoma a la atalaya de Trump
- Irán rechaza la propuesta de alto el fuego de EE.UU. mientras persisten los ataques
- Sigue en directo la última hora del conflicto en Oriente Medio
La guerra lanzada por los Estados Unidos de Donald Trump sobre Irán avanza a golpe de ultimátums pero sin plazos tangibles. Un horizonte bélico difuso por el que asoman algunos de los peores temores recientes de un país que se había prometido pasar página de conflictos prolongados como los de Irak y Afganistán, uno de los compromisos esgrimidos por el propio Trump para autoproclamarse como presidente de paz antes de que el 28 de febrero sumase de la mano de su aliado Benjamín Netanyahu una nueva muesca a sus cada vez más frecuentes aventuras militares.
En los primeros compases de este conflicto, la Casa Blanca deslizó un primer plazo de entre cuatro o seis semanas para zanjar el conflicto, pero la propia realidad sobre el terreno ha desdibujado estas promesas temporales. Trump y sus principales lugartenientes se han mostrado optimistas pero ambiguos a la hora de lanzar nuevas promesas, según el secretario de Defensa, Pete Hegseth, porque dar más detalles de los necesarios supone perder una ventaja estratégica frente al enemigo.
Sin embargo, y habida cuenta de que ellos mismos han presumido en no pocas ocasiones de haber logrado los objetivos fijados -también ambiguos-, el fantasma de un conflicto más largo comienza a asomarse entre los resquicios del discurso oficial. "Los objetivos estratégicos son difusos o han ido cambiando sobre la marcha", concluye el director del Instituto Universitario de la Paz y los conflictos de la Universidad de Granada, Diego Checa, al repasar la batería de argumentos lanzados por Washington y que no arroja "una victoria clara" a corto plazo. De hecho, admite que "la guerra puede ser muy larga", si bien considera que son Trump y sus acólitos quienes tienen la última palabra.
El cambio de régimen ya no parece una meta tangible, toda vez que entre las bajas figura el antiguo líder supremo, Alí Jameneí, y el sistema sigue en pie e incluso se ha "radicalizado", añade Checa en una entrevista a RTVE Noticias. Además, y pese a que la Administración norteamericana ha dado por destruidas las principales capacidades militares de Irán, "más de 30 días después sigue lanzando misiles" y "no se percibe el agotamiento de la reserva de misiles y drones" que han puesto en la diana no sólo a Israel, sino también a otros países de Oriente Medio.
Por su parte, el director del programa de Estados Unidos del International Crisis Group, Michael Hanna, ve "difícil" predecir el futuro del conflicto, "porque el propio Trump se ha mostrado más errático que de costumbre y tiene ante sí opciones muy malas". "La guerra está yendo mal y no avanza de acuerdo a los planes preconcebidos, mientras que los costes y los riesgos de continuar el conflicto no hacen más que aumentar", explica Hanna en declaraciones a RTVE Noticias.
Sin embargo, un "final abrupto" supondría, según Hanna, una "gran humillación" para Estados Unidos, teniendo en cuenta que Irán ha aprovechado la escalada bélica para "reforzar estratégicamente su control del estrecho de Ormuz", al margen del impacto "devastador" sufrido dentro de sus propias fronteras.
¿Y si Estados Unidos no es infalible?
El régimen iraní ha utilizado el reciente derribo de cazas norteamericanos para burlarse de las capacidades norteamericanas, para jactarse de que no son tan infalibles como dice Trump. Lo hizo aprovechando, además, un momento de especial debilidad, en el que todo Estados Unidos contenía el aliento a la espera del rescate del piloto de uno de estos aviones que, tras eyectarse, había caído en territorio de Irán.
Las dos partes trabajaron a contrarreloj para rescatar o capturar al militar y, aunque fue Trump quien terminó anunciando su extracción, puede que ya nada vuelva a ser como antes, al menos en términos de imagen. Las imágenes divulgadas por Teherán con supuestos restos de aeronaves estadounidenses se han convertido en una herramienta propagandística de primer nivel y se suman a esta particular batalla por el relato.
Trump ha insistido este lunes en que la operación de rescate salió "muy bien", en una breve comparecencia ante los medios en la Casa Blanca en la que ha seguido sin dar pistas sobre lo que está por venir, aludiendo sin más a las "muchas alternativas" que supuestamente existen para dar carpetazo al conflicto.
Diego Checa advierte en cambio de que "no ha sido una operación sencilla ni siquiera para un Estados Unidos con capacidades militares infinitas y las mejores tropas de élite", pese a que en términos de bajas los costes no estén siendo tan elevados. El Pentágono ha confirmado la muerte de 13 militares en algo más de un mes, si bien en este caso la ofensiva sigue limitada a una intervención aérea y, sin tropas sobre el terreno, el riesgo también es menor.
Ni Estados Unidos ni tampoco Israel han descartado el despliegue de tropas terrestres, una línea roja especialmente delicada. Checa da por hecho que este hipotético envío sería "muy mal percibido" entre los ciudadanos de a pie, unos ciudadanos que estarán llamados a las urnas en noviembre para las elecciones parlamentarias y que observan ya con preocupación la subida en el precio de los combustibles o un aumento de la deuda pública a costa de un refuerzo del presupuesto militar.
El factor Netanyahu
El profesor Daniel Byrman, director del Programa de Conflictos, Amenazas Irregulares y Terrorismo del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, ya apuntó en un reciente artículo que en conflictos de este calibre no siempre se impone la lógica matemática a la hora de hacer balance. "Las capacidades convencionales de Irán están muy dañadas, su liderazgo diezmado y su programa de misiles golpeado, pero las guerras se deciden por algo más que por la métrica del campo de batalla", asevera.
Así, admite que la estrategia de Teherán de "aguantar, imponer costes y dirigir el centro de gravedad del conflicto a otras partes" ya implica "un éxito significativo", teniendo en cuenta por ejemplo que los mercados energéticos globales están sufriendo el impacto y que habrían quedado expuestos "los límites del poder coercitivo estadounidense", palanca recurrente al servicio de Washington para salvaguardar sus propios intereses.
En este sentido, Checa coincide en que el conflicto tiene una "ramificación" regional y "está por ver cómo evoluciona. Irán no sólo ha respondido con ataques contra Israel sino que también ha bombardeado otros países de Oriente Medio, en teoría objetivos estadounidenses. Sin embargo, estos mismos misiles y drones "han afectado también a personas saudíes, cataríes, emiratíes..." que perciben ahora "más inseguridad" derivada de Irán, lo cual puede derivar en un acercamiento político a Israel impensable tras la guerra a gran escala en la Franja de Gaza.
Israel juega por tanto su propio papel, "pero hasta cierto punto", matiza Checa. El director del Instituto Universitario de la Paz y los conflictos de la Universidad de Granada asume que el Gobierno de Netanyahu sí puede sacar rédito político de un conflicto prolongado con vistas a mantener su "hegemonía regional", pero señala que "Estados Unidos no siempre actúa de acuerdo a los intereses israelíes". "Si Estados Unidos quiere salirse de Irán, tiene mecanismos para obligar también a Israel a irse", agrega.
Irán rechaza la propuesta de EE.UU.
Y entre tanto ultimátum, asoma supuestamente la diplomacia. Pakistán se ha erigido en mediador para que las partes intercambien de manera indirecta sus distintas propuestas, de las que no han trascendido detalles del todo claros. Trump, que siempre ha presumido de tener línea directa con el régimen aunque sin especificar quién es su interlocutor, ha intentado forzar la maquinaria con un plan de 15 puntos que Teherán ya tachó de primeras de "excesivo", entre otras cosas porque no le garantizaba el control del estrecho de Ormuz.
La desconfianza mutua ensombrece cualquier intento de acercamiento, entre otras cosas porque los bombardeos comenzaron cuando teóricamente las partes estaban sentadas a la mesa de negociación para llegar a algún tipo de acuerdo. Estados Unidos e Irán ocultan además sus principales cartas y, si únicamente se tienen en cuenta las declaraciones públicas vertidas por ambos, se antoja inviable el hipotético alto el fuego de mes y medio que, según fuentes citadas por Axios, está ahora sobre la mesa.
El portavoz de Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, ha afirmado este lunes que las negociaciones son "incompatibles" con las amenazas de Trump, dispuesto incluso a desatar un "infierno" si Teherán no cede, y los medios oficiales han confirmado ya el rechazo a la última idea norteamericana, anunciando una contrapropuesta de diez cláusulas que incluye un "protocolo" para garantizar el tránsito de buques por el estrecho de Ormuz y el levantamiento de las sanciones, entre otras. Irán descarta de plano un alto el fuego y sólo contempla un pacto que implique el fin definitivo del conflicto.
De hecho, sobre el terreno los bombardeos no cesan, lo que hace que la comunidad internacional no se muestre especialmente optimista sobre lo que puede ocurrir en estas próximas horas. Las fuerzas israelíes han bombardeado varios objetivos iraníes, entre ellos el complejo de South Pars, el mayor complejo petroquímico y gasífero de Irán y que ya fue atacado en una ocasión, en contra entonces de los criterios de Trump. Los ataques también apuntan a la alta estructura del régimen y la Guardia Revolucionaria iraní ha confirmado este lunes la muerte en un ataque de su jefe de Inteligencia, Mayid Jadamí.
La fallida "misión cumplida" de Bush en Irak
El expresidente George W. Bush sabe bien lo que es cantar victoria antes de tiempo. El 1 de mayo de 2003, seis semanas después del inicio de la invasión de Irak, proclamó "misión cumplida" desde el portaviones Abraham Lincoln, pero la realidad posterior desmontó este optimismo: los últimos militares no abandonaron territorio iraquí hasta el año 2011. ¿Qué necesita ahora Trump para cantar victoria?
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, visita el portaviones Abraham Lincoln el 1 de mayo de 2003 Lewis Hunsaker/U.S. Navy/Getty Images
En junio del año pasado, Israel y Estados Unidos lanzaron su primera operación militar coordinada sobre Irán y ya entonces los dos países atacantes dieron por destruidas gran parte de las capacidades industriales y armamentísticas de la República Islámica, por lo que repetir el mismo mensaje se antoja complicado. Trump ha puesto gran parte del foco de sus mensajes en el estrecho de Ormuz, una ruta de paso clave para el petróleo a nivel mundial y cuya reapertura ha reclamado el magnate a golpe incluso de amenazas sobre sus propios aliados de la OTAN, incitándoles a sumarse a una misión.
Un acuerdo con Teherán sobre Ormuz puede interpretarse como una victoria si Estados Unidos dice "que ha forzado a los iraníes a negociar y se les han impuesto una serie de condiciones", como apunta Checa, que también avisa de la lectura que podría hacer el lado iraní de ese mismo pacto, especialmente si rasca algún tipo de concesión en materia de controles de buques o incluso de "peaje" marítimo. El portavoz de Exteriores de Irán ha reconocido este lunes que negocian un "protocolo" sobre este estrecho, sin más detalles.
Irán por ahora no es Irak, pero a estas alturas tampoco parece que Trump pueda presumir en exceso. Hanna, del International Crisis Group, evita anticipar cómo contarán los libros de Historia el actual conflicto, ya que "el legado de la guerra dependerá en gran medida de lo que venga después", pero cada vez son más quienes ven en él "un capítulo dañino para Trump" y una muestra de cómo su recurrente "imprudencia" política puede convertirse en "desastre". "También servirá como ejemplo de hasta qué punto Trump ha dañado la credibilidad de Estados Unidos y minado sus fuentes de poder", añade.
Además, y como advierte Diego Checa, la paciencia de los ciudadanos estadounidenses no es infinita, algo que tienen muy en cuenta las autoridades en pleno año electoral: "La bandera y el nacionalismo pueden ayudar a que durante un tiempo se decida apoyar una guerra, pero eso no dura para siempre”. Como pudieron comprobar Bush y otros antiguos inquilinos de la Casa Blanca, el patriotismo también tiene fecha de caducidad.