La guerra contra la memoria: el patrimonio de Irán y Líbano bajo amenaza
- Los bombardeos ya han dañado varios sitios Patrimonio Mundial en Irán y amenazan enclaves históricos en Líbano
- La UNESCO alerta del riesgo de pérdida cultural irreversible y activa medidas de protección internacional
- Sigue aquí, minuto a minuto, las novedades de la guerra en Oriente Medio
La historia demuestra que cuando un lugar se destruye no solo se pierden paredes y tejados: se borra la memoria de quienes lo habitaron. Así ocurrió con Pompeya, enterrada y olvidada durante más de dieciséis siglos tras la erupción del Monte Vesubio. Hoy, en Irán y el Líbano, los bombardeos amenazan con provocar un efecto similar: la desaparición de ciudades milenarias y de la identidad cultural de sus pueblos, pero esta vez provocado por el hombre.
Tanto Irán como Líbano cuentan con un rico patrimonio cultural, reconocido por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Esta riqueza, reflejada en ciudades milenarias, templos y paisajes históricos, se enfrenta a una amenaza directa como consecuencia de la guerra iniciada el pasado 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva militar coordinada contra Irán, que incluyó importantes ataques aéreos sobre diversas ciudades del país.
La respuesta iraní con misiles y drones y la extensión de los ataques a otros territorios transformaron la crisis en un conflicto regional, al que se sumó Líbano tras la intervención de Hezbolá desde su territorio.
Este enfrentamiento ha afectado gravemente a la población civil y a numerosos lugares patrimoniales, algunos de los cuales ya han sufrido daños por bombardeos que afectaron infraestructuras históricas, mientras que otros permanecen en situación de extrema vulnerabilidad, expuestos a desaparecer si el conflicto continúa.
El patrimonio iraní y libanés que ya ha sido dañado
La UNESCO ha confirmado daños en al menos cuatro de los 29 sitios del Patrimonio Mundial de Irán desde el inicio del conflicto en Oriente Medio.
Desde el inicio de la guerra, las explosiones cercanas han provocado impactos por ondas de choque, vidrios rotos y deterioro estructural en el Palacio de Golestán, una de las edificaciones más emblemáticas de Teherán. Situado en el centro de la capital, este conjunto monumental de palacios y salones refleja siglos de historia iraní. El lugar combina la artesanía persa tradicional con influencias europeas del siglo XIX y ha sido escenario de ceremonias y recepciones reales que marcaron la historia del país.
Sala Salam (Sala de Recepciones) del Palacio de Golestán («Kakh-e Golestan») en Teherán, Irán Getty Images
Otro de los lugares que forman parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO y que ha sufrido daños indirectos por explosiones cercanas es el Chehel Sotoun, palacio del siglo XVII en la ciudad histórica de Isfahán, que forma parte del conjunto de los Jardines Persas. Las ondas expansivas provocaron fracturas en paredes y decoraciones. Además, dañaron elementos arquitectónicos y artísticos.
También en Isfahán, la mezquita Masjed-e Jame, con más de mil años de historia, ha sufrido daños en su estructura, testigo de la evolución del arte islámico a lo largo de doce siglos. Como consecuencia de las explosiones del conflicto, esta ciudad, clave en las rutas comerciales de la Ruta de la Seda, ha perdido gran parte de su capacidad para transmitir visualmente siglos de cultura y tradición.
Los efectos de las explosiones también han alcanzado estructuras cercanas a los sitios prehistóricos del Valle de Khorramabad, donde los daños van desde escombros hasta mosaicos y vidrieras fracturadas. Se han visto afectados elementos que constituyen parte del patrimonio más antiguo de Irán.
En el Líbano, la UNESCO ha confirmado daños y deterioro en la antigua ciudad de Tiro (Tyre), uno de los lugares arqueológicos más antiguos del Mediterráneo. Allí se conservan restos fenicios, romanos y bizantinos, que incluyen un hipódromo, un arco triunfal, un acueducto y un complejo necropolítico.
Ruinas romanas en Tiro, Líbano Getty Images
Tras un ataque con misiles el 6 de marzo de 2026, según el Ministerio de Cultura libanés, se registraron daños también en el sitio arqueológico de Al-Bass. La UNESCO documentó que esta zona había sufrido importantes impactos materiales, incluyendo posibles daños por ondas de choque en estructuras cercanas al hipódromo y otros restos romanos.
La politóloga hispano-iraní Anahita Nassir, especialista en Irán, explica a RTVE Noticias que "cuando estos lugares son destruidos o amenazados, no solo se pierde parte del pasado, sino también el legado para futuras generaciones". "Infligir daños estructurales es golpear en el corazón de la identidad iraní, cuna de civilizaciones milenarias", subraya.
Patrimonio Mundial de la UNESCO en riesgo
Además de los lugares ya dañados, existen otros bienes del patrimonio cultural que, aunque aún no han sufrido impactos directos, se encuentran en riesgo debido a su cercanía a las zonas donde se desarrolla el conflicto.
En Irán, el patrimonio cultural está en riesgo por razones militares, pero también por motivos estratégicos: su valor simbólico y cultural lo convierte en un objetivo con peso propagandístico. Es el caso de Persépolis, antigua capital del Imperio aqueménida y símbolo nacional; Pasargada, donde se encuentra la tumba de Ciro el Grande; Shahr-e Sukhteh, un ejemplo clave de civilización antigua especialmente vulnerable por su fragilidad arqueológica; y la plaza Naqsh-e Jahan, en Isfahán, ciudad que ha sufrido daños en las últimas semanas.
Para Anahita Nassir, “golpear la riqueza patrimonial y cultural de Irán es golpear la cuestión identitaria de todo un pueblo orgulloso por todo lo construido a lo largo de los siglos. Es un rasgo que se puede reconocer en la población iraní, marcada por una imponente diversidad espiritual, étnica y cultural”.
Anahita Nassir añade que infligir daños estructurales en monumentos de ciudades como Teherán, Isfahán, Yazd o Shiraz, o en sitios Patrimonio de la Humanidad como Persépolis, es “atacar en el corazón de la identidad iraní, cuna de civilizaciones milenarias”.
La politóloga destaca también que “debemos denunciar que atacar población civil y patrimonio cultural son crímenes de guerra”.
En Líbano, el riesgo es más inmediato y constante. Entre los sitios más vulnerables se encuentran Baalbek, cuyas colosales construcciones figuran entre los vestigios más impresionantes de la arquitectura romana; Biblos, considerada una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo; y el Valle de Qadisha, también conocido como Valle Santo, un paisaje cultural y espiritual propenso a incendios y abandono. Este valle fue uno de los primeros y más importantes asentamientos monásticos cristianos del mundo.
Aunque, excepto Tiro, estos lugares no han sido confirmados oficialmente como dañados, están amenazados por la cercanía a zonas de conflicto, bombardeos y tensiones militares, y han sido objeto de alertas y medidas de protección reforzada por la UNESCO.
¿Qué está haciendo la UNESCO para proteger el patrimonio cultural?
Mientras los bombardeos ponen en riesgo bienes culturales en Irán, Líbano y la región en su conjunto, la UNESCO ha intensificado sus esfuerzos para evitar daños irreparables a los sitios del Patrimonio Mundial.
La organización no dispone de capacidades militares ni de fuerzas sobre el terreno para detener ataques, por lo que centra su acción de ayuda en mecanismos jurídicos, diplomáticos y administrativos diseñados para minimizar los riesgos y obligar a respetar las normas del derecho internacional.
Frente al actual conflicto, la UNESCO ha reforzado sus herramientas de protección, aunque su alcance depende de la cooperación de los estados y grupos armados. La organización ha compartido las coordenadas de los bienes inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial, así como de otros de importancia patrimonial nacional, con el objetivo de advertir sobre posibles daños durante las operaciones militares.
La organización ha otorgado, además, esta semana el estatus de "protección reforzada provisional" a 39 bienes culturales en el Líbano, entre ellos Baalbek y Tiro, subrayando su valor excepcional y la necesidad de precauciones adicionales frente a daños colaterales o uso militar.
A sus herramientas operativas ha añadido el seguimiento por satélite de los sitios históricos, en colaboración con organismos de Naciones Unidas, con el fin de evaluar daños en tiempo real. El Ministerio de Cultura libanés y la Dirección General de Antigüedades están trabajando de forma coordinada para proteger colecciones arqueológicas y museísticas, asegurar su conservación y mejorar la gestión de riesgos en un contexto de conflicto activo.
A estas medidas se suma la aprobación de una ayuda internacional de más de 100.000 dólares para operaciones de emergencia, que incluye asistencia técnica, formación y refuerzo de la gestión de riesgos en los sitios patrimoniales.
Marco legal que protege el patrimonio cultural en conflictos
Uno de los pilares de la protección del patrimonio cultural en situaciones de conflicto es la Convención de La Haya de 1954 para la Protección de los Bienes Culturales en Caso de Conflicto Armado, que establece la obligación de respetar y salvaguardar los elementos culturales frente a ataques y apropiaciones ilegítimas durante la guerra. También incluye medidas de protección reforzada en casos de riesgo extremo.
A este marco jurídico se suma la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural de 1972, que obliga a los estados a identificar, proteger, conservar y transmitir su patrimonio a las futuras generaciones, así como a cooperar para su preservación en situaciones de emergencia. La UNESCO recuerda a todas las partes involucradas que la destrucción de estos bienes culturales constituye un crimen de guerra, según el derecho internacional humanitario, y recuerda la responsabilidad de garantizar su respeto incluso en medio de hostilidades
La organización ha recordado recientemente que la vulneración de las medidas de protección reforzada puede constituir una infracción grave de la Convención de La Haya de 1954 y de su Segundo Protocolo de 1999, lo que podría dar lugar a responsabilidades penales internacionales.
En relación con esto, Anahita Nassir explica que "los bombardeos, cuando destruyen un puente o un edificio histórico, eliminan símbolos materiales del pasado y suponen una tragedia por las pérdidas humanas irreparables”. "Debemos denunciar que atacar a la población civil y al patrimonio cultural son crímenes de guerra”, insiste.
Los bienes culturales no son solo obras de arte o edificios históricos; representan la memoria y la identidad de los pueblos. En Irán y Líbano, la destrucción de monumentos y lugares históricos pone en riesgo la conexión de las generaciones futuras con su pasado, al borrar testimonios materiales que reflejan siglos de tradiciones y diversidad. Cada lugar histórico es una huella de quienes habitaron esos territorios y de su historia.
Por ello, la destrucción del patrimonio cultural en los conflictos bélicos no implica únicamente la pérdida de bienes materiales, sino que se convierte en un arma de guerra: una forma de atacar la identidad de un pueblo y borrar su memoria histórica.
*Erica Arredondo es alumna del máster de Reporterismo Internacional de la UAH con el Instituto de RTVE. Este artículo ha sido supervisado por la redactora jefa de Internacional, Sara Gómez Armas.