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Un mes de guerra en Irán: crisis económica y desconfianza de los aliados en Estados Unidos

Donald Trump sube al Air Force One. Un mes de guerra y desconfianza de los aliados de eeuu
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sube al Air Force One REUTERS/Kevin Lamarque

Crisis energética y económica global en ciernes, replanteamiento de alianzas en el Golfo Pérsico, imposición de la ley del más fuerte, profundización de la fractura entre Europa y los Estados Unidos, y evidencia de la alianza prioritaria de éstos con Israel son algunas de las consecuencias que ha tenido la guerra de Israel y los EE.UU. contra Irán.

Tener el poder me otorga el derecho

Esta semana, el diplomático y exdirector de los servicios de inteligencia españoles (CNI) Jorge Dezcallar recurrió al aforismo inglés might makes right para explicar cómo la presidencia de Donald Trump y su guerra contra Irán están acelerando el cambio de funcionamiento del mundo. Might makes right podría traducirse como "el poder me da el derecho", o el más común, la ley del más fuerte. Es la ley que impera en este nuevo orden mundial que está emergiendo. La ley que aplicó Vladímir Putin al invadir Ucrania el 24 de febrero de 2022, y la ley que han aplicado Israel y los Estados Unidos contra Irán hace un mes. ¿Tengo capacidad para hacerlo?¿Sí? Pues adelante.

En palabras del asesor tal vez más radical del presidente Trump, Stephen Miller, "somos una superpotencia y vamos a actuar como tal". "El futuro del mundo libre depende de que los Estados Unidos afiancemos nuestros intereses sin excusas, sin pedir perdón. No como ha estado haciendo Occidente desde el final de la segunda Guerra Mundial".

La guerra de Israel y los Estados Unidos contra Irán es la última demostración de ese pensamiento compartido por Washington y Tel Aviv. Yo decido a quién se debe castigar y lo hago si tengo la capacidad. A diferencia de lo que ha ocurrido en acciones bélicas anteriores, las más recientes son la Guerra del Golfo del 1991 y la invasión de Irak de 2003, el Gobierno de los EE.UU. no ha hecho ningún esfuerzo previo para convencer a la opinión pública de la necesidad de esta guerra; se ha saltado también el respaldo del Congreso; ni ha intentado conseguir una resolución de la ONU que la amparara, por dudosa que fuera, como la de 2003; ni ha buscado formar una coalición con aliados. Bueno, sí ha ido a la guerra con un aliado, Israel. Aunque cada vez hay más indicios de que hay que formularlo a la inversa, que ha sido Israel quien ha logrado acompañarse de un aliado para destruir en lo posible Irán, un largo objetivo del actual primer ministro, Benjamin Netanyahu.

El más poderoso, pero no todopoderoso

Los Estados Unidos siguen siendo la mayor potencia militar del mundo, pero eso no los convierte en todopoderosos e infalibles. Se vio en Irak y se ve ahora en Irán. Irán está demostrando cómo un país mucho más débil puede infligir un daño notable. Ha contraatacado con armamento menos sofisticado y más barato dirigido a causar daño militar, pero también y sobre todo económico. Ha usado su posición geográfica en el Estrecho de Ormuz para bloquear el paso de una quinta parte del petróleo mundial y otras mercancías, y ha atacado a los socios árabes de los Estados Unidos, los estados del Golfo. La consecuencia está siendo la falta de abastecimiento de petróleo en varios países, de Asia mayormente, el aumento del coste del petróleo y el gas, y caídas en las bolsas.

"La guerra en Irán refuerza la lección de que, en una era de competición asimétrica e interdependencia económica, la superioridad militar sola ya no basta para garantizar el control estratégico", escribe Alexander Clackson, investigador de la Universidad de Lancaster.

A esos factores que dan una ventaja a Irán en esta guerra, la diplomática paquistaní Maleeha Lodhi añade una tolerancia alta al dolor y el nacionalismo frente a un ataque. "La voluntad de sobrevivir que da el nacionalismo trasciende diferencias políticas internas".

¿Quién asesoró en Washington?

Esa tolerancia al dolor se ve reforzada por una cultura del martirio muy impregnada en los líderes y la sociedad, según señalan conocedores de Irán y de la rama chií del islam. Algo que aparentemente infravaloraron o ignoraron en Washington a la hora de desatar esta guerra. Igual que menospreciaron la advertencia de los ayatolás de convertir la guerra en regional si atacaban Irán. Produce asombro y hasta estupor escuchar al presidente de los Estados Unidos decirle al mundo: "Nadie esperaba que Irán contraatacara. Nos quedamos en shock". ¿Es eso cierto? ¿Significa que decidieron bombardear Irán sin tener en cuenta la amenaza iraní de hacer lo mismo contra los aliados estadounidenses en la zona? ¿Quién planeó esta guerra en Washington?

La PBS, la televisión pública de EE.UU., dedicó esta semana una crónica al impacto que pueden haber tenido los recortes de personal en el Departamento de Estado en los fallos de planteamiento de esta operación militar. "El Gobierno despidió a más de 80 expertos en Oriente Medio y el último presupuesto propone una reducción del 40% en ese departamento, además eliminó la sección de Irán y la fusionó con la de Irak". En la crónica citan al responsable de un organismo especializado en el servicio público federal, Max Stier: "El presidente Trump toma decisiones sin los vastos conocimientos con los que cuenta en su gobierno, y que habrían alertado de las consecuencias".

Si no tuvieron en cuenta las potenciales consecuencias de un ataque a Irán, ¿qué pensaron? ¿Que cambiar la cúpula y las acciones del gobierno iraní les resultaría tan fácil como ha ocurrido con Venezuela? ¿Que bastaba matar al líder supremo para que el gobierno de la República Islámica claudicara y cooperara con el estadounidense? "Eso no ocurrirá en Irán" repiten desde hace un mes quienes conocen el país persa. "No es un país nuevo sin tradición nacional como algunos vecinos árabes. ¡Es Irán! Es un país con mucho peso, ha sido un imperio, tiene una sólida base cultural y social y un sistema político articulado para sobrevivir", argumenta Jorge Dezcallar.

Israel, el aliado predilecto

Esta es la gran conclusión que ha sacado el resto de aliados de los Estados Unidos, sobre todo en el Golfo Pérsico y en Europa. Estados Unidos tiene bases militares en Catar, Baréin, Emiratos Árabes y Kuwait, un despliegue que estaba pensado como garantía de seguridad, pero que de repente se ha convertido en lo contrario, un riesgo porque los ha convertido en objetivo del contraataque iraní, sin que por ello Washington haya dado marcha atrás. Varios analistas aseguran que una de las consecuencias será que estos países se replanteen la relación con EE.UU., busquen ser menos dependientes en cuestiones de seguridad y otras alianzas. ¿China?

En el caso de Europa el efecto ha sido la marginación. Washington no consultó con los aliados de este continente previamente, y ha sido sólo cuando se ha complicado la situación con el bloqueo del estrecho de Ormuz que el presidente Trump ha pedido ayuda. Molestos por el papel subalterno adjudicado, y porque no ven el propósito, la estrategia, ni la legalidad de esta guerra, los gobiernos europeos se mantienen al margen. Los que se han mostrado dispuestos a enviar su fuerza naval para escoltar a los petroleros amenazados han puesto como condición el cese de la guerra.

El caso más relevante es el de Alemania, por su cuidada relación con los Estados Unidos y con Israel desde el final de la Segunda Guerra Mundial, es decir, desde la derrota del nazismo y por la culpa del Holocausto. Tras la tibieza del canciller Friedrich Merz en el Despacho Oval, el ministro de Defensa, Boris Pistorius, lo expresó con contundencia. "No es nuestra guerra. Nosotros no la empezamos", dijo, y la máxima autoridad del país, el presidente Frank-Walter Steinmeier, ha mostrado su repulsa esta semana: "Esta guerra viola el derecho internacional". "El argumento de una amenaza inminente para los Estados Unidos no se sostiene. Esta guerra es también un error político desastroso. Es una guerra innecesaria y evitable, si se trataba de evitar que Irán tenga la bomba atómica", subrayó.

Con tonos distintos, más o menos frontales, todos los europeos rechazan esta guerra, no se ha producido en la Unión Europea una fractura como sí causó la invasión de Irak en 2003, con gobiernos que se unieron a la coalición de George W. Bush y el británico Tony Blair, y gobiernos que se opusieron, en esta ocasión Europa rehusa involucrarse en esta guerra.

Descrédito de los Estados Unidos

Donald Trump alardea de que, supuestamente, los Estados Unidos nunca habían sido tan respetados y admirados como ahora con él de presidente, pero la realidad es la opuesta. El mundo toma nota del planteamiento unilateral y de imposición de la fuerza en las relaciones internacionales del gobierno Trump, pone distancia y busca cómo desenvolverse en un mundo donde las grandes potencias se impongan sin miramiento ni remordimiento a los países pequeños y medianos, por encima de las normas establecidas y las organizaciones multilaterales. Ya no se puede confiar en EE.UU.

A ese descrédito contribuye que la palabra del presidente estadounidense no es fiable. Dice una cosa y la contraria a veces dentro de un mismo discurso. Que la guerra ya está acabada o que hay que seguir; cambia los plazos de los ultimatums, como el vigente que empezó siendo de dos días, pasó a cinco y ahora está en diez. Sus declaraciones tienen impacto en los mercados del petróleo y en las bolsas, y hay sospechas fundadas de que, conscientes de ello, filtran esas declaraciones con minutos de antelación para que alguien gane dinero invirtiendo o desinvirtiendo. Donald Trump llegó prometiendo no iniciar nuevas guerras y abaratar el coste de vida, y está haciendo lo contrario.

Volviendo al presidente alemán, la mayoría de gobiernos toman nota de que "no habrá vuelta a antes del 20 de enero de 2025", es decir, ni los Estados Unidos ni el mundo volverán a ser como eran antes de la segunda presidencia de Donald Trump. La guerra en Irán es la última prueba.