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Mohamad Bagher Zolghadr, un halcón de la Guardia Revolucionaria toma el timón de la seguridad en Irán

  • Sustituye al frente de las decisiones de seguridad del país al pragmático Larijani, asesinado por Israel
  • Analistas coinciden en que proviene del ala más dura de la Guardia Revolucionaria
Zolghadr, nuevo jefe de seguridad en Irán, posa con gafas frente a la bandera. Su nombramiento llega tras el asesinato de Larijani.
Irán nombra a Mohamad Bagher Zolghadr nuevo jefe de seguridad Tasnim Agency

Con la elección de Mohamad Bagher Zolghadr, en plena guerra con Estados Unidos e Israel, para dirigir el Consejo de Supremo de Seguridad Nacional, Irán opta por un veterano del ala dura de la Guardia Revolucionaria, un perfil ultraconservador para sustituir al pragmático Alí Larijani, asesinado la semana pasada en un ataque israelí. Considerado un halcón de la política iraní, este hombre de 72 años tiene una amplia experiencia en puestos de poder dentro del régimen y ahora estará a cargo de definir las políticas de defensa, nucleares y de exteriores.

Doctorado en gestión estratégica, Zolghadr ha pasado por numerosos organismos de la República Islámica y ahora ocupaba el cargo de secretario del Consejo de Discernimiento de la Conveniencia del Sistema, organismo que media entre el Parlamento y el Consejo de Guardianes, órgano que veta la legislación.

La oficina del presidente de Irán, Masud Pezeshkian, ha anunciado su nombramiento una semana después del asesinato de Larijani, y ha subrayado que la decisión cuenta con la aprobación del nuevo líder supremo, Mojtaba Jameneí, quien aún no se ha visto ni escuchado desde que fue elegido el pasado 8 de marzo. Hijo del fallecido Ali Jameneí, asesinado en un ataque israelí el mismo día que comenzó la guerra, fue designado su sucesor hace dos semanas, pero EE.UU. no lo reconoce como líder ni como interlocutor válido.

Con el líder supremo supuestamente herido -Israel ha reconocido haber dirigido uno de sus letales ataques contra él- o incluso "desfigurado", según palabras del vicepresidente estadounidense J.D Vance, la elección de Zolghadr cobra relevancia en el actual contexto de guerra y confirma el atrincheramiento ideológico del gobierno de los ayatolás. "El hecho de que se nombre alguien con este perfil también muestra la prioridad dada a la continuidad y la 'securitirización' del régimen en el actual contexto de desafíos externos e internos", ha considerado a RTVE Noticias Luciano Zaccara, analista político experto en Oriente Medio, sobre su perfil, bregado en diversos cargos en el aparato de seguridad.

Ha desarrollado gran parte de su carrera en la poderosa Guardia Revolucionaria iraní, cuerpo militar de élite del que llegó a ser su subcomandante y jefe de su Estado mayor. También fue uno de los responsables de la milicia islámica Basij. Fue viceministro del Interior para Asuntos de Seguridad durante el gobierno del ultraconservador expresidente Mahmud Ahmadineyad (2005-2013) y también ha ocupado puestos dentro del Poder Judicial.

"La decapitación del régimen por parte de Israel solo ha servido para transferir el poder en Teherán al sector más belicista de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC). Zolghadr proviene de ese sector. Su postura como subcomandante de la Guardia Revolucionaria fue tan extrema que el propio Qasem Soleimani abandonó ese cuerpo. (...). Además, Zolghadr participó en la represión de las protestas de 1999 y 2009, y fue clave en la elección de Ahmadineyad a la presidencia", cuenta sobre él Vali Nasr, profesor de la Universidad Johns Hopkins y autor del libro 'La Gran Estrategia de Irán".

"Su elección para reemplazar a Larijani no sugiere que vaya a haber conversaciones con Estados Unidos, sino más bien una postura iraní mucho más agresiva", apunta este experto. Sin embargo, frente a los que creen que el nuevo líder supremo no lleva la batuta de mando de Irán, Nasr opina que "Zolghadr es el hombre de Mojtaba y su elección demuestra que Mojtaba tiene el control".

Lo que Estados Unidos ha conseguido con esta guerra es colocar a "un general ultraconservador" en el puesto que ocupaba un "relativamente pragmático Larijani, que durante años fue el interlocutor con Occidente y figura clave para lograr el acuerdo nuclear, considera Ali Vaez, director sobre Irán del think tank Crisis Group.

Al anunciar su nombramiento, la televisión estatal iraní ha subrayado sus "décadas de experiencia en instituciones militares, de seguridad y judicial en una coyuntura crítica” para el país, pero analistas internacionales y expertos en la república islámica coinciden en calificarlo como una figura de "línea muy dura" para estar al frente del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Se trata del organismo más importante de seguridad del país, en el que se toman decisiones como el corte de internet o las estrategias de defensa. El Consejo está integrado, además, por varios ministros, tres representantes del líder supremo y figuras de las fuerzas de seguridad del país. Zolghadr llega al cargo en un momento clave y en medio de una campaña de "asesinatos selectivos" de altos cargos políticos y militares.

Primeros años, formación y familia

Zolghadr nació en 1954 en Fasa, cerca de Shiraz, en el Irán gobernado por el sah Pahlavi. Cursó estudios superiores en la Universidad de Teherán, donde obtuvo una licenciatura en economía antes de la Revolución Islámica de 1979. Su esposa, Sedigheh Begum Hejazi, fue directora general de la Oficina de Asuntos de la Mujer y la Familia; y su yerno, Kazem Gharibabadi, es un enviado que representó a Irán ante el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y otras organizaciones internacionales.

Antes de la Revolución Islámica liderada por el ayatolá Ruhola Jomeini, Zolghadr estuvo vinculado al grupo guerrillero Mansourun, una organización militante islamista activa en aquel entonces. Algunas informaciones sin verifican apuntan a que, junto con Mohsen Rezaei, participó en el asesinato de un ingeniero estadounidense y un gerente de una compañía petrolera en 1978.

Con el triunfo de la Revolución, Zolghadr fue comandante de la Guardia Revolucionaria Iraní, donde alcanzó el rango de general de brigada. En los años ochenta, codirigió la división educativa del cuerpo, del que llegó a ser comandante del Cuartel General de guerra irregular y subcomandante. En 2007, fue nombrado subjefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas iraníes para asuntos relacionados con la milicia Basij. En 2012, fue nombrado subdirector del Poder Judicial para asuntos estratégicos, tras haber ejercido como asesor del presidente del Tribunal Supremo, Sadeq Larijani, desde 2010.

Zolghadr también es autor de 'El relato del distanciamiento occidental', publicado en 2002. La obra, escrita en persa, es un breve volumen que aborda temas relacionados con la sociedad y la cultura occidentales, desde una perspectiva crítica e ideológica.

Primera línea del poder junto con Ghalibaf

El nombramiento de Zolghadr se produce al día siguiente de que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciase el lunes que su administración está negociando con "alguien de alto nivel", sin revelar nombres. Solo dejó claro que no era con su nuevo líder supremo, al que EE.UU. cree que ha quedado fuera de juego después de haber sido objeto de varios ataques. Enseguida emergió el nombre de Mohamad Bagher Ghalibaf, actual presidente del Parlamento iraní, como la persona a que Estados Unidos se estaría acercando para entablar contactos e incluso como un posible "futuro líder", según varios medios estadounidenses; aunque él se apresuró a negar estar en comunicación con EE.UU. en su cuenta de X.

Es un político con cierto peso dentro del conservadurismo moderado y uno de los pocos referentes de la 'vieja guardia'. Al igual que el fallecido Larijani, Ghalibaf, de 65 años, tiene una trayectoria que combina poder militar y gestión política. Nacido en 1961 en la provincia de Khorasan, no proviene del clero chiita que domina la República Islámica, sino de una familia de comerciantes. Este veterano de guerra fue alcalde de Teherán y varias veces candidato presidencial. Acumula cuatro intentos fallidos de llegar a la presidencia (2005, 2013, 2017 y 2024), aunque siempre respaldado por sectores influyentes, como representante de la línea continuista del régimen.

Se unió a la Guardia Revolucionaria en los años ochenta y luchó en la guerra entre Irán e Irak, que marcó la joven generación de la naciente república islámica. Tras el conflicto, dirigió la poderosa división de combate Khatam al-Anbia y luego la fuerza aérea de ese cuerpo.

El presidente del parlamento de Irán, Mohamad Bagher Ghalibaf

El presidente del parlamento de Irán, Mohamad Bagher Ghalibaf DPA vía Europa Press DPA

En sus diferentes cargos ha sido clave en implementar la estrategia de represión o contramanifestación del régimen, desde que los estudiantes universitarios salieron a las calles en 1999 para protestar contra la censura y el cierre de periódicos. Entonces firmó una carta advirtiendo al entonces presidente, el reformista Mohamad Khatami, que la Guardia intervendría si no se aplacaban ese descontento social. Ese episodio marcó su imagen de línea dura, reforzada posteriormente por acusaciones de haber ordenado la brutal represión contra manifestantes, como ocurrió en las más recientes, del pasado enero, cuando Ghalibaf habría adoptado una postura crítica frente a los intentos reformistas del presidente Pezeshkian.

"Ghalibaf es un típico miembro del círculo interno: ambicioso y pragmático, pero fundamentalmente comprometido con la preservación del orden islamista iraní. Esto lo convierte en un candidato improbable para ofrecer a Washington concesiones significativas. E incluso si estuviera dispuesto a tantear los límites, el estamento militar iraní y la élite de seguridad en general casi con seguridad lo limitarían", subraya el analista Ali Vaez de Crisis Group. "Los iraníes no participarían en una reunión de alto nivel antes de saber que Estados Unidos se estaba alejando de sus exigencias maximalistas; no atacar la infraestructura energética es un requisito mínimo. Los términos de un alto el fuego, o un acuerdo que resolviera el problema a largo plazo", señala en su cuenta de X, poniendo en duda la posibilidad de negociaciones serias con Irán.

Para el analista experto en Irán Michael Rubin, Ghalibaf es una figura polémica, despreciado por amplios sectores dentro de Irán y vista como un pragmático para algunos diplomáticos occidentales. "Esos diplomáticos confunden pragmatismo con oportunismo. Ghalibaf es un superviviente. Ve en Trump a alguien que puede ayudarle a conseguir lo que el difunto líder supremo Alí Jamenei le negó: la Presidencia o algún cargo de liderazgo interino equivalente", esboza Rubin, el director de análisis político del Foro de Oriente Medio. Este analista ya apuntó la semana pasada a Ghalibaf como el 'Delcy Rodríguez' iraní.

Para Rubin, dos elementos que sugieren que pueda ser el 'misterioso negociador' son que no figura entre los objetivos de EE.UU-Israel en su política de asesinatos selectivos a las cabezas del poder de la república islámica, "una omisión curiosa para un hombre con tanta sangre en sus manos"; y en segundo lugar, que no aparece en la lista de objetivos del programa Recompensas por la Justicia del Departamento de Estado.