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Una ofensiva terrestre sobre Irán, el 'plan B' que gana peso en Oriente Medio

Una ofensiva terrestre, la opción que Trump no descarta en Irán
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comparece junto a sus secretarios de Defensa y Estado ZUMA via Europa Press CNP / Zuma Press / ContactoPhoto

Como en toda guerra, la ofensiva lanzada por Israel y Estados Unidos sobre Irán conlleva cierta dosis de hermetismo para no desvelar a la parte contraria los caminos a seguir. Sin embargo, el refuerzo de la presencia militar estadounidense en los países de Oriente Medio y la ambigüedad consciente de las declaraciones del presidente Donald Trump y de otros altos cargos de su Administración han alimentado en estos últimos días las especulaciones sobre una potencial intervención terrestre de resultados inciertos.

"La labor del Pentágono es prepararse para que el comandante en jefe tenga las máximas opciones", declaró esta semana la principal portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, ante las informaciones que de manera prácticamente diaria dan cuenta de un envío de tropas a la región. La última de ellas, publicada por 'The Wall Street Journal', alude al envío de otros 10.000 efectivos terrestres, que se sumarían a los varios miles de marines y paracaidistas desplegados en las últimas semanas.

Desde Washington, ni Trump ni su secretario de Guerra, Pete Hegseth, cierran la puerta a nada, pese a que la consigna actual pasa por plantear como factible un final negociado del conflicto. La Casa Blanca tampoco quiere que el secreto a voces del refuerzo militar sobre el terreno se entienda ya como el anticipo de una invasión de Irán. "No significa que el presidente haya tomado una decisión", dijo la portavoz, ciñéndose a unas palabras previas del presidente en las que se descarta la ofensiva terrestre "en este momento".

Trump moviliza tropas de élite para tomar el estrecho de Ormuz por la fuerza

Israel, entretanto, guarda silencio mientras persiste en sus bombardeos aéreos sobre Irán. El primer ministro, Benjamin Netanhayu, deslizó la posibilidad de una invasión terrestre la semana pasada en rueda de prensa, incidiendo en que "hay muchas posibilidades" a las que agarrarse, y el Ejército evita confirmar o desmentir las opciones de cualquier "plan futuro", como han apuntado fuentes militares a RTVE Noticias.

Las islas, posibles objetivos

Al otro lado de la batalla, autoridades iraníes agitan la mera posibilidad de la invasión mientras advierten de que, pase lo que pase, resistirán. El comandante de las fuerzas terrestres del Ejército, Alí Yahanshahi, ha asegurado que vigilan "meticulosamente" los movimientos del "enemigo". "Estamos listos para cualquier escenario en cualquier momento", ha zanjado, en unas declaraciones recogidas por los medios oficiales. "Una agresión terrestre", ha advertido, "sería más costosa y más peligrosa" para Estados Unidos e Israel.

En la misma línea, el presidente del Parlamento, Mohamad Qalibaf, una de las voces más beligerantes en las últimas semanas, ha subrayado que "todos los movimientos enemigos están siendo supervisados por las Fuerzas Armadas" y, de esta forma, ve factible que Estados Unidos e Israel colaboren con "uno de los países de la región" para ocupar alguna de las islas en el golfo Pérsico, en alusión a una serie de enclaves estratégicos para garantizar o bloquear la navegación en la zona.

Trump no ha ocultado que uno de sus objetivos es que el estrecho de Ormuz vuelva a estar abierto, a costa incluso de recriminar a sus socios internacionales, en particular a los de la OTAN, que no se sumen a su despliegue. Por este paso circulan innumerables cargueros de todo tipo y de él depende el 20% del tráfico mundial del petróleo, lo que ha llevado a que su bloqueo se haya traducido ya en una subida de precios de la energía con efectos en las gasolineras de todo el mundo.

Si Estados Unidos busca asestar un golpe directo a la industria petrolera iraní, sus tropas podrían optar por invadir la isla de Jark, localizada en la parte norte del Golfo y de la que dependen alrededor del 90% de las exportaciones de Irán. Entrar en ella no sería difícil en términos logísticos para las fuerzas norteamericanas, pero dejaría a los militares -presumiblemente paracaidistas- expuestos, a menos de 30 kilómetros del Irán continental.

"Técnicamente, sería viable conquistar Jark, pero mantenerla sería otra historia. Expondría a las tropas estadounidenses a ataques", afirma el investigador Samuele Carlo Abrami, del CIDOB, que se pregunta además qué pasaría después. Una operación de este tipo "no garantizaría la capitulación iraní" y "podría empujar a Irán a responder con una escalada mayor", poniendo de nuevo en la diana instalaciones militares estadounidenses en otros países de Oriente Medio.

Jark representa un punto clave en materia energética, pero en un contexto de máxima presión militar cualquier mínimo terreno en la zona puede convertirse en objetivo. La isla más grande es la de Qesm, una fortaleza natural dominada por los acantilados y a la que Estados Unidos previsiblemente tendría que acceder por mar, con buques anfibio, pero también hay otros terrenos a priori menos ambiciosos como Abu Musa, Tunb Mayor y Tunb Menor, unas islas cuya soberanía se disputan Irán y Emiratos Árabes Unidos.

El caso de Irán difiere de otros focos recientes de conflicto en la región, ya que Abrami recuerda que el régimen, aunque descabezado tras la muerte del líder supremo, Alí Jameneí, sigue siendo capaz de "controlar todo el territorio"; nada que ver por tanto con lo que le habría ocurrido a Bashar al Assad en Siria o a Sadam Hussein en Irak. Esta particularidad hace también que dentro de las múltiples opciones de intervención sobre el terreno se incluyan fuerzas que ya están presentes, como las milicias kurdas, en lugar de un despliegue militar directo de Estados Unidos.

Las palabras frente a los hechos

A estas alturas, nadie da nada por seguro ni descartado, teniendo en cuenta la contradicción entre mensajes y hechos. Si sólo se atiende a las declaraciones de Trump, "Irán quiere un acuerdo a toda costa", apunta Abrami, pero "el problema es que los hechos sobre el terreno y las señales que llegan cuentan una historia muy distinta" en la que la escalada bélica no parece una línea roja.

El analista tampoco descarta en declaraciones a RTVE Noticias que el despliegue de tropas, un secreto a voces, sean en realidad "una forma de presionar a Irán" para que ceda y negocie antes de que concluyan los sucesivos ultimátums que Trump ha ido poniendo sobre la mesa, el último de los cuales retrasa hasta el 6 de abril la posibilidad de bombardeos sobre instalaciones energéticas.

Irán, por ahora, se ciñe a su 'no'. El régimen se ha limitado a confirmar contactos indirectos con Washington y ha rechazado el plan de 15 puntos presentado por Trump y que ponía coto al programa nuclear y militar de Teherán. Lo ha hecho también a su manera, "con una contraoferta maximalista" en la que reclama el cierre de las bases militares estadounidenses en Oriente Medio y el control del estrecho de Ormuz, advierte Abrami.

La batalla por el relato se libra en todos los frentes y en la memoria colectiva de los estadounidenses subyacen los ecos de conflictos recientes como los de Irak o Estados Unidos. El investigador del CIDOB advierte "verse arrastrados a otra guerra sin fin", especialmente si no hay un aval explícito del Congreso, puede pasar factura política a un Trump que ha visto ya en el último mes grietas en sus propias filas y que mira de reojo la evolución de los mercados.