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Trump y la trampa de Irán: ¿cuándo y cómo terminar la guerra para cantar victoria?

  • El presidente observa la evolución de los mercados mientras alude a un negociación incierta
  • Los analistas ven poco margen de actuación, pese a que Trump "venderá" cualquier resultado como una victoria
  • Sigue la última hora de la guerra en Irán
Trump y la trampa de Irán: las opciones que tiene para cantar victoria
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en los jardines de la Casa Blanca EFE/AARON SCHWARTZ POOL

La Operación Furia Épica nació sin objetivos claros por parte de Estados Unidos, que en aras de la supuesta seguridad regional y global decidió iniciar el 28 de febrero una cascada de bombardeos sobre Irán de la mano de Israel. Casi un mes después, el presidente Donald Trump, que se autoproclamó un líder de paz al llegar a la Casa Blanca, debe buscar una salida que le permita cantar victoria ante sus propios compatriotas y ante una comunidad internacional que no ha secundado los planes bélicos en la medida en que a Washington le hubiese gustado.

Trump no quiere verse atrapado en un conflicto a largo plazo que pueda asemejarse a otros que todavía resuenan en la memoria colectiva de los estadounidenses como los de Irak y Afganistán, pero ha evitado atarse a un calendario temporal y ha priorizado los mensajes que dan cuenta de los éxitos militares. La Administración norteamericana ha puesto sobre la mesa plazos dispares y ambiguos, siendo el más preciso de ellos uno que anticipaba una duración del conflicto de "entre cuatro y seis semanas".

Casi cuatro semanas después de ese 28 de febrero, ¿qué cabe esperar de Trump? "Se ha metido en un lío", sentencia Carlota García Encina, investigadora principal para Estados Unidos y Relaciones Trasatlánticas del Real Instituto Elcano, al dar cuenta de una percepción generalizada que la Casa Blanca no ha logrado aplacar ni siquiera estos últimos días con las alusiones a un supuesto proceso de negociación. Si la quirúrgica operación en Venezuela le hizo sentir "infalible", la realidad actual con Irán es otra.

El director del programa de Estados Unidos del International Crisis Group, Michael Hanna, coincide en una entrevista a RTVE Noticias en que Trump "está atrapado", dando por sentado que el mandatario norteamericano no tiene "ninguna buena opción" a la que agarrarse y sí, en cambio, "muchas malas opciones" en la pizarra.

Una para salir del paso sería "negociar", hipótesis planteada por el propio Trump, pero Hanna ve difícil salvar la "enorme desconfianza" imperante, habida cuenta de que la víspera del comienzo de los bombardeos Washington y Teherán estaban inmersos en un teórico proceso de diálogo. Mantener la actual campaña militar sería otra posibilidad, pero "es difícil que pueda producir resultados drásticamente diferentes a los actuales" y la tercera opción, "escalar" el conflicto tratando por ejemplo de incautarse del uranio enriquecido o tomando la isla de Jark, conlleva demasiados riesgos, según el experto del International Crisis Group.

A ello se suma el hecho de que hay "muchos actores" implicados, aunque Hanna resalta que es "la guerra de Trump" y será él quien decida cuándo y cómo ponerle fin. Israel y Estados Unidos empezaron juntos y, pese a que han discrepado públicamente en torno a los métodos —el presidente estadounidense reclamó a Netanyahu que no bombardease yacimientos de gas o petróleo—, el analista apunta que es Israel quien "depende" de Estados Unidos, que tendría más margen de maniobra a la hora de presionar a su principal aliado en Oriente Medio.

El factor económico

Trump ha puesto parte del foco en otras derivadas al margen de la militar, entre ellas la económica. El bloqueo del estrecho de Ormuz, ruta de navegación clave para el tránsito de mercancías y energía, ha generado un efecto dominó en unos mercados marcados por la volatilidad y que han seguido de cerca cualquier mínima palabra salida de la boca o del teclado del presidente de Estados Unidos.

Los mercados, afirma García Encina, son "una de las pocas cosas que pueden frenar a Trump", como ya quedó de manifiesto con las correcciones a sus aranceles indiscriminados o con sus aspiraciones soberanistas sobre Groenlandia. En el caso de Oriente Medio, Trump observa de reojo variables como el precio del petróleo o los movimientos en las bolsas al mismo tiempo que proclama que Estados Unidos no sufrirá tanto el cierre del estrecho de Ormuz como otros países de Europa o Asia, China incluida.

Sospechas de información privilegiada en el mercado del petróleo tras el anuncio de Trump

El factor económico es delicado en un año electoral, ya que en noviembre los estadounidenses están llamados a votar para renovar parcialmente el Congreso. "Trump no está en la papeleta" , como recuerda Hanna, pero un sentimiento público contrario al presidente puede dar alas a las aspiraciones demócratas de recuperar el control del poder legislativo, por mucho que en las calles de Estados Unidos los ecos del conflicto no resuenen en la misma medida que en las de Europa.

En este sentido, García Encina atisba ya "fracturas" en las bases del movimiento MAGA que aupó por segunda vez a Trump en la Casa Blanca y señala que son los congresistas quienes responden en sus propias circunscripciones ante votantes que sí pueden notar la subida de precios o las complicaciones derivadas de los cortes de suministro por el tejido industrial. Además, el propio Trump se ha jactado desde su anterior mandato de que él nunca llevaría a Estados Unidos a una guerra prolongada, hasta el punto de pedir para sí el premio Nobel de la Paz.

El régimen de Irán queda descabezado, pero en pie

La ofensiva ha permitido descabezar el régimen, que ha perdido a varios altos cargos, entre ellos el líder supremo, Alí Jameneí, pero a estas alturas sobrevive. El nuevo líder, su hijo Mojtaba Jameneí, no ha aparecido aún en público y, según los informes tanto estadounidenses como israelíes, está herido, pero el resto de mandos e instituciones le han jurado públicamente lealtad entre consignas de venganza contra los "enemigos" extranjeros.

La revolución ciudadana que han reclamado de viva voz tanto Trump como Netanyahu no llega y el régimen está inmerso también en su propio dilema de intentar, a toda costa, no mostrar atisbo alguno de debilidad, aunque por el camino haya perdido gran parte de su capacidad militar y haya sufrido daños en infraestructuras críticas. "El hecho de que los iraníes aguanten y sigan luchando le da al régimen su propia narrativa de resistencia", apunta Hanna, al hacer balance de este particular duelo discursivo entre las partes.

Trump ha variado de discurso durante estas semanas, hasta el punto de que "no ha definido claramente qué es lo que constituye una victoria", según la investigadora del Real Instituto Elcano, que incide en que en el mensaje de Trump "es todo muy ambiguo". Derrocar o al menos debilitar al máximo al régimen forma parte de este entramado de consignas, pero también destruir el programa nuclear iraní o erradicar las amenazas derivadas de su programa de misiles, por lo que a la hora de hacer balance seguramente todo valga. Pase lo que pase, "Trump lo venderá como una victoria", señala García Encina.

Sin embargo, "una victoria para Trump no es lo mismo que una victoria para Israel". García Encima opina que a Israel "sí le conviene seguir y debilitar al régimen iraní", como lo demuestra la "insistencia" de Netanyahu desde la Guerra de los Doce Días del pasado mes de junio y sus varios viajes a Washington: "había que acabar el trabajo que habían empezado" y, al menos el 28 de febrero, Estados Unidos e Israel volvieron a emprender juntos esta aventura bélica de final incierto.