Enlaces accesibilidad
Análisis

Europa rechaza la guerra contra Irán, pero sufre sus consecuencias

Europa rechaza la guerra en Irán pero sufre sus consecuencias
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa. AFP / JOHN THYS

La Unión Europea, de nuevo ante una crisis. Así lleva casi dos décadas, empalmando crisis. Si ponemos el punto de arranque en la Gran Recesión, la crisis de las hipotecas y del euro que empezó en 2008 y desencadenó varios rescates de bancos y países, luego hemos tenido la crisis de la inmigración en 2015-2016, que se solapó con la salida de un Estado miembro, el Brexit, crisis que a su vez se solapó con la pandemia de la COVID-19 en 2020.

Dos años después, Rusia invadió Ucrania, otra crisis energética y política; en 2024 los Estados Unidos volvieron a elegir a Donald Trump, otra crisis para Europa; y ahora, la guerra de Israel y los Estados Unidos contra Irán, que ha desencadenado una crisis energética, económica por lo tanto, y también política y diplomática.

La novedad es que esta vez no hay grandes diferencias entre las posturas de los 27 gobiernos de la Unión Europea. No hay una fractura como la que produjo la invasión de Irak en 2003, entre lo que el gobierno de George W. Bush denominó "la vieja Europa", la que se oponía a la guerra (Alemania y Francia), y la "nueva Europa", la que la apoyaba (Reino Unido, España, Polonia...). Ahora ningún gobierno europeo se ha unido al de los Estados Unidos y hay consenso en que no es una guerra de Europa. Entre otras razones porque, a diferencia de George W. Bush, Donald Trump no ha contado con sus aliados europeos antes de ir a la guerra contra Irán, no ha buscado una coalición internacional.

Las reticencias europeas

Para los mandatarios europeos, esta es una guerra que han elegido librar Israel y los Estados Unidos, en contraste con una guerra de necesidad, que es como consideran la de Ucrania, la necesidad del país invadido de defenderse del invasor.

Desde este lado del Atlántico, puede resultar incluso ofensiva la pretensión del presidente estadounidense de que los aliados tradicionales de EE.UU. ayuden en esta guerra cuando, además de no contar con ellos antes, Trump se ha dedicado todo el año que lleva de presidencia a criticarlos e incluso amenazarlos. Ha cargado contra las democracias europeas, ha amenazado la integridad territorial de un socio de la OTAN, Dinamarca, al pretender anexionarse Groenlandia, ha impuesto aranceles arbitrarios y los ha usado para coaccionar. También ha puesto a Vladímir Putin por delante de estos aliados y de Ucrania, y ya en su primera presidencia rompió el pacto con Irán de 2015, del que los europeos fueron parte negociadora. Ahora lanza esta guerra saltándose el derecho internacional, que él mismo dice "no necesitar".

El presidente se ha acordado de sus aliados y ha pedido ayuda a los gobiernos europeos y a la OTAN cuando Irán ha respondido amenazando el tránsito de petroleros considerados enemigos por el estrecho de Ormuz, por donde pasa un 20% del petróleo mundial. La respuesta ha sido, con matices y vaivenes, lo que muchos diplomáticos resumen recurriendo a una frase atribuida a Colin Powell, secretario de Estado de Bush en la guerra de Irak: "You break it, you own it": tú lo rompes, problema tuyo.

Sí, pero no, pero tal vez, de momento, no

Todos los gobernantes europeos critican duramente el régimen de Irán, nadie lo defiende, pero no quieren verse involucrados en esta guerra de Israel y Estados Unidos. Al mismo tiempo, y salvo el Gobierno español con su rotundo "no" al uso de las bases estadounidenses en España, casi nadie quiere un choque frontal con la administración estadounidense, porque aún son, somos, dependientes de los EE.UU. por muy dañada que esté la relación en este segundo mandato de Trump.

Los europeos temen que, si ellos se desentienden completamente de esta guerra, el presidente estadounidense puede hacer lo mismo con la de Ucrania, como ya ha insinuado varias veces: "Esta guerra está muy lejos de Europa, también lo está la de Ucrania de Estados Unidos y estamos ayudando". Una ayuda muy menguada y siempre pendiente de un fino hilo, más cuando la prioridad de la guerra contra Irán ha dejado la guerra de Ucrania en segundo plano. Así hay que interpretar la gira de esta semana del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, por Europa: no dejar que nos olvidemos de esa guerra y llamar la atención sobre el hecho de que ayuda económica y armamentística estadounidense que podía ir a Ucrania ahora se dedica al golfo Pérsico. La guerra de Europa sigue siendo Ucrania y va ya por el quinto año.

"No es nuestra guerra, nosotros no la empezamos"

"No queríamos esta guerra. Nos faltan los planes y no parece haber una estrategia de salida", ha declarado el primer ministro de Bélgica, el conservador Bart de Wever. En la misma línea se pronunció el ministro de Defensa de Alemania, Boris Pistorius, socialdemócrata: "No es nuestra guerra, nosotros no la hemos iniciado. Queremos soluciones diplomáticas y un final rápido, pero enviar más buques de guerra a la región no contribuye a ello". A la petición de ayuda naval en el Golfo, Pistorius respondió con sorna: "¿Qué espera Trump que un puñado de fragatas europeas hagan que no pueda hacer la potente marina de de los EE.UU?". En términos parecidos se expresó su jefe de gobierno, el conservador Friedrich Merz: "Estados Unidos e Israel no nos consultaron antes de esta guerra. En cuanto a Irán, nunca ha habido una decisión conjunta sobre si hacerlo o no. Por eso tampoco se plantea la cuestión de cómo va a intervenir Alemania militarmente aquí. No lo haremos".

Este ha sido el penúltimo giro de Merz respecto a Washington. Empezó siendo muy duro antes incluso de tomar posesión, con aquello de que "nunca imaginé que lo diría en televisión, pero después de las declaraciones de Donald Trump está claro que a su gobierno no le importa mucho qué pase con Europa (...) Mi prioridad será reforzar Europa lo antes posible para que podamos alcanzar independencia de los Estados Unidos".

Esto lo dijo en febrero del año pasado, pero desde entonces, y ya en el Gobierno, Merz se ha ido acercando a Washington hasta llegar el momento más polémico, a principios de este mes, en su encuentro con Trump en el Despacho Oval. Junto al presidente estadounidense, el canciller alemán se mostró comprensivo con los bombardeos de Israel y EE.UU. a Irán, no quiso entrar en si violaban el derecho internacional y, en clave europea, calló o se puso del lado de Trump cuando este criticó a los gobiernos del Reino Unido y de España. Previamente, a las 24 horas del inicio de los ataques de Israel y los Estados Unidos contra Irán, Merz firmó junto con el presidente francés, Emmanuel Macron, y el primer ministro británico, Keir Starmer, una declaración en la que daban a entender que apoyarían a los Estados Unidos si Irán ataca sus intereses en el golfo Pérsico.

No es nuestra guerra, pero sus consecuencias nos afectan

Europa no ha decidido empezar esta guerra contra Irán, que entra en la cuarta semana, nadie sabe cuánto va a durar ni cómo va a acabar, pero las consecuencias sí afectan a Europa. Por eso se ha convertido en el eje de la cumbre de este jueves pasado en Bruselas, la reunión del Consejo Europeo, los presidentes y primeros ministros de los 27 Estados miembros.

Desde el 28 de febrero, el precio del gas casi se ha doblado y el del petróleo ha subido un 50%. Según las cuentas de la Comisión Europea que cita el periódico francés Le Monde, esta guerra le ha costado ya a la UE 6.000 millones de euros por la importación de energías fósiles. La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, alertó esta semana de que las perspectivas económicas son más inciertas, con un riesgo de subida de la inflación y bajada del crecimiento económico.

Si el estrecho de Ormuz sigue bloqueado y los petroleros no pueden distribuir su carga, vendrán más penurias energéticas y económicas para una Europa que ya renunció, vía sanciones, a casi todo el suministro de Rusia. Las dos guerras se entrelazan, la de Estados Unidos e Israel contra Irán, y la de Rusia contra Ucrania, cuanto más dure la de Irán más beneficiada saldrá Rusia, porque se disparan sus ingresos en dólares por el petróleo y porque más países, además de Estados Unidos, pueden plantearse levantarle las sanciones para abastecerse de gas y petróleo. Y esta es otra consecuencia que preocupa a los gobiernos europeos.

Otro efecto indeseable sería que se desencadenara una ola de migrantes hacia el continente, como ocurrió con la guerra de Siria hace una década. "No nos podemos permitir algo parecido", afirman las jefas de gobierno danesa e italiana, Mette Frederiksen y Giorgia Meloni, "ello sería una catástrofe humanitaria para las personas directamente afectadas, y pondría en riesgo la seguridad y la cohesión dentro de la Unión Europea".

El estrecho de Ormuz

El mismo día en que los mandatarios europeos se reunieron en Bruselas, el presidente de Francia y los jefes de Gobierno de Alemania, Países Bajos, Italia, Reino Unido, Japón y Canadá firmaron una declaración conjunta en la que puede leerse: "Los efectos de las acciones de Irán afectarán a las poblaciones de todo el mundo, especialmente a las más vulnerables.(...) Expresamos nuestra disposición a contribuir a los esfuerzos apropiados para garantizar el paso seguro a través del Estrecho".

Cómo y cuándo se concretarán esos "esfuerzos apropiados" no consta en el texto, pero en la reunión del Consejo sus firmantes europeos afirmaron que sería cuando ya no haya bombardeos. En el caso de Francia, que tiene desplegada una flota en el Mediterráneo oriental, el presidente, Emmanuel Macron, dijo que "contribuirá a escoltar barcos por el estrecho, pero solo cuando haya pasado la fase caliente de la guerra. Mientras tanto, no somos parte de un conflicto que no hemos elegido". Macron también ha sugerido que ese despliegue aliado se haga bajo un paraguas de la ONU. De manera similar se pronunció Merz al decir que "no podremos y no querremos involucrarnos hasta que no callen las armas".

Opinión pública

La posición de los gobiernos europeos está en sintonía con la mayoría de la ciudadanías, y explica en parte la actitud de los mandatarios: esta guerra es impopular. No es ajeno el hecho de que no se haya hecho ningún esfuerzo por justificar la guerra previamente, y porque en caso anteriores se hizo con argumentos que luego se demostraron falsos.

En Alemania, según un sondeo de la cadena pública ARD, un 58% se opone y solo un 25% la apoya, incluso el partido de la ultraderecha, AfD, y favorito del gobierno Trump, se muestra contrario. En el Reino Unido, según YouGov, en contra se declara un 49% y un 28%, a favor. En Francia aún es mayor el rechazo, según un sondeo de esta semana para la cadena conservadora BFMTV, el 70% de los franceses se oponen a toda intervención de su país en esta guerra. Un rechazo muy parecido al de España, un 69%