La complacencia de Friedrich Merz hacia Donald Trump está por encima de los socios europeos
- El canciller alemán prefirió callar ante los ataques que el presidente de EE.UU. lanzó contra España y Reino Unido
- DIRECTO: sigue la última hora de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán
Después de un breve comunicado conjunto, publicado el primer día del conflicto junto a sus socios del E3 -el francés Emmanuel Macron y el británico Keir Starmer-, las primeras declaraciones del canciller alemán sobre los ataques de EE.UU. e Israel contra Irán llegaban el domingo por la tarde. En una comparecencia anunciada pocas horas antes, Friedrich Merz manifestaba abiertamente y por primera vez su apoyo a Washington y Tel Aviv. "No existe un momento ideal para hacer algo así, pero puede que llegue un momento en que sea demasiado tarde", subrayaba el canciller a la vez que se refería al régimen de los ayatolás como un régimen de terror e ilegítimo que durante décadas ha ejercido la opresión sobre su pueblo.
Tan solo 24 horas después de pronunciar esas palabras, el jefe del Ejecutivo alemán se subía a un avión con destino a Washington. La segunda visita a Donald Trump en la Casa Blanca desde que ostenta el cargo de canciller y estaba planeada desde hacía tiempo, pero, dados los acontecimientos en Oriente Próximo, el encuentro adquiría un nuevo cariz.
Merz se convertía así en el primer mandatario europeo en reunirse con el presidente estadounidense tras los ataques a Irán. La rueda de prensa en el Despacho Oval también ofrecía a los medios la oportunidad de preguntar a Trump acerca del conflicto, así que el canciller -como ocurriera en su primera visita, que coincidió con la ‘ruptura’ entre el dirigente republicano y Elon Musk- tuvo que conformarse con el papel de secundario, siendo interpelado en apenas un par de ocasiones. Suficientes, por otro lado, para activar la polémica.
Un Merz impasible ante los ataques de Trump
Trump no escatimó en palabras a la hora de desacreditar a España y al Reino Unido por su falta de colaboración en la guerra de Irán. A nuestro país lo calificó de "socio terrible" por no permitir usar sus bases de Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla). "Podríamos usarlas si quisiéramos, simplemente podríamos volar y usarlas. Nadie nos va a decir que no las usemos, pero no tenemos por qué hacerlo". También le recriminó que no cumpla con la inversión del 5% del PIB en defensa para a continuación lanzar una amenaza en forma de embargo comercial: "Vamos a cortar todo el comercio con España. No... No quiero tener nada que ver con España".
Un Merz impasible era entonces preguntado por un periodista de la ARD (la radiotelevisión pública alemana) acerca de su opinión sobre esas declaraciones: "Es cierto, España es la única que no está dispuesta a aceptarlo [el 5% de inversión en defensa]. Y estamos intentando convencerles de que esto forma parte de nuestra seguridad común, de que todos debemos cumplir con estas cifras". El canciller germano no solo no echó una mano a un socio europeo, sino que redoblaba la crítica, tal y como destacaban los medios alemanes, que se han mostrado sorprendidos o molestos ante la actitud de su jefe de Gobierno.
Tras la rueda de prensa en el Despacho Oval, la agenda oficial de Friedrich Merz en Washington incluía una comparecencia, ya solo, ante los periodistas alemanes que lo habían acompañado en el viaje. Tuvo lugar dos horas más tarde de lo previsto, pasadas las 21.30 -hora central europea- y fue entonces cuando empezó la catarata de justificaciones por parte del canciller, que se repitieron a lo largo de varias entrevistas en diferentes espacios informativos nacionales.
A la pregunta de por qué no acudió en ayuda de un aliado europeo cuando estaba siendo duramente criticado por el presidente de Estados Unidos, Merz respondió: "No quería profundizar en la discusión públicamente ni intensificarla. Le dije, en primer lugar, que España es miembro de la Unión Europea y, como tal, solo negociamos un acuerdo aduanero con Estados Unidos conjuntamente, o no negociamos nada. No hay forma de tratar a España especialmente mal en este asunto. En todo caso, todos llegaremos a un acuerdo común, incluida España. [Trump] basó su crítica principalmente en la contribución de España a la OTAN. Pero eso no tiene nada que ver con nuestros esfuerzos europeos por alcanzar un acuerdo comercial".
Merkel y Scholz nunca lo harían
A la mañana siguiente, el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, contactó con su homólogo alemán, Johann Wadephul, para expresarle "su sorpresa" ante lo ocurrido en la Casa Blanca. Asegurando Albares en una entrevista en La Hora de la 1 que "no puedo imaginar a los cancilleres (Angela) Merkel o (Olaf) Scholz haciendo tales comentarios (…) había otro espíritu europeísta". Buen dardo a Merz.
A esas alturas (mañana del miércoles) Pedro Sánchez ya había comparecido desde la Moncloa para responder veladamente a las amenazas de Trump y empezaba a recibir muestras de apoyo de socios europeos: el presidente francés Emmanuel Macron, el presidente del Consejo Europeo António Costa, la presidenta de la Comisión Ursula von der Leyen… Desde Alemania, sin embargo, solo algunos medios se referían a la incomprensible reacción de Merz. El canciller callaba.
En la rueda de prensa de portavoces del miércoles (equivalente a la rueda de prensa posterior al consejo de ministros en nuestro país), España ocupó un lugar destacado, algo que pocas veces ocurre. Stefan Kornelius, portavoz del Ejecutivo alemán, defendió la acción de su jefe, de explicarle a Trump en privado que no se pueden tomar represalias comerciales contra un único miembro de la Unión Europea porque los 27 van en bloque.
Sobre la motivación que llevó al canciller a hacerlo a puerta cerrada y no delante de todos en el despacho oval, Kornelius no quiso dar explicaciones. Y confirmó que entre Merz y Sánchez no se había producido ningún contacto hasta ese momento (en el que el presidente español contaba ya con el espaldarazo de otros aliados). Pasadas las horas, esa llamada seguía sin producirse.
Relaciones hispano-alemanas menos fluidas
Tras el cambio de Gobierno en Alemania, y el paso de un canciller socialdemócrata (Olaf Scholz) a un conservador democristiano (Friedrich Merz) las relaciones entre ambos países no fluyen como antaño. Merz tardó varios meses en visitar a Sánchez en Madrid, cuando ya había estado con muchos otros mandatarios, en su viaje inaugural como nuevo jefe del Ejecutivo alemán. Y el presidente español todavía no ha viajado a Berlín.
Sus posturas opuestas quedan patentes en asuntos como la guerra en Gaza, la calificación de genocidio o el reconocimiento del Estado palestino. ¿Acaso son estas motivaciones para dejar 'en la estacada' a un socio comunitario ante los ataques de Donald Trump? ¿O esto no tiene nada que ver con nuestro país, sino con la necesidad de Friedrich Merz de complacer al presidente estadounidense a toda costa; de querer seguir gustándole como parece hacerlo hasta ahora?
Apenas tres semanas atrás, durante la inauguración de la Conferencia de Seguridad de Múnich, Merz admitió que "se había abierto una profunda brecha entre EE.UU. y Europa", por la amenaza a la soberanía de Dinamarca sobre Groenlandia o las políticas arancelarias, entre otros motivos. También rechazó el ‘America first’ del movimiento MAGA (Make America Great Again). Sin embargo, ante la presencia de Trump, las cosas cambian.
De alguna forma, algo se activa en el organismo de un canciller que forjó gran parte de su carrera en el implacable mundo de los negocios. Y así queda reflejado en un artículo de opinión publicado en el semanario Der Spiegel por el periodista Steffen Lüdke, cuando escribe que "en cierto modo, Merz es un reincidente". "En diciembre, le dijo a Washington: 'Si no pueden hacer nada con Europa, al menos conviertan a Alemania en su socio'. En aquel momento, se consideró un lapsus", escribe.
Ya sea un lapsus o un descuido del subconsciente, esta actitud del canciller alemán no debería ser propia de un mandatario que, supuestamente, quiere liderar Europa ante el nuevo escenario que tenemos enfrente, ante el nuevo orden mundial impuesto, precisamente, por el hombre al que no le corrige ni una coma cuando lo tiene sentado al lado, aunque eso signifique dar la espalda a un socio comunitario.