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Cuba sin el crudo venezolano: entre la épica de seguir sobreviviendo y la presión de Trump

  • El presidente estadounidense asegura que el régimen no va a poder sobrevivir sin el petróleo venezolano
  • El Gobierno de Díaz Canel, dispuesto a defender a la Patria "hasta la última gota de sangre"
¿Puede Cuba sobrevivir sin el petróleo venezolano?
Un hombre vende pasteles frente a un mural de Ernesto 'Che' Guevara en La Habana el 6 de enero de 2026 ADALBERTO ROQUE / AFP

El ataque militar de Estados Unidos a Venezuela no solo se saldó con la captura de Nicolás Maduro y su mujer y puso al país petrolero a las órdenes de Donald Trump. No muy lejos de allí, a unas 1.400 millas de Caracas, ese 3 de enero los ecos de las bombas hicieron temblar también los cimientos de otro régimen, justo cuando acababa de cumplir 67 años: el de la Revolución Cubana de Fidel y Raúl Castro, heredada desde 2018 por Miguel Díaz-Canel.

Washington quiere acabar con el Ejecutivo comunista de Cuba antes de que acabe este año, y con ese objetivo busca ya en el seno del régimen personas que puedan aportar información privilegiada y llegar a un acuerdo, como supuestamente ocurrió en Caracas para lograr la caída del líder chavista y trasladarlo a Nueva York para ser juzgado por narcoterrorismo. Al menos así lo atestigua una investigación de The Wall Street Journal publicada este miércoles.

"Cuba está a punto de caer". Con esta frase, horas después de la captura de Maduro, un Trump venido arriba puso a la isla en su lista de siguientes objetivos a batir, pero sin necesidad de "acción alguna" por parte de su país. "No sé cómo van a poder mantenerse, no tienen ingresos. Los recibían todos de Venezuela, del petróleo venezolano", arremetió el republicano, quien ha invitado en los últimos días a La Habana a llegar a un acuerdo "antes de que sea demasiado tarde".

Hace una semana, Díaz-Canel, al borde del llanto, reconocía en un acto ante miles de personas que la agresión estadounidense ha golpeado "duro" a Cuba. "Por más de 25 años, Cuba y Venezuela han compartido ideales y obras en favor de un mundo mejor posible, dispuestos a conquistar toda la justicia por los caminos del socialismo", expresó en un homenaje a 32 cubanos que formaban parte del círculo de seguridad de Maduro y que murieron en el ataque.

Y aunque criticó a quienes "pueden confundir la relación entre cubanos y venezolanos como un mero negocio", a nadie se le escapa que, más allá de la sintonía ideológica, la inquietud del cubano esconde cierta incertidumbre por un futuro incierto.

Un cuarto de siglo de alianza

Venezuela, que se estima posee cerca del 17% de todas las reservas mundiales de petróleo, pero hoy poco explotadas tras años de deterioro de sus infraestructuras, era el principal aliado político y comercial de La Habana. Un sustento clave desde que Hugo Chávez y Fidel Castro sellaron una alianza estratégica en 2003 y que se mantuvo con altibajos después de 2013, durante el mandato de Maduro.

Los envíos regulares de crudo venezolano a Cuba -a cambio de la prestación de servicios profesionales, como médicos, profesores, entrenadores deportivos y personal militar-, han sido el mayor sustento de su maltrecha economía, que arrastra años de crisis y escasez de alimentos, medicinas y combustible, una galopante inflación, deterioro de los servicios públicos, un desplome del turismo y constantes apagones que impactan en el día a día de los cubanos. Sin olvidar la crisis sanitaria, con la actual epidemia de dengue y chikunguña, y los recurrentes desastres naturales.

Este delicado escenario, consecuencia de políticas fallidas y problemas estructurales, se ve agravado por embargo -o 'bloqueo' según la jerga cubana- impuesto por EE. UU. desde hace décadas, endurecido en los dos mandatos de Trump tras el deshielo impulsado por su antecesor Barack Obama entre 2014 y 2017.

Ciudadanos caminan por una calle de La Habana el 12 de enero de 2026 EFE/ Ernesto Mastrascusa

"Me levanto y mientras desayuno, lo primero que hago es ver en una página de Facebook de la empresa eléctrica de La Habana para saber a qué hora se va a ir la corriente. En función de ese horario, yo organizo mi día", relata a RTVE Noticias Alejandro, el 'youtuber' Literalmente Cubano, en cuyo canal recorre las calles del país para mostrar su realidad social. "En La Habana hay un horario para que se vaya la corriente", se consuela, porque en el resto de provincias, viven "con esa incertidumbre de que tú no sabes cuándo se va, cuándo viene".

"El peor enemigo que tiene la sociedad cubana hoy es la resignación que le ha llevado a normalizar todos estos problemas. No está bien vivir a oscuras, haciendo cola, sin transporte, en unas calles donde llenas de basura. Yo salgo a grabar y no sé en cuantos charcos tengo que meter los pies en agua sucia", lamenta. "Cuba está en ruinas", y no solo de los edificios, "la sociedad está en ruinas", incide.

En los últimos años no han sido pocas las manifestaciones ciudadanas que han clamado contra los cortes de luz, que se producen por la dilatada sobreexplotación del sistema y su falta de mantenimiento. En 2021, se produjeron las mayores protestas antigubernamentales desde la 'crisis de los balseros' en 1994, y fueron fuertemente reprimidas. Unas 800 personas fueron encarceladas, y algunos condenados incluso a 30 años por sedición En julio pasado, al cumplirse cuatro años, EE.UU. sancionó por primera vez al presidente cubano y otros líderes del régimen por su implicación en "graves violaciones a los derechos humanos".

La presión de EE.UU. sobre el petróleo venezolano tiene en Cuba una primera víctima

"Nadie nos dicta qué hacer"

El régimen no oculta los problemas, que atribuye al histórico "bloqueo estadounidense": "Quienes culpan a la Revolución de las severas carencias económicas que padecemos, deberían callar por vergüenza. Porque saben y lo reconocen, que son fruto de las draconianas medidas de asfixia extrema que EE.UU. nos aplica hace seis décadas y amenaza con superar ahora", escribió Díaz-Canel en la red social X el 11 de enero. "Nadie nos dicta que hacer", clamó cuando ya EE.UU. controlaba los designios políticos de su mayor socio en décadas, la Venezuela chavista.

Si bien el gobernante cubano no cierra la puerta al "diálogo" advierte de que no habrá entendimiento posible ni negociación con "coerción". La tensión no baja. El fin de semana pasado, el Consejo de Defensa Nacional cubano aprobó los planes para dar paso al "Estado de Guerra", una doctrina basada en una estrategia impulsada por Fidel Castro en los años 80 para movilizar a la población ante una posible agresión externa.

Pero, ¿corre ahora peligro real un régimen que desde 1959 ha sobrevivido a las más duras presiones del vecino del norte? Desde la invasión de la bahía de Cochinos por parte de cubanos exiliados y mercenarios entrenados por la CIA, que pretendían derrocar a Castro en 1961 a la última inclusión de Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo en 2025; Cuba mantiene una particular supervivencia de David contra Goliat.

"Quizás es el momento más vulnerable de Cuba en 67 años", explica a RTVE Noticias el economista cubano Ricardo Torres, que cree que "hay muchos escenarios", ante la grave crisis que atraviesa la isla y la pérdida de legitimidad del Gobierno, que "ha perdido mucho tiempo" en acometer cambios que eran irremediables. "Estados Unidos lo sabe. Tiene capacidad de poner más presión y creo que va a poner más presión, no solo a partir del cierre del petróleo desde Venezuela. La gran incógnita será qué reacciones puede eso suscitar dentro del país", señala.

Sin llegar a una operación militar como la de Venezuela, Torres enumera algunas medidas con las que Washington podría apretar más a La Habana: cancelar completamente los vuelos comerciales directos, limitar más las exportaciones que, pese al embargo, aún se hacen a la isla; o ser más exigente a la hora de reducir el envío del dinero que los cubanos radicados en EE.UU hacen a sus familias, las famosas remesas, una de las principales fuentes de ingresos del país desde hace décadas.

"Ni siquiera el mal llamado 'período especial' (la crisis tras el colapso de la Unión Soviética en 1991) se asemeja a lo que estamos viviendo actualmente. El nivel de desigualdad social es insólito, ni siquiera antes de la Revolución Cubana de 1959", asevera el opositor Manuel Cuesta Morúa, presidente del Consejo para la Transición Democrática en Cuba.

Cuesta Morúa opina que el Gobierno de Díaz-Canel -aunque muchos afirman que Raúl Castro es quien sigue dirigiendo el país- debe estar inmerso en un profundo debate para calibrar bien sus siguientes pasos, ya que el régimen "siempre ha sido bastante pragmático". "La sociedad se está rearticulando poco a poco tras la gran represión de 2021. Vuelve a mostrar rostro y energía. Y yo creo que se está generando un escenario de presión social positiva de distintos actores cubanos dentro y fuera del país, en la dirección de que el Gobierno dé los pasos necesarios para una salida pacífica, una transición tranquila", confía.

"Es también un régimen soberbio, orgulloso, que tiene que verse en una situación límite para dar un paso en la dirección que le sigue la realidad", puntualiza.

¿Sin Venezuela llega el colapso?

Para Trump, acabar con el eterno enemigo comunista, a solo 144 kilómetros de Florida, y seguir imponiendo su dominio en el Caribe, sería otro tanto en su lista de logros.

Y no es menor la influencia de su secretario de Estado, Marco Rubio, nacido en Miami de padres cubanos que salieron del país poco antes de la revolución, epítome de la enorme comunidad cubana anticastrista de Florida. "Si yo estuviera en el Gobierno de La Habana, estaría preocupado”, exclamó un triunfal Rubio el mismo día de la caída de Maduro. "¡Suena bien para mí!", escribió días después Trump en su red social sobre la posibilidad de que Rubio acabara siendo presidente cubano.

"Cuba ha vivido, durante muchos años, gracias a grandes cantidades de petróleo y dinero de Venezuela. Como contraprestación, Cuba proporcionó 'servicios de seguridad' para los últimos dos dictadores venezolanos, ¡PERO NUNCA MÁS!", lanzó el inquilino de la Casa Blanca. En respuesta, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, aseguró que Cuba no ha recibido nunca "compensación monetaria o material" por los servicios de seguridad prestados y "tiene absoluto derecho a importar combustible".

Sin embargo, el economista Torres maneja otros números. En 2025 Cuba recibió de Venezuela entre 25.000 y 28.000 barriles diarios aproximadamente, la cuarta parte de sus necesidades, según sus cálculos. "Sustituirlo implicaría salir al mercado a comprarlo. Y Cuba no tiene esos recursos", explica. ¿Puede el régimen caer tras cerrarse el grifo del crudo venezolano? "Es la pregunta del millón. (...) Es imposible poder predecir con información pública".

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y el secretario de Estado de los EE. UU., Marco Rubio Mauro Pimentel y Jim Watson / AFP

El salvavidas mexicano

Con Venezuela fuera del tablero, México se proyecta como el principal proveedor petrolero. Según Torres, en 2025 envió a La Habana entre 20.000 y 30.000 barriles diarios promedio. Por ahora, EE.UU., que tiene también al país en la mira por los cárteles de narcotráfico, no ha pedido frenar los envíos a la isla y el Gobierno de Claudia Sheinbaum ya ha dicho que siguen los embarques y que no se envía más de lo remitido históricamente como parte del contrato -con deudas condonadas incluidas- y de ayuda humanitaria a la isla.

Los envíos de México no represenatan un salvavidas, en todo caso un parche a la crisis energética. Tampoco está claro aún cuánto apoyo puedan brindar otros socios importantes aliados de Cuba, como Rusia o China, a su vez, adversarios políticos de EE.UU. De momento, observan cautos desde la barrera el devenir de la isla caribeña. "No hay un escenario en el cual se logra, con envíos de otros aliados, suplir completamente la pérdida del petróleo venezolano", advierte Torres.

Resistir

Entre 2020 y 2024, el producto interior bruto de Cuba se contrajo un 11 %. El mes pasado, el Gobierno previó que la economía cerrará 2026 con un "discreto" crecimiento del 1 %, el mismo dato que proyectado para 2025 y que no se va a cumplir. Y, aunque el sueldo medio estatal subió un 25,6 % en 2024, hasta los 5.840 pesos cubanos (12 euros al cambio oficial), esa cantidad hoy solo alcanza para comprar un cartón de huevos y un kilo de leche en polvo. Los salarios no cubren ni de lejos las necesidades básicas de una familia.

"Comer bien en Cuba es un lujo. A quienes trabajan para el Estado no les pagan en dólares. Y donde venden los productos para tener una vida medianamente digna, están en dólares", cuenta el 'youtuber' Alejandro, que se graduó en Ingeniería Informática, de lo que trabajó dos años hasta que emprendió camino en las redes sociales, de lo que vive ahora monetizando sus vídeos.

Las dificultades propician la venta en el mercado negro de alimentos, medicamentos y otros productos básicos. "Los médicos ya no hacen recetas porque no hay medicinas. Se ha normalizado que se compran en el mercado negro. Tú buscas en Facebook, en los grupos de compra-venta, o buscas en la calle. Está prohibido, pero sin ningún pudor, en cualquier esquina, hay una persona que te vende medicamentos. En la farmacia no hay nada", indica Alejandro.

En 2021, un informe oficial estimó que en Cuba había 4,7 millones de trabajadores, de los que más de 3,1 millones eran estatales. "Nadie quiere trabajar para el Estado" y quienes lo hacen es porque "no tienen otra opción", comenta el youtuber. El sector privado que Raúl Castró permitió germinar en la isla, está vetado en sectores estratégicos y ha propiciado pequeños negocios, como pequeños mercados, cafeterías o restaurantes. "Los jóvenes, la mayoría están sirviendo comida en un restaurante o de dependientes en tiendas de alimentos. Están surgiendo muchos negocios de este tipo, pero no son para hacerte rico, simplemente para sobrevivir", apunta Alejandro.

Cuba, con 9,7 millones de habitantes (eran más de 11 millones en 2018), registra una de las tasas de ocupación más bajas de América Latina, un 49,1 %. Y más de un cuarto de la población tiene 60 años o más. "Mucha gente cercana hoy yo miro y todos se han ido", desvela el youtuber. "A la gente, cuando le preguntas cómo se ven en el futuro, no se visualizan en Cuba (...) no se visualizan cambiando Cuba. Se visualiza afuera de Cuba, en otra sociedad", añade.

El opositor cubano Manuel Cuesta Morúa, en La Habana en 2016 EFE/Alejandro Ernesto

¿Y ahora qué?

El opositor Cuesta Morúa ha sido detenido en multitud de ocasiones. La organización que lidera tiene como objetivo impulsar una transición a la democracia desde dentro. "Que atraviese los caminos que ofrece la ley en Cuba. De la ley a la ley. Estamos planificando pasos concretos, específicos, que, conectando a la ciudadanía, impulsen ese cambio", resalta, con la liberación de los presos políticos como tema prioritario.

Rechaza por completo que la solución sea una intervención como en Venezuela, que cree derivaría en un grave conflicto de violencia en Cuba: "Apelamos a las autoridades cubanas a que, frente a las tensiones internacionales, asuma su responsabilidad de buscar una solución entre cubanos. Es una oportunidad".

Para Cuesta Morúa, el único camino es la "reconciliación nacional, porque el Gobierno cubano "tiene una gran debilidad: la falta de apoyos sociales sumado a su incapacidad para satisfacer las grandes demandas de la sociedad".

Parecido opina Alejandro: "Tiene que haber un cambio radical. Yo no estoy diciendo que sea militar ni una intervención. No. Un cambio de adentro hacia afuera, un cambio de los cubanos, un cambio de conciencia de los cubanos para darse cuenta de que en sus manos está la solución a sus problemas".

Cuba mira con recelo hacia Venezuela pendiente de cuál será el siguiente plan de Trump

Para este joven de 33 años, el régimen con el que nació "o se adapta o se va". "Las ideas por las que triunfó la revolución, por la que nuestros abuelos o bisabuelos apoyaron este proyecto, ya no tienen sentido. Hay una generación de cubanos que no encaja en el sistema, ya los jóvenes no quieren hablar de política en esos términos(...). Hay un cambio generacional", opina.

Y concluye con un anhelo, el mismo de muchos cubanos: "Yo sí sueño con que en Cuba cambien la cosas, porque a mí no me gustaría irme. Yo quiero vivir en Cuba, pero en otra Cuba".