Enlaces accesibilidad
Análisis

Riadas y espadas: la nueva guerra en Oriente Próximo

Por
La cabeza de un soldado asoma por la escotilla de un tanque
Un soldado israelí mira desde un vehículo blindado de transporte de personal (APC) cerca de la frontera de Israel con el Líbano.

Antes de despuntar el alba del sábado 7 de octubre, los pasos fronterizos de Nahal Oz, Karni y Sufa, al oeste de la Franja de Gaza, en el desierto del Néguev israelí, fueron tomados por comandos de Hamás –acrónimo de Movimiento de Resistencia Islámico-, en una operación combinada de terror que se apresuraron a bautizar como 'Tormenta de Al Aqsa'. Al Aqsa es la mezquita de Jerusalén en el Monte sagrado judío donde también se han levantado sus tres templos sagrados. Y el Gólgota de los cristianos.

El nombre que daba a la misión el líder del ala militar de Hamás, Mohamed Deif, tras dos años desaparecido, apuntaba a un amplio objetivo, “acabar con la más antigua ocupación del planeta”. La visión de sus comandos, circulando por las calles de núcleos urbanos en pickups, armados hasta las cejas, con bandas blancas de martirio, quedará grabada para siempre como una pesadilla colectiva.

Primera incursión de Hamás fuera de la Franja

Era la primera vez que Hamás entraba en los pueblos y ciudades del sur de Israel, fuera de la Franja, para literalmente morir matando. Los relatos de los ciudadanos de esos centros, abriéndoles la puerta pensando que eran soldados israelíes, permanecerán como un signo indeleble de terror.

Durante casi medio día las llamadas indiscriminadas de auxilio subrayaban la sorpresa con la que había sido tomado el gobierno de Benjamín Netanyahu, las agencias de seguridad, y fuerzas armadas en plena festividad religiosa, el sábado de Sucot, la fiesta de la cosecha.

Deif era conocido con el alias de “siete vidas”. Ya debe andar por setenta

Ese mismo día reapareció Mohamed Deif de perfil en un plano con encuadre prácticamente negro. Según qué fuentes, se habría quedado tuerto, probablemente manco, incluso en silla de ruedas, después de haber sido alcanzado repetidamente en los sucesivos bombardeos de castigo israelíes sobre Gaza. Cuando comenzó la Segunda Intifada, hace 23 años, Deif era conocido con el alias de “siete vidas”. Ya debe andar por 70.

Esta mañana Israel anunciaba haber acabado con los más de 20 focos con militantes de Hamás atrincherados en otros tantos lugares fuera de Gaza. Al tiempo que intensificaba los bombardeos sobre la Franja, unos 40 kilómetros de largo por aproximadamente diez de ancho, dos millones y medio de habitantes, uno de los lugares con mayor densidad poblacional del mundo: casi siete mil por kilómetro cuadrado. Muchos de ellos críticos con Hamás. Por su parte, sobre Israel ya habrían caído hasta la mañana de este lunes más de 4.000 obuses. Se contarían más de 1.100 víctimas, gran parte civiles, en Gaza; más de 700 en Israel. La definición del terror.

Irán y Hezbolá, sí o no

Mientras Estados Unidos envía sus portaaviones al Mediterráneo Oriental, en previsión de un largo conflicto, la gran incógnita es si Hezbolá, las milicias libanesas del Partido de Dios pro iraní, va a abrir o no un segundo frente al Norte de Israel.

“Las acusaciones ligadas a un papel iraní… sólo obedecen a razones políticas”, decía también esta mañana Nasser Kanani, el portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores de la República Islámica desde Teherán.

A pesar de las declaraciones incendiarias del Guía Supremo, Alí Jameneí, sobre la necesidad de arrasar Israel, lo cierto es que su régimen nunca ha estado peor ni más débil en su frente interno; de cara a su propia población. Hasta el punto de que debe concentrarse como nunca en su propia supervivencia.

Los devastadores efectos de las sanciones internacionales; el descontento popular generalizado con el regreso a las calles de Irán de la policía de la moral, matones que noquean a las jóvenes sin velo con golpes directos a la cabeza; el aislamiento internacional…

El Consejo de Seguridad de la ONU y la solución de los dos Estados

Observando de cerca si Hezbolá abre o no un segundo frente, el otro lugar que se debe seguir es Nueva York. La noche pasada, los 15 miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, con Estados Unidos a la cabeza, pedían “una condena de los horribles ataques terroristas de Hamás”.

Rusia y China, dos de sus cinco miembros permanentes, subrayaron que “condenaban todos los ataques contra civiles”, pero pedían, “volver a la mesa de negociaciones para acordar un alto el fuego, y retomar la diplomacia de una solución de dos Estados”.

A nivel político internacional, dos conclusiones por el momento. La normalización de relaciones, con reconocimiento de Israel incluido, por parte de Arabia Saudí, en stand by tras las declaraciones de Mohamed Bin Salman, el hombre fuerte de Riad. Y el mundo ha dejado de mirar a Ucrania, al menos exclusivamente. Cui prodest scelus is fecit, quien se beneficia del crimen es su autor, dejó escrito Séneca en su Medea.