Mes y medio de guerra en Oriente Medio dejan heridas abiertas en los dos principales campos de batalla: Líbano e Irán. Muchos libaneses regresan estos días al sur del país para comprobar que sus casas son apenas una montaña de escombros. En Irán, más allá de la destrucción, la población civil comienza a notar la falta de medicinas.
Es el caso de Fátima. Marcha con una gran bolsa de medicamentos de la farmacia dado que arrastra problemas de corazón y de tensión desde que estuvo embarazada. En su caso, tiene suerte porque, después de la guerra, no todos los pacientes en Irán tienen garantizado el acceso a los medicamentos que necesitan, tal y como cuentan a RTVE algunas empleadas y propietarias de farmacias.
También las empresas petroquímicas y otras infraestructuras han sido bombardeadas y, esos ataques, también dejan su huella en el sistema de salud. "Necesitamos acero para los equipamientos técnicos, plástico para los envases o urea o el alcohol para los productos petroquímicos", explica Arash Anissian, director del hospital Ebnesina, en Teherán.
Pero la sala de espera del hospital, ajena a esos problemas, sigue recibiendo enfermos cada día. Así, las consecuencias de la guerra afectan a toda la población, pero los vulnerables, son siempre los que más pierden.
Foto: Ircs / Zuma Press / ContactoPhoto
Con las gafas de Anna Bosch