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Análisis

La guerra de Irán vuelve a exponer el papel de la energía en la geopolítica

  • Los ataques de Estados Unidos a Irán y Venezuela evidencian la influencia del petróleo en la política internacional
  • Las energías renovables como alternativa a los hidrocarburos refuerzan el papel mundial de China
  • Sigue la última hora del conflicto en Oriente Medio
La guerra de Irán vuelve a exponer el papel de la energía en la geopolítica
Un hombre repone combustible en una gasolinera en Los Ángeles, Estados Unidos. Damian Dovarganes AP / DAMIAN DOVARGANES

Cuando Israel y Estados Unidos lanzaron la guerra contra Irán, hace mes y medio, el escritor satírico italiano Michele Serra, de izquierdas, hizo una reflexión en televisión que se ha hecho célebre: "Los americanos tienen mucha suerte. Adonde van a exportar la libertad, encuentran petróleo". Serra resume ahí la crítica que se ha hecho desde hace décadas a la política exterior del país, especialmente en Oriente Próximo.

Al dejar el cargo de secretaria de Estado, Condoleezza Rice destacó el peso de la política energética en las relaciones internacionales. Rice no era una indocumentada ni inexperta, tenía una sólida formación académica y había sido la Consejera de Seguridad Nacional en la primera presidencia de George W. Bush, y, a pesar de eso, le sorprendió el peso que tienen los intereses energéticos en la acción exterior.

El interés por controlar fuentes de energía no es solo asegurar el abastecimiento y obtener beneficios económicos, es también una ficha de dominó con la que hacer caer otras, lo estamos viendo en la actualidad. Y aunque la sorna de Michele Serra tiene su fundamento, ha quedado en parte obsoleta porque el petróleo, aún siendo un factor clave, ya no es el único, hay otras fuentes energéticas muy codiciadas más allá de los hidrocarburos.

Trump y el petróleo de Venezuela

La madrugada del 3 de enero, el Ejército de EE.UU. atacó Venezuela para capturar a su entonces presidente, Nicolás Maduro, y horas después Trump explicó la operación en una comparecencia. Una de las cuestiones más llamativas fue lo poco que justificó la intervención militar en nombre de la democracia. Contrastó con lo que había sido habitual hasta entonces: buscar una cobertura moral (combatir el comunismo, exportar la democracia) en toda intervención militar, por hipócrita que pudiera resultar. Con Trump, no, él invoca la seguridad nacional, los intereses de EE.UU. y, en el caso de Venezuela, se sigue explayando con énfasis en el control del petróleo como objetivo. "Las empresas estadounidenses reconstruirán la maltrecha infraestructura petrolera. (...) Con el dinero que obtengamos de esa explotación financiaremos el gobierno del país.(...) Vamos a extraer mucho más petróleo y lo venderemos a otros países". Más de tres meses después, sigue el régimen que lleva gobernando Venezuela desde que Hugo Chávez se hizo con el poder, con algunas medidas y reformas democráticas. La prioridad ha sido el petróleo. Washington lo controla. Controla la extracción, la venta y los ingresos.

Venezuela tiene la mayor reserva conocida de petróleo en el mundo, y Chevron es la única empresa estadounidense que logró seguir en Venezuela cuando se expulsó al resto. Ahora las otras compañías estadounidenses pueden volver, una inversión a futuro peliaguda porque la tarea de poner al día la obsoleta industria petrolera venezolana no es rápida ni barata. A pesar de ello, el gobierno Trump ha considerado oportuno atacar y hacerse con ello.

La razón estratégica, política, de hacerse con la ficha del petróleo venezolano es tumbar o tambalear otras fichas. Dejar sin suministro a países que Washington considera adversarios, por ejemplo Cuba y China. En Cuba, el efecto ha sido inmediato. En la lógica del secretario de Estado, el cubano-americano Marco Rubio: el agravamiento de la crisis en la isla llevará a la caída del castrismo. De momento, y con un guion parecido al venezolano, el Gobierno cubano ha reconocido negociaciones y ha liberado a una cincuentena de presos políticos.

China llevaba años siendo el mayor cliente de Venezuela, le compraba entre el 50% y 80% del petróleo. Con los ingresos, Caracas pagaba los créditos de Pekín. El Gobierno Trump mantiene las ventas a China, pero a un precio "de mercado, no al precio rebajado como hasta ahora". Washington es quien toma las decisiones, Venezuela ha pasado a ser un protectorado.

Europa y el petróleo y gas rusos

El tendón de Aquiles de la Unión Europea es la dependencia energética. En 2019, el 60% de la energía que se consumía en la Unión era importada, según datos del Banco de España. Encabezaba la lista el petróleo (58% de las importaciones), seguido del gas natural (23%). Según el Eurostat del mes pasado, en 2024 la Unión Europea mantenía el mismo nivel de dependencia, "casi el 60 % de las necesidades energéticas de la UE se cubrieron con importaciones netas". El petróleo y derivados siguen en cabeza, el 67 % de las importaciones de energía, seguido del gas natural (24%).

Lo que ha cambiado es a quién compra la energía la Unión Europea. Hasta febrero de 2022, Rusia era con diferencia el principal proveedor, con un impacto distinto según los países de la UE. Pero esa política cambió drásticamente a partir del 24 de febrero de 2022, cuando Rusia invadió Ucrania. Una de las principales sanciones que Bruselas aplicó a Moscú como castigo fue prohibir la importación de petróleo y fomentar la reducción de la de gas. Según datos del Consejo Europeo, el gas ruso que importa la UE ha pasado del 40% antes de la invasión de Ucrania al 6% en 2025. Hasta la invasión, la dependencia de los suministros de petróleo y gas rusos tenía la capacidad de presionar gobiernos europeos como el alemán para decidir su política respecto a Moscú.

El petróleo ruso ha sido parte de la injerencia rusa en Hungría con Viktor Orbán como principal aliado en la UE, y también parte de la campaña electoral en los comicios de la semana pasada. Orbán acusaba al Gobierno del presidente de Ucrania, Voldímir Zelenski, de no reparar deliberadamente el oleoducto que destruyó un bombardeo ruso en suelo ucraniano, y por el que llegaba el petróleo ruso a Hungría y Eslovaquia. El oleoducto sin reparar ha sido la justificación de Viktor Orbán para bloquear la última ayuda económica europea a Ucrania. El primer ministro electo, Péter Magyar, ha prometido distanciarse de Moscú y ser leal con los socios europeos, pero está por ver cómo juegan él, Moscú y Kiev, la carta de la dependencia energética de Rusia.

El principal beneficiado de las sanciones a Rusia es Estados Unidos, que se ha convertido, por ejemplo, en el principal proveedor de gas natural después de Noruega,1/5 parte del gas que compra la UE viene de los EE.UU. Estados Unidos nos vende también petróleo, carbón y uranio.

La energía, un arma de la seguridad nacional

El papel crucial que juega la energía en la política nacional e internacional está explicitado en la Estrategia Nacional de Seguridad de EE.UU. publicada a finales de 2025. "Restaurar el dominio americano de la energía (en el petróleo, gas, carbón y nuclear) y volver a disponer de los componentes energéticos clave es una prioridad estratégica". Además de las ventajas económicas, el texto señala las estratégicas: "Expandir nuestra red de exportación de energía profundizará relaciones con aliados a la vez que mermará la influencia de adversarios, protegerá nuestra capacidad de defensa y nos permitirá proyectar poder".

El párrafo termina con un ataque a las políticas contra el cambio climático que, según la doctrina de la actual Casa Blanca, "tanto han dañado a Europa, amenazado a los Estados Unidos, y subsidiado a nuestros adversarios". Si leemos esa afirmación pensando en qué exporta EE.UU. y que su gran rival es China, lo podemos traducir por un interés en que el mundo siga consumiendo las fuentes tradicionales de energía, aunque contaminen y empeoren el cambio climático, porque ellos las extraen y pueden exportar; y no les conviene que se pasen a las energías limpias, para lo cual tienen que comprar a China.

Venezuela, Irán, estrecho de Malaca, ¿un plan para acorralar a China?

Esta semana EE.UU. ha firmado un acuerdo de defensa con Indonesia. Varios medios asiáticos afirman que el acuerdo le permite acceder al espacio aéreo de Indonesia, y eso ha llevado a algunos analistas a plantearse si este movimiento está vinculado con el ataque a Venezuela y la guerra contra Irán, y es una estrategia para dificultar el acceso de China al petróleo.

Es lo que argumenta el indio Chandrashekar Srinivasan, "si Estados Unidos accede al espacio aéreo indonesio, refuerza su control del estrecho de Malaca, por donde pasa en torno al 30% del comercio mundial, y por donde China recibe el 80% del petróleo que importa. Para China es mucho más importante que el estrecho de Ormuz". El paso por este estrecho lo controlan Indonesia, Malasia y Singapur, los tres países aliados de los Estados Unidos.

Irán: Rusia gana, Ucrania pierde y la guerra se alarga

Esta guerra ha vuelto a disparar el precio del crudo, que oscila según se adivina el futuro inmediato.

Rusia es el segundo exportador mundial de petróleo después de Arabia Saudí, el precio del crudo tiene un efecto directo en la economía rusa. Vladímir Putin tuvo la suerte de que al poco de asumir la presidencia de Rusia en el año 2000 el precio pasó de mínimos a máximos, un torrente de dólares entró en el país y se notó. A esa bonanza sobrevenida debe mucho Putin el apoyo popular inicial. El presidente ha vuelto a tener suerte este año: cuando la economía daba serias muestras de crisis, la guerra de Israel y EE.UU. contra Irán, y el bloqueo de Ormuz le han dado un doble beneficio. Rusia vende más caro su petróleo, y vende más porque, sin las importaciones del Golfo Pérsico, los países buscan suministradores alternativos. China, por ejemplo, ha aumentado en un 40% su importación de Rusia y ha reducido un 13% la de Irán.

Se ha llegado a la paradoja de que, ante el efecto no deseado de un encarecimiento general de la vida por el aumento del precio del petróleo, el Gobierno Trump ha levantado durante un mes las sanciones impuestas a la compra de petróleo ruso e iraní. El plazo expira este fin de semana.

Que Moscú disponga de mucho más dinero significa que tiene más presupuesto para la guerra contra Ucrania. Eso, más el hecho de que la guerra en el Golfo ha dejado la de Ucrania en un segundo plano para el gobierno de los Estados Unidos, aleja la posibilidad de un final. Moscú no tiene prisa y para Washington no es una prioridad.

La energía en la diplomacia transaccional de Trump

Desde la primera presidencia ha quedado patente que Trump concibe la diplomacia como una transacción, un acuerdo comercial, no lo plantea en términos morales, sino de qué consigue él a cambio. Para él, lo justo es que los EE.UU. salgan beneficiados. El caso más nítido, y que ha roto su política exterior y la de sus aliados, es Ucrania.

El republicano no se acerca a la guerra como la agresión de un país, Rusia, a otro, Ucrania, y el deber de ayudar al agredido, que además reclama fortalecer vínculos con el bloque occidental, sino en qué le da Ucrania a cambio. Nada más volver a la presidencia, Trump vinculó la ayuda a Ucrania al acceso a minerales raros en Ucrania. Pronto se cumplirá un año de la firma del acuerdo para la explotación conjunta de minerales ucranianos. Las tierras raras son en el siglo XXI lo que el petróleo en el XX.

Estados Unidos es en estos momentos el mayor productor de petróleo y gas del mundo, muy por encima de Arabia Saudí en el petróleo; y de Rusia, en el gas. Su autosuficiencia energética le da autonomía política y capacidad de influir en el resto del mundo. Pero son conscientes de que no basta con tener asegurados los hidrocarburos, en la nueva doctrina de seguridad se señala que la economía y la defensa del país necesitan "asegurar el acceso a las cadenas críticas de suministro de materias primas para componentes de productos. Tenemos que reasegurar nuestro acceso independiente y fiable a los bienes que necesitamos para defendernos y mantener nuestro modo de vida. Para ello, los Estados Unidos deben acceder a minerales y materias críticas".

China, las energías renovables y las tierras raras

Cuanta más electricidad necesitamos, cuántos más aparatos electrónicos usamos y cuanto más nos interese la transición a energías renovables, precisamente para dejar de depender de los combustibles fósiles, más necesitaremos minerales como el litio, el cobalto, el níquel, el cobre y otras tierras raras. Son indispensables para la fabricación de baterías, turbinas de viento, paneles solares y coches eléctricos. Con un tercio de las reservas mundiales en su suelo, China domina todo su procesamiento, desde la extracción hasta el refinado, tiene prácticamente el monopolio. "Muy pocos países tienen la tecnología y la infraestructura para hacerlo", explican en Casa Asia, "hoy China controla entre el 80% y el 90% de la capacidad global de refinación y separación, una etapa sin la cual el mineral extraído en cualquier lugar tiene poco valor".

El dominio de China en el sector ha creado otra dependencia energética en el resto del mundo, y le ha dado a Pekín un arma negociadora, hasta el punto de hacer recular a Estados Unidos. El otoño pasado, en uno de los arrebatos arancelarios de Trump. el Gobierno chino respondió anunciando una restricción a la exportación de tierras raras. Estados Unidos dio marcha atrás y redujo los aranceles a los productos chinos. A este poder se refieren quienes dicen que las tierras raras son el petróleo del siglo XXI.

"Si el futuro de la geopolítica lo define en parte la pelea por la influencia global entre el 'electroestado' China y el 'petroestado', EE.UU. -escribe David M.Harte en el Council of Foreign Relations-, la guerra de Irán es una herida que los EE.UU se han autoinfligido". La lógica que aplica el analista es que, si la situación en el estrecho de Ormuz produce escasez o inestabilidad en el suministro de petróleo, se acelerará la transición a energías renovables, lo que reforzará la posición de China en el mundo, y debilitará la de Estados Unidos. "Independientemente de cómo acabe el conflicto con Irán, China estará mejor situada en el orden mundial posterior, por su liderazgo en energías renovables y baterías y, también, en infraestructuras eléctricas e innovación energética".