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Cuba, ante la Opción cero: la crisis endémica de la isla se agudiza con el asedio petrolero de Trump

  • El país atraviesa su peor crisis, con una inflación galopante, apagones constantes y sin combustible
  • El Gobierno ha adoptado medidas de emergencia, como la suspensión del transporte o de la universidad
Cuba sufre su peor crisis: el turismo se desploma ante la falta de combustible

"Esto está peor que el Periodo Especial", asegura Ricardo Salazar, un cubano jubilado del barrio de El Vedado, en La Habana. Como muchos en su situación, subsiste gracias al dinero que su hija le manda desde España cada mes. "Con mi pensión, que son 3.600 pesos (siete euros al cambio actual), solo me llegaría para un cartón de huevos", admite en conversación telefónica con RTVE Noticias.

Cuba padece desde los años de la pandemia una crisis perenne sin visos de mejora, que no ha hecho más que agudizarse este 2026. La captura de Nicolás Maduro por EE.UU. el pasado 3 de enero se tradujo para la isla en el corte inmediato de los envíos de crudo desde Venezuela. "Cuba está a punto de caer", afirmó días después el presidente estadounidense, Donald Trump, quien el 29 de enero firmó una orden ejecutiva que declaraba a Cuba una "amenaza para la seguridad" y planteó aranceles a cualquier país que vendiera combustible a la isla, que en lo que va de año solo ha recibido un envío de crudo de 84.000 barriles desde México, cuando precisa 110.000 diarios y solo produce un tercio de sus necesidades energéticas. Un asedio petrolero que ha sumido a Cuba en la peor crisis de su historia.

La asfixia a la que la administración Trump quiere someter a Cuba para forzar una caída del régimen ya se hace sentir: el país está prácticamente paralizado. El Gobierno comunista ha tenido que aprobar medidas de emergencia como la suspensión del transporte público, de las clases en las universidades y de las cirugías no esenciales. Además, pretenden impulsar el teletrabajo —complicado entre apagones—, reubicar a empleados de empresas estatales para reducir desplazamientos, repartir paneles solares para los servicios esenciales o facilitar que empresas privadas importen petróleo, hasta ahora competencia exclusiva estatal.

"El transporte público hace años que no funciona, pero ahora, sin gasolina, ni los 'almendrones' (los taxis ruteros particulares compartidos) van a funcionar, que además ya han subido los precios", comenta Lissy, una joven de 21 años de La Habana, dueña de una pequeña papelería.

Cuba atraviesa su peor crisis agravada por el asedio petrolero de EE.UU.

Colas para montarse en un taxi colectivo ante la suspensión del transporte público. AFP/ Yamil Lage

Desde la orden de Trump, el fantasma del Periodo Especial —el eufemismo con el que Fidel Castro bautizó a la grave crisis de la isla en los 90 tras el colapso de la URSS y el bloque socialista— planea con más fuerza sobre el país caribeño y las opiniones coinciden en que el panorama actual no tiene precedentes. El primero que lo evocó fue el propio presidente Miguel Díaz-Canel, quien la semana pasada ofreció una inusual rueda de prensa —con preguntas pactadas con la prensa oficialista y medios extranjeros afines— en la que, en respuesta a la embestida de Trump, anunció que el país entraba en la Opción cero, un estadio que contempla racionamiento extremo, autosuficiencia alimentaria y uso de recursos alternativos para el transporte, como la tracción animal, y la cocción de alimentos, con carbón o biomasa.

"Hace tiempo que, como en el Periodo Especial, más que apagones, tenemos 'alumbrones'", comenta con sorna Alejandro Rodríguez, un abogado de 43 años, sobre ese término acuñado por los cubanos para referirse a esta nueva crisis energética agravada desde la orden ejecutiva de Trump. Este martes, los cortes de luz dejaron simultáneamente sin corriente a más del 64% de la isla en las horas de mayor demanda energética, una tasa récord, según datos de la estatal Unión Eléctrica (UNE).

"Ahora, con cortes de electricidad de más de 15 horas y sin gas desde hace días, he tenido que conseguir carbón para poder cocinar en casa", relata. Sin electricidad ni gas, la leña y el carbón son recursos codiciados estos días en Cuba, como contemplaba la Opción cero.

Cuba sufre su peor crisis agravada por el asedio petrolero de EE.UU.

Gente vende carbón en La Habana, ante la falta de electricidad AFP /Adalberto Roque

La Opción cero

La Opción cero fue diseñada en los años 90 por Fidel Castro durante el Periodo Especial como una medida de contingencia a la que se podría llegar si la debacle económica iba a peor, ante un hipotético escenario de cero petróleo, semejante a la situación actual. La irrupción en escena de Hugo Chávez salvó a Cuba de llegar a ese extremo: en 2003 Chávez firmó una alianza geoestratégica con Fidel en virtud de la cual Venezuela llegó a enviar 100.000 barriles diarios de petróleo a la isla a cambio de la "exportación de servicios profesionales", es decir, el envío de médicos, maestros, entrenadores deportivos y militares cubanos al servicio del chavismo.

"Vamos a comer lo que se produzca en cada lugar. Ahora más, si hay menos combustible, la comida no va a poder salir de unos municipios para otros", explicó Díaz-Canel. "A todo el mundo le tratamos de garantizar siete libras de arroz mensuales (algo más de tres kilos)", indicó el presidente.

Pero esa promesa tampoco se cumple. "Por la libreta —la cartilla de racionamiento vigente desde 1962— , en enero todo lo que dieron aquí fueron seis libras de azúcar", cuenta Rosario, dueña de un negocio de repostería en Santiago de Cuba, donde la falta de combustible y el desabastecimiento se siente con más crudeza que en La Habana. "La leche para niños de hasta un año no llega desde noviembre y los niños de dos años en adelante no cogen leche cuando debían darla hasta los siete años", se queja.

"Eso de la Opción cero... yo no sé. Díaz-Canel dice cada cosa. Cómo vamos a comer lo que se produce en cada municipio. Si estás en La Lisa (barrio a las afueras de La Habana) y te quieres comer una lechuga, vas a tener que plantarla tú en la calle. Es absurdo", ironiza Lissy. En medio de esta crisis, el peso cubano se ha desplomado esta semana hasta las 500 unidades por dólar, mínimo histórico en el mercado informal de divisas, el que rige en la calle, con una caída acumulada del 15% en lo que va de año. Es síntoma de la inflación galopante, que está exacerbando las diferencias sociales entre los que tienen acceso a divisas y los que no.

Salazar, el jubilado de El Vedado, asegura que en el Periodo Especial había poca comida, pero "al menos había un afán por redistribuir". "Ahora hay comida en las mipymes (negocios particulares que venden productos importados), encuentras casi de todo, pero los precios son impagables para un salario o pensión media. Quien no recibe ayuda del exterior, se muere de hambre. Por eso ves a gente buscando comida por la noche en la basura; en los 90 eso no se veía. Nos han dejado desamparados", lamenta este hombre, que se declara un "revolucionario desencantado".

Precisamente, la basura se ha convertido ya en un elemento habitual de las calles de La Habana y otras ciudades. Montañas de desechos se apilan en los contenedores desbordados. La falta de gasolina dificulta las labores de recogida y la insalubridad ha provocado una epidemia de enfermedades infecciosas provocadas por mosquitos, como dengue, zika, oropuche o chikungunya.

Cuba en su peor crisis

La basura se acumula en las calles de La Habana. AFP

La sanidad pública gratuita —otrora baluarte de la Revolución cubana— está en "estado crítico", lamenta Roberto González, un publicista retirado de 72 años. "No hay medicamentos, hay que comprarlos en el mercado negro a precios extremadamente altos que la mayoría no puede pagar. Hay un déficit enorme de médicos, muchos equipos médicos están fuera de servicio y los hospitales están prácticamente en ruinas. Al no haber gasolina, tampoco funcionan las pocas ambulancias que hay", resume.

Ante la escasez de combustible, desde hace un mes ya no se vende gasolina en pesos cubanos, solo en dólares, y aún así las colas para conseguirla pueden llegar a las diez horas. "Así el sueldo se te va en la gasolina para ir a trabajar", comenta enfadado Alejandro.

Cuba atraviesa su peor crisis agravada por el asedio petrolero de EE.UU.

Colas en una gasolinera de La Habana para echar combustible. REUTERS/Norlys Perez

"Además de que se paga en dólares, hay un límite de 20 litros por persona que se te asignan mediante una aplicación móvil, donde coges turno, pero incluso esa variante tiene cola de días. En la gasolinera de Puente de Hierro, donde solo echan los diplomáticos, la cola tiene ocho cuadras de largo", explica a RTVE Noticias.

Turismo en picado

El cerco petrolero de EE.UU. a la isla ya ha tenido un impacto directo sobre el turismo, una de las principales fuentes de ingresos de Cuba. Para ahorrar energía en plena temporada alta, el país ha cerrado más de una decena de hoteles en todos sus polos turísticos y ha reubicado a sus huéspedes.

Además, las autoridades del país han informado esta semana a las aerolíneas de que no hay combustible para aviones disponible en sus nueve aeropuertos internacionales, al menos, durante un mes, hasta el 11 de marzo. Algunas aerolíneas, como las españolas Iberia y Air Europa, harán paradas en Santo Domingo (República Dominicana) para repostar y así evitar cancelaciones. Pero otras, como las aerolíneas canadienses —Air Canada, Air Transat y WestJet— o las rusas, han anunciado que suspenden sus conexiones con la isla, un mazazo para el sector, ya que Canadá y Rusia son los principales emisores de turistas a la isla.

Unos 850.000 canadienses al año pasan sus vacaciones en la isla —algunas familias llevan 20 o 30 años acudiendo al mismo hotel, donde se sienten como en casa— y ahora, Air Canada va a repatriar a unos 4.000 turistas varados en Cuba mientras suspende vuelos hasta mayo. Desde Rusia, que envió 131.000 turistas a Cuba en 2025, las dos aerolíneas que volaban a la isla, Rossiya y Severny Veter, solo operan desde el jueves vuelos de regreso.

A cambio, Rusia se ha comprometido a hacer un envío de combustible a la isla próximamente. México también ha lanzado un "salvavidas" temporal, con la llegada a puerto cubano de dos buques con 800 toneladas de víveres, y su presidenta, Claudia Sheinbaum, ha ofrecido establecer un puente aéreo humanitario. Sin embargo, el Ejecutivo mexicano ha sucumbido a la presión de EE.UU. y ha pausado los envíos de crudo.

México manda ayuda humanitaria a Cuba

El buque mexicano Papaloapan, cargado con ayuda humanitaria, llega a La Habana. AP/Ramón Espinosa

Con este panorama, el turismo internacional —principal fuente de ingresos del país, junto con el envío de divisas y la 'exportación de servicios profesionales— corre el riesgo de desplomarse, después de haber cerrado 2025 por debajo de los dos millones de visitantes, la peor cifra en dos décadas sin contar la pandemia. Las llegadas internacionales a Cuba cayeron casi un 18% en 2025 respecto al año anterior y están un 58% por debajo del nivel prepandemia, casi 4,3 millones de pasajeros en 2019, según el Anuario Estadístico nacional. El récord del turismo se logró en 2018, con más de 4,8 millones de turistas, gracias a los últimos coletazos del deshielo impulsado por Barack Obama.

"Aunque debilitado, el turismo era la única fuente de ingresos que nos quedaba. Ya ni eso", apunta con una mezcla de tristeza y resignación Salazar. "¿Hemos tocado fondo?", se pregunta. "No lo sé. Hemos tocado fondo tantas veces, que somos expertos", se responde sobre la posibilidad de que caiga el régimen castrista, dirigido ahora por un Miguel Díaz-Canel designado a dedo por Raúl Castro en 2018.

"Más que si el Gobierno aguantará o no, lo que más preocupados nos tiene a los cubanos es vivir con esta incertidumbre, qué será lo próximo", explica González. "La gente está resignada, tratando de vivir lo mejor posible sin buscarse problemas. Y está, poco a poco, normalizando esta nueva situación como ya ha hecho en crisis anteriores", comenta escéptico sobre la posibilidad de que esto marque el fin de la Revolución cubana que emprendieron los Castro en 1959.

Los más jóvenes se muestran más impacientes. "Esto no da más, no tenemos comida, ni transporte, ni medicinas. Ni libertad", subraya Lissy.