Jeff Sharlet, periodista y autor estadounidense, sobre el Gobierno de Trump: "Se trata de una organización fascista"
- El académico se infiltró en una una red cristiana conservadora secreta
- Sharlet afirma que el movimiento MAGA se inspira en las raíces racistas del poder estadounidense
Cuando Jeff Sharlet visitó a una megaiglesia en el norte de California, se dio cuenta de que no tenía la cruz. Cuando preguntó al pastor por qué le dijo que "la cruz es para la paz y ahora es tiempo de guerra".
El autor de La Familia, un libro sobre el fundamentalismo en Estados Unidos que Sharlet escribió tras infiltrarse en dicha organización con sede en Arlington, en el estado de Virginia, presenta ahora su nueva obra, La Resaca. El periodista y académico afirma que se trata de las escenas de una "guerra civil lenta", que se está alimentando del Gobierno de Donald Trump.
PREGUNTA: Al ver a Trump rezar varias veces en la Casa Blanca estas semanas, ¿cabe decir que EE. UU. se ha convertido en una teocracia?
RESPUESTA: No, porque la teocracia implica un gobierno clerical, ejercido por clérigos. Y no hay sacerdotes ni pastores al frente de la Administración Trump. Más bien, lo que vemos es un régimen autoritario que invoca el derecho divino. Y Trump, en ocasiones, incluso se confunde a sí mismo con la voluntad divina.
Eso se refleja en nuestro supuesto "secretario de Guerra", Pete Hegseth, quien considera la participación de Estados Unidos en esta guerra contra Irán como una misión religiosa. Cuidado, con esto de que no es teocrático no quiero decir: "Oh, no es tan malo como crees". Se trata más bien de dónde reside el poder, cómo se está utilizando y cómo se está usando la religiosidad para apuntalar lo que, en mi opinión, puede denominarse con precisión y justicia, a estas alturas, un Gobierno fascista.
No es exactamente un régimen, no ha consolidado tanto poder, pero es un Gobierno fascista.
P: ¿Entonces los pastores y las Iglesias no tienen tanta influencia?
R: En realidad, no son tan influyentes. Se han subordinado al proyecto fascista. Una de las historias que intento contar en La Resaca y en el resto de mi obra es cómo se desarrolla ese proceso. Si nos remontamos al principio de lo que yo llamo la "escena Trump", es decir, 2015 y 2016, existía la idea de que habría mucha resistencia a Trump por parte de la derecha cristiana porque no era una figura piadosa en el sentido convencional. Sí que hubo algo de resistencia al principio, pero fue aplastada con bastante rapidez.
Si te acercabas a los mítines de Trump, veías cómo lo inauguraba un predicador fundamentalista: y eran algunos de los de extrema derecha más radicales. Pero no eran figuras importantes o personas influyentes en ese mundo. Lo que Trump entendió, en aquel momento, fue que la gran mayoría de los votantes no iba a notar la diferencia entre una persona influyente y alguien que se describe a sí mismo como una figura religiosa. Es el caso de la asesora religiosa de la Casa Blanca, Paula White, que antes de Trump no tenía presencia política alguna. No es la religión la que sirve al proyecto, sino el proyecto fascista el que se sirve de la religión.
P: Cuando vemos a Trump rezar o usar términos como "una civilización desaparecerá esta noche", que tiene claros ecos bíblicos, ¿lo haría como una farsa?
R: No es eso. Hay que entender que Trump tiene sus raíces en un movimiento religioso de mediados del siglo pasado en Estados Unidos llamado "el Evangelio de la prosperidad", que se basa en la idea de que Dios no sólo quiere que prosperes espiritualmente; quiere que seas rico. Sabes que Dios quiere que seas rico porque "mira lo rico que es tu pastor: tu pastor vuela en un jet, eso es una señal de que ese pastor está bendecido".
Trump habla de ello. Tiene una especie de Santísima Trinidad. Su padre, un promotor inmobiliario despiadado, de quien aprende a ser duro. Luego está Roy Cohn, un gánster, abogado, mediador, figura importante de la política estadounidense. Y finalmente un hombre llamado Norman Vincent Peale, que sigue siendo uno de los escritores más vendidos de la historia de la humanidad con su libro El poder del pensamiento positivo: con esas ideas banales, vacías, de piensa en positivo y la riqueza vendrá a ti.
Esa es la religiosidad que Trump está vendiendo en 2016: el "Evangelio de la Prosperidad" que dice que serás rico porque yo soy rico. Sígueme. Pero algo ocurre en ese primer mandato, cuando introduce la idea de que él es el elegido. La primera vez que lo dice, lo hace en broma, pero luego se retracta. Luego lo vuelve a plantear como una afirmación real y empieza a reivindicar una especie de unción divina. Esto queda consolidado, sin lugar a dudas, en el intento de asesinato en Butler, Pensilvania, en el que él realmente sostiene que dios le salva la vida y sus seguidores le creen.
En todo caso creo que nos resulta útil reconocer que existe este tipo de movimiento religioso real. Y asumir que hay muchos tipos diferentes de cristianismo. Después de estudiar la derecha religiosa durante tantos años, viajando por todo el país, me encuentro con que las Iglesias están armadas, tienen sus propias milicias... Fui a una megaiglesia en el norte de California, donde ya no tienen la cruz, y le pregunté al pastor por qué, y me dijo: "La cruz es para la paz y ahora es tiempo de guerra".
P: ¿Y esas tradiciones chocan con todas las del Gobierno estadounidense en este momento, por ejemplo con el catolicismo de JD Vance?
R: Parte del catolicismo estadounidense, por ejemplo, no reconoce especialmente la autoridad del papa, por lo que podríamos llamarlo protestantismo, pero sigue autodenominándose derecha católica y también evangélica y Pentecostal. Y lo que importa es que todos ellos se engloban bajo el paraguas del nacionalismo cristiano. Y el nacionalismo cristiano confunde la identidad de la fe cristiana, sea cual sea, con este tipo de sentido del poder estadounidense.
Vance va a publicar un nuevo libro titulado Communion. Trata sobre su camino hacia la fe católica. Mucha gente está haciendo bromas porque ha puesto en la portada del libro una pequeña y bonita iglesia metodista rural; una iglesia protestante cuando el libro versa sobre su camino hacia la fe católica. Por desgracia, la broma nos sale cara. A ellos no les importa mucho esa distinción. El cristianismo, en esta versión, es una idea de poder. Es una idea de blancura. Tú y yo podemos discrepar sobre cómo o quién recibe la comunión, pero esas no son las cuestiones principales en un momento en el que las iglesias están retirando la propia cruz de sus templos y sustituyéndola por una bandera.
P: El racismo y los racistas aparecen varias veces en su libro, pero también hay una cierta sensación de utopía entre algunos seguidores de Trump, como si creyeran en un nuevo Estados Unidos que está por venir.
R: Creo que ese es un punto importante para entender que este movimiento MAGA tiene, en esencia, un carácter utópico. No es mi utopía. No quiero vivir en el mundo que ellos imaginan. Pero ellos sí se ven a sí mismos construyendo algo, inspirándose en el pasado —Make America Great Again—, pero también algo que nunca ha existido. Y justo en el meollo de todo eso está la cuestión de la supremacía blanca. Se inspiran en las raíces racistas del poder estadounidense, pero lo reimaginan de tal manera que la supremacía blanca tiene cabida para las personas no blancas. Esto es lo que la historiadora Anthea Butler denomina la promesa de la blancura. Y nos ayuda a comprender cómo el trumpismo puede atraer a un número cada vez mayor de votantes latinos, negros y asiáticos, que ven en este ideal de la blancura, en parte, el color de la piel, pero también, en parte, una identidad estadounidense imaginada.
Se ve eso también en nuestra política exterior, en la visión de nuestra economía local. Se nota en la emoción que sienten muchos seguidores de MAGA al ver cómo los agentes de inmigración del ICE detienen a gente en la calle. Es este nuevo mundo en el que ves a alguien en la calle y piensas que no pertenece a este lugar. ¿Y si existiera un mundo en el que no tuviéramos que convivir con personas que no nos gustan? ¿Y si pudiéramos usar la violencia y la fuerza para eliminarlas de las calles? Si quieres llamar a eso "limpieza étnica", no estás muy lejos de la realidad.
P: ¿Por eso Trump mantiene el apoyo de sus votantes a las operaciones del ICE?
R: Sí, y redefinir esta idea de que este será un país en el que nunca tendrás que preguntarte quién es el otro, si realmente pertenecen a este lugar ni qué hacen aquí. Lo sabrás con certeza. El trumpismo es también la idea del vendedor. Trump siempre está vendiendo esta idea de certeza. Se remonta a 2016, en los primeros mítines a los que empecé a asistir como periodista. Esta idea de que vamos a ganar cada vez más y más. "¡Acabamos de ganar la guerra en Irán!": bueno, no, pero no importa.
P: ¿La guerra de Irán está causando realmente divisiones dentro del movimiento MAGA y la base electoral de Trump?
R: Sí y no. Creo que se está exagerando enormemente, hasta el punto de cometer el mismo grave error que se produjo en 2016, 2020 y 2024, cuando, al menos la prensa política estadounidense y gran parte de la prensa mundial, pensaba que la victoria de Trump era imposible o que Trump había desaparecido para siempre.
Y creo que se presta mucha atención a voces de la derecha estadounidense de alto perfil como Tucker Carlson o Candace Owens, que se han distanciado de Trump tanto en lo relativo a Gaza como a la guerra en Irán. En cambio no es hace lo mismo con el hecho de que la base MAGA no se está dividiendo, ni de que en ningún momento de la historia de EE.UU. los electores hayan votado jamás por la política exterior.
Los estadounidenses son un pueblo muy ensimismado. Puede que no les guste la guerra contra Irán, pero eso no es lo que les va a hacer votar. Nos equivocamos si creemos que esto va a acabar de alguna manera con el trumpismo, o lo va a romper; de la misma manera que hace un mes, tantos estaban seguros de que Epstein iba a acabar con el trumpismo o lo iba a romper; de la misma manera que el 6 de enero de 2021, la gente decía: "No, es imposible que Trump pueda recuperarse de esto". Y lo hizo.
P: ¿Cree que todo esto termina en una guerra civil con las iglesias armadas de un bando y Antifa y la gente de Occupy Wall Street de otro?
R: El subtítulo del libro es "Guerra Civil lenta", y surgió tras hablar con politólogos e historiadores, que, por naturaleza, son más cautelosos en sus análisis que los periodistas y se resisten a utilizar términos que podrían tacharse de alarmistas.
A estas alturas, son muy pocos los que discrepan y dirían, por ejemplo, que esto no es fascismo. Incluso mis colegas más conservadores dirían: "Sí, se trata de una organización fascista". Y lo que empecé a notar hacia 2020 es que, aunque hay gente que dice que las condiciones para una guerra civil están ahí, esas condiciones no la hacen inevitable. Creo que de ahí viene mi deseo de viajar y ver la situación sobre el terreno, ver esas milicias, las armas que hay por todas partes. Y creo que la cantidad de armas que hay en Estados Unidos es algo inconcebible para Europa. Tenemos entre 450 y 500 millones de armas en manos de civiles. Eso sin contar las armas que tiene el Gobierno.
Pero eso, en realidad, creo que no es el gran riesgo. Eso es la guerra civil lenta. Eso es la fricción. Eso son enfrentamientos entre milicias. Eso es Antifa luchando en las calles y cosas por el estilo. El riesgo está en una división dentro del Ejército. Y eso no es algo que se esté analizando adecuadamente desde la base.
En parte, cuando trabajo en esto, estas son las condiciones de una guerra civil lenta, las chispas. Una forma de verlo es así: estás cogiendo cerillas y las estás tirando sobre hierba seca, ¿verdad? Fósforos encendidos, lanzándolos sobre hierba seca. ¿Se prenderá fuego? Probablemente no. Probablemente no, pues lanza otro. ¿Se prenderá? Un pequeño enfrentamiento aquí, una milicia allá, un tiroteo en Minnesota por ahí, un grupo de Antifa que quizá ataque una estación del ICE en Prairie Land, Texas.
Fósforos, hierba seca, fósforos, hierba seca.
El gran desafío surge cuando, y esto ya se ha debatido, un Estado dice que no va a reconocer la autoridad federal. O cuando a un comandante militar se le da una orden, dios no lo quiera, como temíamos que ocurriera justo la otra noche, de cometer un acto genocida y dice que no, y el otro comandante militar dice: "Bueno, entonces estás amotinándote".
Ahí es cuando creo que empezamos a ver el riesgo real de una guerra civil. Está sobre la mesa y eso debería ser lo suficientemente alarmante, no solo para nosotros en EE.UU., sino para todos, porque nunca ha habido una guerra civil en una potencia nuclear. Creo que vale la pena reflexionar sobre ello.