El petróleo como botín estratégico: las claves de Trump para redibujar Venezuela y el mercado energético mundial
- El control sobre Venezuela supone un importante efecto geopolítico, energético y simbólico para Estados Unidos
- Trump asegura que el crudo venezolano que gestione tendrá precio de mercado: "Ese dinero será controlado por mí"
- Sigue la última hora del conflicto entre Estados Unidos y Venezuela
La detención de Nicolás Maduro, el 3 de enero, en una operación militar de Estados Unidos en Caracas, ha abierto un escenario sin precedentes en Latinoamérica. Apenas 72 horas después de aquella incursión, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ya anunció un primer acuerdo con las nuevas autoridades provisionales de Venezuela: la entrega inmediata de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo venezolano, que serán vendidos en el mercado estadounidense bajo el control de la Casa Blanca. La transacción, asegura el entorno de Trump, será a "precio de mercado" y no con los descuentos que Venezuela hace a sus aliados chino y ruso.
Venezuela, asegura la administración estadounidense, recibirá también una parte del dinero por el acuerdo aunque hay letra pequeña. Los venezolanos solo podrán comprar productos fabricados en Estados Unidos. "Estas compras incluirán productos agrícolas, equipos médicos, medicamentos y material estadounidenses para mejorar la red energética de Venezuela", ha señalado Trump.
El anuncio, compartido en X, abre un complejo abanico de interrogantes legales, económicos y geopolíticos que, según advierten expertos y analistas, podrían tardar años en resolverse. En todo caso, no se puede obviar que este es el segundo y último mandato posible de Trump, como apunta a RTVE el analista financiero Juan Ignacio Crespo, aunque no es descartable que los planes de Trump fueran heredados por el próximo candidato republicano. "Se está centrando tanto la cuestión en el expolio del petróleo venezolano que se olvida que hay motivos ideológicos", subraya Crespo. Los planes concretos que hay en la cabeza de Trump y el horizonte temporal solo él los conoce.
Y por si fueran pocos los golpes en la mesa de Trump, su gobierno ha añadido otra muestra de que van totalmente en serio con el apresamiento de dos barcos petroleros, esta semana, que intentaban esquivar el bloqueo en mar abierto. Uno de ellos tiene bandera rusa y, por el momento, Putin no mueve ficha y Trump consigue así uno de sus objetivos: ejemplificar su imagen de hegemonía que también pretende con la anexión de Groenlandia.
Un petróleo tutelado por Trump: en qué consiste su plan
Los planes del presidente de Estados Unidos parten de esta premisa: Ellos asumen el control del petróleo venezolano como activo estratégico, al menos durante la fase de transición política tras la caída de Maduro. Trump fue más allá al afirmar que él mismo controlará los ingresos derivados de esa venta. No obstante, no ha detallado qué mecanismos legales permitirán a la Casa Blanca asumir esa función ni qué instituciones actuarían como custodios, pero sí dejó claro que el dinero no pasará directamente por las arcas del Estado venezolano.
La ejecución del plan recaerá en el Departamento de Energía de EE.UU., dirigido por Chris Wright, que coordinará la extracción, el transporte y la comercialización del crudo. El petróleo será enviado en buques de almacenamiento directamente a puertos estadounidenses, principalmente en la costa del Golfo de México, donde concentra su mayor capacidad de refinado.
El proyecto no se limita solo a una operación puntual y rápida que prácticamente todos descartan. Fuentes cercanas a la administración Trump ya han señalado-sin entrar en grandes detalles- una estrategia con varias fases que funcionaría como una hoja de ruta que tiene en marcha:
- Acceso inmediato al crudo disponible por parte de EE.UU.
- Reapertura progresiva del sector a empresas estadounidenses.
- Rehabilitación de infraestructuras del sector petrolífero.
- Reentrada de Venezuela en los mercados energéticos internacionales bajo un nuevo marco político.
A pesar de todo lo que se va vislumbrando poco a poco, el catedrático de Economía de CUNEF Santiago Cargó subraya que "nadie tiene claro aún en qué consiste el plan de Trump". Lo único que está claro, apunta Cargó, es que Venezuela tiene "muchos recursos de petróleo ociosos que se van a intentar aprovechar" al máximo.
Sanciones: qué cambia respecto al régimen actual
El plan de Trump supone, de facto, una suspensión selectiva del régimen de sanciones impuesto a Venezuela en los últimos años. Aunque no se ha anunciado formalmente el levantamiento de todas las restricciones, la autorización para exportar decenas de millones de barriles al mercado estadounidense implica un cambio sustancial.
Hasta ahora, las sanciones han permitido únicamente operaciones limitadas y bajo licencia específica, como las de la empresa petrolera estadounidense Chevron, que produce en torno a 250.000 barriles diarios mediante empresas vinculadas a la compañía estatal venezolana PDVSA. El nuevo enfoque abre la puerta a licencias más amplias, especialmente para compañías estadounidenses, y reduce el margen de maniobra de empresas europeas, como Repsol, cuyas autorizaciones han sido revocadas o congeladas.
El resultado actual es un sistema de sanciones más político que técnico, con el sello característico de Trump. No obstante, como apunta el catedrático Santiago Cargó a RTVE, "todo el proceso no va a poder ser tan rápido como quiere Estados Unidos", sobre todo porque no se conoce exactamente "cómo actuarán Rusia y China", tan relacionadas con Venezuela.
Un gigante venido a menos: por qué Venezuela es esencial para EE.UU.
Venezuela posee aproximadamente 303.000 millones de barriles de reservas de petróleo. Esa cantidad equivale a cerca del 17% de todas las reservas mundiales, por delante de Arabia Saudí, Canadá o Irán. Sin embargo, su producción actual es de apenas 1,1 millones de barriles diarios, menos del 1% del suministro global.
Para Donald Trump, el país sudamericano representa una triple oportunidad, geopolítica, energética y simbólica:
- Geopolítica, porque permite a Estados Unidos reforzar su influencia en América Latina y desplazar a actores rivales como Rusia, China e Irán.
- Energética, porque el crudo venezolano -mayoritariamente pesado- es especialmente valioso para las refinerías estadounidenses que están diseñadas para poder procesarlo.
- Simbólica, porque la recuperación del petróleo venezolano en la economía de EE.UU. encaja en el relato del presidente Trump que pretende una imagen de fuerza, control y restitución del liderazgo estadounidense a nivel mundial.
En un contexto de transición energética lenta,, el petróleo sigue siendo un recurso estratégico fundamental. El acceso a grandes cantidades de crudo pesado puede impulsar una contención de los precios del diésel, un combustible clave para los sectores del transporte y la industria, cuya escasez se ha visto agravada por las sanciones a Rusia y Venezuela.
Del anuncio a la realidad: cómo se implementaría
Trump casi con toda probabilidad tendrá que asentar su plan en tres pilares. El primero de ellos es la empresa Chevron, la única gran petrolera estadounidense activa en Venezuela. Sus infraestructuras suponen un punto de partida para aumentar la producción. El segundo pilar son las refinerías de la costa del Golfo de México, capaces de procesar crudo pesado venezolano. Y el tercero es la apertura progresiva del sector a nuevas inversiones. De entrada, el gobierno de Estados Unidos ya ha comenzado a reunirse con empresas del sector para ir abriendo la puerta de entrada.
El Departamento de Energía estadounidense actuaría como coordinador, mientras que el Departamento del Tesoro gestionaría las licencias y el control financiero de los ingresos de una industria petrolera venezolana que muchos analistas califican como "en ruinas". Habrá que estar pendientes en los próximos dos años sobre cuál es el impacto, aunque la opinión más repetida es que la producción será limitada.
La industria petrolera venezolana lleva años de deterioro y requiere inversiones masivas. El economista Francisco Monaldi estima que para pasar de un millón de barriles diarios a cuatro millones diarios, una cifra razonable, serán necesarios 100.000 millones de dólares y al menos una década.
Desde el punto de vista jurídico, el plan se mueve en un terreno resbaladizo. El principal interrogante es quién ostenta la titularidad legítima del petróleo venezolano tras la operación: el Estado previo, la administración interina reconocida por EE.UU. o una autoridad tutelada por Washington. Todo en medio de un contexto de críticas y advertencias sobre la soberanía y el derecho internacional.
Los mercados, por ahora, han reaccionado con cautela aunque el catedrático de Economía Santiago Cargó no descarta que se produzca "alguna turbulencia" que no sería importante pasado un tiempo. "No debería suponer una tensión en los precios, salvo que la oferta colapsara por alguna razón", señala Cargó.
Además, a largo plazo, un aumento significativo de la producción venezolana podría presionar los precios a la baja, debilitar la posición de Rusia y alterar los equilibrios dentro de la OPEP. Con Washington influyendo en la producción de un miembro histórico de este cartel, la cohesión de la organización puede quedar cuestionada.
Petróleo 'made in Venezuela': ¿es de calidad?
El petróleo está en el 'top' de recursos naturales más trascendentales de nuestra historia, pero en el caso del de Venezuela presenta algunos inconvenientes por el tipo de crudo. Pedro Castiñeiras, profesor de Petrología de la Universidad Complutense, apunta que "el petróleo venezolano es pesado , donde predomina una parte muy viscosa y otra sólida". Además, señala Castiñeiras, "su profundidad es de menos de 1500 metros, cuando lo normal son 3000 metros o más".
Estas dos peculiaridades generan dos problemas: el crudo fluye con mayor dificultad y necesita de técnicas especiales que lo sometan a mayores presiones para facilitar su salida. Tal y como subraya el profesor Castiñeiras, "su carácter pesado hace más costoso el refinamiento". No obstante, a pesar de estas dificultades, es un petróleo de "muy buena calidad" y en eso tiene puesto el ojo Estados Unidos.