Día de la Victoria en Rusia: cómo Putin usa la II Guerra Mundial para justificar la invasión de Ucrania
- El 9 de mayo, Día de la Victoria sobre la Alemania nazi, es la gran fiesta de exaltación nacionalista rusa
- La guerra en Ucrania supera ya la participación de la URSS en la II Guerra Mundial, más de 4 años sin victoria a la vista
No se puede descartar que nieve en mayo en Moscú, pero es ya primavera, hace semanas que las temperaturas superaron el cero centrígrado, ya se está en plena época de deshielo y de la alegría que produce que el sol vuelva a calentar. Las largas noches ya han terminado.
En plena euforia primaveral cae el 9 de mayo, la celebración más patriótica del año, el Día de la Victoria sobre la Alemania nazi. El momento de recordar y homenajear los sacrificios y el triunfo de millones de personas en la Gran Guerra Patriótica, que es como llaman en Rusia a la II Guerra Mundial. Sin el Ejército Rojo de la Unión Soviética habría costado mucho más derrotar a Hitler. "Si no fuera por nosotros, en Europa hablarían todos alemán", dicen algunos estadounidenses, empezando por el presidente actual, Donald Trump.
Lo mismo pueden decir quienes entre 1941 y 1945 formaron parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Y, al igual que la propaganda estadounidense, la soviética, primero, y la rusa, luego, ignoran deliberadamente la contribución del resto en aquella lucha contra el nazismo. Rara vez Washington y Hollywood se han acordado del Ejército Rojo, y para Moscú, la participación de EE.UU. fue solo para imponer el capitalismo y dominar Europa occidental.
Los hechos históricos
No hay cifras exactas de cuántas personas murieron en la II Guerra Mundial; los cálculos oscilan entre los 60 y los 75 millones de vidas perdidas, entre civiles y militares. Donde más, con diferencia, en la URSS, entre 20 y 27 millones de muertos, más de la mitad civiles. En segundo lugar se sitúa China, con unos 20 millones; y en tercero y cuarto, Alemania y Polonia, con 7,4 y 6 millones de muertos, respectivamente. No hay familia rusa, no hay familia de la antigua URSS que no tenga víctimas de aquella contienda, muertos, heridos, excombatientes o deportados.
Desfile militar en la Plaza Roja de Moscú este 9 de mayo con motivo del Día de la Victoria. REUTERS / KREMLIN
Rusia era la república, con mucho, más importante de todas las soviéticas; la mayor en tamaño, población, economía...y, además, era el núcleo de ese imperio de cercanía que fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, una nueva encarnación de la Rusia imperial de los zares, que impuso —sin compasión— políticas de rusificación en repúblicas y territorios de etnias o lenguas distintas a la rusa. Al disolverse la URSS en diciembre de 1991, Rusia se quedó como la heredera principal y, grosso modo, lo soviético pasó de la noche a la mañana a ser ruso. También la memoria oficial, la memoria positiva. El mito.
El mito y la propaganda
Leonid Breznev en 1965 fue quien convirtió la fiesta del 9 de mayo en la gran celebración nacionalista y militar que sigue siendo hoy. Miles de soldados desfilan en la Plaza Roja junto a tanques y armamento militar. Objetivo: enardecer de patriotismo a los propios y advertir a los extraños de su capacidad militar. En la tribuna del mausoleo de Lenin, el quién es quién del poder, ayer soviético, hoy ruso. Desde 2020, con Vladímir Putin como presidente, la Constitución rusa consagra la glorificación del papel de la URSS en la derrota del nazismo. Y se castiga penalmente a quien se considere culpable de cuestionarla.
La parte propagandista es evidente, la del mito es que sólo se recuerda una parte de aquella Guerra Mundial. Para el poder soviético y para el actual de Putin, la guerra no empezó el 1 de septiembre de 1939 cuando Alemania invadió Polonia, sino en junio de 1941 cuando Alemania invadió Rusia. De situarlo en 1939, habría que recordar que entonces Moscú y Berlín habían firmado un pacto, Molotov-Ribbentrop, por el que ambas potencias se repartían Europa. De aquí para el oeste, para Hitler; de aquí, para el este, para Stalin. Polonia, partida por la mitad. Alemania invadió Polonia, y la URSS, también. Recordar el acuerdo con los nazis y reconocer las mismas ansias de conquista y expansión no encaja con el mito nacional que se ha ido construyendo en Rusia durante décadas.
Se olvidan también de que una de las claves de aquella victoria fue que Stalin, en la mejor tradición tiránica del poder vertical, despreció el sacrificio de millones de vidas en aras de un valor colectivo superior, la vida de los ciudadanos a disposición de los planes del Kremlin. Y se olvidan también de la represión brutal que impuso a los territorios "liberados". Eso no existió y mencionarlo puede llegar a considerarse delito.
Parte de la identidad nacional rusa, creada a través de la propaganda omnipresente del Kremlin, es que son un pueblo liberador, victorioso. "La victoria tuvo un significado histórico colosal para el futuro del mundo. Es una fiesta que ha sido siempre y seguirá siendo un día sagrado para Rusia, para nuestra nación". Así empezó su discurso el presidente Putin el 9 de mayo de 2021. "Es nuestra fiesta por derecho propio, porque somos parientes de sangre de quienes derrotaron, aplastaron al nazismo. Es nuestra porque descendemos de una generación de vencedores(...) El pueblo soviético defendió la patria y liberó Europa de la plaga parda".
Recuperar la memoria histórica, los crímenes de la era soviética y los presentes es a lo que se dedicaba la organización de derechos humanos Memorial. Destaparon matanzas de Stalin e investigaron posibles crímenes de guerra en Chechenia. En las semanas previas a la invasión de Ucrania, el gobierno ruso prohibió esta organización. Memorial ha continuado operando principalmente desde fuera de Rusia, y brindando apoyo a lo que afirma son más de 1.500 presos políticos en el país.
En los casi 27 años que lleva Vladímir Putin en el poder, como presidente o primer ministro, ha ejecutado una paulatina recuperación y blanqueamiento de Josef Stalin y de la URSS, no por el comunismo, sino por el poder y el dominio territorial. Al poco de convertirse en presidente, recuperó el imponente himno soviético y lo convirtió en el himno ruso cambiándole solo la letra. Rusia y la URSS se confunden cuando conviene.
Putin durante su discurso en la Plaza Roja de Moscú con motivo del 81 anversario del final de la II Guerra Mundial. REUTERS / KREMLIN
Cada 9 de mayo los militares rusos desfilan enarbolando la bandera roja con la hoz y el martillo, la bandera de la Unión Soviética comunista, junto a la rusa, porque fue quien entró en Berlín y quien liberó campos de concentración como el de Auschwitz. En la foto superior, detrás del presidente Putin está premeditadamente encuadrada una gran estrella de cinco puntas, soviética, comunista, con la palabra pobeda, victoria. Rusia y la URSS se confunden interesadamente en los símbolos, cuando estos no evocan las purgas feroces, las deportaciones y los campos de concentración de Stalin, sino solo el orgullo de haber derrotado al nazismo.
Las víctimas soviéticas lo fueron mayormente de tres repúblicas que hoy son países independientes: Rusia, Bielorrusia y Ucrania. Un dato especialmente relevante desde que Rusia invadió Ucrania. ¿Por qué? Porque el presidente ruso, Vladímir Putin, equipara su "operación militar especial" en Ucrania a la lucha contra la Alemania nazi. Habla de "desnazificar Ucrania" y apela al espíritu de sacrificio de entonces para apoyar esta lucha de hoy. Vladímir Putin reescribe la historia y decide que Ucrania, toda y siempre, colaboró con Hitler, y que hoy son neonazis. Según Putin, no había ucranianos en el Ejército Rojo.
No encontrarán en los discursos de Putin ninguna mención a los crímenes atroces del stalinismo, uno de ellos fue el Holodomor, la hambruna provocada por el Kremlin que costó la vida a más de tres millones ucranianos.
La manipulación de Putin contra Ucrania
El 24 de febrero de 2022 a primera hora de la mañana, recién iniciada la invasión a gran escala de Ucrania, el presidente Putin se dirigió al país para justificar esa invasión, que, por supuesto, nunca llama invasión ni guerra. El discurso fue fundamentalmente una larga lista de agravios de Occidente, y en concreto la OTAN, la alianza militar, contra Rusia desde el derrumbe de la Unión Soviética, pero incluyó también estos párrafos:
"Centrados en sus objetivos, los países que dirigen la OTAN apoyan a los nacionalistas de extrema derecha y neonazis en Ucrania. (...) Intentarán sin duda llevar la guerra a Crimea, tal como han hecho en el Donbas, para matar a inocentes, tal como hicieron unidades nacionalistas ucranianas y cómplices de Hitler durante la Gran Guerra Patriótica.(...) El país [en 1941] no estaba en condiciones de enfrentarse a la invasión de la Alemania nazi sin declarar la guerra. El país detuvo al enemigo y acabó derrotándolo. El intento de apaciguar al agresor antes de la Gran Guerra Patriótica resultó ser un error que costó muy caro a nuestro pueblo. (...) No cometeremos el mismo error esta segunda vez".
Es decir, según Vladímir Putin, la Rusia de 2022 se enfrentaba a un enemigo, a un agresor equiparable a la Alemania de Hitler de 1941, y tenía que pasar directamente a la guerra. Putin lanzó la invasión el 24 de febrero, horas después de la celebración anual del día del Ejército, de la Defensa de la Patria, que se conmemora cada 23 de febrero. Otra ocasión, como el Día de la Victoria, para ensalzar el ardor guerrero, el patriotismo y reforzar la equiparación de la lucha contra Ucrania a la lucha contra Hitler.
Ceremonia de la victoria en la Segunda Guerra Mundial en la región de Donetsk, zona de Ucrania bajo control ruso. AFP / STRINGER
Por ejemplo, el 23 de febrero de 2024, cuando la "operación militar especial", que debía doblegar Ucrania en cuestión de días, cumplía dos años: "En este día homenajeamos a nuestros padres, abuelos y bisabuelos que derrotaron al nazismo, sacamos condecoraciones militares, fotografías y cartas de soldados en el frente y les rendimos un tributo profundo. Siempre recordaremos que fue el pueblo soviético quien defendió la libertad de Rusia, de toda Europa, del mundo entero(...) Los soldados y oficiales rusos siguen esta tradición militar gloriosa. Hoy son quienes participan en la operación militar especial".
En el discurso de la victoria del año pasado, cuando se conmemoraban los 80 años de la derrota nazi, y más de 3 del inicio de la invasión de Ucrania, Putin subrayó: "Rusia ha sido y seguirá siendo un obstáculo indestructible para el nazismo, la rusofobia y el antisemitismo. (...) La verdad y la justicia están de nuestro lado. Toda Rusia, nuestra sociedad y nuestro pueblo apoya a quienes participan en la operación militar especial. Estamos orgullosos de su valor y su determinación de acero que siempre nos ha llevado a la victoria".
Hace tan solo dos semanas, el 21 de abril, en un acto con alcaldes, Putin adelantó la fiesta de este 9 de mayo, "pronto celebraremos otro aniversario de la victoria del pueblo soviético en la Gran Guerra Patria (...) muy parecido a lo que ocurre hoy los niños, abuelas y otras mujeres soviéticas tejieron calcetines y mandaron paquetes y regalos al frente". Ayer como hoy; los nazis, como Ucrania; la Unión Soviética, como Rusia; y el término victoria que contiene toda esa mezcolanza que va directa a la emoción, al patriotismo, al nacionalismo.
No hay ninguna victoria a la vista en Ucrania
Por mucho que Putin insista en sus arengas, la invasión de Ucrania está lejos de reportarle una victoria parecida a la que Stalin logró a base de sacrificar a millones y millones de ciudadanos. Valga un dato: Rusia lleva enfrascada en esta aventura militar más de lo que estuvo implicada en la II Guerra Mundial, ha superado los cuatro años y dos meses. Rusia ha logrado controlar solo un 20% de Ucrania, una quinta parte, no ha derrocado al gobierno pro-occidental de Volodímir Zelenski, ni este tiene voluntad de rendirse. No es lo que planeó ni lo que esperaba el Kremlin en febrero de 2022. Por mucho que alardee de poderío militar cada 9 de mayo, la realidad es que David lleva más de cuatro años resistiendo y desafiando a Goliat. Sí, con la ayuda de los aliados occidentales. También en la II Guerra Mundial hubo aliados.
Otra evidencia de la victoria que no es tal es que este 9 de mayo, por primera vez en dos décadas, en el desfile militar en la Plaza Roja de Moscú no ha habido vehículos ni armamento militar, "nuestros tanques están ocupados, están combatiendo. Los necesitamos en el campo de batalla no en la Plaza Roja", ha declarado esta semana el diputado ruso Yevgeny Popov a la BBC. El gobierno este año ha tomado unas medidas especiales de seguridad por miedo a ataques de drones...ucranianos. Ha hecho falta que intervengan ¡los Estados Unidos! para que el gobierno ucraniano acepte una tregua de tres días para "permitir" la celebración de la victoria en Rusia.
En caso de que se fuerce un acuerdo de paz a corto plazo, una rendición de Ucrania, ¿qué tipo de victoria puede enarbolar Vladímir Putin?
Con las gafas de Anna Bosch