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La Hungría de Orbán: el punto de encuentro entre la Rusia de Putin y los Estados Unidos de Trump

  • El gobierno de Trump se ha volcado en la campaña por la reelección de Viktor Orbán, el aliado de Rusia en la UE
  • Viktor Orbán, Donald Trump y Vladímir Putin convergen en el interés de debilitar la Unión Europea
Elecciones en Hungría: Orbán podría perder después de 16 años de presidencia

No es una teoría de la conspiración, son hechos y son datos. La Hungría que gobierna desde hace 16 años el primer ministro, Viktor Orbán, es el nexo ideológico y político entre dos puntos hasta hace poco alejados: Moscú y Washington. El común denominador es un modelo de democracia llamado iliberal, por oposición a las democracias liberales, marcado por el nacionalismo, el nativismo, unos valores morales muy conservadores y el desprecio a las instituciones multilaterales en general, entre ellas, y muy especialmente, la Unión Europea.

Donald Trump y JD Vance hacen campaña por Viktor Orbán

A Donald Trump no le gustan los perdedores, sobre todo no le gusta que lo asocien con ellos, y sin embargo, en las semanas previas a las elecciones de este domingo, Trump ha hecho campaña por Viktor Orbán, que tiene serias posibilidades de perder. Que Trump haya considerado que valía la pena correr el riesgo indica la importancia que este modelo de gobierno húngaro tiene para el gobierno actual de los Estados Unidos.

Donald Trump ha apoyado la reelección del primer ministro húngaro en un escrito en su red social, con las mayúsculas habituales: "Fue un orgullo APOYAR a Viktor para su reelección en 2022, y tengo el honor de volver a hacerlo. Viktor Orbán es un verdadero amigo, un luchador y un GANADOR. Tiene mi apoyo total para su reelección como primer ministro de Hungría".

Lo ha apoyado también con un mensaje grabado en video que se emitió en el foro estadounidense de ultraderecha CPAC celebrado en Budapest: "Tiene mi apoyo completo y total". "El primer ministro ha sido un líder fuerte, que ha demostrado al mundo lo que se puede cuando defiendes tus fronteras, cultura, tu patrimonio histórico, tu soberanía y tus valores. Es un tipo fantástico. Lo apoyé ya la última vez que ganó", subrayó.

Y esta semana, a cinco días de las elecciones, lo ha apoyado por teléfono durante un mitín de Orbán en el que participó JD Vance, el vicepresidente estadounidense: "Me encanta este Viktor. No ha permitido que os invadan el país, no como otros".

Antes que Vance, visitó Budapest el responsable de Exteriores estadounidense, Marco Rubio. En febrero, después de criticar a la Unión Europea en la Conferencia de Seguridad de Múnich (Alemania), Rubio fue a Hungría para apoyar a Viktor Orbán, "su victoria es nuestra victoria", dijo Rubio.

Cuentan que Orbán quería que en esta recta final de la campaña se le uniera el mismísimo presidente Trump, pero que ha tenido que conformarse con el vicepresidente. No es un premio menor. JD Vance ha estado dos días en Budapest, al mismo tiempo que se anunciaba que era un mediador en la guerra de Israel y los Estados Unidos contra Irán. ¿Qué mensaje ha mandado el gobierno Trump con el viaje de Vance a Hungría? ¿Que la reelección de Orbán es tan importante para ellos como para dejar en segundo plano la mediación sobre la guerra que está desestabilizando el mundo en este momento?

Hungría: modelo exitoso a imitar

Viktor Orbán es el mayor éxito de la derecha más nacionalista —o extrema derecha o derecha populista, las denominaciones son varias—, en Europa. 16 años de mayorías absolutas. Orbán ha convertido Hungría en un modelo de democracia iliberal. Budapest es destino habitual de líderes de la misma familia ideológica que aspiran a emular los éxitos de Orbán.

A lo largo de sus mandatos Viktor Orbán ha ido moldeando el funcionamiento del Estado a su medida. Con la elección y nombramiento de jueces, modificando el mapa y la ley electoral, y con el control de los medios de comunicación públicos y privados, y rodeándose de fieles que, de paso, se han enriquecido.

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, durante la

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, durante la "Gran Asamblea de Patriotas" organizada por grupos nacionalistas europeos el 23 de marzo de 2026. REUTERS/Marton Monus

Ideológicamente es un gobierno nacionalista, antiinmigracion, en particular si no es blanca y cristiana, que se erige en defensor de la cristiandad y los valores de la familia "tradicional", oponiéndose a las corrientes progresistas de ampliar derechos a la comunidad LGTBI.

Todas ellas características que lo acercan más a la ideología y las prácticas de Vladímir Putin que al consenso político de sus socios europeos. Un manual, ideológico y de gobierno, que coincide con el primer año de segunda presidencia de Trump. Un gobierno que mantiene las instituciones democráticas, pero les quita autonomía y poder, el poder para controlar al gobierno. El objetivo es anular los contrapoderes al ejecutivo: el judicial, el legislativo y el llamado cuarto poder, los medios de comunicación.

Una violación del estado de derecho, de la democracia, que ha llevado a los socios de la Unión Europea a congelar parte de los fondos económicos de los que tanto se ha beneficiado Hungría. Vale la pena recordar, mucho más desde la España que tanto tuvo que esperar para que la aceptaran en el club europeo, que una condición para ser miembro es un sistema democrático.

Hay analistas que, con un punto de escepticismo o cinismo, sostienen que lo que mueve a este tipo de líderes y formaciones políticas no es la ideología, sino el oportunismo. Es decir, que usan ese argumentario porque se han percatado de que es lo que en estos momentos funciona electoralmente. Dicho de otra manera, la responsabilidad original no estaría en las creencias de los políticos, sino en las del electorado, de la ciudadanía, que seríamos nosotros, los votantes, quienes generamos la demanda de esa ideología, y que esos políticos nos la sirven, la aprovechan en su propio beneficio y entre ellos forman una especie de multinacional.

Cuando Orbán, Trump, Vance y Putin suenan igual

La política tiene su propio argot, su lenguaje cifrado, una serie de eufemismos para no decir explícitamente lo que se quiere decir, pero que la audiencia lo entiende. Esta corriente de ultraconservadurismo lo tiene y a base de escuchar a sus políticos, periodistas e ideólogos se aprende a traducir, a explicitar.

Cuando Trump celebra que Orbán haya evitado una "invasión", se refiere a los límites drásticos a la inmigración, igual que cuando JD Vance aplaude que en 2016 Orbán se plantara ante los "burócratas de Bruselas", es decir cuando en la peor crisis de inmigración que ha sufrido la Unión Europea el gobierno húngaro se negó a acoger inmigrantes, como sí hicieron la mayoría de países y, muy especialmente, el gobierno de Angela Merkel en Alemania.

Cuando Orbán, los trumpistas o el Kremlin de Putin hablan de salvar la civilización occidental, de valores propios, de patrimonio histórico, de "la Europa verdadera", se refieren a una hegemonía blanca y cristiana. Lo dijo nada más llegar a Budapest el vicepresidente estadounidense: "No he venido por la cooperación económica entre nuestros países, he venido por la cooperación moral; porque bajo el liderazgo de Viktor Orbán y el presidente Trump, Hungría y EE.UU. representan la defensa de la civilización Occidental". Y unas horas más tarde pidió el voto por Viktor Orbán en nombre del "Dios de nuestros padres".

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Hungría, Viktor Orban, se saludan durante un encuentro en Egipto.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Hungría, Viktor Orban, se saludan durante un encuentro en Egipto. DPA/Michael Kappeler

¿Quién amenaza esa civilización? La inmigración que, en el caso de Europa, según ese discurso, formaría parte de un complot para ir poco a poco sustituyendo la población autóctona cristina por una musulmana. Fue el argumento del gobierno húngaro y del polaco de la época para no aceptar inmigrantes en 2016, procedentes en su mayoría de una Siria en guerra. La otra amenaza a la civilización occidental, según ellos, es el progresismo.

Adoctrinamiento. Cuando Vance, Orbán, Putin, u otros líderes de la ultraderecha, critican el adoctrinamiento de los más jóvenes. No se refieren al adoctrinamiento nacionalista, o incluso militarista en Rusia, o religioso cristiano, sino a la enseñanza de valores progresistas. Desde su perspectiva, en las democracias liberales, en las escuelas, institutos y universidades se adoctrina a los alumnos contra la familia tradicional y se fomenta la homosexualidad y la transexualidad; y también se adoctrina contra la patria.

El desprecio a las instituciones supraestatales como la Unión Europea se expresa explícitamente o, para despertar mayor fervor, invocando la independencia, la soberanía y la libertad de la nación, supuestamente oprimida por los muy mencionados "burócratas de Bruselas". En el caso de Putin, las naciones europeas estamos doblemente oprimidas, por la UE, de la que formamos parte, y por EE.UU., de quien, en su opinión, somos meros vasallos.

La táctica de acusar al otro de los que tú haces. En eso Vladímir Putin es un maestro, domina el arte de hacer una detallada lista de hipocresías e incluso delitos de Occidente, mientras obvia que bajo su gobierno Rusia incurre en esos mismos agravios y de forma más lacerante.

Así hemos visto esta semana cómo JD Vance, sin inmutarse, acusaba a la Unión Europea y al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, de injerencia en las elecciones húngaras; mientras él, vicepresidente de EE.UU., estaba en Hungría pidiendo el voto por Orbán a cinco días de la jornada electoral. Y lo hizo varias veces en apenas 24 horas. "En esta campaña electoral se ha producido uno de los peores ejemplos de injerencia extranjera que yo he visto. Los burócratas en Bruselas han intentado destruir la economía de Hungría, hacerla más dependiente energéticamente, subir el coste de vida. Y lo han hecho porque odian a este tipo [Viktor Orbán] (...) La cantidad de interferencia que ha llegado de los burócratas de Bruselas ha sido una verdadera desgracia", dijo el miércoles Vance en un mitín electoral de Orbán.

Hungría, el infiltrado para dinamitar la Unión Europea

La deriva autoritaria de Viktor Orbán y el choque con la mayoría de socios europeos se agravó con la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022. Desde entonces el gobierno de Orbán ha sido quien ha puesto más obstáculos a las sanciones a Rusia y a la ayuda a Ucrania.

Lo más reciente es que Orbán ha impedido aprobar el último paquete de ayudas por valor de 90.000 millones de euros a Ucrania. El pretexto esta vez es que no dará su voto favorable mientras Ucrania no arregle el oleoducto por el que Hungría, excepción junto con Eslovaquia, sigue recibiendo petróleo de Rusia. El oleoducto lo destruyó un bombardeo ruso.

No sólo ha logrado Orbán que la UE y Trump hagan una excepción con él y le sigan permitiendo comprar petróleo ruso, sino que además ha violado, como el presidente estadounidense, el ostracismo diplomático con que la UE y los EE.UU. habían castigado a Putin por invadir Ucrania. El primer ministro húngaro sigue visitando Moscú y hablando con él por teléfono; su ministro de Exteriores se ha desplazado a Moscú por lo menos 16 veces, y está en el foco de la polémica porque ha trascendido el nivel de colaboración que tiene con el gobierno ruso, en detrimento de los intereses de la Unión Europea.

El mes pasado se divulgó que el responsable de Exteriores, Péter Szijjártó, ha estado informando regularmente a su homólogo ruso, Seguei Lavrov, de lo que habla en las cubres europeas. Y se ha hecho pública una grabación de audio en la que se escucha cómo el húngaro se compromete a intentar que la UE quite a la hermana de un oligarca ruso de la lista de personas sancionadas.

Más allá de las afinidades ideológicas, el papel de la Hungría de Viktor Orbán en la UE es donde convergen la Rusia de Vladímir Putin y los Estados Unidos de Donald Trump. Un organismo de 27 países, con unos 450 millones de ciudadanos, más que en los Estados Unidos y más que en Rusia, un PIB algo inferior al de los EE.UU., pero diez veces superior al de Rusia, y una potencia nuclear (Francia), les resulta como bloque una potencia incómoda. Ni al Kremlin de Putin ni al trumpismo les interesa una Europa unida, cuantas más grietas internas, mejor; cuanto más ineficaz, mejor; cuanto más puedan negociar de forma bilateral con los gobiernos europeos, mejor. El bloque europeo es un engorro. Y ahí, Hungría, con apenas 9 millones de habitantes, gracias a las normas de consenso obligadas en la UE, es el cómplice perfecto para Moscú y Washington.

Trump autoriza la compra de petróleo ruso y le da una victoria a Putin

El presidente ruso, Vladímir Putin, en una reunión sobre el mercado energético en el Kremlin, el pasado 9 de marzo Sputnik/Gavriil Grigorov/Pool via REUTERS

Ucrania y la UE, un eje del mal

En Budapest estas últimas semanas se ve la imagen de Volodímir Zelenski por todas partes. En ese modelo político que necesita un enemigo que encarne las amenazas para el país, de las que el candidato se erige como protector, Zelenski es junto con la UE el enemigo de Hungría, según la propaganda de Viktor Orbán.

El primer ministro húngaro ha convencido a una parte importante de la población de que, sin él, Ucrania influiría para mal en Hungría, les cortaría el suministro de gas y petróleo rusos desatando una crisis energética tremenda; y entre Zelenski y la Unión Europea meterían físicamente a Hungría en la guerra de Ucrania; los húngaros tendrían que ir a jugarse la vida al campo de batalla ucraniano. Orbán se erige en garante de la paz y la estabilidad en Hungría.

Hay carteles de campaña con la imagen de Zelenski, con la de Zelenski y el candidato opositor, y ganador según las encuestas, Péter Magyar; y carteles con el trío: Zelenski, Magyar y Ursula Von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea. El 'trío del mal' frente al tridente Orbán-Trump-Putin.

Putin no ha ido a Hungría ni ha mandado a nadie de su gobierno como Trump, pero ha contribuido a la campaña de Orbán. El mes pasado, tras una conversación telefónica con el primer ministro y la enésima visita del ministro de Exteriores, Moscú liberó a dos prisioneros de guerra que tenían la doble nacionalidad, ucraniana y húngara. Una victoria diplomática y patriótica de la que Orbán ha podido alardear en su campaña.

En el terreno confuso entre las sospechas fundamentadas y las teorías de la conspiración se sitúa la hipótesis de un ataque de falsa bandera organizado por Rusia, es decir, algún atentado que organizarían los servicios secretos rusos, pero del que se culparía a Ucrania para mayor refuerzo de la campaña de Viktor Orbán. El periódico The Washington Post lo publicó citando como fuente a servicios de inteligencia europeos.

En el Parlamento europeo la ultraderecha está dividida en tres grupos: Fidesz encabeza el grupo Patriotas por Europa del que forman parte, entre otros, el español Vox, el francés Reagrupación Nacional (el partido de Marine Le Pen), el portugués Chega, el italiano Lega (de Matteo Salvini), el PVV neerlandés (Geert Wilders) y el flamenco (belga) Vlaams Belang. Y como "asociado" figura el israelí Likud, el partido del primer ministro Benjamin Netanyahu.