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Pista Mundial

Uruguay - España, la garra celeste desafía a la desesperada al toque español

Lamine Yamal, de España, y Fede Valverde, de Uruguay
Lamine Yamal y Fede Valverde, las principales estrellas de España y Uruguay en el Mundial 2026 GETTY

Con el viento a favor tras golear a Arabia Saudí, España se enfrenta a Uruguay en la última jornada de la fase de grupos del Mundial 2026, buscando asegurar la primera plaza del grupo, lo que le permitiría evitar a Argentina en dieciseisavos de final y, en principio, tener cruces más asequibles en las eliminatorias. Pero los uruguayos llegan a la desesperada, al borde de la eliminación tras cosechar sendos empates contra Arabia Saudí y Cabo Verde, lo que les hace más peligrosos: cuando no alcance el juego, los celestes tirarán de garra y orgullo competitivo, como corresponde a una selección campeona del mundo (RTVE, a las 2:00 horas de la madrugada del viernes al sábado)

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Aunque se le atragantó la defensa de Cabo Verde en el debut mundialista y solo se desató contra Arabia Saudí, España ha dominado ampliamente en sus dos primeros encuentros a partir del pase, la marca que distingue el juego de la selección. Completada la segunda jornada de la fase de grupos, es el equipo que más pases ha dado, con 1.554 envíos, y el que más precisión tiene, ya que el 93% de ellos han llegado a un compañero, según las estadísticas de FIFA. El acierto es menor en los pases al área, apenas un 22%, lo mismo que Canadá o República Democrática del Congo, cuando la media en el torneo roza el 25%, lo que explica, en parte, la falta de profundidad mostrada contra Cabo Verde.

En cualquier caso, la efectividad en los pases le ha asegurado a España un dominio enorme del balón: la posesión media en las dos primeras jornadas ha sido del 70,7%, igualada con la de Portugal y sólo por debajo del 75% que ha alcanzado Turquía, y la selección española es el equipo con más secuencias de diez pases consecutivos, hasta 55, seis más que Portugal. Esa primacía del pase se refleja también en que Rodri Hernández es el jugador con más pases de todo el torneo, con 243 en los dos primeros partidos, y el que más pases de ruptura ha realizado, con nueve, mientras que Pau Cubarsí es el que más precisión ha tenido en sus pases, un impresionante 99% de efectividad.

Otra de las consecuencias de ese dominio es que la portería española se ha visto poco amenazada: tras las dos primeras jornadas, es también el equipo que menos goles esperados en contra ha registrado, apenas 0,34 cuando la media de todas las selecciones ha sido de 2,9. La Roja es una de las cuatro selecciones -junto a Argentina, México y Ghana- que no ha encajado ningún gol y Unai Simón sólo ha tenido que hacer tres paradas ante las escasas acometidas de saudíes y caboverdianos.

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La historia indica, sin embargo, que España nunca ha superado una fase de grupos completa de un mundial sin encajar goles. Y teniendo en cuenta que Uruguay cuenta con un potencial ofensivo mucho mayor que los dos anteriores rivales, es de esperar que la defensa española se vea mucho más exigida. El entrenador celeste, Marcelo Bielsa, aún duda si devolverá a la titularidad a Darwin Núñez, un delantero potente y fogueado en equipos de primer nivel como el Liverpool, o mantener como único punta Federico Viñas, el delantero del Oviedo, tal como hizo contra Cabo Verde, pero parece seguro que la defensa española vivirá una tarde mucho menos tranquila.

La principal amenaza, en este sentido, se presenta por el ala izquierda del ataque charrúa, donde Maximiliano Araújo ha sido decisivo al participar de forma directa en los tres goles que ha marcado la selección uruguaya en el Mundial 2026: marcó el empate contra Arabia Saudí en la primera jornada y en la segunda, contra Cabo Verde, volvió a anotar y luego dio una asistencia a Agustín Canobbio. Más allá de los números, su despliegue y energía ha conseguido arrastrar a sus compañeros en los peores momentos, cuando se han visto por debajo en el marcador.

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Formado en México -se hizo profesional en el Puebla y luego pasó por el Toluca-, Araújo dio el salto a Europa hace dos años, cuando fichó por Sporting de Portugal, donde el año pasado se proclamó campeón de liga y de copa, con cuatro goles y siete asistencias. Esta última temporada ha mejorado esos registros, al conseguir siete tantos y seis asistencias, y parece haber alcanzado la madurez futbolística a sus 26 años. Eso se refleja en su peso en la selección uruguaya: si en Lisboa se despliega como un carrilero con proyección ofensiva, en la Copa del Mundo se ha destapado como un extremo que pisa el área y hace goles con facilidad, una bendición para esta Uruguay a la desesperada.

Porque en pocos países dolería tanto una eliminación temprana como en Uruguay, donde el fútbol se vive con una intensidad excepcional. No por nada es el país con menos población -unos tres millones y medio de habitantes- de los ocho que han conseguido ser campeones del mundo. La selección uruguaya ganó el primer mundial de la historia, celebrado en 1930 en su propio país, y también salió vencedora en Brasil 1950, tras ganar a los brasileños en el último partido, el célebre maracanazo. Sin embargo, la camiseta celeste luce cuatro estrellas, gracias a un permiso especial de la FIFA, muy puntillosa en los aspectos simbólicos: en esta misma edición, ha obligado a Egipto a quitar de su indumentaria las siete estrellas que los Faraones pretendían lucir como séptuples campeones de África.

El capitán de Uruguay, Federico Valverde, con la camistea que luce las cuatro estrellas sobre el escudo

El capitán de Uruguay, Federico Valverde, luce las cuatro estrellas de campeón del mundo sobre el escudo AFP

Las estrellas adicionales de Uruguay se deben a la siempre compleja relación entre el fútbol, el primer deporte ampliamente profesionalizado, y el olimpismo, que mantuvo durante décadas la exigencia del amateurismo. Esa discrepancia hizo que la FIFA, a diferencia de otras federaciones deportivas internacionales, no accediera a organizar los torneos olímpicos de fútbol hasta París 1924 y Ámsterdam 1928. De hecho, el éxito del balompié en ambas citas fue lo que impulsó la creación de la Copa Mundial de Fútbol dos años después y, aunque FIFA vuelve a organizar el torneo olímpico desde Barcelona 1992, solo permite selecciones Sub-23. El caso es que Uruguay, que en los años veinte era la mejor selección del planeta, ganó el oro en aquellas dos ediciones que la FIFA reconoce a todos los efectos como campeonatos del mundo, por lo que permite a los uruguayos llevar cuatro estrellas en su escudo.

España, otro país en el que el fútbol es el deporte más seguido, tiene una relación mucho más atormentada con la Copa del Mundo, que ni siquiera la victoria en Sudáfrica 2010 ha conseguido borrar del todo. Este viernes, de hecho, juega muy cerca del escenario de una de las muchas frustraciones sufridas en los mundiales: el estadio Chivas de Zapopan, en el área metropolitana de Guadalajara, está a unos 20 kilómetros, poco más de media hora en coche, del estadio Jalisco, donde hace 40 años, en el primer partido de la selección española del Mundial 86, tuvo lugar el gol no concedido a Míchel contra Brasil. Así lo contaba el mítico José Ángel de la Casa en directo.

Como suele ser habitual en las decepciones mundialistas españolas, España estaba jugando un estupendo partido contra una de las favoritas. Poco después del descanso, Míchel controló fuera del área brasileña un balón rechazado tras un córner y soltó una volea que golpeó en el larguero y botó detrás de la línea de gol. No lo vió así el árbitro australiano, Chris Bambridge, ni su juez de línea -lo que ahora se denomina asistente-, aunque sí concedería después un tanto en fuera de juego del brasileño Sócrates. España hizo luego un buen mundial, el de los cuatro goles de Butragueño a Dinamarca en Querétaro y la derrota por penaltis frente a Bélgica en cuartos de final, pero aquella espina quedó clavada en la afición y en los propios jugadores: "Estábamos jugando muy bien, haberle ganado a Brasil tal y como estaba la selección hubiese supuesto haber ido por otra vía a los cuartos de final y semifinales", se lamentaba Míchel con los años recordando aquella tarde de junio en Guadalajara, donde ahora La Roja vuelve a jugar cuatro décadas después.

Aunque España está prácticamente clasificada, el encuentro es importante para buscar lo que entonces hubiera querido Míchel, un camino más amable en las rondas eliminatorias. La selección será primera de grupo si gana o si empata pero Cabo Verde no gana por cuatro goles o más a Arabia Saudí, un escenario al que la empresa de estadísticas deportivas Opta da casi un 84% de probabilidades. Como el cruce de dieciseisavos es con el grupo de Argentina, que ya está clasificada como primera de grupo, la idea es evitar quedar segundos y afrontar una eliminatoria dificilísima a las primeras de cambio: el primer puesto supone emparejarse con Austria o con Argelia, a priori más asequibles.

En principio, el equipo español sale al campo como favorito -Opta le da un 63,2% de probabilidades de ganar, mientras que a Uruguay le estima un 14,8% de posibilidades de victoria-, pero los precedentes hablan de igualdad: ambas selecciones se han enfrentado dos veces en los mundiales y las dos han acabado en empate, un 2-2 en Brasil 1950, donde los uruguayos fueron luego campeones, y un 0-0 en la fase de grupos de Italia 90. El último precedente, en cualquier caso, es también un partido oficial, en la Copa Confederaciones de 2013, cuando España derrotó por 2-1 a Uruguay, un buen augurio para que España no acumule otra frustración mundialista en Guadalajara.