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Este lunes sucedió algo inusual. Poco antes de las 6:50 horas en Nueva York, la actividad financiera se disparó en el mercado del petróleo. En las apuestas sobre qué precio tendría el barril se movieron 650 millones de dólares. Quince minutos después, Trump anunciaba conversaciones con Irán, haciendo caer el precio del petróleo. Quienes apostaron a que el precio bajaría se hicieron de oro. ¿Alguien tenía información privilegiada? Foto: EFE/EPA/SARAH YENESEL

El mensaje del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en redes diciendo que había ya conversaciones con Irán, hizo que se desplomara este lunes el precio del petróleo. Minutos antes de este anuncio, algunos inversores movieron su dinero y ganaron millones de dólares, así que se sospecha que alguien pudo filtrar información privilegiada. Foto: REUTERS/Brendan McDermid

El presidente Trump ha lanzado un ultimátum definitivo a Teherán: si el estrecho de Ormuz no se reabre en menos de 24 horas, Estados Unidos atacará las centrales eléctricas del país. Esta medida, calificada por diversos analistas como un potencial crimen de guerra, busca desbloquear el paso marítimo más crítico para el combustible global. Sin embargo, la Guardia Revolucionaria de Irán se niega a ceder su principal baza estratégica y ha advertido que, de producirse el ataque, responderán golpeando infraestructuras energéticas y petroleras de los aliados estadounidenses en la región, como Arabia Saudí y Qatar.

Mientras la retórica bélica escala, la presión interna sobre la Casa Blanca aumenta debido a factores económicos y sociales. A pesar de que Trump asegura que la independencia petrolera protege a su país, el precio de la gasolina en Estados Unidos ha subido un 40% en solo tres semanas. Con miles de marines desplegados y el espectro de una intervención militar directa en la costa del Estrecho, la opinión pública estadounidense se divide: aunque hay apoyo a la firmeza geopolítica, el rechazo a posibles bajas militares propias marca una línea roja que podría condicionar los próximos pasos de Washington.

Las usuarios de las gasolineras en España se han dividido este domingo en dos grupos: los que no sabían que hoy entraba en vigor la bajada del IVA a los carburantes y los que lo tenían apuntado en el calendario.

De hecho, las colas eran más largas de lo normal en las gasolineras. Llenar el depósito hoy puede salir unos 15 euros más barato que ayer. Un alivio tras las subidas de hasta 50 céntimos por litro de diésel y de unos 15 en el caso de la gasolina en las últimas semanas.

La bajada del IVA ha hecho que en las gasolineras del País Vasco se escuchara muchos francés. Muchos franceses han aprovechado para llenar el tanque. El carburante en Francia es hasta 40 céntimos más caro por litro.

Aun así, hay quien cree que la rebaja en el IVA de los carburantes es insuficiente y pide más medidas.

Foto: Javier Belver/EFE — Una gasolinera en Zaragoza

Los efectos de la guerra en Irán ya empiezan a notarse en el bolsillo del consumidor. El origen de las subidas está en el encarecimiento del gas y el petróleo, que repercute en las materias primas, y no parece que el escenario vaya a mejorar.

¿Podemos pensar en un techo para los precios? Una referencia podría ser lo que pasó durante la guerra en Ucrania. Con el barril de Brent a 137 dólares y el gas en el mercado europeo a 300 euros el megavatio/hora. Aunque ahora estamos lejos de esos niveles, el bolsillo de los ciudadanos encara las nuevas subidas muy tocado.

En algunos negocios ya notan que el consumo ha descendido desde el inicio del conflicto. Una disminución del consumo que unida al alza de la inflación podría provocar un shock económico.

El BCE ya alerta sobre el alza de los precios y sube siete décimas, hasta el 2,6%, sus previsiones de inflación para este año en la eurozona. Porque aunque la guerra acabara mañana tardaríamos semanas en notar la bajada de los precios.

Foto: Getty Images

La batalla por Ormuz se recrudece. Su cierre asfixia la economía mundial y Donald Trump necesita reabrirlo para proclamarse vencedor.

A la zona se dirigen ya otros 5.000 infantes de Marina y seis buques. Un refuerzo militar que contradice su supuesta intención de reducir operaciones.

Según encuestas, el 65% de estadounidenses creen que prepara una acción terrestre. Ya sea desembarcar en la costa para eliminar lanzaderas de misiles o tomar la isla de Jark, por donde Irán exporta su petróleo. Sería un duro golpe para el régimen de los ayatolás, pero con riesgo de disparar las bajas. Por eso la gran mayoría en EEUU lo rechaza.

Hasta ahora, la guerra Estados Unidos e Israel la libran a distancia. Y así están protegidos por su superioridad tecnológica. Una vez que uno mete barcos en el Estrecho de Ormuz, esa distancia desaparece.

Trump tampoco encuentra apoyo internacional. Reino Unido le autoriza a usar sus bases para lanzar ataques, pero, como el resto de aliados, solo desplegará barcos si cesan los combates.

El estrecho de Ormuz no puede ser liberado sin ganar la guerra o sin que la guerra termine con algún tipo de acuerdo. Irán ofrece una alternativa: dejará pasar buques de Japón y otros países, si se coordinan con Teherán. Para aliviar la crisis energética, Trump vuelve a sorprender. Como ya hizo con el petróleo ruso, autoriza temporalmente a comerciar con el crudo iraní que ya esté en alta mar.

Foto: EFE / Tasnim News