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El BCE no se sale del guion y mantiene los tipos de interés en el 2% a la espera del desarrollo de la guerra

El BCE mantiene los tipos de interés a pesar de la guerra

El Banco Central Europeo (BCE) no se sale del guion y ha decidido mantener los tipos de interés en el 2%, a la espera de ver cómo afecta la guerra en Oriente Medio en la inflación. Se alinea así con el resto de supervisores de la política monetaria del mundo, que vigilarán en las próximas semanas cómo se desarrollan el cierre del estrecho de Ormuz y los ataques sobre infraestructuras energéticas que están empujando al alza los precios de petróleo y gas.

En su nota de prensa, el Consejo de Gobierno ha reconocido este jueves que el actual es un escenario "mucho más incierto" para los precios y el crecimiento económico, lo que ha obligado a modificar sus proyecciones. No obstante, ha asegurado también que la zona euro se encuentra en una "buena posición para navegar" esa incertidumbre, en tanto que la inflación se ha situado hasta ahora en el objetivo del 2% a medio plazo, las expectativas a largo plazo están "firmemente ancladas" y la economía se ha mostrado resiliente en los últimos trimestres.

"No estoy diciendo que estemos en un buen momento, estamos bien posicionados y bien equipados para lidiar con el desarrollo de un gran shock", ha aclarado la presidenta del BCE, Christine Lagarde, en la rueda de prensa posterior a la reunión, y ha desvelado que la decisión de mantener los tipos de interés ha sido "unánime".

Solo hace unas horas, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) optaba por la misma cautela de congelar sus tipos, de momento en la horquilla del 3,5% y el 3,75%, una prudencia que se ha invocado también desde los bancos centrales de Inglaterra, Japón y Suiza, entre otros.

En la zona euro, los tipos de interés aplicables a la facilidad de depósito seguirán en el 2%; a las operaciones principales de financiación, en el 2,15%; y a la facilidad marginal de crédito, en el 2,40%, niveles en los que se han mantenido ya por seis reuniones consecutivas del Consejo de Gobierno.

Antes de conocer la decisión, que era previsible, el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide, José María O’Kean, ha explicado en Las mañanas de RNE que subir las tasas sería "anticipar que las economías se paren" antes de que el encarecimiento de la energía se haya notado en toda la cadena económica.

La incertidumbre por la guerra frena las decisiones sobre los tipos de interés

El "shock" dependerá de la intensidad, la duración y la propagación

Como han venido repitiendo otras instituciones estas semanas, las consecuencias económicas del conflicto dependerán tanto de la intensidad como de la duración del conflicto, pero Lagarde ha sumado un tercer elemento clave: la "propagación", es decir, los llamados "efectos de segunda ronda" o indirectos de la inflación. Para controlarlo, se está monitorizando todo tipo de indicadores, desde suministros y demanda a expectativas y salarios.

Lagarde ha insistido en que el punto de partida difiere de la crisis de inflación derivada de la guerra en Ucrania y no solo porque Europa no enfrente un problema de suministro. En febrero de 2022 —ha recordado— la inflación se encontraba ya cercana al 6%, mientras que ahora estaba en la meta del 2%. Además, ha hablado de un mercado laboral "más sólido" y de la "memoria" de los ciudadanos, quienes tomarán decisiones distintas porque recuerdan el último ciclo inflacionario.

Más inflación y menos crecimiento en las previsiones

En el nuevo contexto bélico, las previsiones del BCE se han modificado al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento económico.

La inflación general se situará en promedio en el 2,6% en 2026, el 2% en 2027 y el 2,1% en 2028, de acuerdo con sus proyecciones, que incorporan información del mercado hasta el 11 de marzo, una fecha más tardía de lo habitual dado lo excepcional de las circunstancias. La cifra de este año ha sumado siete décimas.

La tasa subyacente, resultado de excluir la energía y los alimentos no elaborados, se prevé también ligeramente más elevada que en diciembre: en el 2,3% en 2026, el 2,2% en 2027 y el 2,1% en 2028. Aunque este indicador no incluye la energía, que de momento está reflejando las mayores subidas de precio, su cálculo tiene ya en cuenta que el encarecimiento de las facturas afectará a la producción de bienes y la prestación de servicios.

El crecimiento económico previsto, en cambio, baja: en el 0,9% en 2026, el 1,3% en 2027 y el 1,4% en 2028, con un impacto de tres décimas este año, "debido a los efectos de la guerra en los mercados de materias primas, en las rentas reales y en la confianza en todo el mundo". Con todo, el BCE confía en que el "bajo nivel de desempleo, la solidez de los balances del sector privado y el gasto público en defensa e infraestructuras" sigan respaldando el crecimiento.

Como en anteriores ocasiones, el órgano de regulación de la política monetaria ha subrayado que su objetivo es mantener en el 2% la inflación en el medio plazo y que las decisiones para ello se adoptarán "reunión a reunión", dependiendo de los últimos datos económicos y financieros. "El Consejo de Gobierno no se compromete de antemano con ninguna senda concreta de tipos", ha repetido la presidenta Christine Lagarde, lo que se ha convertido ya en un mantra de la institución.